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Tener un techo
Más allá de la emergencia

 

Hoteles improvisados, saunas finlandeses, hojas de coco… A todo recurren las Sociedades Nacionales para albergar a las víctimas de una tragedia.

En la aldea de Kahavitagehena, ubicada en el distrito de Kalutara en Sri Lanka, Sudath Rohana da los últimos toques a unas mesas de café en su pequeño taller de un solo ambiente, donde hasta hace poco tiempo se albergaba con su familia.

Rohana, su esposa y sus dos hijos perdieron su sencilla casa de madera en el tsunami que se produjo en el Océano Índico y asoló las costas de Sri Lanka el 26 de diciembre de 2004. Lograron salvarse colgándose a una palmera.

“Perdimos todo pero salimos vivos”, cuenta Rohana. “Hace ya tres años de eso, y ahora nuestra comunidad se ha reunido de nuevo y finalmente podemos cerrar un capítulo”.

Hace nueve meses, su nueva aldea Kahavitagehena era un terreno rocoso yermo. Hoy se erigen 19 casas de ladrillo recién pintadas, cada una con un jardín recién plantado en el frente. Rohana con su numerosa familia y sus vecinos compraron la tierra, situada a 15 kilómetros de la costa, gracias a un subsidio del gobierno, y se pusieron a reconstruir su comunidad.

Superar obstáculos

En Sri Lanka, el tsunami dañó o destruyó 120.000 casas y los dos tercios del litoral de la nación insular. Por lo tanto, había una necesidad imperiosa de construir viviendas permanentes y un equipo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja comenzó el mayor programa de construcción de viviendas permanentes de la historia del Movimiento. Para fines de 2008, se habrán edificado o se habrán facilitado fondos para construir casi 30.000.

Pero no ha sido una tarea fácil. Todas las catástrofes plantean una serie de problemas de orden cultural, político o logístico a los actores humanitarios y el tsunami no fue una excepción. En Sri Lanka, al final, la comunidad proporcionó la mayoría de las respuestas.

Inicialmente se pidió a la Cruz Roja de Sri Lanka que apoyara el programa de contratación de empresas comerciales del gobierno, a fin de reconstruir todas las comunidades en los emplazamientos proporcionados por el gobierno. Sin embargo, parte de esos terrenos no eran adecuados. Algunos que habían servido para la plantación de arroz había que drenarlos y rellenarlos, lo que era un trabajo costoso, mientras que otros eran canteras abandonadas situadas en pendientes empinadas, lo que hubiera requerido la construcción de extensas terrazas. En algunos casos, los emplazamientos estaban situados a unos 20 kilómetros de la costa, adonde las familias de los pescadores se negaban a trasladarse. Como sucede en muchos desastres, se produjeron también retrasos debido a la tenencia de la tierra. En Sri Lanka el problema más grave fue la inflación que alcanzó más del 20%.

En octubre de 2005, el Gobierno de Sri Lanka flexibilizó su política relativa a la zona de 100 a 200 metros donde estaba prohibida la construcción. Las familias podían ahora volver a sus emplazamientos originales. Para ayudarlas la Federación Internacional estableció una Alianza para la recuperación y la reconstrucción de la comunidad, una asociación única que ha canalizado más de 48 millones de dólares estadounidenses para las familias mediante un mecanismo administrado por el Banco Mundial y un proyecto de subsidios suplementarios. Entre los asociados figuran la Cruz Roja de Sri Lanka, nueve Sociedades Nacionales y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación. ONU-Hábitat, el Programa de las Naciones Unidas de los Asentamientos Humanos, proporciona conocimientos técnicos. Los encargados de movilizar a la comunidad en la Cruz Roja de Sri Lanka ayudan a los beneficiarios en la reconstrucción.

Con el apoyo de la Alianza, la comunidad de Rohana construyó nuevas viviendas que se ciñen perfectamente a las necesidades de las familias.

Rohana, carpintero, también hace las veces de presidente del consejo de desarrollo de la comunidad, que actuó como grupo autosuficiente para manejar la reconstrucción.

Asimismo el Consejo comunitario tiene la responsabilidad de garantizar que la construcción avance a un ritmo sostenido ya que los subsidios se desembolsan solamente cuando todas las viviendas han alcanzado el mismo nivel.

En todo Sri Lanka, se necesitó un espíritu de equipo para ayudar a superar los diversos obstáculos. Algunas veces hubo escasez de material como arena y cemento. Además, no había suficiente mano de obra debido a la demanda que generó el tsunami.

