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Violencia en las barriadas de Nicaragua

por Marko Kokic

En un barrio de Tipitapa, ciudad próxima a Managua, Nicaragua, sobre una calle sin pavimentar que separa el territorio de dos bandas callejeras rivales, se encuentra instalado en la casa de un voluntario un dispensario de la Cruz Roja

Se aproxima a la calle un grupo de hombres jóvenes, miembros de una banda llamada Los Charcones, trayendo picos y palas. Acaban de enterrar a Norvin Sánchez, de 19 años, muerto a puñaladas pocos días antes en una pelea. La banda rival, Los Roqueros, al percatarse de la invasión se junta rápidamente para enfrentarla. Se intercambian insultos y burlas. Uno de los Charcones mayores da un paso adelante. Señala a Los Roqueros con un palo, blandiéndolo como si dijera "arreglaremos esto en otro momento". Los Charcones se marchan y una tensa calma vuelve al barrio.

En Nicaragua la guerra terminó oficialmente hace trece años, pero la lucha continúa en las calles. Los combatientes no usan uniforme ni contienden por diferencias ideológicas. Luchan por un territorio, a veces por unas pocas manzanas de una ciudad o por una cancha de fútbol. Sus armas van desde los primitivos palos y cuchillos, pasando por escopetas de fabricación casera, hasta los rifles de asalto AK-47 y las granadas de fragmentación. Cientos de bandas con miles de miembros son responsables de casi la mitad de los crímenes que se cometen en el país.

 

 

La Cruz Roja sale a la calle

El proyecto "Casa Base" de la Cruz Roja, dirigido por la Cruz Roja Nicaragüense en colaboración con el Ministerio de Salud, permite controlar el crecimiento y el estado general de salud de los niños de las comunidades participantes. Normalmente, alguien ofrece su casa como base desde la cual los promotores de salud de la Cruz Roja pueden trabajar. Además, se ofrecen a las madres programas de formación en salud y nutrición, especialmente para prevenir diarreas y enfermedades respiratorias. La vigilancia y el seguimiento se efectúan mediante visitas a domicilio. El programa es una manera de aliviar el ya sobrecargado sistema de salud utilizando a los voluntarios de la Cruz Roja como auxiliares del dispensario de la comunidad. En la actualidad 90 voluntarios participan en el programa.

Según Richard McCabe, jefe de la delegación de la Cruz Roja Canadiense en Nicaragua, un proyecto como Casa Base, en el barrio San José de Tipitapa, es "un modo de entrar en la comunidad, una manera de dar participación a la población y de demostrar que puede cambiar las cosas asumiendo la responsabilidad de su salud". Pero a medida que el número de bandas aumenta, una cultura intrísecamente social, vibrante, apasionada, que estaba en la calle, se va retirando detrás de las paredes, los portones y la alambrada de navajas.

Hay en Tipitapa por lo menos 20 bandas o pandillas, como se las llama en su tierra. Cuando la filial de Tipitapa de la Cruz Roja Nicaragüense empezó a trabajar en esta comunidad, hace dos años, sus voluntarios estuvieron a punto de tener problemas con ellas. Ocho meses antes, robaron a punta de cuchillo a unos voluntarios de la Cruz Roja de la juventud que hacían visitas a domicilio. En otra ocasión, unos voluntarios se enfrentaron a miembros de una pandilla y recibieron disparos de un cañón de fabricación casera. Nadie fue herido, pero el mensaje quedó claro.

"Podríamos haber recurrido a la policía, pero eso sólo hubiera empeorado las cosas", explica Edgar Sánchez, facilitador de salud comunitaria de la Cruz Roja Nicaragüense. "Decidimos entablar un diálogo con los jefes de la banda para explicar cómo ayudamos a la comunidad, a sus amigos e incluso a sus familias. Son los dirigentes naturales de las comunidades en las que trabajamos y fue un error no haberlos tenido en cuenta antes".

Las drogas y la violencia

Durante la guerra civil de los años ochenta, las personas huían de los combates que se libraban en las zonas rurales y buscaron seguridad y trabajo en las ciudades. Cuando en 1990 terminó la guerra, 92.000 soldados fueron desmovilizados sólo para volver a la pobreza y el desempleo. Empobrecidas, las comunidades periféricas como Tipitapa, con sus 175.000 habitantes, no pudieron absorber una mano de obra no especializada tan numerosa.

