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Cuanto más necesaria
más difícil

Cuando empecé a trabajar como cirujano del CICR sobre el terreno, tratar a los heridos en los conflictos era para mí estimulante y gratificante a la vez. Un día estallaron los enfrentamientos en un barrio cerca de nuestro hospital y las condiciones de seguridad se degradaron de tal manera que no pude atender a los muchos heridos como lo hubiera deseado.

El personal del hospital no podía cruzar la ciudad para llegar al trabajo. Se cortó la luz cuando una bala perdida alcanzó el generador. Unos hombres armados penetraron en el hospital y amenazaron a algunas de las enfermeras.

Fue más tarde cuando me quedé impactado por un hecho elemental: cuando más se necesita la asistencia sanitaria, más difícil es prestarla y acceder a ella debido al conflicto y a la inseguridad reinante. Y no solamente porque los heridos precisan atención quirúrgica de urgencia sino también porque la población se vuelve más vulnerable a las enfermedades a raíz del conflicto. Con frecuencia las epidemias de cólera se asocian al conflicto porque puede resultar imposible para miles de personas acceder al agua potable sobre todo cuando hay desplazamiento de personas. Incluso en tiempo de paz, muchas comunidades solo disponen de una asistencia sanitaria básica, que puede venirse abajo cuando estalla un conflicto.

La inseguridad en torno a la asistencia sanitaria puede traducirse de varias formas. Hospitales alcanzados por obuses y morteros; trabajadores de la  salud amenazados y, en el peor de los casos, muertos o secuestrados; ambulancias que caen en emboscadas. Estos incidentes son los más visibles y por ende los que tienen más probabilidades de aparecer en los medios de información.

Sin embargo, por cada suceso que capta la atención de los medios hay miles de otros. A menudo las ambulancias deben esperar horas en los puestos de control. Los soldados entran en los hospitales en busca de enemigos heridos y perturban al mismo tiempo la asistencia sanitaria. Las autoridades pueden negar el acceso al hospital a un grupo étnico determinado. Grupos armados pueden robar suministros hospitalarios. Todos estos obstáculos vulneran el derecho de los heridos y los enfermos a recibir asistencia sanitaria.

Resulta cada vez más evidente que la inseguridad en la asistencia sanitaria es un problema humanitario grave que, sin embargo, no se reconoce como debiera ser.  Por cada incidente violento que produce inseguridad para las instalaciones o el personal de salud hay un efecto de rebote en los heridos y los enfermos que sufren aún más porque es imposible brindar atención o, en el mejor de los casos, es muy difícil prestarla o acceder a ella.
 
No obstante, fuera del sector humanitario -ya sea el público en general o las personas que, de conformidad con el derecho internacional humanitario, están obligadas a proteger a los heridos y los enfermos, los hospitales, las ambulancias y el personal sanitario - este problema casi no se reconoce, no se entiende ni se trata de solucionar.

Por esta razón, la Unidad de Salud de la División de Asistencia del CICR decidió, en julio de 2008, recabar informes de incidentes violentos –incluso los hechos relacionados con amenazas de violencia– ocurridos en 16 países, donde el conflicto ha influido en la prestación de asistencia sanitaria. Los datos se sacaron de las informaciones de los medios de comunicación (cables de prensa, periódicos y principales canales de televisión o emisoras radiofónicas) y de los informes internos y públicos de organizaciones humanitarias.

Como resultado, el CICR elaboró un informe, Healthcare in Danger: a sixteen-country study, publicado en agosto de 2011, en el que se compila y se analiza un total de 1.342 informes que describen con detalle 655 episodios distintos de violencia o amenaza de violencia que han afectado a la asistencia sanitaria en un período de treinta meses. El estudio señala que durante ese tiempo 733 personas resultaron muertas y 1.101 heridas como consecuencia directa de incidentes o ataques relacionados con la violencia armada. Aparte de estas estadísticas, el estudio revela que hay amenazas reales a la atención sanitaria, así como graves vulnerabilidades en países donde está actuando el CICR (véanse las páginas 4 y 5.)

¿Cómo debe responder el Movimiento? En primer lugar, es fundamental que se amplíen las actividades sobre el terreno a fin de resolver los problemas concretos que se plantean a diario en relación con la seguridad de las instalaciones y el personal sanitarios. Con tal finalidad es indispensable una cooperación más estrecha con las Sociedades Nacionales. En segundo lugar, el Movimiento debe intensificar sus esfuerzos en el ámbito de la diplomacia y la comunicación para que la XXXI Conferencia Internacional apruebe una resolución contundente que cuente con el respaldo de las principales partes interesadas. En tercer lugar, debemos valernos de la comunicación pública para crear un grupo de personas a las que preocupa la inseguridad en la asistencia sanitaria y promover una cultura de responsabilidad entre aquellos que pueden hacer que las cosas cambien.

Quienes toman las armas por la razón que sea deben entender y cumplir su obligación de respetar el derecho internacional humanitario y proteger tanto a quienes necesitan la asistencia sanitaria como a quienes arriesgan su vida para prestar asistencia donde y cuando se necesite.

Robin M. Coupland
Ex cirujano del CICR sobre el terreno, actualmente asesor médico del CICR en Ginebra.

 

 

 

 

 

 

La inseguridad en la asistencia sanitaria es un problema humanitario grave que, sin embargo, no se reconoce como debiera ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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