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Combatir la sequía en Kenia

Tres años sin lluvias han provocado una devastadora sequía en Kenia. Los responsables del Gobierno, tras haberla declarado desastre natural, comenzaron a dar una respuesta. Pero ante la magnitud de lo ocurrido en Asia, esta terrible catástrofe podría quedar relegada al olvido.

Tras apoyar las bicicletas en un árbol deshojado, los dos muchachos agarraron los bidones y caminaron con paso atento hasta el lugar de abastecimiento de agua. Un adulto encargado del valioso estanque los siguió atentamente con la mirada. Los niños sacaron agua y llenaron los bidones con habilidad. El agua espesa de color café-verdoso exhala un olor nauseabundo de agua estancada. Muy pocos se atreverían a meter una mano en el líquido por temor a contraer una infección de la piel. Los niños saciaron la sed, acarrearon los bidones de 20 litros hasta las bicicletas y pedalearon de vuelta hasta su pueblo con un evidente aire de satisfacción. El viaje hasta la casa es largo pero la familia tendrá agua.

Esta es la cruda realidad de unas 5.000 personas residentes de Mwangulu, Maledi y Patanami, localidades situadas en la costa de Kenia. Allí, como en el resto del distrito de Kwale, hace tres años que no cae ni una gota de agua.

Ante la magnitud de la actual sequía, el presidente del país, Mwai Kibaki, la declaró desastre nacional y expresó el temor de que la población pueda verse afectada por la hambruna si no se actúa rápidamente. Las autoridades y las organizaciones humanitarias calculan que está en peligro la vida de 2,3 millones de habitantes de las 200 divisiones administrativas de Kenia. La Cruz Roja de Kenia asistirá a 200.000 personas afectadas por la sequía en los distritos de Kwale y Makueni y para costear el programa hará un llamamiento internacional cifrado en 2,7 millones de dólares estadounidenses, por intermedio de la Federación Internacional. En otras zonas asoladas por la sequía y además propensas a los conflictos como el distrito de Turkana, la Sociedad Nacional cuenta con la ayuda del CICR.

La gente recorre largas distancias para ir a buscar agua insalubre mientras la sequía sigue causando grandes estragos en el distrito de Kwale, Kenia. © ANDREI NEACSU / FEDERACIÓN INTERNACIONA L
 

Deterioro de la situación

Aunque los niveles de malnutrición permanecen dentro de los límites normales, una evaluación de la Cruz Roja concluyó que la situación podría deteriorarse. Se han tomado medidas preventivas y el UNICEF maneja programas de alimentación suplementaria en las escuelas, proceder gracias al cual se evita que se falte a clases. Los voluntarios de la Cruz Roja realizarán también distribuciones que, según se estima, beneficiarán a unos 40.000 niños menores de cinco años.

Un grupo de mujeres se une al equipo de la Cruz Roja cerca del pozo perforado roto de Mwangulu, a unos cien metros de la escuela. Vestidas con sus coloridos sarongs bailan y cantan para los visitantes. No es una canción de alegría sino un ruego para que la Cruz Roja venga y ayude a su comunidad. Elina Mapenzi, la coordinadora de la filial de Kwale, se integra a la danza e inicia un diálogo cantado que a todos parece gustarles.

Prosigue la discusión mientras toda la comunidad se sienta en círculo. Aquí la gente no ha esperado a la Cruz Roja para empezar a trabajar. Apuntan a los 45 metros de tubos rotos, que han sido desenterrados. Y hablan de sus ambiciones de abrir una cuenta bancaria para el grupo de gestión comunitaria del agua, así como de su deseo de iniciar un proyecto agrícola una vez que se hayan hecho las debidas reparaciones con la ayuda de la Cruz Roja.

Amenazas para la salud

Estamos tierra adentro en un lugar donde se habla el duruma, una lengua distinta del swahili utilizado en la costa. Mapenzi hace participar a la comunidad en un verdadero desafío democrático. “Recuerden que a los donantes el dinero no les cae del cielo. Hay personas como ustedes que se preocupan y dan sus ahorros para los que tienen problemas. Sepan elegir a las personas que los representarán en el comité de gestión del agua. Debemos demostrar que nos comprometemos a que este proyecto de agua funcione. Debe ser de ustedes. Es la mejor recompensa que pueden ofrecer a quienes los han ayudado”.

