Volver a la página principal de la revista

Entre la vida y la muerte

 

En la Estrategia 2020 las personas víctimas de trata son consideradas como un importante grupo vulnerable. Algunas Sociedades Nacionales han decidido ocuparse directamente de este espinoso tema. La Cruz Roja de Camboya está dando una mano a las víctimas, o a las personas que pueden convertirse en víctimas, con objeto de orientarlas y protegerlas.

Te encuentras en el borde de la ventana de un tercer piso. Nadie te ha visto aún. Abajo las ajetreadas calles de Phnom Penh a las cinco de la tarde están llenas de gente. Escuchas el ruido del tráfico, sientes el viento que te hace perder el equilibrio. Has comido mal durante días y el calor del verano te provoca mareos.

Te preguntas si no es mejor dar marcha atrás y volver al interior por la ventanita situada tras de ti. Pero le costó mucho a una de tus compañeras de infortunio alzarte para que lograras salir por la ventana. Quizás es preferible volver a entrar y correr el riesgo de que tus carceleros abusen de ti y te golpeen, aunque el lugar de donde estás huyendo no es exactamente una cárcel: es una agencia de empleos que envía a mujeres a Malasia con la promesa de un buen trabajo y un sueldo adecuado.

Esta fue la situación que vivió Kim Sarine, de 35 años, el pasado mes de abril. Había llegado a la capital para encontrar trabajo cuando tenía 19, dejando atrás su minúsculo y polvoriento pueblo de la provincia de Svay Rieng, una lengua de tierra en el extremo sureste de Camboya que se adentra en Viet Nam. Tras años de trabajar duro en el sector de la construcción y en fábricas, escuchó hablar de la oportunidad del trabajo doméstico en Malasia, en el que prometían pagarle el triple de lo que ganaba en Phnom Penh.

El dinero que recibiría (180 dólares al mes) era simplemente un sueño en Camboya para una mujer como Sarine, que abandonó la escuela a los 12 años para ocuparse de sus hermanos menores. Pero no fue más que eso: un sueño. En lugar de ser enviada a Malasia, Sarine fue encerrada en una casa con otras 70 mujeres durante casi un mes y la forzaron a trabajar mientras la agencia, decían, tramitaba el visado. Las condiciones eran espantosas.

“Comíamos muy mal y en cantidad insuficiente”, cuenta. “Si llegabas tarde para el almuerzo, te quedabas sin comer”.

Los relatos que empezaron a circular sobre lo que les esperaba en Malasia eran bastante inquietantes. Otras mujeres que pasaron por la agencia contaron que habían sido golpeadas, se les había metido la cabeza en el retrete como castigo porque no habían trabajado lo suficiente y habían sido detenidas por la policía malasia.

Ese día en el borde de una ventana Sarine se encontró ante una decisión muy difícil, que finalmente el destino tomó en su lugar: no pudo dar marcha atrás, tampoco pudo descender por la fachada, aunque lo intentó, y cayó desde un tercer piso. Permaneció tendida allí durante casi dos horas, esperando que llegara la ambulancia. “No sabía si me iba a morir o si iba a vivir”, recuerda. “No sabía si iba a volver ver a mis padres”.

El dueño de la agencia salió a gritarle y volvió a entrar. Nunca más volvió a verlo. La policía también llegó para hablar con ella. En el hospital, Sarine fue atendida y enviada a luego su casa en Svay Rieng, pero no sin antes descubrir que estaba embarazada de varios meses.

Ocuparse de las personas vulnerables
De regreso a su pueblo, las perspectivas de Sarine eran bastante sombrías. Había dado a luz y no tenía posibilidades de ganarse la vida porque no podía caminar. Afortunadamente su pueblo formaba parte del programa de lucha contra la trata de personas puesto en marcha por la Cruz Roja de Camboya y financiado por la Cruz Roja Danesa. El programa ofrece asistencia de emergencia a las víctimas de la trata de personas y, en algunos casos, apoyo a largo plazo para ayudarlas a reinstalarse en sus comunidades.

Sarine cumplía los criterios para recibir los dos tipos de ayuda (alimentos, ropa y un poco de dinero). La Cruz Roja de Camboya también la envió a Phnom Penh para la rehabilitación, le consiguió una silla de ruedas y, posteriormente, un par de muletas, sin las cuales jamás hubiera aprendido a caminar de nuevo.

En el marco de este programa, se realizan además actividades de prevención y de asistencia a las víctimas de violación sexual y violencia intrafamiliar. En ambos casos, las víctimas son presa fácil de los traficantes. “Debido a la vergüenza y al deseo de no verse enfrentadas a sus agresores, están muy expuestas cuando alguien se acerca a ellas para prometerles una vida mejor en otro lugar”, afirma Neils Juel, jefe de la región del Sudeste de Asia para la Cruz Roja Danesa.

Las víctimas son personas como Prum Choeun, que tiene dos hijos a los que adora pero de cuyos padres, ambos violadores, sólo puede recordar unos rostros ocultos y dolor en la oscuridad de los campos en las inmediaciones de su pueblo. Víctimas como Boupha Lim, de 5 años, violada en la esquina de la casa de su abuelo por un amigo de la familia, y como Nary Ouch, de 7 años, violada por un vecino mientras recogía fruta en el huerto de éste.

