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En tiempo de guerra o de violencia interna, los prisioneros y detenidos deben ser tratados con humanidad; es lo que distingue a toda sociedad civilizada y es también su deber, según lo recuerdan los Convenios de Ginebra. Desgraciadamente sabemos que en la práctica no es lo que sucede con más frecuencia. La labor del CICR en el ámbito de la detención es bastante considerable: el año pasado, sus delegados visitaron a más de 500.000 prisioneros de guerra y detenidos en cerca de 80 países. Lo que se conoce mucho menos es la manera en que el CICR actúa en el entorno carcelario y qué efectos tienen esas visitas, especialmente en caso de tortura y desapariciones. ¿Qué ocurre cuando se detectan abusos? Se aborda, pues, este tema en primera plana.

En este número se demuestra la vitalidad del Movimiento en el terreno, tal como se describe a través de la acción de las Sociedades Nacionales en Papua Nueva Guinea, Côte d’Ivoire y Brasil, contextos todos muy variados que requieren una respuesta específica y original sin perder de vista un conjunto de principios comunes. En el plano internacional, los representantes del Movimiento apuntan más que nunca a la búsqueda de una mayor coherencia en los enfoques operativos y en sus acciones, tal como lo demostraron las deliberaciones de las reuniones estatutarias celebradas en Seúl. No nos olvidamos, desde luego, del nuevo emblema –el cristal rojo– aprobado por los Estados en la Conferencia Diplomática, celebrada en Ginebra en diciembre de 2005, un importante hito sobre el cual nos extenderemos con más detenimiento en futuros números de Cruz Roja, Media Luna Roja.

Jean-François Berger
Redactor del CICR
Rosemarie North
Redactora de la Federación Internacional
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