Sin embargo, se necesitará quizás más tiempo de lo que Mapenzi espera para que la comunidad de Mwangulu pueda mejorar su vida. Los problemas de salud son prioritarios. El cólera y las enfermedades transmisibles por el agua son una auténtica amenaza aquí. Casi nadie hace hervir el agua asquerosa aunque todos saben que deberían hacerlo. ¿Por qué? La lista de motivos es larga.

“Requiere demasiado tiempo hervirla, el agua pierde el gusto y hay poca leña”, explica una de las mujeres. El único árbol a la redonda es bajo el cual se congrega toda la comunidad para protegerse del sol abrasador.

Dado que el 80 por ciento de los cultivos se ha marchitado en la provincia oriental, ha aumentado la demanda de cereales y leguminosas mientras las cantidades a disposición son muy escasas. En Kasangeni, Umazi Nyondo, de 27 años, tiene el valor de sonreír, una actitud característica de la mayoría de las personas que viven en condiciones difíciles. Umazi trabaja de costurera y con lo que gana mensualmente le alcanza para criar a su hija de seis años.

La Cruz Roja de Kenia, con el apoyo de la Federación Internacional, brinda ayuda técnica y material para la construcción de pozos de agua potable. © ANDREI NEACSU / FEDERACIÓN INTERNACIONA L

 

Una respuesta mancomunada

Además de ayudar a la población afectada a afrontar la actual sequía y mitigar sus efectos, la Cruz Roja emprenderá actividades de recuperación. Fuera de distribuir víveres, la Sociedad Nacional se encargará de rehabilitar las fuentes de agua, mejorar el saneamiento y acarrear agua a las escuelas y los centros médicos. La Cruz Roja comprará semillas resistentes a la sequía y suministrará los necesarios aperos agrícolas a los 200.000 beneficiarios.

Para Linnea Ehrnst, experta humanitaria de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI) residente en Nairobi, Kwale es terreno conocido. En los últimos años, esta organización ha apoyado la construcción o reparación de unos 500 lugares de abastecimiento agua en toda la provincia costera. La misión de Ehrnst es evaluar la pertinencia de las intervenciones de la Cruz Roja y asesorar con respecto al apoyo que su organización prestará al llamamiento de la Federación Internacional para combatir la sequía.

“El enfoque de la Cruz Roja de combinar las actividades de socorro con la labor de desarrollo a largo plazo coincide con la estrategia privilegiada de ASDI”, explica Staffan Wiking, responsable de programas para África oriental de la Cruz Roja Sueca. Wiking explica que el sistema de combinar la gestión comunitaria del agua y la formación en gestión de instalaciones con las actividades de prevención sanitaria es una práctica común de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja destinada a que las comunidades estén habilitadas para identificarse con los
proyectos que ponen en práctica.

Por más inimaginable que pueda parecer, los residentes de Samburu deben viajar hasta ocho horas para conseguir agua, según el comisionado de distrito de Kwale.

“Una forma de reducir la pobreza es que ayudemos a acortar estas distancias”, asegura Linnea Ehrnst.

El objetivo de las autoridades locales es que el abastecimiento de agua se encuentre a un máximo de diez kilómetros de la comunidad más alejada. En Samburu, hay un conducto de siete kilómetros ya en funcionamiento. La Cruz Roja se encargará de instalar otros seis.

Kwale no sólo se conoce por ser el lugar de Kenia donde casi el 50 por ciento de la población vive por debajo del nivel de pobreza. Es famoso también por sus playas de arena blanca en Diani y Likoni y las aguas de color esmeralda de Mombasa, en la costa sur. Pero la otra cara es la gente que lucha por no morirse de hambre y combate el VIH y el SIDA o la drogadicción, ambos fenómenos inducidos por una vida sin esperanzas de un futuro mejor.

La Cruz Roja está intentando atraer a los inversionistas para que ayuden a las comunidades de Kwale y su objetivo es poner énfasis en la industria hotelera. Elina Mapenzi menciona al hotel Baobab como la primera empresa asociada “pero hay unos 45 grandes hoteles en la costa sur de Kenia y me gustaría lograr que todos se unan a nuestros esfuerzos”.

Andrei Neacsu
Delegado regional de información de la Federación Internacional en Nairobi.

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