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Fronteras de exclusión
Jean-François Berger

Un joven albanokosovar en medio de los escombros de viviendas de los romà de Prístina, Kosovo. Las casas fueron quemadas y destruidas, y sus ocupantes desalojados y expulsados de Kosovo durante una ola de "limpieza étnica".

Los trastornos de la posguerra fría han convertido a los romà de Europa central y oriental en la minoría más marginada y vulnerable de la región. Cruz Roja, Media Luna Roja se interesa por la suerte de un pueblo disperso en varios países que a lo largo de los siglos ha aprendido a sobrevivir en condiciones precarias.

Un proverbio gitano dice que cada ser humano tiene un lugar en las sombras. En ninguna parte este dicho es tan gráfico como en Budila, pueblo de la región rumana de Transilvania, donde más de la mitad de sus 5.000 habitantes son roms. En el asentamiento romaní de Budila, a las afueras del pueblo, donde se llega por un sendero enlodado, no hay agua corriente ni electricidad. Las casas, en general, una sola habitación, son de una construcción mediocre por donde se cuelan el frío y la lluvia. Dentro de ese espacio exiguo, la privación es norma.

Este es un ejemplo patente de la vida que llevan casi todos los romà de Europa central que, según estimaciones, son entre 6.000.000 y 10.000.000. El número exacto importa poco, lo cierto es que los romà forman parte de los grupos más vulnerables de la región. Marginados, su esperanza de vida es de 10 a 15 años menos que la del resto de la población; en algunos casos, el desempleo puede ser del 100 por ciento; pocos niños romà llegan al nivel de enseñanza secundaria y, en algunos países, la inestabilidad y las crisis económicas han agudizado la discriminación y la violencia de larga data contra esta comunidad. En un solo indicador ocupan el primer puesto: la tasa de natalidad más alta de la región.

Contra las cuerdas

Pocos roms han beneficiado de la transición de la economía centralizada a la economía de mercado. Aunque la pobreza se ha generalizado, ellos son los más afectados. Confinados en las afueras de las ciudades, en las viviendas insalubres de los guetos, también se exponen al desalojo a medida que la privatización gana terreno.

Actualmente, más de 70 por ciento de los romà de Europa central está desocupado, mientras que hace tres décadas, 75 por ciento tenía empleo, casi todos en establecimientos estatales. Además, se ven desfavorecidos por su bajo nivel de calificación profesional y la falta de empleo para trabajadores no calificados.

El saneamiento precario y la falta de agua potable en los guetos donde viven los romà acrecientan la transmisión de enfermedades infecciosas.

 

La situación es igualmente desastrosa en lo que se refiere a la salud. Las malformaciones congénitas y la mortalidad infantil han aumentado y la tuberculosis se ha propagado. La falta de acceso a la atención médica salta a la vista. "Muchos roms viven a cuatro o cinco kilómetros de distancia de un centro médico. La distancia no facilita las cosas, pero lo que es peor, en muchos casos se nos niega la atención porque al no tener empleo tampoco tenemos seguro de enfermedad", puntualiza Milan Scuka, uno de los pocos roms del parlamento eslovaco. La vacunación de los niños depende de que las madres hayan recibido o no educación para la salud, educación que la Cruz Roja ha dejado de impartir, por lo que ahora dependen aún más de las autoridades, ya que las campañas de vacunación se organizan a través del sistema escolar. "Antes de 1989 teníamos que pasar por una consulta médica para recibir asignaciones familiares", recuerda Milan Scuka.

En lo que respecta a la educación, la discriminación es patente ya que los niños roms rara vez van a la escuela. En muchos casos, se les manda a instituciones para discapacitados mentales. Por falta de recursos o de motivación de los padres, menos de la mitad termina la escuela primaria. Estos niños acaban trabajando en las calles para contribuir al sustento de la familia. A pesar de las iniciativas del gobierno húngaro para propiciar la educación de los romungros, el grupo más numeroso de roms de lengua húngara, Bernath Gabor, Jefe del Centro de Prensa Romaní de Budapest, comenta que en su país, un rom tiene 50 por ciento menos de posibilidades que el resto de los húngaros de llegar a obtener un título universitario.

