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Fotografía: ©Alain Germond

Una aventura
humanitarian

Es un espectáculo asombroso. Un pie imponente que parece descender desde un cielo oscuro se apoya sobre unas imágenes de personas afectadas por algún desastre o conflicto proyectadas en el suelo. En las paredes que rodean la sala, hay unas pequeñas placas que muestran las tentativas de la humanidad a través del tiempo de sobreponerse a la opresión, ayudar a los indigentes o imponer una conducta honorable durante la guerra: desde el código de Hammurabí de Babilonia (hacia 1752 AC) hasta los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales de 1977.

Esta imagen audaz y monumental es una de las muchas escenas evocadoras que contiene el recién reabierto Museo Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, donde se exhiben las múltiples, y a menudo contradictorias, facetas de la naturaleza humana.

El pie, después de todo, podría simbolizar muchas cosas: el poder de la opresión o el de la fuerza perdurable de la humanidad. “Un pie gigantesco podría ser uno que  aplasta a los demás o uno que corre frágil y descalzo para sobrevivir”, dice Gringo Cardia, uno de los tres arquitectos escogidos para crear los tres nuevos espacios del Museo.

Bajo el lema “La aventura humanitaria”, las nuevas exposiciones son una iniciación en la acción humanitaria contemporánea destinada a inculcar el sentido de la esperanza, la resiliencia humana y el sentimiento de que incluso las pequeñas acciones pueden aportar un cambio. De hecho, la experiencia del Museo es cualquier cosa menos estática. Los visitantes tendrán la oportunidad de interactuar con muchas exposiciones: en un caso, los visitantes pueden tomar parte en un juego interactivo que simula las complejidades de una respuesta ante un desastre natural. Frente a diversos escenarios, los jugadores toman decisiones, actúan y ven los posibles resultados.

Un recorrido por el museo también llevará a los visitantes a “toparse” con personas damnificadas. En la Sala de los Testigos, unas proyecciones en tamaño natural de personas afectadas por un conflicto, un desastre natural o una intervención humanitaria relatan sus vivencias.

Una de ellas es la de Emmanuel Jal de Sudán , un ex niño soldado que cuenta que al principio quería vengar la violencia perpetrada contra su familia hasta que “un trabajador humanitario me envió a la escuela”, y recuperó algo de su humanidad olvidada. “Empecé a rapear y a tomarme muy en serio las canciones”, dice. “Finalmente, el cielo parecía menos negro y pude redescubrir un poco de mi infancia».

A lo largo del recorrido, los visitantes también podrán conocer, entre otras personas, a un fiscal al que le han tocado casos de crímenes de guerra, una víctima de una mina terrestre que dirige el centro ortopédico del CICR en Kabul, una migrante económica que lucha por alimentar a su familia, un periodista detenido durante seis años en la base naval de Guantánamo y una joven huérfana por el genocidio en Rwanda.


A través de algunas de las nuevas exposiciones del Museo, los visitantes se hallan en plena acción humanitaria. En esta foto se ve a los visitantes participar en un juego que los lleva a tomar decisiones en respuesta a un desastre natural complejo. Fotografía: ©Alain Germond

La exposición de la humanidad

El replanteamiento radical del Museo comenzó en 2006. El director del Museo Roger Mayou y su personal pusieron a integrantes de todo el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja a trabajar con destacados pensadores en el campo de los museos para explorar ideas y determinar temas clave. Por último, debían elegir a tres arquitectos (uno de África, uno de América del Sur y uno de Asia) para el diseño de los tres espacios temáticos principales: Defender la dignidad humana, Restablecer el contacto entre familiares y Reducir los riesgos naturales.

El Museo escogió una importante firma de arquitectura suiza, Atelier Oi, para que coordinara y colaborara en varios de los espacios comunes centrales.

La arquitectura del Museo es en sí misma una experiencia interesante. Aunque no todo en el Museo ha cambiado (los Mecenas de larga data recordarán muchos de los mismos artefactos y algunos elementos muy queridos), se ha añadido un toque orgánico a la sólida base de hormigón, diseño de los años ochenta del arquitecto Pierre Zoelly. Hojas estrechas y verticales de madera se alinearon a lo largo de las paredes curvas para crear una cinta de «materia viva» que se desliza por pasillos y salas diseñadas sin ángulos rectos y con pocas líneas rectas.


