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Labor normativa
Nick Cater

La crisis de refugiados de Ruanda, en 1994, demostró el despilfarro, la impropiedad y las deficiencias de las organismos de ayuda que, en pleno desastre, compiten para conseguir un lugar y recursos.

En 1994, la Federación Internacional estableció un Código de conducta en el que se fijan normas para medir su labor. Nick Cater hace una retrospectiva y analiza la incidencia de ese instrumento.

La idea era sencilla pero de gran alcance: crear un código de conducta con normas básicas para la intervención en casos de desastre a las cuales pudieran atenerse los organismos de socorro para garantizar la calidad de su labor, el profesionalismo de su personal y las consecuencias de sus esfuerzos en favor de los necesitados.

El momento escogido fue muy oportuno porque aunque a principios del decenio de 1990, los retos de Ruanda, Kosovo y Afganistán aún estaban por venir, el final de la guerra fría había comenzado a abrir países antes infranqueables para la acción humanitaria, haciendo a millones más vulnerables, avivando viejos y nuevos conflictos armados, y sirviendo de preludio a una época de importantes desastres. Al inicio del decenio también se dispararon los gastos de desastres y surgió la controversia en cuanto a la función del número creciente de organismos de asistencia.

El Comité Directivo de Respuesta Humanitaria, que reúne a algunas de las organizaciones humanitarias más grandes del mundo, incluyendo la Federación, adoptó la idea para desarrollarla. Más de 10 años después de haberse propuesto, el "Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales" ha sido adoptado por 200 organismos y ha nutrido el debate y la acción de gobiernos, Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales (ONG) e integrantes del Movimiento.

Actualmente, los temas del Código de conducta forman parte de docenas de proyectos, programas, e iniciativas mundiales para mejorar la calidad de la atención humanitaria. Algunos consideran que el Código inicial está obsoleto y hay que actualizarlo, mejorarlo o reemplazarlo, pero otros lo utilizan de referencia para evaluar programas de socorro de Mozambique a la India, o estudian la manera de transformarlo en una herramienta de trabajo para mejorar su labor.

En sus 10 puntos breves, que abarcan temas tales como la independencia, las responsabilidades, los sesgos políticos o religiosos, y la participación de las comunidades locales, el Código de conducta preconiza que se dé prioridad a los beneficiarios, jóvenes y viejos, enfermos y hambrientos, los más vulnerables ante peligros naturales, conflictos armados y catástrofes tecnológicas. Además de estos 10 puntos hay tres anexos, que a menudo fueron ignorados, en los que se enumeran los compromisos de los gobiernos, las Naciones Unidas y otros, incluyendo el acceso irrestricto a los necesitados, el respeto de la independencia y la imparcialidad de los organismos humanitarios, y la financiación y seguridad suficientes. El cumplimiento de estos compromisos facilitaría en gran medida la adhesión al Código de cualquier organismo.

La crisis de Kosovo reveló que aunque algunos organismos de ayuda estaban mejor informados y cuestionaban abiertamente el valor de su labor, la aplicación de las normas humanitarias distaba de haberse generalizado.

 

Lo viejo y lo nuevo

El Código de conducta, lo que no incluía o no podía incluir, desde directrices técnicas a lo que sucede si se infringe, desembocó en dos proyectos globales con miras a mejorar las normas de los organismos: el Proyecto de la Esfera y el Proyecto del rendimiento de cuentas humanitario (conocido por la sigla en inglés HAP) . El primero incorpora el Código de conducta en su Carta

Humanitaria mucho más amplia, basada en los derechos y la legislación, al tiempo que detalla normas técnicas en materia de asistencia alimentaria, nutrición, salud, agua y saneamiento, y selección de refugios y emplazamientos en situaciones de desastre. El segundo, aborda la controvertida cuestión de la manera en que los organismos de socorro pueden rendir cuentas a quienes tratan de asistir.