El conflicto desencadenado en el norte y el este del país entre el gobierno y los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) también enlenteció el proceso porque se restringía el acceso y se dificultaba el transporte de artículos tales como barras de hierro y cemento.

Reconstruir comunidades

Para muchos de los nuevos asentamientos, el acceso al agua es un problema grave. En Kahavitagehena, se está cavando un pozo que cubrirá las necesidades de abastecimiento de agua locales. Los fondos provienen de la Alianza para la recuperación y la reconstrucción, que asigna dinero a cada familia para un proyecto comunitario de infraestructura.

“Las necesidades de la población varían muchísimo”, explica Tissa Abeywickrama, ex presidenta de la Cruz Roja de Sri Lanka, y presidenta del grupo de expertos que coordina la labor del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Sri Lanka. “Una viuda de 65 años puede necesitar no sólo fondos sino también asesoramiento técnico para reconstruir su casa. Los consejos comunitarios de desarrollo no sólo potencian a las comunidades, sino que les atribuyen la responsabilidad de tomar sus propias decisiones.”

Otro papel de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es apoyar los medios de subsistencia de las personas que viven en los nuevos asentamientos. Los encargados de movilizar a la comunidad capacitan a cada familia para saber hacer huertas, y se entablan vínculos con organizaciones no gubernamentales y el gobierno para impartir formación en carpintería, mecánica y electrónica. Los consejos comunitarios de desarrollo también sirven de puerta de entrada para programas de la Cruz Roja como el de primeros auxilios. La intención es lograr que muchos consejos se conviertan en unidades de la Cruz Roja de Sri Lanka, fortaleciéndose así la red de la Sociedad Nacional.

Hoteles improvisados

La larga historia de las Sociedades Nacionales de proporcionar refugios de emergencia se remonta a una de las primeras operaciones de socorro que se registraron.

Los archivos de la Cruz Roja Americana revelan que en 1889, tras la ruptura del dique de South Fork en Pennsylvania, la Cruz Roja construyó seis “hoteles” de madera de dos pisos para albergar a las víctimas de las inundaciones. Eran administrados como hoteles pero sin cobrar nada a sus residentes.

En 1949, el alojamiento constituyó un aspecto importante de la operación en gran escala que permitió suministrar, entre otros artículos, tiendas para unos 300.000 refugiados palestinos en Líbano, Siria, Iraq y lo que hoy es Jordania. Las condiciones eran difíciles, según quedó constancia en un informe de la época.

La vida fue un poco mejor para los 35.000 refugiados húngaros que huyeron a Austria después de la revolución húngara de 1956. El Gobierno austríaco instaló 24 campamentos, ubicados en castillos y ex cuarteles militares, que fueron administrados por 12 Sociedades Nacionales. En un informe redactado en 1957 se señala que había posibilidades de mejorar las instalaciones sanitarias y que uno de los logros notables había sido el envío de un sauna desde Finlandia a un campamento administrado por la Sociedad Nacional.

En los años 70, las ONG iniciaron programas comunitarios que abordaban algunas de las causas principales de las emergencias y fomentaban la autosuficiencia y la sostenibilidad, conceptos que hasta ese momento no entraban en el ámbito de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, ni como cometido ni en lo relativo a los recursos.

En 1973, miles de personas de las montañas vietnamitas huyeron de la guerra a través de la ruta de Ho Chi Minh. El jefe indonesio de la delegación, Bob McKerrow, que trabajaba con un equipo de servicio social de la Cruz Roja Neozelandesa, declaró: “Después de vivir un mes en los campamentos, su ánimo decaía a ojos vistas, así que negociamos con el gobierno para darles una parcela de tierra”.

Lo que siguió podría considerarse el primer programa integrado de alojamiento gestionado por la Cruz Roja y la Media Luna Roja, cuyo objetivo no se limitó a la reconstrucción de viviendas
sino que promovió también el restablecimiento de toda una comunidad.

En Viet Nam, la comunidad se organizó en grupos según lo que sabían hacer. Los herreros fabricaron herramientas para la construcción y la jardinería. Los campesinos instalaron un vivero para proporcionar plátanos y mandioca a cada familia y las mujeres, gracias a sus habilidades para tejer, se pusieron a fabricar esteras y material para techar las viviendas temporales. En dos años se construyeron 4.000 refugios temporales.