La pertenencia a una banda ofreció a muchos una manera de encajar en las nuevas realidades tras el conflicto de Nicaragua. Aunque la mayoría de los ex combatientes y otros adultos se retiraron de las bandas por la edad, nuevos integrantes han ocupado su lugar, ya que más del 60% de la población nicaragüense es menor de 25 años. En 1988, se calculaba que había 20 bandas en Managua, la capital; hoy son más de 100.

La guerra expuso a la población a grados de brutalidad sin precedentes. Como consecuencia, los crímenes violentos se triplicaron desde 1990. La violencia doméstica es el flagelo de los barrios más pobres, mientras que el tráfico de drogas y el comercio de armas ilícitas alimentan la guerra urbana. La afluencia de integrantes más duros procedentes de los Estados Unidos como consecuencia de las deportaciones ha hecho también más violentas las bandas de Nicaragua.

 

Una voluntaria de la Cruz Roja controla el peso de un niño en el marco del proyecto Casas Bases.

La pobreza como causa fundamental

Una visita a las casas de algunos integrantes de Los Roqueros revela las condiciones extremas de pobreza que soportan ellos y sus familias.

Nicaragua tiene el índice de embarazo de adolescentes más alto de América Central, con el 45% del total de los embarazos de niñas de entre 15 y 19 años. América Central sigue siendo sumamente conservadora por lo que respecta a la educación sexual y la planificación familiar. "Cuando los niños tienen hijos, es desastre garantido", dice el voluntario de la Cruz Roja, Oscar Danilo Santa María, promotor de salud. "Si la vida familiar es insoportable, los hijos buscarán afuera el amor y el apoyo que necesitan. Mire a su alrededor; verá todas esas criaturas rondando a los integrantes mayores de la banda. Éstos son los modelos".

Los diarios locales, en lugar de analizar las razones de su existencia, estigmatizan a las pandillas. A Los Roqueros les preocupa algo totalmente diferente de lo que dicen los diarios. Quieren un lugar seguro para jugar al fútbol. De hecho, gran parte de la lucha entre ellos y la banda rival tiene por motivo el control de la cancha de fútbol.

"Fundamentalmente somos amigos que salimos juntos", explica Castillo, otro jefe de los Roqueros. "Formamos esta banda hace unos cinco años para protegernos de otras bandas".

Los tres jefes de Los Roqueros tienen objetivos modestos. Monstro querría ser carpintero, Castillo gerente de una empresa y Lulú ingeniero. El elevado índice de desempleo sumado a la escasa educación hacen que estas carreras parezcan muy fuera del alcance de Los Roqueros.

"Es obvio que si queremos seguir trabajando en la comunidad debemos abordar las cuestiones de la banda de un modo u otro. Aparte de garantizar la seguridad, tenemos la oportunidad de dar, por medio de la Cruz Roja, una solución a los jóvenes", explica Edgar Sánchez, de la Cruz Roja Nicaragüense.

Lo principal es la renovación de la comunidad

Hace tres años el dispensario de la comunidad de Tipitapa se parecía mucho a sus barrios, destrozado y amenazado por las bandas. Reconociendo los aspectos vulnerables de la comunidad, la Cruz Roja Canadiense invirtió fondos de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional en la reparación del dispensario.

"Como programa integrado de salud, no podemos trabajar en forma aislada de otros problemas de la comunidad y esperamos que mejore la salud global", dice Richard McCabe, jefe de la delegación canadiense. "La renovación del dispensario de la comunidad y el establecimiento del programa Casa Base son pasos modestos e importantes porque constituyen un símbolo de lo que puede una población que rescata su comunidad".

El programa integrado de salud es sólo el principio de la renovación de la Cruz Roja en Tipitapa. Se reconoce que para abordar otras cuestiones que afectan a la comunidad habrá que trabajar más. El miedo y las bandas tienen prioridad.

 

Marko Kokic
Delegado de la Federación Internacional en misión en América Central.



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