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¿Cómo somos los humanos?

por Dr. Robin Coupland

El Dr. Robin Coupland, asesor médico del CICR en violencia armada y efectos de las armas, habla de los aportes que la comunidad científica puede hacer para favorecer nuestra comprensión de los seres humanos.

No cabe duda de que una mejor aplicación del derecho internacional humanitario (DIH) impide la crueldad y la indignidad en la guerra y contribuye a promover la coexistencia pacífica y constructiva tras el conflicto. Detrás de esto está la creencia en la humanidad; el primer principio del Movimiento presupone una especie de moralidad humana colectiva en la cual se fundan ciertas acciones. ¿En qué medida se modificarían nuestro diálogo y nuestra comunicación acerca de la aplicación del DIH si, en lugar de basar esta creencia en las nociones de moralidad colectiva, tuviéramos en cuenta lo que los científicos entienden por humanidad?

Cuando usamos el término "humanidad" lo hacemos indistintamente con dos significados. Uno se refiere a toda la colectividad de seres humanos y el otro a una actitud, moralidad o sentimiento de buena voluntad hacia nuestros congéneres. Raras veces se hace la distinción entre estas dos acepciones de humanidad e instintivamente se tiende a relacionarlas.

Múltiples disciplinas científicas han ahondado en la existencia colectiva de los seres humanos. También le debemos a la ciencia la comprensión objetiva de sentimientos como la ira, el amor y el miedo a los extraños. Sin embargo, la discusión sobre la existencia o la naturaleza de la segunda acepción de humanidad -a la que designo aquí como la humanidad de los humanos- se ha afincado largamente en el ámbito de la filosofía moral. ¿Podría demostrar la ciencia que la humanidad de los humanos no sólo es algo innato sino también un elemento esencial de nuestra fructífera existencia colectiva? Difícil pregunta ésta pues la cruda verdad es que los seres humanos también son capaces de actos extraordinarios de inhumanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La prueba de la humanidad de los seres humanos hay que hallarla en múltiples disciplinas.

 

Nuestro diálogo sobre el DIH o el derecho de los derechos humanos y la aplicación de sus normas en el siglo XXI podría cambiar radicalmente si la humanidad de los humanos, la inhumanidad de los humanos y lo que nos conduce a la coexistencia fructífera se explicaran en términos objetivos y científicos. El respeto de estos dos cuerpos del derecho se consideraría no sólo como un requisito jurídico o incluso como una responsabilidad moral, sino como un imperativo humano integrante de nuestra existencia. Podríamos argüir que ciertos comportamientos son incorrectos no sólo desde un punto de vista legal sino también porque provienen de seres humanos. La gran excusa de "la naturaleza violenta del hombre" -que según nos dicen es incontrolable- podría refutarse. En nuestro diálogo y nuestra comunicación podríamos subrayar que es necesario tener una conciencia colectiva de la humanidad de los humanos para continuar la existencia de los humanos en un mundo cada vez más superpoblado, más contaminado, más tecnológico, más aterrorizado, más proclive a consumir los recursos y escindido por un peligroso criterio: los que tienen y los que no tienen. Y cuando necesitemos un "espacio humanitario", todos hemos de saber que se trata de un tiempo y de un lugar en que la humanidad de todos los seres humanos implicados, incluyendo a los portadores de armas, tiene la máxima prioridad, y que esto significa, como primera medida, eliminar los actos de inhumanidad.

En relación con la humanidad de los seres humanos, la buena noticia es que la investigación científica ha puesto de manifiesto una base objetiva y biológica para ello; la mala noticia es que los científicos han hecho muy poca alusión, cuando lo han hecho, a las repercusiones de sus investigaciones en la aplicación y promoción del derecho internacional humanitario o del derecho de los derechos humanos. Las dos comunidades, esto es, los científicos y los "humanitarios", simplemente no han articulado (aún) su conocimiento. A este respecto, no hay ni un solo hallazgo científico trascendental que pueda equipararse al descubrimiento de la estructura del ADN. La prueba de la humanidad de los seres humanos hay que hallarla en múltiples disciplinas. Estudios sobre la "guerra primitiva" revelan que la crueldad no es la norma, que puede haber menos muertos, que la violencia va acompañada por muchos ritos y, lo que es más importante, por una gran sujeción. Se ha demostrado que el altruismo es un fenómeno biológico. Si se enseña a los niños a tomar conciencia de la desgracia o del sufrimiento ajeno serán menos proclives a resolver las disputas mediante la violencia. A la inversa, se ha comprobado que la gente corriente puede ser inducida a causar daño a personas totalmente desconocidas. Se ha explicado la distancia emocional que se crea en el tiempo y en el espacio entre el que usa un arma y su víctima. Asimismo, hay pruebas contundentes de que la "deshumanización" de un enemigo potencial es un elemento fundamental cuando se cometen crímenes de guerra, genocidio o crímenes contra la humanidad, incluso algunos esgrimirán que es una condición sine qua non. En suma, la humanidad y la inhumanidad de los seres humanos pueden explicarse abundantemente en términos científicos y quizás también gracias a nuestra biología evolucionada; pero sólo unos pocos encargados de formular políticas en la escena internacional o especialistas en derecho internacional sacan provecho de esto.

El Movimiento debería empezar a aprovechar este conocimiento. El argumento moral, que obliga a tomar en consideración a las víctimas de la violencia armada, parece tener poca influencia en el ámbito internacional; esto puede reforzarse si la humanidad de los seres humanos se formula en términos científicos. Lo importante es que con ello se abordaría la verdadera universalidad del derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos humanos y se mantendría la atención en el objeto y el propósito de estos dos cuerpos del derecho.

La creciente interrelación de los conflictos con la migración, la mundialización, la superpoblación, la pobreza, las enfermedades infecciosas, el medio ambiente e incluso el cambio climático no hará más que acrecentar la dificultad de saber lo que es o no es de la incumbencia del Movimiento. Fomentar la conciencia de la humanidad de los seres humanos no implica necesariamente emprender o realizar investigaciones científicas, pero se podría aprovechar el conocimiento científico multidisciplinario para promover una noción de humanidad moderna, coherente, objetiva, comprensible, común y transmisible. El Movimiento debe velar por que el público y los encargados de formular políticas reconozcan el verdadero significado y la importancia real de la humanidad de los seres humanos y no limitarla a un principio de acción. Es fundamental que descartemos la implicación de la supremacía moral cuando usemos el término "humanidad". ¿No habrá llegado el momento de organizar una conferencia internacional sobre "Ciencia y humanidad" y situar la humanidad de los seres humanos en el contexto científico? ¿Quién mejor que el Movimiento para hacerlo? ¿Quién más lo haría?

 


Dr. Robin Coupland
Miembro de la División jurídica del CICR y asesor médico en violencia armada y efectos de las armas.



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