El número de desastres ha aumentado sustancialmente subrayando la importancia de proporcionar un techo. En 2007, sólo en Asia, de Pakistán a la República Popular Democrática de Corea, 60 millones de personas se vieron afectadas o perdieron su hogar a causa de catástrofes. En Ghana, Burkina Faso, Togo, Sudán y Uganda, así como en los países vecinos de África occidental y oriental, las inundaciones desplazaron a más de dos millones de personas, obligándolas a buscar refugio temporalmente en familias de acogida o en escuelas y otros edificios públicos. El huracán Félix destruyó unas 100.000 casas en Nicaragua. En 2007, Bolivia sufrió inundaciones en las tierras bajas y temperaturas bajo cero en las tierras altas, por lo que resultaron afectadas en total más de 300.000 personas. A mediados de 2008, hasta 2 millones de personas en Myanmar se quedaron sin techo a causa del ciclón Nargis (pág. 12), mientras que decenas de miles de casas en China quedaron inhabitables a causa de un fuerte terremoto en la provincia de Sicuani.

Paz espiritual

En 2006, la Federación Internacional estableció un Departamento de Refugios en la Secretaría de Ginebra, impulsada por la Asamblea General de 2005 celebrada en Seúl. Un estudio patrocinado por las Naciones Unidas concluyó que las organizaciones humanitarias podrían cooperar mejor en el ámbito del alojamiento para determinar las necesidades y proporcionar recursos. Esto dio lugar a un acuerdo en septiembre de 2006, según el cual la Federación Internacional asume la función directiva en la coordinación de un grupo de organizaciones a fin de suministrar refugios de emergencia en situaciones de desastre natural. Entre los otros miembros del Grupo Temático sobre Refugios de Emergencia figuran: ONU-Hábitat; ONG (como, CARE International, Consejo Noruego para Refugiados, Hábitat para la Humanidad, Socorro Islámico y Save the Children); proveedores de servicios como RedR y Shelter Centre, así como donantes (por ejemplo, USAID). En caso de desastre, el grupo se amplía a ONG locales y representantes gubernamentales.

Graham Saunders, jefe del Departamento de Refugios de la Federación Internacional, opina que las organizaciones humanitarias deben mirar más allá del suministro de tiendas y láminas de plástico.

“Esto tiene que ver más con el proceso de proteger a la gente. ¿Tenemos en cuenta su seguridad y su privacidad? ¿Le damos lo necesario para resguardarla del clima? ¿Reducimos los riesgos y la vulnerabilidad a futuras catástrofes y apoyamos las oportunidades de tener medios de subsistencia?

O como lo expresó Darnita, un ciudadano de Aceh sobreviviente del tsunami del Océano Índico: “El hogar es donde uno encuentra paz espiritual, disfruta de las cosas sencillas con su familia, descansa en la noche cerca de los suyos y despierta para afrontar el nuevo día”.

Como coordinador del Grupo Temático sobre Refugios, la Federación Internacional se encarga de apoyar una mejor preparación mundial en el suministro de refugios de emergencia, intensificar la capacidad operacional y coordinar la asistencia en ese ámbito tras un desastre. Parte del programa consiste en disponer de encerados, alambre, sierras, martillos, clavos y otros materiales necesarios en las unidades de logística regionales de Ciudad de Panamá, Dubai y Kuala Lumpur. La distribución de estos implementos permitirá a las familias afectadas por un desastre comenzar a construir sus propios refugios.

De 2006 a abril de 2008, los equipos interinstitucionales dirigidos por la Federación Internacional fueron desplegados en ocho emergencias de gran escala (véase recuadro). En el terreno, el papel principal de los equipos es reunir a todos los actores humanitarios implicados en el suministro de refugios y preparar una respuesta debidamente coordinada. La estrategia es aprovechar las ventajas locales. Por ejemplo, la respuesta a un terremoto de graves consecuencias que sacudió la ciudad indonesia de Yogyakarta en 2006 se inspiró en la tradición javanesa del gotong royong (ayuda mutua). Equipos de voluntarios de la Cruz Roja Indonesia, capacitados en la construcción antisísmica y la gestión financiera, trabajaron en poblados para ayudar en la construcción de refugios firmes de larga duración y flexibles, fabricados con material local barato, como bambú y cuerda.

