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Primer artículo los desastres olvidados

¿Lo que no se ve no existe?

Mientras los medios de comunicación del mundo están a la pesca de los megadesastres, miles de desastres de menor escala no son noticia. El fenómeno no es nuevo y el Movimiento ha adoptado una actitud diferente. Pero la situación general ¿mejora o empeora?

El 10 de marz o, mientras el mundo veía las olas gigantescas que sumergían las ciudades costeras en el noreste de Japón, decenas de miles de personas que huían de la violencia en Côte d’Ivoire se abrían paso hacia la frontera con Liberia.

Uno de esos refugiados era Adèle Zranhoundo, de 41 años, que había huido con su esposo y sus tres hijos menores; de sus dos hijos mayores perdió la pista en el camino. Poco después murió su esposo y quedó ella sola para mantener a los pequeños en un país extraño.

“En este momento, tras la muerte de mi esposo, estoy demasiado confundida para pensar en el futuro o trabajar siquiera”, afirmó. “Estoy agradecida a la gente de esta aldea por la generosidad con que nos dan alimentos, aunque sea poco lo que tienen”.

En ciertos aspectos, Zranhoundo tiene mucho en común con las personas afectadas por el tsunami deJapón: la pérdida del hogar, la familia y los amigos; la destrucción de su comunidad; el hambre, la perspectiva de un desplazamiento por mucho tiempo.

Pero en otros, su situación no podría ser más distinta. Mientras el mundo se unió para apoyar al pueblo japonés –y el gobierno del país tuvo una capacidad de respuesta económica y de emergencia considerable–los marfileños que vagaron durante días por la selva para llegar a los campamentos de Liberia recibieron poca atención de la mayor parte de los medios de comunicación mundiales.

Los desplazados que llegaron a Liberia están en gran parte aislados de los centros poblados y de la infraestructura estatal, y los llamamientos humanitarios (tanto del Movimiento como de las organizaciones internacionales) han recaudado un monto muy inferior al obtenido para el terremoto y el tsumani de Japón. Un llamamiento de emergencia realizado en enero por 4,1 millones de dólares había recaudado 2 millones al 15 de junio, el 48% de su objetivo.

Hay muchas razones para esta disparidad. Japón es una gran potencia económica con numerosos vínculos culturales, económicos y políticos en el mundo. Además, la brutal y repentina devastación producida por un desastre como el terremoto de Japón –unida a la amenaza nuclear- sirvió para crear una pirotecnia mediática perfecta. A la información permanente de los medios de comunicación se sumaron una multitud de vídeos de aficionados y profesionales, periodistas por cámaras vía Internet y lo que se trasmitía mediante las redes sociales de Internet.

En los campamentos de Liberia o en las pequeñas comunidades que acogieron refugiados, sólo un puñado de periodistas y delegados de organizaciones humanitarias que llevaban cámaras de vídeo y computadoras portátiles difundieron noticias para un público mucho más reducido.

El efecto CNN

Como los canales de televisión recurren cada vez más a la repetición de imágenes impactantes para ganar y retener espectadores todos coinciden en centrarse en los megadesastres, que son a su vez los que concentran la mayor parte del apoyo de los donantes.

Esta cuestión no es nueva. Hace más de diez años que las personas y organizaciones que trabajan en el ámbito humanitario hablan del “efecto CNN ”, por el cual unos pocos megadesastres obtienen la parte del león de los medios y de la atención de los donantes, mientras que cientos de desastres más pequeños son pasados por alto.

“Estamos ante un problema crónico y grave”, dice Hossam Elsharkawi, director de emergencias y rescates de la Cruz Roja Canadiense. “El análisis que hacemos de las tendencias indica que hay desastres de pequeña y mediana escala más frecuentes y muchas crisis crónicas en los que el acceso a la población afectada y a los medios de información es un problema”.

A menudo en esos desastres más pequeños se llega a pérdidas más grandes por adición aunque los medios de comunicación no les presten atención. Sólo en Colombia, unos investigadores que utilizan una base de datos llamada Desinventar hicieron una lista de más de 19.000 hechos de envergadura pequeña y mediana ocurridos entre 1971 y 2002 que se cobraron vidas y destruyeron bienes e infraestructura.

