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Recorrido terapéutico
Leslie Vryenhoek

  Ningún grupo es más vulnerable a la violencia y las vejaciones que las comunidades indígenas de Canadá. Un programa de la Cruz Roja Canadiense obra por poner término al ciclo de violencia mediante sensibilización y cursos de prevención.

Algunos indígenas de Canadá viven en la Isla Baffin del Océano Ártico.

Que vivan en reservas en las provincias orientales y centrales, a lo largo de la costa del Pacífico, o en comunidades septentrionales, los pueblos indígenas canadienses, llamados comúnmente aborígenes en inglés, tienen un legado abrumador y mortal de violencia y vejaciones.

Las estadísticas, influenciadas por injusticias históricas y agravadas por la pobreza, son espeluznantes: más de un tercio de los aborígenes canadienses muere de muerte violenta. El porcentaje alarmante de jóvenes aborígenes que afirman haber sido víctimas de vejaciones sexuales oscila entre 70 y 80 por ciento. En algunas comunidades, ocho de cada diez mujeres son víctimas de malos tratos de sus maridos o compañeros. El consumo de drogas y el alcoholismo son endémicos. La tasa de suicidios en estas comunidades es de dos a diez veces superior a la de otros grupos. De hecho, según estimaciones, el índice de suicidios más alto del mundo se registra en las comunidades inuitas del norte de Canadá.

En otros grupos estos hechos causan consternación e incredulidad, pero cuando se habla con los indígenas de estas estadísticas, ellos se limitan a asentir. "Las cifras no les sorprenden, las estadísticas simplemente reflejan la realidad que han vivido", dice Shelley Cardinal, consultora aborigen de la Cruz Roja Canadiense.

Medida de prevención

Cardinal elaboró el programa de la Cruz Roja para abordar esta problemática, que es un programa más de RespectED, servicio de prevención de la violencia y las vejaciones.

Creado por la Cruz Roja Canadiense, RespectED se ha venido ampliando en los 16 últimos años y su objetivo es poner término al ciclo de violencia que destruye vidas y comunidades. El año pasado, 127.000 jóvenes y 30.000 adultos beneficiaron de los programas de RespectED.

Las iniciativas interactivas de RespectED tratan de cuestiones relacionadas con todas las formas de vejación física, mental, emocional y sexual, así como de la violencia, el acoso y la intimidación en las relaciones. En estos programas, impartidos en aulas y centros comunitarios por voluntarios altamente calificados, se exploran definiciones, se examinan las aptitudes de comunicación y de prevención y, sobre todo, se hace hincapié en que el abuso nunca es culpa de una persona joven.

RespectED también organiza talleres y cursos de formación para adultos, destinados concretamente a grupos y actividades de alto riesgo, que ayudan a los participantes a superar los obstáculos de la prevención y a fomentar relaciones más seguras en sus organizaciones.

La Cruz Roja Canadiense obra por romper el ciclo de violencia en las comunidades aborígenes mediante diálogo y actividades organizadas.

 

Romper el ciclo

Uno de estos talleres se denomina "Recorrido por el círculo de la prevención"; iniciado en 1997, es fruto de años de colaboración con comunidades aborígenes para detectar problemas y establecer un programa adaptado a su cultura y su experiencia.

"Hay factores de peso, comunes a todos los aborígenes de Canadá, que explican 'el porqué' de las vejaciones", explica Cardinal, y señala que abundan programas de asesoramiento a las víctimas o de tratamiento a los autores de vejaciones, pero en muy pocos de ellos se trata de sacar a la luz las causas profundas y elaborar estrategias de prevención positivas, basadas en la comunidad.

"El abuso físico y sexual no son aceptables en nuestra comunidad, por lo tanto hay un abismo entre la tradición y la realidad actual", opina Cardinal, que es de la nación cree de Alberta septentrional. "Comprender cómo hemos llegado a esta situación es esencial para poder cambiar esta realidad ".