Un dibujo del arquitecto Diébédo Francis Kéré muestra su forma de concebir una torre, hecha de hormigón y fibras de cáñamo, para evocar la sensación de la cabaña tradicional de África central. Las paredes de la torre se utilizan para mostrar fotografías de niños que se quedaron huérfanos durante el genocidio de Rwanda.
Illustración: ©Diébédo Francis Kéré

Cada área temática, por su parte, provoca una sensación única. El arquitecto japonés Shigeru Ban, que utilizó tubos de papel reciclado para construir todo, desde los puentes hasta los refugios temporales de emergencia, fue elegido para diseñar la exposición Reducir los riesgos naturales.

“Hemos construido viviendas temporales, algunas escuelas e iglesias en los campamentos de refugiados de África y en las zonas afectadas por desastres naturales utilizando tubos de papel reciclado”, explica. “En el Museo, los tubos están dispuestos en curvas y olas orgánicas que recuerdan un bosque o humedales: un sentido de flexibilidad orgánica y resiliencia”

“Usamos los mismos tubos de papel para construir las paredes y el techo, y crear así un espacio cálido y orgánico”, dice Ban. “Esperamos que esto nos permita acabar con el prejuicio según el cual el papel es un material frágil”.


Kéré también usó columnas de apoyo para exhibir mensajes de Cruz Roja de todo el mundo.
Fotografía: ©Alain Germond

En el espacio “Restablecer el contacto entre familiares”, el arquitecto Francis Kéré Diébédo de Burkina Faso utiliza metal y hormigón para crear formas naturales que evocan la necesidad humana de mantenerse en contacto con las propias raíces en medio de los acontecimientos que nos arrancan del mundo natural y de la familia. “A lo largo de toda la exposición se realza el vínculo intrínseco entre la familia, las raíces y los elementos”, dijo. Un ejemplo son las estructuras en forma de árbol que muestran mensajes de Cruz Roja: a partir del tronco de un pilón de hormigón, unos tubos de metal en forma de ramas sirven de soporte para marcos que exhiben notas escritas a mano o dibujos hechos con bolígrafos.

En otras partes, el sentido de lo orgánico y el toque humano se expresan en el tecnicolor de la era digital. La exposición Los colores de la dignidad, una colaboración entre la Escuela Politécnica Federal de Lausana y la Escuela Cantonal de Arte de Lausana, es una pantalla táctil interactiva del tamaño de una pared que muestra cómo incluso las pequeñas acciones, en este caso un simple toque, pueden generar reacciones espectaculares. Para el arquitecto Cardia, que creó el espacio donde se exhibe Los colores de la dignidad, la exposición llevará a la gente a reflexionar sobre su actuación en el mundo y la forma en que puede ayudar a los demás». Y de eso se trata en definitiva con estas nuevas galerías: servir de inspiración a través de una experiencia vívida para que todos puedan aportar su grano de arena.

 

La cronología

150 años de acción humanitaria

Abril de 1950: el CICR emite una declaración instando a los países a que prohíban el uso de la energía nuclear con fines bélicos: “La protección de la persona humana contra la destrucción masiva está íntimamente ligada con el principio que dio nacimiento a la Cruz Roja: la persona que no participa en las hostilidades o que es puesta fuera de combate, debe ser respetada y protegida”.


Fotografía: ©Archivos del CICR

1950-1953 la guerra de Corea: el primer gran conflicto de la guerra fría también anuncia el inicio de una era de detención de la carrera nuclear entre las superpotencias.

1954 la guerra de Argelia: durante esta guerra de descolonización, el CICR entabla contactos con los movimientos de liberación nacional; mientras, la Federación Internacional hace un llamamiento en 1956 y otro en 1957 en favor de 100.000 personas que habían huido a los países vecinos.


Jean Pictet
Fotografía: ©Archivos del CICR

1955: Jean Pictet, autor y artífice clave en la labor del CICR con relación a los Convenios de Ginebra de 1949, define y analiza los valores y principios que son el fundamento del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna. Su comentario todavía influye en el modo cómo los Principios Fundamentales se aplican hoy en día.