El violador de Nary Ouch fue condenado a 15 años de cárcel, pero ella sufrirá el resto de su vida. Ya ha perdido a todos sus amigos porque nunca sale de la casa y los vecinos no dejan que sus hijos vayan a visitarla. “Es la cultura camboyana”, comenta su abuela, Phirum Ouch, con resignación, “Si en tu casa hay problemas, nadie quiere visitarte. Temen tener problemas a su vez”.

Este aislamiento social hace que estas personas sean el blanco perfecto de los traficantes. Frente a esta situación, la Cruz Roja de Camboya ofreció a la familia de Nary el lote de emergencia habitual de la Cruz Roja, así como una bicicleta y un microcrédito por el importe de 130 dólares para que su abuela pudiera iniciar un pequeño negocio de ropa. La bicicleta le sirve a la abuela para el transporte, como tienda ambulante para ir de pueblo en pueblo y como colgador para exponer la mercancía.

Gracias a un crédito sin intereses, Prum Choeun
pudo instalarse con un negocio de fabricación de
escobas, lo que le ha permitido obtener suficiente
dinero para reembolsar su deuda y mantener a sus
dos hijos en la escuela. La madre de Boupha Lim
ha recibido ayuda para ampliar su producción de
puerros, duplicando así sus ingresos y evitando que
los integrantes de su familia se convertieran en migrantes
indocumentados o cayeran en las redes de
agentes de empleo inescrupulosos que rondan por
pueblos como éstos para atraer a las personas desesperadas.

Conocer los límites
En todos estos casos, los voluntarios de la Cruz Roja efectúan visitas a domicilio con regularidad para ofrecer asesoramiento y apoyo espiritual e informar a las víctimas de los demás servicios que hay a disposición y de la forma de acceder a ellos. Sin embargo, la labor de la Cruz Roja y de sus voluntarios tiene sus límites.

“Tenemos que mantener nuestra neutralidad”, explica Kanha Sun, encargada de administrar el proyecto de la Cruz Roja de Camboya. “Eso significa que no podemos ocuparnos directamente de los casos presentados a la policía ni intervenir en los asuntos relacionados con la trata de personas. Disponemos además de recursos limitados, por lo tanto tampoco podemos tener albergues ni poner a disposición a los asistentes sociales y el personal de seguridad calificados para hacerlos funcionar”.

Los mismos problemas se plantean cuando asistimos a personas vulnerables que las circunstancias han puesto del otro lado de la ley, como es el caso de los migrantes ilegales y los trabajadores del sexo. “Si localizamos a los trabajadores migrantes para que restablezcan el contacto con sus familiares, corremos el riesgo de alertar a las autoridades sobre su paradero y de que los detengan”, explica Sun. “Esto limita a veces el tipo de asociados con los que podemos trabajar”.

Por consiguiente, la Cruz Roja de Camboya no intenta hacerlo todo. Hay más de 60 organizaciones en Camboya que integran el Proyecto Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la Trata de Personas. Otras entidades están en mejores condiciones para ocuparse del tema del alojamiento, el asesoramiento a largo plazo y la justicia penal, comenta la delegada. La Cruz Roja intenta complementar y no duplicar la labor y aprovechar su fuerza, es decir una red de más de 140.000 miembros y el acceso a las comunidades.

Por ejemplo, los voluntarios llevan a cabo campañas de sensibilización en sus pueblos, advirtiendo a la población sobre los ardides utilizados. Asimismo, alientan la discusión sobre la violencia intrafamiliar y la violación sexual para que estas prácticas sean menos aceptadas, tanto entre las mujeres, que pueden tener demasiado miedo o sentirse demasiado estigmatizadas como para buscar ayuda, así como entre los hombres, que a menudo no se dan cuenta del daño que hacen a sus familias y a ellos mismos.

Según Sun, a pesar de estar funcionando en diez provincias, el programa es aún pequeño y asiste sólo a 100 víctimas de la trata de personas cada año. A través de las actividades de prevención de la violencia y del microcrédito, la Cruz Roja de Camboya ayuda a muchas personas. Pero es difícil evaluar si estas inversiones son decisivas para evitar que en el futuro las víctimas de la violencia sexual sucumban al tejemaneje de los traficantes.

Por medio del programa de restablecimiento del contacto entre familiares del CICR, la Cruz Roja de Camboya desea intensificar su labor en el ámbito de la reunión de familiares que desaparecieron en el extranjero. Para ello sería necesario colaborar más estrechamente con las Sociedades Nacionales de los países vecinos y el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja debería reforzar el compromiso a nivel internacional para con la prevención de la trata de personas (véase el recuadro).

“No hay soluciones fáciles a este problema y nuestra labor aquí la acabamos de empezar”, añade Sun. “Pero lo que está claro es que la Cruz Roja tiene un papel que desempeñar”.

Robert Few
Fotógrafo y escritor independiente residente en Beijing, China.
Los nombres son ficticios.


