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La tierra tiembla en Bam

 

Sobreponerse al dolor y al miedo

Al día siguiente del seísmo, equipos de apoyo psicosocial viajaron a la zona siniestrada a fin de evaluar la situación y comenzar a prestar ayuda. Más de 85 voluntarios de la MLRI fueron de carpa en carpa proporcionando asesoramiento especial. "Inmediatamente después de la catástrofe, la prioridad de la gente era sobrevivir, buscar a sus parientes, encontrar un cobijo, agua y víveres", afirma Aghdase Kafi, psicólogo y miembro del equipo de apoyo. "Pero también es sumamente importante para los niños y sus familias poder desahogarse y compartir sus problemas, ver que otros también experimentan la misma situación".

El programa de apoyo psicológico de la MLRI, sustentado por las Sociedades Nacionales danesa e islandesa, tiene por finalidad ayudar a los sobrevivientes a superar el dolor, el miedo constante y el sentimiento de pérdida.

Los niños se ven particularmente traumatizados por este tipo de situaciones. Mehrnaz, de seis años, perdió a sus padres y sus dos hermanas al desmoronarse el techo de su casa. El único familiar que le queda y que puede ocuparse de ella es su tío. Mehrnaz es uno de los 1.850 niños que quedaron huérfanos o que son niños "no acompañados". La MLRI, con el apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja y la Federación Internacional, no ha escatimado esfuerzos para hallar a sus padres o algún familiar sobreviviente y restablecer el contacto entre ellos.


El terremoto destruyó la ciudadela construida hace 2.000 años con ladrillos de barro, arcilla, paja y troncos de palmeras. Era la estructura de este tipo más grande del mundo.
©Michael Walter / Troika


Descargando socorros en la sede de la Media Luna Roja de Irán.
©Farooq Burney / Federación Internacional

Los dirigentes de la Federación Internacional y de la Media Luna Roja de Irán informan a los medios de comunicación sobre las operaciones de socorro.
©Christopher Black / Federación Internacional

El Dr. Shinicho Nakashima habla con una paciente en el dispensario de la Cruz Roja Japonesa. El dispensario, en el que trabajan cuatro médicos, cuatro enfermeras, un electricista, un administrador y personal de apoyo, abrió sus puertas el 31 de diciembre.
©Christopher Black / Federación Internacional

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