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Los barcos olvidados

 

Cuando el enorme crucero italiano Costa Concordia se hundió frente a las costas de Italia en enero 2012, causando la muerte de más de 30 personas, el accidente se difundió en todos los medios de comunicación del mundo. Pero se sabe muy poco de otros desastres marítimos en los que pierden la vida muchas más personas. En este artículo relatamos uno de ellos: la tragedia del Madjiriha.

El sol ya se había a puesto sobre el canal de Mozambique cuando el Madjiriha zarpó del puerto de Moroni (Comoras) con 180 pasajeros y la tripulación a bordo rumbo a la isla de Anjouan, a unos 100 kilómetros al sureste.

El Madjiriha es uno de los muchos barcos que ofrecen un servicio de transporte entre las islas que componen las Comoras, un archipiélago volcánico que se eleva en el océano Índico, entre Mozambique y Madagascar. Apenas una hora después de haber zarpado, uno de los dos motores del Madjiriha se detuvo y poco después fue el turno del segundo.

El barco estuvo a la deriva durante varias horas, mientras la tripulación trataba de hacer funcionar la máquina. La situación empeoró cuando el barco se acercó a la costa y el mar comenzó a encresparse. Finalmente, alrededor de las tres de la madrugada del 9 de agosto de 2011, la nave se estrelló contra las rocas de la costa sudoccidental de la Gran Comora, tras lo cual el barco se fue a pique.

Una vez alertados, los residentes de la localidad costera más cercana acudieron al rescate. Los voluntarios de la Media Luna Roja de las Comoras también llegaron rápidamente al lugar del accidente para asistir a las víctimas, junto con funcionarios militares y civiles.

Pero no fue fácil llegar al lugar del naufragio. Entre las rocas y las olas rompientes, el barco se había dado vuelta en una parte particularmente inaccesible de la costa. Durante todo el día, los voluntarios de la Media Luna Roja participaron en las operaciones de rescate realizadas con barcos civiles y del gobierno, recorriendo el mar agitado en busca de sobrevivientes, recogiendo cadáveres y llevando a la costa a todas las personas que pudieron.

Cuando los barcos volvieron a la playa cerca del pueblo costero, otros voluntarios de la Media Luna Roja asistieron a los heridos, consolaron a los sobrevivientes afligidos, trasladaron en camillas los cadáveres cubiertos con sábanas y comenzaron a ocuparse de ellos según las costumbres locales.

Los centros de salud locales fueron los primeros en recibir heridos, mientras que toda la comunidad, con el apoyo de los voluntarios de la Media Luna Roja de las Comoras, hicieron todo lo que pudieron, antes de que los pacientes, traumatizados y en estado de choque, fueran trasladados a El Maarouf, el principal hospital de Moroni, la capital.

Al caer la tarde, el 9 de agosto, el número oficial de víctimas era de 56 muertos, incluidos nueve cuerpos no identificados, y 48 desaparecidos. Entre las víctimas había muchos niños. Gracias a quienes prestaron ayuda, 76 personas, casi todas heridas, sobrevivieron.

La capacidad de respuesta fue superada

A pesar de los heroicos esfuerzos de los socorristas, el desastre puso enseguida en evidencia las carencias de las islas para atender a un número grande de víctimas. El hospital de Moroni, por ejemplo, se vio rápidamente desbordado. Algunos pacientes decidieron irse a su casa. “Teniendo en cuenta la afluencia excesiva de pacientes y el pánico de los médicos y paramédicos, y conociendo la falta de medios de este hospital, preferí volverme a la casa”, dijo uno de los sobrevivientes, que sufrió lesiones en la columna vertebral.

En los días siguientes, cuando fue evidente que no se encontrarían más sobrevivientes, los voluntarios de la Media Luna Roja de las Comoras se dedicaron de lleno a prestar apoyo psicológico, emocional y práctico a las víctimas y sus familiares.

Lo ocurrido en agosto de 2011 causó heridas que no se han cerrado. “Muy a menudo revivo el drama y pienso en mis dos hijos pequeños”, dijo Ibrahim Drolo, un sobreviviente que considera que las víctimas recibieron muy poca asistencia. “Me pregunto qué habría sido de ellos si me hubiera muerto”. “Todos estamos afectados moralmente y lamentamos mucho que el Gobierno no se haya ocupado de nosotros”, dijo. Al igual que a muchas de las víctimas, le gustaría que los responsables del accidente rindieran cuentas de lo que sucedió.

“Mi vida dio un vuelco de 180 grados”, dijo Fátima Youssouf, la viuda de una de las víctimas. Casi todos los días revive el drama cuando ve a sus cinco niños, cuyas edades van de los 12 a los 3 años, que crecen sin su padre, que además mantenía a la familia. “Yo no trabajo y si lo hiciera, ¿cómo atendería y criaría a mis hijos?”

Un cementerio en el mar

Por desgracia, la tragedia del Madjiriha no es un hecho aislado en esas aguas que se extienden entre las Comoras y otros países del océano Índico. De hecho, el cruce entre las islas de Anjouan y Mayotte, que sigue bajo administración francesa, se ha convertido en un cementerio para cientos de personas cada año, muchas de las cuales intentaban llegar al territorio francés.

En 2004, el ferry San-Son se hundió con 120 pasaje ros a bordo. Sobrevivió una sola persona, una mujer. En 2006, otro barco, el Al Mubaraka, se fue a pique, provocando la muerte de 20 personas y la desaparición de otras 33. Luego ocurrió el accidente del Soifa Niyati, que dejó 60 muertos y solo diez sobrevivientes, que fueron rescatados por pescadores.

