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CHINA vivió un verano espantoso.
Las inundaciones repentinas y los desprendimientos de tierra
causados por las lluvias torrenciales se cobraron centenares
de vidas y obligaron a millones de personas a abandonar su
hogar. Lo último que necesitaba el país era
un terremoto o una serie de tifones. Pero lo que necesita
China no está obligatoriamente inscrito en el orden
natural o poco natural de las cosas. En efecto, mientras se
recuperaba aún de la temporada de lluvias, el país
más poblado del mundo fue sacudido por un violento
seísmo.
El 10 de agosto, en la provincia de
Yunán, un terremoto de 5,6 grados en la escala de Richter
dejaba un saldo de cuatro muertos, unos 600 heridos y 126.000
personas sin hogar. Otras 50.000 eran amenazadas por las inundaciones
tras agrietarse 22 diques que comenzaban a perder agua.
La Cruz Roja China no daba abasto.
El día anterior al terremoto, había emitido
un llamamiento nacional para ampliar las operaciones de socorro
iniciadas en 14 provincias para responder a las inundaciones.
Yunán fue una de las regiones más afectadas
y ahora la Cruz Roja tenía que reorientar la asistencia
para atender también a las víctimas del terremoto.
Era el tercero que afectaba al mismo condado en menos de 12
meses. El jefe de las operaciones provinciales Fan Lin comentaba:
"Uno se pregunta qué más ocurrirá
este verano".
Y no se lo preguntó mucho tiempo.
Procedente del Pacífico y pasando por el este de China
llegó Rananim, el más violento tifón
registrado en los últimos cincuenta años. Yunán
se escapó. Pero Rananim asoló las provincias
costeras dejando, según informaron las autoridades
de Zhejiang, 164 muertos, 42.000 viviendas destruidas y casi
13 millones de damnificados. Antes de fines de agosto, otros
dos tifones iban a seguir y la sequía asolaba en otras
zonas del país.
Un año de catástrofes
El terrible verano registrado en el
año del centenario ha puesto de relieve que nunca en
su historia la Cruz Roja China había afrontado dificultades
de tal envergadura.
El mes pasado las catástrofes
dominaron el orden del día de la Convención
Nacional de la Cruz Roja China, que se reúne cada cinco
años. Sin embargo, otros problemas urgentes requieren
también atención, como ampliar la respuesta
a la epidemia del VIH/SIDA que se propaga rápidamente
en el país, impulsar la donación de sangre totalmente
voluntaria y no remunerada, obtener medio millón de
donantes de células madre de sangre y reducir los riesgos
en las ciudades.
Otra preocupación es reactivar
una Sociedad Nacional de 20 millones de miembros y 400.000
voluntarios dispersos en un territorio inmenso tras una separación
gradual del Ministerio de Salud, bajo cuya protección
actuó durante casi medio siglo.
En el Día Mundial de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, la señora Peng Peiyun,
presidenta de la Sociedad, dijo ante una asamblea en la Gran
Alcaldía del Pueblo de Beijing que después de
un duro y largo viaje de un siglo por entre las vicisitudes
de la historia, la Cruz Roja China emprendía una nueva
etapa.
Nacida en un campo de batalla
La Cruz Roja China, al igual que el
Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja, nació de un conflicto. La guerra entre Japón
y Rusia estalló en el noreste de China en 1904, cuando
las dos potencias mostraban una ambición imperialista,
provocando un profundo sufrimiento a la población china.
Imitando al fundador de la Cruz Roja, Henry Dunant, en un
campo de batalla del norte de Italia cincuenta años
antes, un hombre llamado Shen Dunhe, fundó la filial
de Shanghai de la Cruz Roja Internacional para ayudar a los
heridos y los refugiados.
En 1911 pasó a llamarse la Cruz
Roja China. Para entonces hacía tiempo que se ocupaba
de desastres naturales y de conflictos que continuarían
haciendo estragos en el país.
Los conflictos han desaparecido tal
vez pero no así los desastres naturales que han aumentado
a un ritmo acelerado en el último decenio. Según
la Oficina Nacional de Estadísticas y la de Meteorología,
en 2003, las catástrofes (inundaciones, cuatro terremotos,
tifones y sequía) han afectado a 490 millones de personas
de una población de 1.300 millones. Siete millones
de personas fueron desplazadas y 2.000 murieron. Como en otras
partes de Asia, las inundaciones son el desastre más
corriente y, entre 1996 y 2003, ocasionaron 660 millones de
víctimas.
La Cruz Roja China ha dado prioridad
a fortalecer la respuesta en caso de catástrofe y ello
quedó demostrado este verano. Desde Jilin y el interior
de Mongolia en el norte hasta Guangxi y Yunán en el
sur, y desde Sichuan, en el oeste hasta Shandong y Jiangsu
en el este, la Sociedad Nacional distribuyó víveres,
ropa, carpas y mantas y redujo los riesgos de salud en las
comunidades aquejadas. Pero en el año de su centenario,
la Sociedad Nacional prosigue con programas para reducir la
vulnerabilidad de las comunidades rurales también.