Los talleres duran 18 horas, repartidas en tres días de intensa actividad. Cada uno comienza con una lección de historia sobre siglos de injusticia y dominación desde la llegada de los europeos a América del Norte.

Se les apartó de su estilo de vida tradicional, se les confinó en reservas y se les prohibió practicar sus ceremonias espirituales, por todo ello, Cardinal asevera que los aborígenes vieron desmoronarse su estilo de vida durante decenios y decenios.

Además de la pérdida de la tradición cultural que les privó de su espiritualidad, decenios de vejaciones físicas, emocionales y sexuales trastocaron la sociedad aborigen. Uno de los factores más significativos de estos abusos fue el sistema escolar de residencia; concebido como un método de asimilación, este sistema permitió que se separara a los niños de su familia, y esta práctica imperdonable continuó durante un siglo. Una vez en las escuelas, se les enseñaba que las prácticas indígenas eran dañinas y no se les permitía hablar su idioma. El objeto declarado era "cristianizar y civilizar", pero en muchos casos los niños eran utilizados como mano de obra.

"Hoy en día sabemos que las vejaciones físicas eran moneda corriente en estas escuelas y un número sorprendente de niños era objeto de abusos sexuales", añade Cardinal. Hasta el cierre de la última escuela residencial en 1984, cinco generaciones de niños aprendieron duras lecciones de abuso. "Hacia el final, los niños mayores abusaban de los más pequeños. El ciclo había comenzado".

Mientras las cuestiones relativas a la responsabilidad y la restitución siguen estancadas en una maraña de luchas políticas y jurídicas, hay un gran sufrimiento al que se debe atender sin demora.

La próxima etapa de este recorrido terapéutico es entablar una discusión franca para acabar con la vergüenza y el secreto que circundan todo lo relacionado con abusos. Al respecto, el tacto es esencial pues en cada grupo puede haber autores y víctimas de vejaciones, de manera que es preciso mantener una atmósfera segura y neutral. "Nos encargamos de que la discusión se concentre en los guiones y personajes de los vídeos y estudios de caso. No queremos que después se relaten experiencias personales en el grupo", explica Cardinal.

ólo cuando un problema ha salido a luz, se puede atender a las estrategias de prevención. "Una vez que logramos llamar a las cosas por su nombre y reivindicar el pasado, podemos seguir adelante y encontrar soluciones que puedan sanar a nuestras comunidades".

 

  Esta tarea comienza por un examen de valores. En los talleres se conjugan los siete Principios Fundamentales del Movimiento y 12 principios aborígenes, que incluyen la relación entre lo material y lo espiritual, la capacidad de cada ser humano y la necesidad de desarrollar su potencial.

Se pide a los participantes que escriban los valores que aprecian. Luego, durante el debate, se exploran medios de incorporar esos valores, junto con otros principios y enseñanzas aborígenes, en su vida y sus comunidades. "Nos preguntamos qué hacer para restablecer la confianza, en qué debería consistir el cambio y cómo llegar a perdonar", concluye Cardinal.

Cuando termina el taller comienza un largo recorrido, pues los participantes tienen que compartir con su respectiva comunidad los conocimientos adquiridos e integrarlos en programas locales.

En los seis últimos años, Cardinal se ocupó sola de este programa, por lo que tuvo que recorrer grandes distancias para impartirlo en más de 50 comunidades, pero, actualmente, orienta la labor de los 14 voluntarios aborígenes que ella misma formó y que responderán a las solicitudes de organizar talleres que lleguen desde cualquier punto de Canadá.

El programa exige una dedicación total, en tiempo y energía, a estos nuevos voluntarios de la Cruz Roja. Cuando se les pidió que indicaran por qué consideraban que era esencial, una de las voluntarias dijo: "Ofrece a los aborígenes su propia visión del mundo. Además, son aborígenes quienes imparten los talleres... Esto nos da la posibilidad de hablar de corazón y a partir de nuestras propias experiencias".

Leslie Vryenhoek
Coordinadora de Comunicaciones y Marketing,
RespectED, Cruz Roja Canadiense.

 

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