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Una influencia positiva

Ceder a la presión de un grupo puede resultar positivo, según afirman los voluntarios jóvenes de todo el mundo que utilizan la educación entre pares para mejorar el comportamiento.

Todos hemos experimentado la fuerte presión que puede ejercer un grupo en una persona para pensar y actuar de cierta manera. La presión entre los integrantes de un mismo grupo suele ser negativa, por ejemplo vestirse de cierta manera, escuchar cierta música, tener cierto comportamiento sexual, consumir ciertas drogas o adoptar ciertas creencias. Sin embargo, como lo dirán millones de voluntarios jóvenes de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, algunas veces es conveniente dejarse llevar y seguir lo que dicen sus pares.

“Es una gran satisfacción saber que los jóvenes de mi comunidad están cambiando su comportamiento”, asegura Ana File, de 22 años, joven voluntaria de la Cruz Roja de las Islas Cook, que desde hace siete años trabaja para influir en otros jóvenes a través de un programa de prevención y educación entre pares en materia de VIH/SIDA.

“Hace unos años, era inaudito distribuir preservativos. Hoy en día, la distribución es algo normal. Vale la pena hacer el esfuerzo sabiendo que los jóvenes de mi comunidad se adhieren a la idea”, comenta.

El programa en las Islas Cook es uno de los muchos ejemplos de que la presión que puede ejercerse entre los integrantes de un mismo grupo da buenos resultados. Julie Hoare, responsable superior de la prevención del VIH/SIDA en la Federación Internacional, señala que muchas Sociedades Nacionales llevan a cabo programas educativos impartidos por jóvenes a otros jóvenes, lo que probablemente sea el enfoque más utilizado para la prevención del VIH en la Federación Internacional.

“La educación entre pares puede servir para reforzar programas escolares o para llegar a subgrupos de jóvenes vulnerables”, añade.

“Los jóvenes constituyen el grupo de edad más influenciable. Se entienden y pueden hablar el mismo lenguaje. Esto puede canalizarse de manera positiva a través de la educación entre pares. Es muy importante hacer que la gente joven participe en la planificación, la elaboración y la realización de programas.

Compartir el éxito

La educación impartida por jóvenes a otros jóvenes se basa en la credibilidad que tienen entre ellos. Según algunos estudios, si las personas creen que el mensajero es similar a ellas, tienen más probabilidad de personalizar los mensajes y, con ayuda, cambiar su actitud y comport-amiento. La educación entre pares da resultado porque los educadores se identifican con sus pares, se comunican más fácilmente y comprenden su comport-amiento. Además, el cambio de comportamiento entre los grupos marginados o vulnerables es más eficaz cuando lo realizan sus pares.

Los integrantes de un mismo grupo crean un entorno más propicio para plantear preguntas y fomentar el debate. En Armenia, a menudo padres, maestros y sacerdotes piden a los educadores jóvenes si pueden participar en las sesiones, pero la respuesta siempre es la misma. Uno de los voluntarios, Tatevik Ambardzymyan, de 21 años, explica sin rodeos que los adultos sólo pueden asistir a la primera sesión general del programa educativo entre pares sobre VIH/SIDA de la Cruz Roja de Armenia.

“Los adolescentes se sienten más libres sin los adultos, hacen preguntas y escuchan con interés la información que les damos. Esta información simplemente se la tenemos que facilitar ulteriormente a los adultos pues para ellos es muy interesante”, asegura la joven voluntaria.

Importancia mundial

En el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la educación impartida por jóvenes a otros jóvenes se utiliza en diversos programas. Fuera de la prevención del VIH y de la salud sexual, se emplea para combatir el estigma y la discriminación, prevenir las toxicomanías, sensibilizar acerca del problema de las minas terrestres y la seguridad vial, el tráfico de personas y la violencia, fomentar una vida sana y la protección del medio ambiente y promover la donación de sangre voluntaria, por citar sólo algunos ejemplos. La metodología funciona en muchas zonas y es efectiva también en todas partes del mundo. La educación entre pares no tiene en cuenta muchos temas relativos a las diferencias culturales puesto que los educadores por definición comparten el mismo entorno. Son eficientes y creíbles porque conocen a fondo su audiencia y utilizan el lenguaje y la terminología adecuados.