“Las pérdidas totales en términos financieros fueron mayores que las de todos los desastres de gran destaque que afectaron a Colombia tomados en conjunto, incluso la erupción del Nevado del Ruiz de 1985”, fue la conclusión a la que llegaron más tarde los investigadores Ben Wisner y J. C. Gaillard tras analizar los datos. “La famosa base de datos internacional EM -DA T, del Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres, registra sólo 97 desastres en Colombia en ese período. De esos 19.000 hechos de pequeña y mediana envergadura pocos lograron captar la atención de la prensa colombiana, sin hablar de los medios informativos mundiales”.

Esta predilección por los desastres grandes suele reflejarse en la política de asistencia. Algunos gobiernos donantes tienen normas que permiten ayudar sólo en casos de desastres que afecten a cierto número de personas (por ejemplo Canadá, que moviliza asistencia cuando hay más de 5.000 personas afectadas). “Pero no por afectar a 4.000 personas el desastre es menos real”, hace notar Elsharkawi.

Estas son algunas de las razones por las cuales en 1985 la Federación Internacional estableció el Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre. La idea fue crear una reserva de dinero que pudiera utilizarse rápidamente cuando los llamamientos financieros tuvieran pocas probabilidades de coseguir la atención pública necesaria para desplegar una respuesta rápida suficiente.

 

 

En 2006, en el Informe Mundial sobre Desastres de la Federación Internacional se destacó esta disparidad mundial en las consecuencias del tsunami del Océano Índico y de varias catástrofes importantes más. Desde entonces, el Fondo de Reserva ha sido un factor importante en la capacidad de movilización de la Federación Internacional y de las Sociedades Nacionales (véanse gráficos pág. 20-23). Pero el fondo sigue siendo pequeño (aproximadamente 22,5 millones de dólares en asignaciones en 2010, 9% más que en 2009) comparado con las necesidades, y el uso de los fondos se limita a la respuesta de emergencia, no a la preparación ni a la reducción del riesgo.

Originalmente, el Fondo de Reserva se estableció sobre todo para proporcionar recursos de corto plazo que permitieran realizar las operaciones hasta que los llamamientos de emergencia pudieran completar los fondos que faltaran. Debido al aumento constante del número de desastres, unido a la respuesta insuficiente a los llamamientos de emergencia, la mayoría de las asignaciones (el 77% en 2010) ahora se hacen en forma de préstamos no reembolsables para operaciones a las Sociedades Nacionales, con lo que aumenta la dependencia del fondo de los asociados y donantes grandes.

Desastres en los desastres

Muchas razones explican la frecuencia con la que los objetivos de los llamamientos de emergencia no se cumplen. La crisis financiera mundial forma parte del problema, aunque muchas de las zonas que padecen numerosas emergencias “ocultas” superpuestas están paradójicamente acusando los efectos de la fatiga de los donantes.

En África occidental y central, la combinación de conflicto, desplazamiento, desastre natural, falta general de infraestructura de sanidad e higiene ha empeorado los efectos de varias emergencias sanitarias: la epidemia de polio en la República del Congo, la de cólera y meningitis en Camerún y el paludismo y el VIH/SIDA en varios de los demás países de la región.

Si bien afluyeron recursos considerables a algunas partes de la región (en especial para los refugiados en la República Democrática del Congo), la respuesta a los llamamientos para las demás emergencias ha sido decepcionante. Un llamamiento cifrado en 1,3 millones de dólares para la epidemia de polio salvaje en la República del Congo alcanzó sólo el 15% de su objetivo, mientras que la epidemia de cólera en Camerún había alcanzado sólo el 7% de su objetivo de 1,5 millones de dólares al 16 de junio. En ambos casos, el Fondo de Reserva completó gran parte de la diferencia.

Una tormenta creciente

Los desastres naturales relacionados con el clima son con mucho los más numerosos. Incluso por separado, las inundaciones, las tormentas y los deslizamientos de tierra más graves pueden cobrarse muchas vidas. Pero la gran mayoría son de escala más pequeña, causan importantes daños a la propiedad y la infraestructura y agravan la pobreza, la propagación de enfermedades infecciosas y la desnutrición.

Por ejemplo, cuando las lluvias torrenciales del invierno afectaron al departamento de Chacó en la costa del Pacífico de Colombia, las inundaciones resultantes perjudicaron a alrededor de 10.000 personas, en su mayoría de comunidades indígenas y afrocolombianas de uno de los departamentos más pobres del país. Los que ya han tenido que soportar el conflicto armado, ahora enfrentan el hambre, los daños en la infraestructura  y la pérdida de movilidad.