Al encuentro de los romà

El drama de los romà preocupa a Peter Yovkov de la Cruz Roja Búlgara. Según él: "Los búlgaros y los romà hemos convivido por siglos y seguimos sin conocernos; cuando la gente no se conoce suele tener miedo. Los búlgaros sólo ven a los romà cuando mendigan por la calle , frente a las iglesias, o en las estaciones de ferrocarril, envueltos en sus mantas. No ven a las personas ni las entienden. Tenemos que lograr conocernos mutuamente".

Yovkov está en Filipovtsi, un barrio de los suburbios de Sofía, para sentar las bases del programa de desarrollo comunitario participativo que coordina y que ya está en curso en una aldea de romà y turcos del nordeste de Bulgaria, y en el barrio indigente de los romà de Sliven, ciudad industrial.

La meta de este programa es ayudar a la gente a analizar su situación y proponer medidas para mejorarla. La comunidad participa en el proceso junto con las demás partes interesadas, entre ellas, las autoridades y las ONG.

La sección de Sofía de la Cruz Roja Búlgara tuvo que recortar su labor en Filipovtsi por lo que varias ONG estuvieron yendo y viniendo, redactando informes, tomando fotos y haciendo poco o nada porque granjearse la confianza de la gente lleva tiempo. Aquí, a la sombra de la jungla de cemento de Lulin, hay una zona en ruinas, insalubre y abandonada a su suerte, donde la esperanza ha muerto y bulle el descontento. El sistema de alcantarillado está destrozado, las casas no tienen agua corriente, nadie recoge la basura y no hay un solo teléfono público.

El médico local le dijo a Yovkov que la pobreza y las malas condiciones de vida son las causas principales de la precaria salud de los habitantes. Una mujer dice en la calle: "casi todos nosotros vivimos en una cloaca. Ni siquiera quedan baños públicos aquí. Desde que llegó la democracia no vivimos".

Yovkov va a ayudar a la sección de la Cruz Roja a organizar un equipo que supervisará el gueto, y el análisis de la comunidad dará lugar a un proyecto modesto que los romà aprenderán a administrar. Habrá tropiezos y Yovkov es consciente de que tal vez sean importantes, pero afirma que "hasta ahora todo va bien en Sliven y lo que es posible allí…"

El barrio romaní de Sliven, el distrito Nadeshda, es uno de los más indigentes de Bulgaria. En una ciudad industrial de 100.000 habitantes, al pie de las montañas centrales del país, 15.000 roms empobrecidos se hacinan en calles estrechas, la mayoría desempleados, viven en condiciones insalubres, no tienen seguro de enfermedad y están condenados a una atención de salud mediocre.

El programa está destinado a 500 familias necesitadas de Nadeshda, en su mayoría romaní, pero también turcas y búlgaras. El informe del equipo en el terreno está previsto para finales de julio. "Confirmará que estamos olvidados de la mano de Dios y de todos", comenta un hombre. Con toda probabilidad, la Cruz Roja deberá ocuparse esencialmente de salud pública.

Salir a la calle

Los romà conocen muy bien la sección de Sliven de la Cruz Roja Búlgara. Hace seis años comenzó a ocuparse del número creciente de niños que vivían en la calle, lo que les inducía a mendigar, robar y prostituirse, así como de los niños que eran objeto de abusos o a quienes se obligaba a ganar dinero para contribuir al sustento de la familia. "Eran niños sin futuro, y si queremos que cambie la condición de los romà, tienen que recibir educación", asevera Margarita Ruseva, Secretaria de la sección.

Uno de los factores más graves de la marginación de los romà es el alto índice de desempleo, causado en gran medida por su bajo nivel de educación. Lograr que la situación cambie es competencia del Estado, pero la Cruz Roja Búlgara está dando una mano por todo el país, mostrando el camino y acelerando el ritmo con programas innovadores.