Pese a su fuerte crecimiento económico,
China sigue teniendo casi el 20 por ciento de los pobres del
mundo y 160 millones de personas, principalmente campesinos,
viven por debajo del umbral de pobreza (un dólar estadounidense
por día). La diferencia entre ricos y pobres no cesa
de ampliarse y las pérdidas económicas a raíz
de las catástrofes naturales siguen menoscabando el
rápido desarrollo de otros sectores del país.
La salud también plantea problemas.
El precario saneamiento y el suministro de agua insalubre
y sin protección en las zonas rurales presentan muchos
peligros particularmente cuando hay inundaciones. Las enfermedades
transmisibles por el agua y causadas por la falta de saneamiento
representan más del 70 por ciento de las enfermedades
infecciosas en China y las aguas residuales procedentes de
las letrinas en los poblados han contaminado nuevamente este
año las aguas superficiales y subterráneas.
Con el apoyo de la Oficina de Ayuda
Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO), la Federación
Internacional y las Sociedades Nacionales australiana y danesa,
la Cruz Roja China hace lo posible por encontrar el equilibrio.
A través de la realización de programas integrados
en la provincia de Hunán y la región autónoma
de Guangxi en los ámbitos de la educación para
la salud, el saneamiento y un mejor suministro de agua y la
preparación de la comunidad en casos de desastre, se
está indicando el camino.
Dar la alarma con respecto
al SIDA
La propagación del VIH/SIDA
es un aspecto sumamente preocupante en China. Nadie sabe cuántas
personas viven con la enfermedad y las estadísticas
oficiales dejan mucho que desear. Según ONUSIDA, el
número de personas infectadas podría aumentar
a diez millones para 2010 si no se emprende una acción
de mayor envergadura.
El Gobierno central de China está
desplegando enormes esfuerzos para movilizar al país.
Las 31 provincias han registrado casos de infección
por el VIH y la transmisión se ha dado principalmente
mediante el consumo de drogas inyectables y la venta de sangre
y plasma que no sólo han infectado a los beneficiarios
sino también a los donantes expuestos a prácticas
arriesgadas. Hoy la proporción de casos de infección
de transmisión sexual va en aumento.
El desconocimiento general y la incomprensión de lo
que popularmente se percibe como una enfermedad autoinfligida
provocan estigma y discriminación y aceleran la propagación
de la epidemia. Según un informe publicado el verano
pasado, las encuestas revelan que sólo el 8,7 por ciento
de la población china está bien informado acerca
del VIH/SIDA.
Para acabar con la ignorancia es necesario
invertir mucho y los actuales presupuestos no alcanzan para
costear la prevención y la asistencia. La Cruz Roja
China realiza actividades de prevención, asistencia
y apoyo en favor de las personas que viven con el VIH/SIDA
desde 1994, centrando su acción en la educación
interpares, principalmente entre los jóvenes. En Yunán
y la región autónoma de Xinjiang, la Cruz Roja
está promoviendo la educación interpares para
y por las personas enfermas de SIDA.
Sangre segura
La Cruz Roja China ya ha obtenido un
gran éxito al garantizar un suministro de sangre segura
en el país. Las infecciones transmitidas por la transfusión
sanguínea, como el VIH y la hepatitis, pueden eliminarse
o reducirse sustancialmente aplicando una estrategia de seguridad
basada en la colecta de sangre no remunerada entre voluntarios
de los sectores de la población menos expuestos. Gracias
a un mandato que le confió el Gobierno para conseguir
y conservar donantes fiables, hace tiempo ya que la Cruz Roja
aboga por la causa.
En los últimos años ha
aumentado considerablemente el número de donantes de
sangre chinos voluntarios y no remunerados. La Sociedad Nacional
hace campaña para alcanzar el 100 por ciento.
La Cruz Roja China busca también
otro tipo de donantes: los donantes de células madre
de sangre. Unos cuatro millones de personas en China esperan
un transplante de células madre para vencer la leucemia
y otras enfermedades hematológicas. El banco de datos
de la Cruz Roja de donantes chinos de células madre
o el programa de donantes de médula, iniciado en 2002,
cuenta ya con 170.000 donantes y para 2009 el objetivo es
alcanzar de 500.000 a 700.000 personas.
El programa permite proporcionar antígenos
de leucocitos humanos (HLA), es decir proteínas presentes,
entre otros lados, en la superficie de los glóbulos
blancos, que son inmunológicamente compatibles con
los de otros pacientes que necesitan un transplante. "Las
posibilidades de compatibilidad oscilan de uno en 400 a uno
en 10.000 entre las personas que no son parientes consanguíneos",
explica el director del programa Junling Hong. "Para
algunos tipos raros de HLA la probabilidad puede ser de uno
en cientos de miles".
Este fue el caso, este verano, cuando
una estudiante de la Universidad de Chongqing de Ciencias
Médicas fue la primera donante de células madre
de China para un paciente enfermo de cáncer de sangre
en los Estados Unidos. El beneficiario fue un médico
de origen chino. La estudiante, Wu Yu, se convirtió
en donante después de que la Cruz Roja hiciera un llamamiento
con tal fin en su universidad. La posibilidad de que salvara
la vida de una persona en los Estados Unidos acaparó
una gran atención en los medios de comunicación.
En el año de su centenario, la Cruz Roja fue nuevamente
una buena noticia en China.
John
Sparrow
Delegado regional de información de la Federación
Internacional en Beijing. |
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