El papel de coordinador del Grupo Temático sobre Refugios que desempeña la Federación Internacional también le permite asumir una nueva y enérgica función de sensibilización en la escena internacional. En abril de 2008, un grupo de organizaciones humanitarias internacionales advirtieron que cientos de miles de familias de Bangladesh seguían expuestas a los riesgos del inminente monzón, justo meses antes de que el ciclón Sidr arrasara el país, cobrándose la vida de 4.000 personas y destruyendo cerca de un millón y medio de viviendas. En nombre del Grupo Temático sobre Refugios de Emergencia a nivel mundial y de las organizaciones que actúan en el ámbito del refugio en Bangladesh, Saunders advirtió que la gente disponía sólo de unos refugios endebles improvisados con láminas de plásticos y lonas para enfrentar las lluvias anuales. Oxfam y CARE Internacional, otros miembros del grupo escucharon su llamado.

Desde 2003, las Sociedades Nacionales han gastado en refugios más de 289 millones de dólares estadounidenses. Cada vez que es posible, vuelven a construir mejor para que la gente no se vea expuesta a los mismos riesgos. En el norte de Ghana, Ibrahim Shaibu y su familia acaban de mudarse a una de las 320 viviendas sólidas edificadas por la Cruz Roja de Ghana para los damnificados de las inundaciones de 2007.

Patrick Fuller
Coordinador de comunicaciones para la Federación Internacional en Sri Lanka. Información adicional de Maria Corazon S. Dacong, Cruz Roja de Filipinas y Moustapha Diallo, Cruz Roja de Ghana.



Enlaces útiles
www.proventionconsortium.org
www.unhabitat.org
www.unhcr.org
Para ver un corto vídeo sobre suministros de emergencia en Perú, visite:
www.ifrc.org/peru-earthquake


Muchachos empujando una bicicleta en una zona donde 44 viviendas fueron construidas por sus propietarios en Lagoswatte, Sri Lanka, después del tsunami del Océano Índico.
©PATRICK FULLER / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


Dos jóvenes de Aceh que sobrevivieron al tsunami del Océano Índico miran la televisión en un refugio temporal en el pueblo de Rigah, Indonesia.
©HOTL ISIMANJUNTAK / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

Grupo Temático
sobre Refugios

Los equipos interinstitucionales para el suministro de refugios dirigidos por la Federación Internacional han sido desplegados en ocho emergencias que han afectado las viviendas de 5 millones de personas desde 2006:
1 Terremoto en Indonesia, 2006
2 Tifones en Filipinas, 2006
3 Inundaciones en Mozambique, 2007
4 Inundaciones en Pakistán, 2007
5 Ciclón en Bangladesh, 2007
6 Ola de frío en Tayikistán, 2008
7 Ciclón en Myanmar, 2008
8 Tifones en Filipinas, 2008

 


Un campamento de tiendas cerca de Leigu, pueblo situado en la provincia de Sichuan, China, tras el terremoto de mayo de 2008.
©REUTERS / JOE CHAN, CORTESÍA DE www.alertnet.org

 


Planes para refugios temporales en Banda Aceh.
©VINA AGUSTINA / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


Una nueva casa en Indonesia.
©HOTLI S IMANJUNTAK / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


La llave de una nueva casa en Sri Lanka.
©GAYA MAGESWARAN / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

Una respuesta rápida y eficaz

Cerca de 600.000 viviendas rurales fueron dañadas o destruidas tras el terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter que sacudió la vasta y remota región del norte de Pakistán, el 8 de octubre de 2005. “Para nuestra respuesta tuvimos en cuenta que estábamos a las puertas del invierno. Miramos los recursos que teníamos y dónde podíamos producir los efectos más rápidos”, cuenta John Tulloch, coordinador de comunicaciones para la
Federación Internacional en Pakistán.

Se distribuyeron cerca de 70.000 tiendas acondicionadas para el invierno y, en los ocho meses siguientes, se entregaron lotes con material de construcción de refugios a 35.000 personas. Se puso énfasis en proporcionar láminas de acero galvanizado, herramientas, encerados, cuerdas, y alambre para combinar con los restos de sus viviendas dañadas; estos artículos iban a permitir a las familias comenzar a reconstruir. Quizás lo más problemático en Pakistán fue acceder a los lugares remotos y la falta de infraestructura allí. Tuvimos que recurrir al lanzamiento de socorros por helicóptero y luego establecimos puestos de distribución cercanos a las aldeas para que la gente pudiera abastecerse utilizando mulas para el transporte de material y socorros.

Entre tanto, en la zona de Cachemira administrada por Pakistán, el CICR, junto con más de 12 Sociedades Nacionales, proporcionó hospitales de campaña, unidades de atención básica de salud, encerados, tiendas y herramientas de construcción que resultaron ser muy útiles durante el crudo invierno en el Himalaya.