En Sliven, el jardín de infancia financiado por la Cruz Roja Belga, se ha convertido en un centro de transición para niños sin otras posibilidades de ingresar en el sistema de educación. Niños de ocho a diez años de edad aprenden a hablar correctamente, leer y escribir, y adquieren las aptitudes de vida que todo niño necesita para salir adelante.

Además, el centro les proporciona ropa, la posibilidad de bañarse y tres comidas al día. En lugar de comenzar la instrucción con el alfabeto, se les imparten nociones de higiene, hábitos sanos y buena comunicación con los demás. Las lecciones son breves y no se trata de un plan de estudios completo. Se tiene en cuenta la realidad y, poco a poco, se les prepara para el primer grado.

 

La Cruz Roja Romaní

Lograr que los niños vayan a la escuela y no deserten las aulas han sido los objetivos de la Cruz Roja Búlgara en otras ciudades como, por ejemplo, Yambol y Pazardzik. Yambol es excepcional porque desde 1997, la Cruz Roja cuenta con una subsección romaní.

Muchos programas de la Cruz Roja se llevan a cabo con asociados de las ONG romaní que han proliferado en estos últimos años. En esta ciudad, donde los romà representan uno de los porcentajes más alto del país, aquejada de las privaciones que conlleva un índice de desempleo de 80 a 90 por ciento, había que hacer mucho más. "Tuvimos que abrir la puerta de lo que seguía siendo una comunidad cerrada", cuenta Diana Dineva, Secretaria Regional de la Cruz Roja. Entonces, el Dr. Shukri Hasanov, que es rom y cuenta con la confianza de sus pacientes del barrio romaní, creó una subsección que, a la vez, es un grupo de presión de las bases.

El grupo de Hasanov no tardó en constatar problemas graves y la Cruz Roja Suiza financió un proyecto de asistencia social y educación para la salud durante 18 meses. Se organizó un club para madres jóvenes en el que se brindaba apoyo psicológico y pedagógico, consultas médicas para mujeres y adolescentes. Además, se iniciaron programas de educación para jóvenes, fomentando la creatividad y el esparcimiento productivo. Alumnos de familias indigentes asistieron a clases de canto, baile y pintura, y se abrió un club de gimnasia donde los jóvenes se entrenan con Margarita Mollova, gran deportista que fuera campeona europea y mundial de gimnasia.

El proyecto adoleció de carencias que se fueron subsanando antes de darlo por terminado oficialmente, en marzo de 2002. Aun así, el resultado es evidente y las actividades continuarán y se desarrollarán. En breve, se presentarán nuevos planes a los donantes.

Motivar a niños y padres para garantizar que los pequeños reciban instrucción seguirá siendo un elemento vital. Ofrecer el desayuno a los alumnos que van regularmente a la escuela, donde la asistencia aumentó un 12 por ciento, sólo es un principio para romper ese círculo vicioso, como lo calificó, Nikolina Atanasova, secretaria de la subsección romaní y especialista en cuestiones de minorías del municipio.

En todas partes del mundo, la eficacia de los programas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja obedece a su presencia en las comunidades de base. La experiencia búlgara demuestra que el reto de los romà no es excepción. En Europa central hay más de 6.000.000 de roms y debería haber muchos más de ellos en filas de la Cruz Roja.

John Sparrow
Jefe de la Unidad Regional de Comunicaciones de la Federación en Budapest.

Ola de racismo

Los sentimientos nacionalistas exacerbados al final de la guerra fría han vuelto a despertar el desprecio por los romà, que siempre estuvo latente pero era controlado durante el régimen comunista. Las tesis de pureza étnica, la agravación de los problemas económicos y la creciente inseguridad tras la caída del comunismo han convertido a los romà en el chivo expiatorio de todo ese deterioro. Las agresiones racistas perpetradas por grupos neonazis se han multiplicado en toda Europa.

"En el período comunista, solamente la policía era agresiva. Hoy en día puede ser toda la población", explica Nicolae Gheorghe, respetado líder de la comunidad romaní. De ahí que algunos roms traten de reafirmar su identidad y hacer valer sus derechos de minoría y que otros opten por asimilarse a los grupos dominantes.