En Europa oriental, las inundaciones estacionales de Moldavia se extendieron por la llanura y anegaron ciudades y pueblos que ya atravesaban tiempos difíciles. Esto sucedió en julio y agosto, cuando muchas personas de los países europeos más ricos están de vacaciones y no necesariamente miran las noticias.

En el Pacífico asiático, sólo en 2010 diversos sucesos relacionados con el clima afectaron a más de 20 millones de personas en más de una decena de países. Las crisis fueron desde el frío en Bangladesh y Mongolia hasta ciclones en Vietnam pasando por una epidemia de diarrea aguda en Nepal. El tifón Megi de octubre, que afectó a unas 430.000 familias y dañó 150.000 viviendas cerca de Luzón, Filipinas, sólo obtuvo el 67% de los 4,9 millones de dólares solicitados en los seis meses posteriores al llamamiento. Para la respuesta inmediata al desastre, el Fondo de Reserva aportó 220.000 dólares.

Soluciones

¿Qué debe hacer entonces el sector humanitario? Algunas de las personas entrevistadas para este artículo opinan que si la preparación, la prevención y la reducción del riesgo en materia de desastres se hicieran en el plano local la situación mejoraría considerablemente y las Sociedades Nacionales desempeñarían un papel fundamental.

Las Sociedades Nacionales, como auxiliares de sus gobiernos, ocupan un lugar privilegiado para responder con rapidez a los desastres de pequeña escala gracias a su presencia en las comunidades afectadas. No necesitan esperar los medios internacionales ni una solicitación mundial de fondos para intervenir.

Sin embargo, incluso con los fondos del Fondo de Reserva, muchas Sociedades Nacionales no tienen capacidad para responder del todo. Por lo tanto, parte de la empresa radica en crear la capacidad de respuesta local basándose en la enseñanza que se sacó de los anteriores desastres (así como aumentar la reducción del riesgo y la prevención) antes de que sobrevenga el próximo.

Muchas de las consecuencias más graves que tienen para la salud los desastres de menor escala –la contaminación de las fuentes de agua, por ejemplopueden anticiparse construyendo letrinas elevadas y protegiendo los pozos de las aguas de inundación. Por ejemplo, la Cruz Roja de Liberia, con el apoyo de varios asociados del Movimiento, está consiguiendo y mejorando numerosas fuentes de agua donde han estado comprometidas o donde la crisis de los refugiados aumentó la demanda.

Aunque los fondos del Fondo de Reserva a veces se destinan a la preparación de desastres inminentes, no se utilizan para la reducción del riesgo y la prevención a largo plazo. Algunas personas de la Federación Internacional están estudiando la forma para asignar un porcentaje mayor de los fondos obtenidos mediante llamamientos de emergencia a la preparación, la reducción del riesgo y el fortalecimiento de la capacidad (en especial en las zonas afectadas por crisis estacionales reiteradas).

Algunas Sociedades Nacionales, como la Cruz Roja Canadiense, están creando sus propios fondos mundiales de recursos de uso libre (que contribuyen al Fondo de Rerserva). Una campaña de la Cruz Roja Canadiense lleva por lema este simple mensaje: “Que no aparezca en las noticias no quiere decir que no se precise su aporte”.

Pero no es fácil convencer. Con los megadesastres, los donantes pueden ver resultados. Desde la devastación completa, la fase de respuesta de emergencia da ejemplos claros y visibles: distribución de alimentos, provisión de alojamiento, primeros auxilios o mejoramiento de las condiciones de vida.

Con la prevención, la reducción del riesgo y el fortalecimiento de la capacidad, es difícil demostrar que los proyectos están saliendo bien, afirma Elsharkawi. Y añade: “La fórmula que presentamos es que un dólar invertido en prevención y reducción del riesgo ahorra siete dólares más adelante. Pero necesitamos muchos más artículos que respalden esto. Precisamos mejor investigación y mejores pruebas para convencer a las personas de que su dinero está bien invertido”.

Este es un aspecto que, a juicio de Elsharkawi, falta en el Movimiento. Una investigación más seria y artículos publicados en revistas revisadas por pares, por ejemplo, ayudarían a dar credibilidad y pruebas a los donantes de que la reducción del riesgo, la prevención y el fortalecimiento de la capacidad sirven para algo, afirma.

