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El 26 de diciembre se produjo en el Océano Índico un maremoto cuyas consecuencias sobrepasan la imaginación en cuanto a la magnitud de la devastación, el número de víctimas, la respuesta a nivel mundial y la movilización de la población lugareña. Unas 280.000 personas resultaron muertas o siguen desaparecidas y millones más se quedaron sin hogar. Pero las estadísticas no expresan el alcance de las pérdidas.

Nuestro Movimiento perdió a varios colaboradores. En un pueblo de Sumatra, murieron más de 20 miembros del personal, incluido el secretario general de la filial. Pese a las tragedias de cada uno, los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de las regiones asoladas se unieron para ayudar a los más necesitados. En Indonesia, por ejemplo, cuando el ejército y el personal de la Sociedad Nacional procedente de la capital, Yakarta, llegaron a las zonas más duramente afectadas, esperaban encontrarse con un caos. En lugar de eso, en algunas de ellas, los equipos de voluntarios de la Cruz Roja ya estaban reconfortando y socorriendo a las víctimas.

A nivel mundial, la red de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja movilizó a más de 10.000 voluntarios y 76 equipos médicos y de socorro. Más de 30 Sociedades Nacionales hicieron llegar su ayuda a las Sociedades de los países afectados y el CICR y la Federación Internacional se encargaron de coordinar la acción internacional.

La vida continúa y hoy las personas afectadas han emprendido el largo y duro camino de rehacer sus vidas. Hay esperanzas de que las comunidades puedan recuperarse rápidamente dado que no faltarán los fondos para costear la labor humanitaria y de desarrollo gracias a las ingentes cantidades de dinero recibidas para las operaciones de asistencia. Según la Federación Internacional, la Cruz Roja y la Media Luna Roja recaudaron unos 1.200 millones de dólares estadounidenses. El Movimiento hará todo lo necesario para que los fondos sean utilizados de manera responsable y transparente.

A pesar de los fondos aportados y de la buena voluntad internacional, no se precisa ser muy perspicaz para darse cuenta de que millones de personas afectadas por la catástrofe siguen sufriendo traumas emocionales y dificultades materiales.

Como redactores de una revista dedicada a las cuestiones humanitarias, no podemos concluir este editorial sin pedir a nuestros lectores que recuerden a sus dirigentes políticos y a los responsables de formular políticas que el sufrimiento no se limita a las víctimas del maremoto. Hay personas vulnerables en todo el mundo que necesitan nuestro apoyo.

Jean-François Berger
Redactor del CICR
Jean Milligan
Redactora de la Federación

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