Ello no quita que las reformas democráticas iniciadas en 1989 hayan permitido concientizar sobre los derechos humanos y los derechos de las minorías, lo que es beneficioso para los romà y para su emancipación a largo plazo, tal como lo demuestra la creación de ONG romaní.

La fuerza motriz de esta evolución es una fundación, el Instituto Sociedad Abierta, creada por George Soros, financiero de origen húngaro. Mediante la formación de una elite intelectual romaní y la financiación de una red importante de ONG locales, "el ISA espera que los romà participen plenamente en la vida pública y en la toma de decisiones que les incumben", afirma Rumyan Rusinov, joven director del instituto.

Simona Botea, que trabaja para la Unión Europea en Bucarest, está tratando de encontrar representantes de la comunidad romaní "capaces de establecer, administrar y evaluar proyectos de educación y desarrollo". Conscientes de lo que está en juego, la Unión Europea y la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa han aumentado la asistencia para propiciar la integración de los romà. Por su parte, en los 10 últimos años, el Consejo de Europa se ha dedicado a mejorar la situación jurídica y las condiciones de los romà para garantizar a largo plazo su verdadera participación en la vida pública. Los gobiernos de Europa central y oriental son favorables a este tipo de evolución ya que la protección de las minorías es uno de los criterios de adhesión a la UE.

A medida que las economías de Europa central y oriental se vienen abajo, se agudiza la pobreza de los romà, chivos expiatorios del deterioro de la región. Estas mujeres y este niño de la comunidad romaní de Rumania forman parte de los "intrusos"de casas de un suburbio de Varsovia donde no hay agua, gas ni electricidad.

Expulsados por la guerra

Los romà han pagado un alto tributo en los diferentes conflictos que desgarraron a exYugoslavia.

Durante el conflicto de Kosovo, los romà quedaron atrapados en medio de los enfrentamientos. Entre 1998 y 1999 tuvieron que abandonar su hogar por lo menos tres veces: en 1998, tras encuentros entre la policía serbia y el Ejército de Liberación del Kosovo (KLA); durante los ataques aéreos de la OTAN, a partir de marzo de 1999, y en julio de 1999 por temor a represalias por parte del KLA. Actualmente, su principal preocupación es recuperar las pertenencias perdidas.

El número de roms en Kosovo antes de 1998 es objeto de controversia y varía entre 50.000 y 150.000. Un motivo del desacuerdo es que, antes de la guerra, ashkalis y egipcios, cercanos a los albanokosovares, se consideraban albaneses y se contaban entre ellos. Desde entonces los ashkalis han tratado de ser reconocidos como tales, pero permanecen aislados y marginados. Los que eran cercanos a los serbios o sospechosos de haber colaborado con ellos han abandonado Kosovo para irse a Serbia y Macedonia. En Serbia, la disparidad de los cálculos del número de roms es aún mayor. Varía de 150.000 (fuentes oficiales) a 800.000 (fuentes romaní). Allí también, el "mimetismo" ha supuesto que algunos roms se consideraran tales o serbios en función de las circunstancias.

Desde agosto de 2001, la Cruz Roja Belga, con ayuda de una sección de Belgrado de la Cruz Roja Yugoslava administra un programa de rehabilitación socioeconómica para 800 roms expulsados de Kosovo y establecidos en Cukarica, un suburbio de Belgrado. Seis personas, dos roms, dos serbios y dos belgas, comparten las actividades, que incluyen mediación social, mantenimiento de la casa, asistencia escolar para los niños, vacunas y una infinidad de otros servicios cotidianos. Según Vladimir, uno de los mediadores sociales, "tenemos que ser realistas en nuestro enfoque y facilitar a los romà el acceso a servicios básicos". Stefan, su colega, señala que "son supervivientes que no saben en quién confiar". Este proyecto también se lleva a cabo en Bulgaria y Eslovaquia.