En Honduras, los voluntarios jóvenes de la Cruz Roja están tratando de reducir el impacto de la violencia juvenil mediante los programas educativos entre pares cuya finalidad es rehabilitar a los jóvenes que corren más peligro, como los drogadictos y los niños de la calle y cambiar la mentalidad de las pandillas. En Bulgaria, así como en varios otros países de Europa Central, la educación entre pares sirve para combatir y prevenir el tráfico de personas. En Líbano, muchos jóvenes tienen por primera vez la oportunidad de discutir sobre salud sexual y prevención gracias al programa de prevención del VIH.

En muchos programas para jóvenes se emplean a la vez diversos métodos para alcanzar los objetivos que se persiguen. En el programa “Save a mate” (Salvar a un amigo), realizado por la Cruz Roja Australiana, los jóvenes voluntarios prodigan consejos y primeros auxilios durante eventos en los que los jóvenes consumen drogas o alcohol, e imparten educación a otros jóvenes sobre los peligros de la drogadicción. Asimismo, el programa incluye formación en primeros auxilios para los jóvenes en general y el personal de bares, clubes y otros lugares. Mediante el fortalecimiento de la capacidad para hacer frente a las emergencias entre el personal de discotecas y otros lugares frecuentados por los jóvenes, el programa permite salvar vidas. La campaña de sensibilización incluye afiches y carteleras en distintos lugares públicos. En el marco de este programa, los voluntarios promueven los valores del Movimiento por todo el país, poniendo en guardia sobre el consumo de drogas y alcohol y respondiendo de manera inmediata a las emergencias. Mediante este enfoque multifacético, los jóvenes voluntarios pueden beneficiar a los demás jóvenes y fomentar una cultura de comprensión y cuidado mutuo.

Ventajas directas

Además de capacitar a otros jóvenes, los educadores se benefician también directamente de su labor. Adquieren importantes conocimientos sobre la elaboración y realización de presentaciones o talleres y, sobre todo, aprenden a tomar decisiones, manejar información relativa a su propia vida y su comunidad los reconoce como líderes, con lo cual aprenden a tener un comportamiento responsable.

Åsta Ytre
Responsable de comunicación de la
Juventud de la Federación Internacional.


Voluntarios de la Cruz Roja Noruega transmiten mensajes sobre el sexo sin riesgo a través del programa “Saber elegir”, que realizan en las escuelas y los clubes juveniles.
©SAM REED / CRUZ ROJA AUSTRALIANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Voluntarios del programa australiano “Salva a un amigo” se encuentran con otros jóvenes en las discotecas situadas en las playas y otros lugares para jóvenes.
©CRUZ ROJA NORUEGA

¿Juzgar o enseñar?

Ucrania ha tenido que afrontar un progresivo aumento de la drogadicción y de los casos de infección por VIH. Durante decenios se ha informado a los estudiantes sobre estos peligros en la escuela, con la convicción de que la educación por sí sola puede cambiar el comportamiento. Las estadísticas revelan que esta estrategia está equivocada, señala Oksana Shved, jefa del Departamento de Información y Comunicación de la Cruz Roja de Ucrania.

“En Ucrania, el consumo de drogas intravenosas sigue siendo un tema tabú”, asegura Oksana. “La gente común y corriente continúa viviendo en una atmósfera de pasividad negándose a ver a las personas que tienen problemas”.

Stanislav, ex drogadicto y hoy educador entre pares, subraya esta falta de comprensión. “Según la opinión general, la drogadicción es una enfermedad causada por trastornos y un malestar interior”, explica. “Mis profesores, que siempre me consideraron un alumno feliz, prometedor y activo, se rehusaban a creer que me drogaba hasta que un día me vieron empacar mis cosas e ir al centro de rehabilitación”.

El programa educativo entre pares de la Cruz Roja de Ucrania completa la enseñanza que se imparte en clases, añadiendo el aspecto participativo e interactivo.

Tras terminar su rehabilitación, Stanislav decidió participar en la educación entre pares, lo que para él era también parte de su terapia. Además de las sesiones educativas entre pares con escolares y estudiantes, actúa en obras teatrales educativas. Es seropositivo y habla abiertamente de su situación para ayudar a los demás jóvenes. “Aunque podría mantener secreto mi diagnóstico vengo a clases y me muestro para que el SIDA no entre en sus vidas”, comenta.

“Es triste que muchas personas juzguen a los seropositivos como canallas que el destino castiga por sus pecados”, prosigue Stanislav. “En mi trabajo diario, quiero probar que esto no es cierto y que soy un miembro activo de la sociedad ucraniana”.

Además de la educación entre pares, la Cruz Roja de Ucrania se ocupa de los consumidores de drogas y de las personas que viven con VIH/SIDA ofreciendo jeringas y apoyo social.


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