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Shahnaz - Fotografía: ©Nick Danziger

“No podía abandonar a esas mujeres”

“No tenía nada” dice Shahnaz, el día en que, poco después de que su marido desapareciese, se fue a vivir al marastoon (“lugar de asistencia” en pastún), un asilo de la Media Luna Roja Afgana para mujeres indigentes, viudas y enfermas mentales. “No podía volver con mi familia, no les sobraba nada y vivían de la tierra en Nejrab. Al igual que mi esposo y en el mismo momento, desapareció uno de mis dos hermanos. Sin saber adónde ir y sin poder mantenerme, me fui a vivir al marastoon, donde me quedé cinco años”.

Hoy, Shahnaz, con 54 años (foto a la derecha), es una de las dos mujeres que, en el marastoon de Kabul, se encargan de ayudar a las enfermas mentales. No hay tarea demasiado difícil ni demasiado degradante para Shahnaz. Se ha ocupado de estas mujeres y de estos niños, que han sido abandonados o cuyos padres están encarcelados, como si fueran suyos, limpiándolos, consolándolos, conteniéndolos en sus estados de ánimo, que en un abrir y cerrar de ojos pueden pasar de la agresividad a la docilidad.

Los trabajadores de los marastoons de Afganistán (el primero fue creado por el gobierno en el decenio de 1930 y traspasado en 1964 a la Media Luna Roja Afgana) son un ejemplo de cómo los sistemas locales tradicionales de protección y asistencia se han fortalecido gracias a los esfuerzos y a las inversiones del Movimiento. Otras Sociedades Nacionales han prestado apoyo a los marastoons y, en 1994, el CICR intervino para rescatar a las personas del marastoon de Kabul, cuando esta ciudad era la línea del frente en la guerra civil del país.

En 2001, mientras trabajaba en un artículo para esta revista, Shahnaz habló de esos días, cuando el recorrido diario hasta el trabajo se había convertido en una cuestión de vida o muerte: “Estaba aterrorizada por los bombardeos. Pero no podía abandonar a su suerte a esas mujeres. No habría habido nadie más para cuidarlas”.

Hace unos meses durante mi visita más reciente, los recuerdos están aún vivos. “Dejaba mi casa y cruzaba la ciudad, la línea de combate y las barricadas que no estaban lejos del marastoon. Sabía que era peligroso y estaba asustada. Cuando no podía dejar a mis hijos en casa, los llevaba conmigo al trabajo. Un día hirieron a Basir, mi hijo mayor, y a una de mis hijas, que tenía 7 años en ese momento. A mí también me hirió una metralla. Todavía me duelen el brazo y la mano cuando los levanto”. Shahnaz incluso llevó a los huérfanos y las mujeres a su casa cuando el marastoon dejó de ser un lugar seguro.

La historia de Shahnaz es un ejemplo de la naturaleza transformadora de la acción humanitaria. Hoy se ve como una persona afortunada, capaz de trabajar y aportar un verdadero cambio en la vida de los demás en una época de relativa paz. «Soy una madre afortunada, mis hijos tienen un matrimonio feliz, los niños huérfanos de los que me ocupaba han sido adoptados... Tengo una buena vida, lo que me hace pensar que soy una mujer que ha tenido éxito”.

1864
“Casi asfixiados
por el frío”

Con estas palabras, Charles Van de Velde describe las condiciones de su viaje a Dinamarca como parte de la primera delegación del Comité en un conflicto internacional. La misión iba a inspirar el futuro de la acción humanitaria y los esfuerzos incipientes para crear un convenio internacional. Se utilizó, además, por primera vez, el emblema de la cruz roja. En el invierno de 1864, Van de Velde y Louis Appia fueron a reunirse con cada una de las partes del conflicto que oponía a las fuerzas danesas y austro-prusianas, observarlas y ayudar a organizar la asistencia. Las bajas temperaturas no fueron la única dificultad. Las autoridades, la prensa y las fuerzas militares se mostraron escépticas y criticaron sin ambages esta misión “neutral” ante un conflicto en el que los daneses eran atacados por una fuerza de combate muy superior. Este nuevo “comité” tenía que condenar la agresión contra los daneses, dijeron informes de prensa, y no ofrecer ayuda a ambas partes. Más tarde, Van de Velde pidió una tregua para ir a los hospitales de Prusia con el fin de averiguar los nombres de los prisioneros y heridos daneses, y compartir noticias con sus angustiadas familias. La misión fue rechazada por tratarse de una “comunicación con el enemigo”. “Sin duda, esto pone de manifiesto” — escribió —, “la necesidad de dar vigencia a la resolución sobre la neutralidad de los ayudantes voluntarios”.


Fotografía: ©Archivos del CICR


Louis Appia
Fotografía: ©Archivos del CICR

 

 

 

 

 

 

Fotografía: ©Archivos del CICR

 

 


Charles Van de Velde
Fotografía: ©Archivos del CICR

 

 

 

 

 

 

 

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La cronología

Mire la cronología interactiva de la historia del CICR: www.icrc.org/spa/who-weare/history

1864: la primera delegación del Comité ayuda a encauzar los Convenios de Ginebra y la futura labor humanitaria neutral sobre el terreno.


Fotografía: ©Archivos del CICR

Agosto de 1864: Primer Convenio de Ginebra firmado por 16 Estados, oficialmente denominado Convenio de Ginebra para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña; en los diez artículos del documento se sientan las bases para una acción humanitaria neutral y se solicita a las partes contendientes que respeten al personal sanitario en campaña.

“En definitiva, toda Europa se reunía para examinar la forma de poner un freno a las brutalidades de la guerra y crear la emulación de la abnegación entre las naciones, los pueblos y las razas, sin importar las diferencias de origen, idioma y color”*.
Extracto de Memoires de Henry Dunant *traducción no oficial


1864:a fines de 1864, ya hay 11 Sociedades Nacionales para la asistencia de los heridos en Europa.
Fotografía: ©Archivos del CICR


1866: el Convenio de Ginebra se aplica por primera vez en la guerra entre Prusia y Austria.
Fotografía: ©Archivos del CICR

Haciendo historia

Desde el 8 de mayo, Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la Federación Internacional publicará una cronología interactiva en línea que muestra la creación y evolución de las Sociedades Nacionales: www.ifrg.org/8May


Fotografía: ©Conor Ashleigh/Federación Internacional

Salto en el tiempo
En 2012, la República de Sudán del Sur, el país más reciente del mundo, con una de las Sociedades Nacionales más recientes del Movimiento, firma los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales. Hoy, 166 países han ratificado los Convenios y los dos Protocolos de 1977, que se remontan directamente al Convenio elaborado por los fundadores del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

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