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Pobreza y Discapacidad

Ser pobre y padecer una discapacidad es la suerte que corren varios millones de vietnamitas. Mediante programas sociales y proyectos generadores de ingresos, la Cruz Roja asiste a este grupo vulnerable y sus familias. Entre los beneficiarios están las víctimas del agente naranja, potente defoliante cuyos efectos mortales persisten más de 30 años después del término de la guerra.


La Cruz Roja de Viet Nam presta asistencia médica y social a los discapacitados en la provincia de Dong Nai.
©KARL SCHULER / CRUZ ROJA SUIZA

ACABA de amanecer y todo parece normal en la provincia de Dong Nai. Pero la belleza del paisaje no logra ocultar la pobreza de la mayoría de los lugareños, especialmente las personas discapacitadas. Es el caso de la familia Dao que vive en el pueblo de Phu Hun, a unos 60 kilómetros al norte de Ho Chi Minh (Saigón).

El legado de la guerra

El destino de Dao Trung Dinh, de 60 años, y de su esposa, Trân Thi Nhõ, de 56 años, sintetiza la reciente historia de Viet Nam. Mientras él servía en el ejército survietnamita, su futura esposa cocinaba para los combatientes de la resistencia vietcong. Pero ello no les impidió conocerse al terminar la guerra hace 30 años. A escala privada, su unión simbolizó la reunificación de los dos Viet Nam.

A pesar de haber sobrevivido a los horrores de la guerra, Dao Trung Dinh y su esposa no pudieron evitar sus crueles secuelas. Cuatro de sus ocho hijos nacieron con malformaciones y murieron prematuramente. De los cuatro restantes, dos son impedidos: para Trung Lanh, de 15 años, los signos de la parálisis aparecieron hace cinco años. Hoy está postrado en una cama con los miembros totalmente atrofiados. En cuanto a su hija, Thi Thanh Hong, de 25 años, tiene una discapacidad motora y sufre de asma. La familia vive con el constante temor de que las otras dos hijas, hasta ahora sanas, desarrollen, a su vez, enfermedades discapacitantes. Gracias al programa dirigido por la Cruz Roja en favor de las personas pobres discapacitadas, Thi Thanh Hong fue operada y pudo seguir un curso de costura. Hoy puede completar el ingreso familiar, que proviene principalmente de la venta de billetes de lotería en la calle.

La desgracia de la familia Dao tiene nombre: el agente naranja. Tanto la madre como el padre estuvieron directa- mente expuestos a este defoliante sumamente tóxico (dioxina), que las fuerzas de los Estados Unidos utilizaron en grandes cantidades durante la guerra en los años setenta. No cabe duda de que este producto fue la causa de la muerte prematura de los hijos de la pareja y la discapacidad de los otros dos. El agente naranja entró en la cadena alimentaria y causó indecibles discapacidades congénitas. Hasta hoy muchos niños han nacido con graves minusvalías. Se carece de pruebas estadísticas fidedignas y la investigación médica en este campo está todavía en pañales, pero lo cierto es que la concentración de deformidades y graves discapacidades entre los recién nacidos durante y después de la guerra, así como la incidencia superior al promedio de cánceres de diferentes tipos entre los adultos y ex combatientes indican que hay una correlación directa con el uso de la dioxina y de otros productos químicos letales durante la guerra. La Cruz Roja de Viet Nam estima que hay 150.000 niños discapacitados a causa del agente naranja, cifra que rebasa con mucho la de los adultos.

 

Un innovador programa de la Cruz Roja

Mejorar la calidad de vida a largo plazo de las personas con discapacidades severas, garantizar que sus familias dispongan de un ingreso regular, costear la educación de los niños discapacitados y proporcionarles un hogar y asistencia médica, son algunos de los ambiciosos objetivos del programa de asistencia de la Cruz Roja Americana para las personas pobres discapacitadas, entre las cuales se cuentan las víctimas del agente naranja. Este proyecto comunitario experimental se lleva a cabo en las zonas rurales de las 64 provincias del país y, lo más importante, en estrecha cooperación con las filiales de la Cruz Roja, que necesitan apoyo para realizar actividades en sus comunidades. El principal criterio de selección es el grado de vulnerabilidad de la familia; la causa de la discapacidad es secundaria. Iniciado hace cuatro años y con una financiación de 900.000 dólares estadounidenses, el programa, que se beneficia también de la ayuda financiera de las Sociedades Nacionales suiza y estadounidense, ha permitido asistir hasta la fecha a más de 4.000 familias (17.000 personas).

 

 

 


©KARL SCHULER / CRUZ ROJA SUIZA

Asegurar la subsistencia

Dang Tih Thu Van, de 41 años, vive en el mismo pueblo que la familia Dao. Nacido durante la guerra sin piernas, a Dang le es muy difícil desplazarse. Cuando nació, ya habían tenido lugar las primeras pulverizaciones del agente naranja, pero la relación con su deformidad no ha podido establecerse claramente.

La Cruz Roja le ha suministrado un bote y una red de pescar, utensilios que le permiten un mínimo de autonomía. El propósito es ayudar a la gente como él a tener lo básico para vivir, independientemente de la causa de su discapacidad, explica la delegada de la Cruz Roja Americana, Marcie Friedman, que dirige el programa con dinamismo y profesionalismo. Las necesidades se comprueban directamente entre los interesados y se puede así definir el tipo de ayuda que más conviene a cada situación. Fue así como Hoi Xa, de 20 años, oriunda del pueblo de Huan Hung, y que sufre de ceguera, pudo aprender el braille, y su familia, que vive de la agricultura, recibió una vaca para aumentar sus ingresos en el largo plazo. El programa ayuda a las familias necesitadas proporcionándoles animales o subsidios para construir sus viviendas.

Las madres se llevan la peor parte

"A los tres años nuestra hija Thanh Quan tuvo una fiebre muy alta, seguida de síntomas de parálisis. Al cabo de dos años, perdió totalmente el uso de sus miembros, su cuerpo no obedecía ni la mínima orden. Los médicos dijeron que no podían hacer nada. Hoy Thanh Quan tiene 14 y "debo cuidarla como si fuera un bebé”, dice Ngô Thi Ngoc, su madre de 37años, con la voz cargada de tristeza. El sufrimiento de su hija, a la que lleva en brazos, es también el suyo; los centros de atención diurna de Viet Nam tienen muy pocos lugares para niños gravemente impedidos. Las familias, pero sobre todo las madres, han de soportar solas la carga.

Los otros cuatro hijos menores están en buena salud. Gracias a la intervención de la Cruz Roja, Thanh Quan puede recibir, en caso de crisis aguda, tratamiento ambulatorio en el hospital regional, pero los medicamentos no son gratis. Para su padre, electricista que trabaja por su cuenta, las herramientas donadas por la Cruz Roja son una valiosa tabla de salvación.

 


Karl Schuler
Delegado de la División de Cooperación Internacional de la Cruz Roja Suiza.


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