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Donde nadie va
Carlos Rios

Descarga de sacos de suministros de socorro a lo largo del río Atrato.

Las unidades móviles de atención de salud, del CICR en Colombia brindan asistencia de emergencia y atención básica de salud a los habitantes de municipios afectados por conflictos armados, donde amenazas y ataques han obligado a huir a muchos médicos y trabajadores de la salud.

Son las 10.13. La unidad móvil de atención de salud, de la subdelegación del CICR en Apartado, está lista para salir de Turbo, pequeño municipio en Antioquia, Golfo de Urabá. Recorrerá los ríos Atrato y Opogadó hasta Baquiaza, pequeña comunidad de indígenas emberá, que viven en una región lejana de Colombia.

La logística es impresionante. En una embarcación de motor doble de 174 caballos, que alcanza una velocidad de 36 nudos por hora (70 km), viajarán un médico, una enfermera, un dentista y su asistente, un coordinador de agua y saneamiento y el coordinador de la unidad móvil. Pilota la embarcación un curtido lobo de mar que conoce cada meandro del río y todos los secretos de sus aguas turbulentas.

Además del equipo médico, la embarcación lleva toda una carga de material, incluido un grupo electrógeno, un equipo completo de odontología y refrigeradoras con vacunas y medicamentos para tratar las enfermedades más corrientes en esa zona.

Después de un viaje de siete días por el río Atrato, el equipo tiene que cambiar de embarcación, porque en muchos lugares el río Opogadó no es demasiado profundo. El equipo médico y el material son transportados en canoa, y aunque tiene un motor de 50 caballos, muchas veces tienen que saltar al agua y dar algunos empujones.

Tras muchas horas de bandear escollos naturales, la unidad móvil llega a su primer destino: Baquiaza. En menos que canta un gallo, se descargan las cajas con el material y el equipo, y comienza a funcionar un dispensario y una consulta de dentista con equipo completo.

Después de un día de trabajo en la comunidad, -vacunar a niños, hacer exámenes de control del embarazo, examinar a niños con problemas de piel por el agua del río y controlar los proyectos de tratamiento de aguas pluviales-, el equipo lleva a cabo la "operación caracol" empacando y saliendo para su próximo destino, es decir Mesopotamia, comunidad afrocolombiana.

 

En 2001, los integrantes de las unidades móviles de atención de salud administraron tratamiento médico y dental a 18.200 personas, y vacunaron a 15.733.

 

Hace cuatro años, todos los habitantes de Mesopotamia huyeron de sus hogares bajo amenaza, pero hace dos años volvieron a sus tierras para empezar a reconstruir.

La operación se repite una vez más. La gente de la comunidad comienza a llegar muy temprano para recibir tratamiento del equipo médico. El coordinador de agua y saneamiento se reúne con líderes de la comunidad para decidir la ubicación de los nuevos tanques de agua. También les recuerda cuestiones que ya se habían visto en ocasiones anteriores, es decir, lo importante que es tratar el agua para la salud de los habitantes de la comunidad. El trabajo del día comprende tratamiento de niños que han sufrido pequeños accidentes, vacunación de recién nacidos y examen médico de ancianos aquejados de diversos males.

Mientras el piloto de la embarcación se concentra en las dificultades de navegar por el río, el equipo de la unidad móvil examina los detalles de su próxima misión, que dentro de dos días les llevará a otro destino.
Uno de los mayores problemas para la población civil de las zonas afectadas por conflictos armados y las personas desplazadas es el acceso a servicios de atención básica de salud, debido al aislamiento geográfico de millares de colombianos. Una de las consecuencias ha sido la recrudescencia de enfermedades evitables mediante inmunología en las zonas más afectadas por el conflicto.

En coordinación con autoridades y comunidades, las unidades móviles concentran sus esfuerzos en brindar atención primaria de salud (medicina general, odontología, actividades de prevención, vacunación, promoción de la salud, purificación del agua y saneamiento).

En 2001, y en lo que va de este año, dichas y las autoridades municipales han brindado atención primaria de salud en varias partes del país. Las Sociedades Nacionales de Alemania, Canadá, Noruega y Suecia, llevan a cabo los proyectos, ofreciendo los fondos y los recursos humanos que hacen falta. Cabe señalar que los grupos armados han permitido que las unidades móviles atendieran a la población civil afectada por el conflicto en las cuatro regiones colombianas donde operan.

La aceptación de la misión médica del CICR ha permitido preparar estrategias de atención básica de salud y llevar a cabo las actividades mencionadas que, gracias a la participación de las autoridades locales y las comunidades, no han cesado de ampliarse.

El conflicto armado en Colombia comenzó en 1948, interrumpido por treguas esporádicas. Según distintas fuentes, han muerto unas 300.000 personas y hay más de 1.500.000 desplazadas.

El CICR está en Colombia desde 1980 y tiene 17 oficinas en todo el país.

El conflicto armado genera necesidades humanitarias que exigen una intervención inmediata. Decenas de miles de personas abandonan su hogar en busca de seguridad en otras ciudades o en zonas rurales. Todo el país está afectado. En muchos casos, estas personas tienen que irse sin que nadie lo sepa, dejarlo todo y huir con lo puesto; entonces, pierden sus medios de subsistencia y no pueden satisfacer sus necesidades básicas. El CICR se esfuerza por brindar una ayuda humanitaria de emergencia que sea eficaz y se ajuste a las necesidades prioritarias de la población. La asistencia está estrechamente vinculada con la labor de protección en todo el país.

Desde 2001, el CICR reforzó su rol de intermediario neutral entre todas las partes en el conflicto; también lleva a cabo programas médicos en las zonas afectadas, visita a prisioneros y obra por garantizar que todas las partes en el conflicto respeten más el derecho internacional humanitario.

Carlos Rios
Delegado de comunicación del CICR en Colombia.



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