Salto en el tiempo:
Un chiste de un redactor clave de los Convenios de Ginebra de 1949: “Se me acusó una vez de elaborar convenios demasiado largos. Así que me dije, pues muy bien, lo haré en dos artículos. Artículo primero: en caso de guerra, todos los hombres se comportarán como ángeles. Artículo segundo: El presente Convenio contiene un solo artículo”.
Jean Pictet, principal autor de los Convenios de Ginebra para el CICR, citado en el periódico The Guardian en 1999.

1955 la guerra de Viet Nam:
lo que empieza como una guerra para independizarse de Francia se convierte en una guerra entre la Unión Soviética y los Estados Unidos que se intensifica en el decenio de 1960 y termina con la retirada de Estados Unidos y un tratado de paz en 1973. La guerra de Viet Nam iba a ser el conflicto más largo y más mortífero de la era de la guerra fría.

1956: la Unión Soviética aplasta un levantamiento en Hungría. La Liga (hoy Federación Internacional) interviene cuando los refugiados húngaros huyen a Austria y Yugoslavia. Al cabo de un año, se encuentra a cargo de la gestión de 50.000 refugiados en 44 campamentos. Entre tanto, las Sociedades Nacionales del Medio Oriente responden a la guerra árabe-israelí, mientras el período de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial da lugar a la creación de muchas Sociedades Nacionales nuevas, con lo que aumenta a 100 el número de miembros de la Liga.


Conflict in Yemen
Fotografía: ©Archivos del CICR

1962 el confl icto de Yemen:
cuando estalla el confl icto armado
entre las fuerzas republicanas y
las fuerzas realistas después de la
caída del Imanato en el norte del
país, el CICR despliega su acción. A
lo largo de los años, los delegados
prestan asistencia médica, visitan
a los prisioneros de guerra de
ambos bandos y actúan como
intermediario neutral.

1963: el Movimiento celebra su centenario. Se entrega el Premio
Nobel de la Paz a la Federación
Internacional y al CICR con ocasión
del centenario del Movimiento.

1965: los siete Principios
Fundamentales del Movimiento,
tal como los conocemos hoy, fueron
aprobados unánimemente en 1965
por la XX Conferencia Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja.

1967: con la guerra de los seis
días, el CICR establece la primera
delegación permanente en Oriente
Próximo. Surge el cometido de
intermediario neutral en las
negociaciones por los rehenes.

1968: el CICR funda el primer centro
ortopédico en la ciudad yemenita de
Saná; se crean luego cinco centros,
cuya responsabilidad se traspasa
posteriormente a las autoridades
yemenitas.

1968: la guerra de Biafra. La
guerra de Biafra capta la atención
de los medios internacionales y
el Movimiento entra en acción
mientras el confl icto de Biafra se
convierte en un punto de infl exión
en la evolución de la asistencia
humanitaria. Debido en gran
parte a la experiencia en Biafra,
algunos miembros del personal
del CICR dejan posteriormente la
organización para formar Médicos
sin Fronteras.


Fotografía: ©Archivos del CICR

 

 

 

 

 

A la guerra de Biafra

“se la presenta a menudo como el comienzo de una nueva etapa en la historia del humanitarismo”, escribe Marie-Luce Desgrandchamps en una edición especial de la Revista Internacional de la Cruz Roja dedicada a los 150 años de la acción humanitaria. La guerra civil poscolonial plantea una serie de retos al CICR, una organización que todavía se estaba reponiendo de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y que no estaba del todo preparada para montar una operación masiva y compleja, escribe. Los problemas logísticos, un número insuficiente de delegados debidamente capacitados y los problemas de comunicación con otras organizaciones, gobiernos y grupos armados dan lugar a numerosas lecciones aprendidas y reformas. De esta experiencia provienen una mayor profesionalización y la realización de esfuerzos para coordinar mejor la entrega de ayuda humanitaria.

“El CICR moderno nació precisamente en África, al final del decenio de 1960, sobre las ruinas humeantes de Biafra. Fue allí donde el nuevo CICR fue llevado a la pila bautismal de una era humanitaria nueva cuando se organizó la gigantesca operación de socorro para cientos de miles de víctimas de la guerra civil en Nigeria”, según escribe Jean-Marc Bornet, en Between Enemy Lines (Entre líneas enemigas), delegado del CICR, 1972-2003.

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