Nan Buzard, Administradora del Proyecto de la Esfera, estima que existen fuertes lazos entre el Código de conducta y dicho proyecto "que expone los derechos de las personas con mínimas normas técnicas y se puede considerar una realización práctica ulterior de algunos aspectos del Código de conducta." Por su parte, Agnes Callamard, Codirectora del HAP, opina que "el Código de conducta sigue siendo un punto de referencia muy importante para evaluar a los organismos, y fue el primer paso esencial en lo que respecta a rendir cuentas y dar voz a los beneficiarios."

Ambos proyectos han atraído a muchos organismos del mundo entero, pero también han sido objeto de críticas, especialmente por parte del grupo Quality Platform de organizaciones de socorro. Entre quienes promueven este último figura el Grupo Urgencia, Rehabilitación y Desarrollo, red de ONG francesas cuyo Presidente, François Grünewald opina que "en ningún caso todos los colaboradores del quehacer humanitario concuerdan con lo que representan los citados proyectos. Los puntos de referencia de carácter universal no tienen en cuenta que cada emergencia humanitaria es única en su género y requiere intervenciones diferentes y, tal vez, originales."

Limitaciones

Hay códigos de conducta en los que una parte del lenguaje y la inspiración iniciales se encuentran de Etiopía a Australia, pasando por Liberia. En Sierra Leona, las ONG decidieron que el Código de conducta era demasiado vago y redactaron una versión más breve adaptada a su situación de conflicto armado y desplazamientos.

En el caso del Movimiento, el Código de conducta influye en numerosos planes y políticas que van de la Estrategia 2010 de la Federación a los detallados Principios y normas para el socorro en caso de desastre. El CICR, por su parte, ha decidido que el rendimiento de cuentas sea el tema de su próxima reunión en Wolsfsberg que congregará a altos funcionarios que deciden acerca del quehacer humanitario.

Las iniciativas en materia de normas y rendimiento de cuentas han traído aparejado un aumento del control y de la evaluación para calcular la incidencia y verificar si las normas se han cumplido. Gran parte de esta labor es compaginada por la Red de Aprendizaje Activo de Rendimiento de Cuentas y Cumplimiento (conocida por la sigla en inglés ALNAP), donde John Borton dice "En estos últimos años se ha avanzado mucho, aunque este avance ha sido más inspirado que sistemático. El Código de conducta, el Proyecto de la Esfera, el Proyecto del rendimiento de cuentas humanitario y otras iniciativas son un mosaico de actividades, pero necesitamos un enfoque unificado."

 

Borton es uno los muchos que opinan que además de omisiones evidentes, como las cuestiones de género, una gran laguna de este Código es la ausencia de todo control o supervisión acerca de su aplicación. Los organismos se han resistido a establecer mecanismosde cumplimiento, acreditación, reglamentación o sanciones, pero tal vez se puedan lograr algunas mejoras mediante un control más abierto, la revisión por parte de organismos similares y la publicación de evaluaciones.

El Código cumplirá 10 años en 2004 y la Federación está examinando todas las iniciativas y proyectos en materia de normas y rendimiento de cuentas para determinar cuáles serán los instrumentos más útiles en el futuro. Eva von Oelreich, Directora de Preparación en Previsión de Desastres e Intervención en Caso de Desastres, dice: "El Código de conducta es una buena base, pero queda trabajo por hacer. El debate versa en parte sobre de la manera de renovarlo. Lo más importante es que tenemos que utilizar en forma holística las normas y demás instrumentos del decenio de 1990, inspirados por el Código de Conducta. Actualmente, una de las herramienta esenciales que utilizamos es la iniciativa "Mejor diseño de programas" (MDP), creada para satisfacer las necesidades concretas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y evitar que surjan tensiones en situaciones de posconflicto. El análisis de esta situación y de otros factores cruciales ayuda a mejorar considerablemente los programas y, por lo tanto, secunda la meta del Código de conducta. El HAP, el Proyecto de la Esfera y el MDP son el enorme legado de ese Código cuya pujanza es evidente porque incluso hoy en día se sigue elaborando a partir de él."

Nick Cater
Periodista independiente y consultor en cuestiones de ayuda, fue redactor del "Informe Mundial sobre Desastres". Puede ponerse en contacto con él en: caterdisaster@yahoo.co.uk )


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