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El impulso de ayuda

La cronología

150 años de acción humanitaria

1870: la Sociedad Nacional de socorro a los enfermos y los heridos de guerra de Gran Bretaña envía ayuda a ambos bandos en la guerra franco-prusiana; este es tan solo un ejemplo de la labor de socorro en el extranjero de las primeras Sociedades Nacionales. Durante el sitio de París por los prusianos, Henry Dunant trabaja con voluntarios bajo el fuego para distribuir alimentos y ropa. Mientras tanto, los prusianos utilizan trenes hospitales por primera vez.

Julio de 1870: se establece la Agencia de Basilea para prestar los primeros servicios de búsqueda y asistencia de otra índole a los soldados enfermos y heridos.

1875: Gustave Moynier expone los cuatro “principios” fundamentales de trabajo que las Sociedades del Movimiento deben observar: “previsión, que significa que se deben hacer preparativos por anticipado, en tiempo de paz, para brindar asistencia en caso de que estallase una guerra; solidaridad, por medio de la cual las Sociedades se comprometen a establecer vínculos mutuos y a ayudarse entre sí; centralización, que significa que no debe haber sino una Sociedad en cada país, con actividades que se extiendan a todo el territorio nacional, y mutualidad, en el sentido de que se brinde asistencia a todos los heridos y enfermos con prescindencia de su nacionalidad”.


Gustave Moynier
Fotografía: ©Archivos del CICR

1875: el Comité Internacional envía su primera misión a Montenegro. Es la primera vez que el CICR presta asistencia a la población desplazada y ayuda a establecer una Sociedad Nacional.

1876:durante el primer conflicto con Rusia, la sociedad de socorro del Imperio Otomano adopta el emblema de la media luna roja para sus socorristas, instala hospitales de campaña y convierte los transbordadores en barcos hospitales.

Decenio de 1880: Decenio de 1880: las Sociedades Nacionales comienzan a ampliar las actividades en tiempo de paz como respuesta a los desastres: la Cruz Roja Japonesa tras la erupción del Monte Bandai en 1888; la Cruz Roja Americana tras los incendios forestales, ciclones e inundaciones; la Cruz Roja Francesa tras las inundaciones en París y el cólera en Marsella.

1901:Henry Dunant y Frédéric Passy reciben el primer Premio Nobel de la Paz, en honor a dos aspectos de la lucha contra la guerra: el esfuerzo por poner límites al sufrimiento de las víctimas de la guerra mediante la acción humanitaria y la lucha contra la guerra misma, o el pacifismo.

Salto en el tiempo
En la actualidad, hay más de 13 millones de voluntarios en todo el mundo y muchas Sociedades Nacionales son importantes actores humanitarios internacionales.


Fotografía: ©Ibrahim Malla/Media Luna Roja Árabe Siria

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Nicolas Lambert (centro)
Fotografía: ©Nick Danziger

Desde los alb ores del Movimiento, los delegados del CICR y de las Sociedades Nacionales han seguido el impulso de ayudar a los demás y han tratado de impedir el enfrentamiento en situaciones complejas y a veces peligrosas.

Hoy en día, los trabajadores humanitarios tienen una ventaja sobre sus colegas pioneros de épocas anteriores: los emblemas de la cruz roja y de la media luna roja son ahora muy conocidos y respetados, las normas de la guerra, al menos en el papel, protegen la acción humanitaria, los delegados reciben capacitación profesional antes de ir al terreno y el humanitarismo ha pasado a ser una profesión. Al mismo tiempo, el personal local, con impresionantes credenciales humanitarias, ofrece una mezcla de saber local y conocimientos técnicos, lo que mejora considerablemente la eficacia, la seguridad y el alcance de las operaciones.

Sin embargo, al igual que los primeros delegados como Van de Velde, Appia y Ferrière, los trabajadores humanitarios actuales siguen confrontados a muchas incógnitas, peligros y nuevas fronteras. El jefe de la oficina del CICR en Kunduz (norte de Afganistán), Nicolas Lambert (foto a la izquierda), por ejemplo, tenía una amplia experiencia en zonas de conflicto antes de incorporarse al CICR, pero no por ello el trabajo es más previsible.

“La intensidad, duración y organización de las acciones de los grupos armados fluctúan y no es fácil estar al día con las alianzas que cambian constantemente”, asegura Lambert. “Las necesidades están ahí, pero las posibles acciones se ven dificultadas por la situación de seguridad. Incluso si tenemos buenos contactos con un grupo de oposición armada y recibimos luz verde (para seguir adelante con una operación), hay tantos grupos que un comandante a menudo no puede hablar por los demás”.

“Debemos ser optimistas”

 Sayed Sarajuddin Sadat es un miembro del personal local afgano en la oficina de Kunduz, donde se encarga de los programas de seguridad económica. Comenzó a trabajar para el CICR en el decenio de 1990 y tiene una gran experiencia en diversas organizaciones. “El personal nacional tiene las competencias para trabajar en este entorno, pero incluso asumiendo mayores responsabilidades necesitamos a los expatriados para la credibilidad”, afirma.

La proliferación de grupos armados, dice, significa que hay que trabajar más “indirectamente” con los asociados locales tales como la Media Luna Roja Afgana o los grupos de la comunidad, por ejemplo en los proyectos de agua y saneamiento.


“El CICR continúa consolidando su reputación incluso si tenemos un acceso limitado. Debemos ser optimistas”.

Sayed Sarajuddin Sadat, miembro del personal del CICR en Kunduz, Afganistán.
Fotografía: ©Nick Danziger

A pesar de que el acceso humanitario ha ido cambiando a lo largo de los años, dice Sarajuddin, el compromiso del CICR con principios sólidos le ha permitido mantener su eficacia y credibilidad. «Ha habido muchos cambios [en Afganistán] a lo largo de los años, sobre todo políticos, pero el CICR ha mantenido su política. La neutralidad, la independencia y la imparcialidad son aceptadas por la mayoría, incluso por los talibanes. Yo diría que el CICR continúa consolidando su reputación incluso si tenemos un acceso limitado. Debemos ser optimistas».

Para Lambert, valen la pena los largos días de trabajo lejos de casa. “El trabajo es gratificante, siempre quise viajar, descubrir nuevos países, pero después quise retribuir de alguna forma a las comunidades que visité, así que se convirtió en mi carrera, mi pasión. A pesar de que estoy lejos de mi familia y mi novia, aquí podemos realmente aportar algo”.

 


Frédéric Ferrière 1870
Fotografía: ©Archivos del CICR

“Partir solo, o casi solo, sin ningún conocimiento técnico ni del idioma alemán, que me permitiera por lo menos decir unas palabras, recién salido del hogar familiar, expuesto a todos los peligros de la vida militar y hacerlo por propia voluntad, fue una locura".
Frédéric Ferrière, estudiante de medicina de 22 años, escribió sobre su misión en la guerra franco-prusiana en 1870. Allí, trabajando en circunstancias horrendas, se le trata con desconfianza y es hecho prisionero y acusado de ser espía. También se salva por poco de ser ejecutado. Muchos años más tarde, se convierte en vicepresidente del CICR.

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