En Macedonia hubo dos corrientes migratorias de romà. La primera, en julio de 1999, de Kosovo, actualmente hay 3.000 refugiados en espera de asilo en países occidentales. La segunda debido al conflicto interno de 2001. La Cruz Roja Macedonia, con apoyo del CICR y la Federación, presta asistencia a refugiados, personas desplazadas y casos sociales, que también benefician de las actividades de unas 70 ONG romaní.

JFB

¿Qué hace la Cruz Roja?

Los romà están incluidos en los programas de la Cruz Roja, como lo están siempre los más necesitados de la sociedad. Pero, aun así, muchas Sociedades Nacionales se preguntan: ¿Estamos haciendo lo suficiente? Las diferencias culturales, las necesidades mayores y los prejuicios generalizados a todo nivel de la sociedad, ¿exigen intervenciones destinadas concretamente a los romà? O bien, ¿proyectos amplios e integrados darían más resultado puesto que el resto de la población de Europa central también atraviesa serios problemas?

El Banco Mundial constata que entre 1988 y 1998, la pobreza absoluta aumentó un 20 por ciento en Europa central y oriental, y que desde la caída del régimen comunista, la pauperización actual no tiene precedente. Entre 20 y 30 por ciento de los 130 millones de habitantes de Europa central vive en condiciones de pobreza extrema y la salud pública no está a la altura. Las Sociedades de la Cruz Roja que disponen de escasos recursos, ¿se encuentran en condiciones de luchar por levantar esos retos y ocuparse de cada minoría por separado? ¿Disponen de la capacidad necesaria?

Las respuestas no siempre son fáciles y en la Cruz Roja también hay quienes preferirían esconder la cabeza en la arena. Aún así, sabido es que la Cruz Roja se encuentra en una posición incomparable para ayudar, principalmente, mediante programas de salud y atención comunitaria y defensa de la causa romaní.

Ahora bien, el principal obstáculo para que los romà tengan acceso a la asistencia social son los requisitos administrativos porque la mayoría de los organismos exigen presentar determinados documentos que ellos no poseen. De todos modos, el problema no es puramente burocrático sino producto de un círculo vicioso, que traduce la condición deplorable de los romà y las limitaciones estructurales que les mantienen marginados.

Para muchos roms la caída del muro de Berlín sólo supuso que se erigieran otras barreras, que acrecentaron su vulnerabilidad. Para el Movimiento, la cuestión de los romà tiene el potencial de ser una fuerza de movilización en las esferas tradicionales de educación para la salud y en el sector social. En palabras de Andras Biro, ex disidente húngaro, "la cuestión de los romà es una bomba de tiempo salvo que les demos cabida en la sociedad".

El delegado del CICR se reúne con los romà para organizar el programa de asistencia a la comunidad tras el conflicto de Kosovo.

 

Historia fragmentada

El pasado de los romà es impreciso pues su cultura es esencialmente oral. Se calcula que en todo el mundo hay unos 12.000.000 de romà. De los 8.000.000 millones que hay en toda Europa, 6.000.000 viven en Europa central y oriental, por lo que son la minoría más importante de la región.

Oriundas de la India, las comunidades romaní son minorías que no reivindican territorios ni soberanía política, pero sí, que se reconozcan su existencia y sus derechos. Debido a la dispersión geográfica, su cultura y organización social varía ampliamente y su falta de unidad en términos de representación internacional es notoria.

El término rom, que significa hombre en romanò, principal idioma de los romà, abarca diversos subgrupos como los kalderash, los lovara, los sinti, los manouches, y los gitanos de Francia y España meridionales. Los romà no tienen religión propia, pero practican sus propios rituales, y en general se han adaptado a la religión del país donde viven.

Las emigraciones importantes de los romà a Europa comenzaron en el siglo XIV. Muy apreciados en las cortes europeas del Renacimiento gracias a sus dotes de guerreros, jinetes y herreros, la condición de los romà se fue deteriorando con el correr de los siglos. Se estima que durante la Segunda Guerra Mundial, 500.000 murieron en los campos de concentración nazis, pero el tribunal de Nuremberg no se interesó demasiado de este asunto.

JFB

Jean-François Berger
Redactor del CICR de Cruz Roja, Media Luna Roja


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