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Tribuna abierta

 

Un cambio de mentalidad

A veces el desarrollo y la ayuda humanitaria se ven como dos mundos aparte. Dos comisarios europeos, que representan las actividades de la UE  en materia de asistencia humanitaria y de desarrollo, indican que ya va siendo hora de que eso cambie.

Las sequías y las malas cosechas que provocaron una crisis de hambre en el Cuerno de África y las regiones del Sahel han causado innumerables muertes en los últimos dos años. En otras partes del mundo, graves sequías, inundaciones y otros fenómenos devastadores también afectaron con regularidad a la población.

Sin embargo, podemos notar la diferencia en la capacidad de los diversos países para reaccionar ante los cambios radicales y en la capacidad de las personas para hacer frente al estrés y los golpes inesperados.

En una sola palabra: la diferencia es la resiliencia.

Tenemos los medios para preparar a las comunidades más vulnerables para la sequía, las inundaciones y otras crisis cíclicas mediante el análisis de datos, el reconocimiento de tendencias, la evaluación de riesgos, las inversiones inteligentes y las actividades basadas en la comunidad.

En algunas partes del Cuerno de África y en el Sahel, por ejemplo, los proyectos europeos han moderado los peores efectos de la sequía en algunas zonas, ayudando así a miles de personas a evitar el hambre.

Reforzar este tipo de resiliencia tiene sentido desde el punto de vista económico. Por cada euro invertido en la preparación para desastres se ahorran entre cuatro y siete euros en la respuesta a desastres. Forjar la resiliencia es más barato, más eficiente y más sostenible que afrontar las consecuencias de una nueva crisis. Es lo que hay que hacer si en la comunidad humanitaria y de desarrollo trabajamos en forma seria para salvar vidas y hacer que valga la pena vivirlas.

No es de extrañar, entonces, que la comunidad humanitaria y de desarrollo esté buscando afanosamente formas de integrar la resiliencia en sus actividades. La Unión Europea, como líder mundial de la ayuda humanitaria y para el desarrollo, también está dando un gran paso en esa dirección.

En el nuevo documento de política de la UE sobre la resiliencia elaborado en 2012, nos hemos comprometido a tomar medidas sobre la resiliencia en nuestros proyectos humanitarios y de desarrollo y a vincular más estrechamente nuestras actividades para lograr una transición gradual entre el socorro, la rehabilitación y el desarrollo en casos de desastre.

Reconocemos que el mundo ha cambiado. Las crisis que han de enfrentar las comunidades son más frecuentes y más graves. Así que también tenemos que cambiar la manera de enfocar el problema. Nuestro objetivo es gestionar mejor las crisis, tratando de resolver sus causas en lugar de combatir sus consecuencias. En este sentido, la inseguridad alimentaria es un ámbito en el que se pueden aportar grandes mejoras. Sus causas suelen ser complejas y entre ellas figuran el cambio climático, la baja productividad, la inestabilidad de los precios, el crecimiento demográfico y el acceso limitado a los mercados.

También es difícil superarlas, pero tenemos que hacerlo si queremos resolver el problema más fácil de solucionar del mundo: el hambre que afecta a cerca de mil millones de personas hoy en día.

La buena noticia es que no estamos empezando de cero: ya tenemos resultados alentadores en la capacidad de resiliencia en África, donde se ha puesto en marcha la Iniciativa SHARE (Cuerno de África) y la asociación AGIR (Sahel), que une los recursos humanitarios y de desarrollo para impulsar la recuperación de las recientes sequías y reforzar la capacidad de las comunidades más vulnerables para sobrevivir y recuperarse de futuras sequías.

Se trata de un cambio sustancial en la mentalidad y la costumbre: de distribuir ayuda a las personas afectadas por la sequía con el fin de sobrevivir hasta la próxima sequía a invertir en el largo plazo, que incluye la construcción de sistemas de riego, la promoción de cultivos más resistentes, la ayuda a los pastores en el manejo de su ganado. Recientemente, por ejemplo, la UE invirtió tres millones de euros en Harvest Plus, que obtiene semillas más nutritivas y resistentes para los agricultores pobres de África.

Estos tipos de proyectos aún no están en la escala lo suficientemente grande que se necesita. Pero son una base. SHARE y AGIR se centran en la seguridad alimentaria, pero tenemos la intención de promover la resiliencia también en otras regiones y para otros tipos de vulnerabilidad, por ejemplo para las regiones amenazadas por inundaciones, ciclones, terremotos y tsunamis,. Para lograr resultados positivos en este tipo de contextos, nos centraremos en tres componentes principales: evaluación de riesgos, prevención y respuesta mejorada.

Sólo podemos resolver un problema si entendemos los riesgos y buscamos las respuestas apropiadas. Tomemos, por ejemplo, a Nepal, que fue afectado por inundaciones en 2010. Gracias a los sistemas de alerta temprana que funcionan mediante la radio y los teléfonos móviles, las comunidades que viven en las zonas de peligro cerca del río Rapt, fueron evacuadas antes de que el agua llegara a sus aldeas. Se evitó así la pérdida considerable de vidas y causar daños a la propiedad.

La resiliencia puede desarrollarse y cumplir sus objetivos únicamente si se convierte en una prioridad para todos, no solo para los donantes, como la Unión Europea, que tienen que flexibilizar la ayuda y hacerla también más selectiva, sino también para los gobiernos de los países que son propensos a los desastres; para el sector privado que puede contribuir con importantes conocimientos especializados sobre seguros y evaluación de riesgos, y para la sociedad civil.

En la Comisión Europea estamos dando una señal clara de que estamos dispuestos a reexaminar nuestras prioridades como donante. Vamos a trabajar juntos en las comunidades humanitarias y de desarrollo, con los responsables políticos y todos los demás asociados a fin de encontrar soluciones adecuadas y duraderas al hambre y a la exposición a desastres que amenazan a más personas que nunca.

Kristalina Georgieva, Comisaria Europea de Cooperación Internacional, Ayuda Humanitaria y Respuesta a las Crisis, y
Andris Piebalgs, Comisario Europeo de Desarrollo

 

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