Lugareños construyendo sus propias casas.
©IVIS GARCIA-ROJAS / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

El alojamiento en
los conflictos

El alojamiento en términos generales debe considerarse un proceso, por lo tanto, es indispensable incluir servicios esenciales como agua, alimentos, saneamiento, salud, educación y proyectos para restablecer la dignidad de las personas.

En los conflictos, las necesidades de alojamiento suelen surgir a raíz del desplazamiento interno y a menudo pueden preverse. Esto posibilita la planificación de contingencia con todas las partes pertinentes y la recaudación de fondos.

El alojamiento que se ofrece a las personas desplazadas por un conflicto está destinado, por lo general, a durar el plazo más corto posible. A fin de evitar problemas adicionales, tales como la fricción étnica, el hacinamiento, el agotamiento de los recursos naturales, etc., las personas deberían regresar al hogar tan pronto como las condiciones lo permitan y volver a ser gradualmente autosuficientes.

Un lote de láminas de plástico, cuerda, postes y estacas ayudan a una familia a guarecerse de las inclemencias del tiempo. Pero las personas no deberían permanecer allí por más de un par de días. En cuanto al alojamiento a corto y mediano plazo, la solución de las tiendas familiares es relativamente sencilla y rápida. Las tiendas de poliéster y algodón duran como mínimo 12 meses. Sin embargo, puede que no resulten adecuadas totalmente en caso de calor o frío extremo.

Una solución más sostenible, aunque requiere más tiempo, es emplear materiales locales como el coco, la madera, las hojas de coco, la arcilla y el pasto. Otra posibilidad es reproducir los diseños locales que los beneficiarios pueden construir con un apoyo técnico mínimo. Esta edificación se aviene mejor con las condiciones meteorológicas extremas y puede mejorarse y ampliarse según sea necesario.

En situación de conflicto, los programas de alojamiento se topan a menudo con problemas de orden político. La prioridad humanitaria debe ser proporcionar alojamiento en zonas seguras y adecuadas. Ahora bien, las partes en conflicto pueden tener otras prioridades, basadas en la limpieza étnica o el uso de personas desplazadas como escudos humanos, lo cual impedirá facilitar un alojamiento temporal adecuado a las personas que lo necesitan.

Lo más difícil es ofrecer soluciones sin generar dependencia o tensiones con la población residente. Es indispensable dialogar con todas las partes para llegar a una solución aceptable.

Cuando sobreviene un desastre natural en zonas de conflicto (por ejemplo el tsunami del Océano Índico, que asoló partes de Sri Lanka y de la provincia Indonesia de Aceh, o el terremoto en Asia meridional en 2005), el Movimiento se encarga de coordinar sus recursos. El CICR colabora con la Sociedad Nacional del país en las zonas afectadas por un conflicto y la Federación Internacional con la Sociedad Nacional en las zonas donde no hay conflicto.
Alessandro Giusti
Unidad de Agua y Hábitat, CICR, Ginebra


Desplazados que huyen de los enfrentamientos en Liberia, se dirigen a Monrovia, su capital.
©VIRGINIA LA GUARDIA / CICR

Reconstruir mejor

A fines de 2006, cerca de 600.000 casas fueron completamente destruidas o parcialmente dañadas por cuatro tifones que se abatieron sobre Filipinas. La Cruz Roja de Filipinas y la Federación Internacional hicieron todo lo posible por encontrar una forma rentable de suministrar materiales de construcción a 15.000 familias. Se utilizaron unos 400 camiones para transportar 3.400 toneladas de material desde los puertos hasta 60 depósitos, donde las familias podían escoger lo que necesitaban. Los nuevos refugios tenían que resistir la fuerza de 20 a 25 tifones por año. La pobreza indujo a las familias a construir casas en una zona poco segura, demasiado cerca de las márgenes de los ríos o en colinas inestables. En lugar de hincar los pilotes directamente en la tierra, se enseñó a los lugareños a colocarlos a mayor profundidad en bloques de hormigón armado. Se pusieron barras para sujetar las láminas del tejado y las casas se estabilizaron poniendo riostras. Los voluntarios y el personal de la Cruz Roja debidamente formados mostraron a los beneficiarios las técnicas aprendidas edificando casas piloto. El uso de materiales locales, tales como el coco o el bambú combinados con el acero y las chapas onduladas galvanizadas permitieron mantener la apariencia tradicional de las casas. Cuando fue posible, se compró localmente material barato y de calidad, lo cual contribuyó a sustentar a los empresarios y trabajadores en las comunidades afectadas. En ocho meses, se edificaron 12.000 viviendas.


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