¿Olvidados para quiénes?

Felizmente para Adèle Zranhoundo, las familias liberianas que la acogieron no ignoran la crisis de la vecina Côte d’Ivoire. Por el contrario, las comunidades liberianas de la frontera han abierto sus casas para los que huyen de la violencia en ese país. Esto se debe en gran parte a que los liberianos mantienen el contacto con los marfileños que los acogieron a ellos durante la larga y brutal guerra civil de Liberia. Ahora Liberia soporta el peso de más de 100.000 refugiados marfileños.

“Estas personas con las que estoy viviendo se habían hecho amigas de mi esposo cuando ellas estuvieron refugiadas en Côte d’Ivoire”, dice Zranhoundo. “Pero más tarde, cuando me recupere, espero poder trabajar en el campo, y un día, quiera Dios, tal vez vuelva a casa.”

Malcolm Lucard, con Iolanda Jaquemet (CICR) y Benoît
Carpentier (Federación Internacional).
PRIMER

 

 


Ocultas bajo las megacrisis, hay una multitud de
emergencias de menor escala menos conocidas.

Se sabe que el número de desastres naturales está aumentando. Pero un telespectador típico podría ser perdonado si tiene la impresión de que la mayoría de los desastres naturales son las catástrofes masivas que dominan las noticias.

En realidad, lo que pasa es justo lo contrario. Como se ve en los gráfi cos de esta página, el mayor número de desastres en los diez últimos años han sido con mucho las inundaciones y la mayoría de éstas han sido de escala pequeña a mediana. Causan menos muertes que los desastres más grandes pero sumadas afectan a un número mucho mayor de personas.

Estos desastres de escala pequeña y mediana llaman menos la atención, pero causan enormes pérdidas fi nancieras y ocasionan efectos secundarios diversos como la malnutrición, la pobreza crónica y la propagación de enfermedades infecciosas.

En contraste, los terremotos y los tsunamis son relativamente poco frecuentes pero pueden ser tremendamente destructivos y se cobran muchas más vidas, especialmente cuando azotan zonas densamente pobladas.

Entender esta dinámica es un aspectofundamental de la formulación de estrategiasde respuestas internacionales y locales rápidas, así como del fortalecimiento de la capacidad local para intervenir con más efi cacia en las emergencias de escala pequeña y mediana más frecuentes, y prevenirlas. En esta página se indica el número de desastres por categoría en el último decenio, así como el número aproximado de personas afectadas y muertas.

 


Misión: Los desastres olvidados

Imagine que está piloteando un avión de carga llamado “Acción Humanitaria Internacional” con capacidad para distribuir una cantidad grande pero limitada de ayuda. La misión consiste en llevar la ayuda adonde más se necesite. Este es su tablero de instrumentos. En su radar, puede ver qué desastres están recibiendo más atención y fondos y cuáles no. También puede ver el aumento espectacular de los desastres relacionados con el clima y qué emergencias no entran en la pantalla del radar de los donantes.


Fuente: Centro para la Investigación de la Epidemiología de los Desastres


No todos los llamamientos de emergencia reciben igual respuesta. Esta aguja indica solo unos pocos de los 30 llamamientos de emergencia que la Federación Internacional emitió en 2010 y el porcentaje recaudado. El índice medio total de éxito de los llamamientos de emergencia es del 68%.

 

 

 

 

Los cinco
llamamientos con la
recaudación más baja

África Occidental: 28,4%
(de 69 millones de dólares
solicitados)
Zimbabwe: 29%
(de 488 millones de dólares
solicitados)
Sequía de Djibouti:
29,6%
(de 39 millones de dólares
solicitados)
Níger: 31,5%
(de 225 millones de dólares
solicitados)
República de Sudán
del Sur: 34%
(de 620 millones de dólares
solicitados)
Fuente: OCA H/Servicio de Supervisión
Financiera. Incluye contribuciones
de gobiernos y organizaciones
internacionales entre ellas el CICR, la Federación Internacional y Sociedades Nacionales (a julio de 2011)


 

 

 

 

 

 

Y usted ¿qué opina?

¿Cuáles son las emergencias olvidadas en su región y por qué? Envíe su respuesta a rcrc@ifrc.org o participe en el debate en www.facebook.com/ redcrossredcrescent

 

 

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