Otro barco, el Ile d’Anjouan se hundió en 2009 frente a la costa de Tanzania con 47 pasajeros y 29 miembros de la tripulación a bordo; además llevaba carga y ganado. Afortunadamente, 75 personas fueron rescatadas por un portacontenedores alemán, que recibió una llamada de socorro cuando hacía rumbo a Zanzíbar.

Las Comoras no es el único país de la región que hace frente a este problema. En julio de este año, la Cruz Roja de Tanzania fue una de las primeras organizaciones que intervino tras el accidente de un ferry de pasajeros ocurrido cerca de la isla de Chumbe en Zanzíbar. El MV Skagit, certificado para llevar 250 pasajeros, se dio vuelta mientras se dirigía a Zanzíbar desde Dar es Salaam. Según fuentes locales, iban en el ferry más de 280 pasajeros. “El fuerte oleaje golpeó el barco que perdió el control”, contó un sobreviviente. “A los pasajeros les entró el pánico mientras trataban de ponerse el chaleco salvavidas”.

Kibar Tawakal, responsable de intervención en casos de desastre de la Cruz Roja de Tanzania, dijo que la Sociedad Nacional había establecido una unidad de intervención en el puerto de Zanzíbar para prestar primeros auxilios y ofrecer información a los familiares. Los equipos de rescate ese día salvaron a 146 personas. 

Lo que estos dos últimos incidentes sugieren es que se podrían salvar vidas si hubiera sistemas que permitieran tener acceso a las personas que se encuentran en peligro antes de que sea demasiado tarde. La otra parte de la ecuación es lo que ocurre antes de que estos transbordadores zarpen del puerto.

Desidia

En las Comoras, los críticos y los grupos de víctimas dicen que hay una desidia general tanto de los funcionarios que supervisan las actividades portuarias como de los propietarios de los buques, los capitanes, las tripulaciones e incluso de los encargados de la seguridad civil.

Un problema grave es el hacinamiento crónico que se permite en las embarcaciones. Aunque el Madjiriha tenía permiso para llevar 90 pasajeros, partió con 180 personas a bordo. Los medios de comunicación locales indicaron además que el barco había sufrido desperfectos técnicos en los motores unos días antes.

Días después del hundimiento del Madjiriha, el Ministerio de Transporte estableció una comisión nacional encargada de hacer cumplir las normas y leyes vigentes sin ninguna complacencia Según parece, se están llevando a cabo controles periódicos y sin previo aviso, y se efectúan controles mecánicos y de seguridad antes de la salida de cada barco.

Muchos se preguntan si estas medidas se mantendrán una vez que la atención del público decaiga. Hasta el momento parece que después de la catástrofe se ha mejorado el acatamiento de las normas y se ha reducido el tráfico no regulado de embarcaciones entre las islas.

Ahora, las nuevas normas obligan a la tripulación a tener sistemas adecuados para la entrega de chalecos salvavidas a los pasajeros en situaciones de emergencia. Las autoridades también han tomado medidas para mejorar la información meteorológica y evitar servicios de ferry no autorizados. También han instaurado un sistema de guardacostas. El Estado estableció una Dirección de Protección Civil que contrató a 120 jóvenes que serán capacitados para ser bomberos.

La Media Luna Roja de las Comoras también ha tenido que prepararse para futuras emergencias marítimas, entre otras cosas, creando unidades de intervención y formando y equipando debidamente a grupos de rescate especializados en actividades náuticas. La Sociedad Nacional también debe fortalecer su servicio de apoyo psicosocial y material para compensar la falta de servicios estatales.

Mientras tanto, un año después de la tragedia, el casco del Madjiriha sigue meciéndose en las olas, a unos metros apenas de la costa. Pocos días después de la tragedia, un remolcador trató de dar vuelta el barco a fin de recuperar los cuerpos atrapados en el interior. Pero la maniobra fracasó y los restos mortales probablemente continúan atrapados, un hecho más que recuerda a los familiares y las víctimas un problema doloroso que todavía no ha podido ser resuelto.

Ramoulati Ben Ali
Responsable de comunicación de la Media Luna Roja de las Comoras.


El casco del Madjiriha frente a las
costas sudoccidentales de la Gran
Comora. Con una capacidad para
90 pasajeros solamente, unas 180
personas viajaban a bordo del barco
cuando se hundió en la madrugada
del 9 de agosto de 2011.
Fotografía: ©Media Luna Roja de las Comoras

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Gran parte de la labor que se lleva a cabo en las emergencias marítimas consiste en identificar los cadáveres y darles el trato que corresponde. En esta foto un policía registra las huellas de la mano de una mujer que murió en la tragedia del ferry ocurrido en Zanzíbar (Tanzania), en julio de 2012. Los equipos de rescate, entre ellos los de la Cruz Roja de Tanzania, intervinieron después de que el transbordador, atestado de gente, se hundió. Fotografía: ©REUTERS/Thomas Mukoya,
cortesía de www.alertnet.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Muy a menudo
revivo el drama y
pienso en mis dos
hijos pequeños. Me
pregunto qué habría
sido de ellos si me
hubiera muerto”.

Ibrahim Drolo,
sobreviviente del
accidente del ferry
del 9 de agosto de
2011, frente a las
costas de la isla
Gran Comora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mientras algunos voluntarios de la Media Luna Roja de las Comoras buscaban a los sobrevivientes junto a otros equipos de rescate, otros voluntarios se ocupaban de llevar a las víctimas a los centros de atención médica o a morgues improvisadas.
Fotografía: ©Said Abdou/Media Luna Roja de las Comoras

 

 

 

 

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