Kim Sarine ya no necesita la silla de ruedas gracias a la rehabilitación que le ofreció la Cruz Roja.
©Robert Few /Federación Internacional

 

 

 

 

 

 


Phirum Ouch conversa con personal de la Cruz Roja de Camboya fuera desu casa; adentro su nieta permanece oculta.
©Robert Few /Federación Internacional

 

 

 

 

 

 


Prum Choeun puede fabricar y vender escobas gracias a un microcrédito otorgado por la Cruz Roja.
©Robert Few/Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

“Debido a la
vergüenza y al
deseo de no verse
enfrentadas a sus
agresores, están muy
expuestas si alguien
se acerca a ellas para
prometerles una
vida mejor en otro
lugar.”

Neils Juel, jefe de
la región del Sudeste
de Asia para la Cruz
Roja Danesa

 

 

 

 

 

 


Pregunta a los lectores

En su opinión, ¿Qué debería hacer el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para prestar asistencia a las víctimas de la trata de personas?
Envíe sus respuestas a
rcrc@ifrc.org

 

 

 

 

 

 

 

 


Phirum Ouch conversa con personal de la Cruz Roja de Camboya fuera de su casa; adentro su nieta permanece oculta.
©Robert Few /Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

“No sabía si me iba
a morir o si iba a
vivir. No sabía si iba
a volver ver a mis
padres.”

Kim Sarine,
de 35 años, madre
y víctima de trata
de personas

 



 

 

 

 

 

Los tiempos difíciles son una oportunidad para los traficantes

A medida que los tiempos se hacen más difíciles por la recesión y la crisis, muchos expertos, funcionarios gubernamentales y organizaciones internacionales ponen en guardia ante el alarmante aumento de la trata de personas, lo que es particularmente cierto en Europa Oriental. En Belarús, por ejemplo, el número de víctimas arroja un pronunciado incremento, según los datos recabados por la Cruz Roja y la Media Luna Roja, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y las autoridades locales.

Una recesión brinda nuevas oportunidades de negocios para los traficantes, explica Lars Linderholm, experto en cuestiones relacionadas con la trata de personas y ex especialista en migración para la zona de Europa Oriental de la Federación Internacional. Los migrantes pierden sus trabajos en Europa Occidental y cuando regresan a su patria los aguarda una fría bienvenida volviéndolos vulnerables a las falsas promesas de los traficantes.

Frente a esta situación las Sociedades Nacionales de diversas regiones hacen lo que pueden. La Cruz Roja de Belarús, en colaboración con la OIM y las autoridades locales, ofrece un servicio de rehabilitación completa para las personas víctimas de trata gracias a cinco centros de ayuda en todo el país. Cuando las autoridades derivan a las víctimas de trata a los centros, se les hace un examen de salud y se les ofrece apoyo psicológico, asesoramiento jurídico, tratamiento contra la adicción si fuera necesario, alojamiento y formación profesional para ayudarlas a encontrar trabajo y reintegrarse en sus comunidades que a menudo las dejan de lado.

La trata de personas es un problema complejo que abarca la criminalidad y el cumplimiento de la ley, y muchas Sociedades Nacionales derivan el asunto a otras organizaciones. A menudo establecen asociaciones o prestan apoyo a otras organizaciones, o enfrentan el problema en el marco de programas de lucha contra la violencia intrafamiliar o sexual.

“Yo diría que el 100% de las personas afectadas también son víctimas de violencia”, asegura Ana Ravenco, presidenta de La Strada, organización moldova contra la trata de personas, que ha colaborado estrechamente con la Cruz Roja y la Media Luna Roja. “Una vez que las mujeres tienen una independencia económica, les resulta mucho más fácil escapar de un entorno de abuso”.

El Movimiento también sigue con interés lo que se está haciendo en Abu Dhabi, donde la Autoridad de la Media Luna Roja de los Emiratos Árabes Unidos supervisa el establecimiento de una red de albergues para mujeres y niños que proporciona un alojamiento seguro y otros servicios, con capacidad para 30 mujeres a la vez. La mayoría de las mujeres fueron forzadas a prostituirse y a la larga pueden volver a su hogar, explican los administradores de los albergues.

Pero pese a que el problema de la trata de personas se agrava, la respuesta del Movimiento es poco clara. Los programas de la mayoría de las Sociedades Nacionales son de pequeña escala y dependen de la financiación externa y de sus ciclos. Por ejemplo, por falta de recursos en Europa, se eliminó el puesto de coordinador de la red en Europa Oriental y un centro de acogida en Budapest tuvo que cerrar sus puertas. La red continúa pero las actividades se van reduciendo gradualmente.

Linderholm, que ocupó ese puesto hasta julio de 2010, destaca que el Movimiento ofrece un servicio único, es decir una red de voluntarios que podría ayudar a las víctimas en los países de origen, de tránsito y de destino. Las víctimas no suelen pedir asistencia a la policía pero podrían confiar en el emblema de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja. El Movimiento está desaprovechando una oportunidad para aportar un cambio decisivo mejorando la promoción y sensibilizando sobre el problema en el marco de los programas existentes.

Joe Lowry, Federación Internacional

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

2010 

Copyright