Volver a la página
principal de la revista
 

“Hola, me llamo Bot y vengo a ayudarte”

 

Algunos dicen que “bots sin fronteras” revolucionará la forma de prestar asistencia humanitaria. Si es así, ¿existe algún riesgo de que se elimine al “humano” de la asistencia “humanitaria”?

Imagine que se ha producido un terremoto en una lejana aldea de montaña. Los caminos han quedado destruidos y la única forma de llevar suministros es a pie a través de un paso peligroso. Luego imagine que tiene un ayudante: un robot cuadrúpedo del tamaño de un perro grande, capaz de andar por un terreno irregular y de ayudar a transportar los suministros.

A muchos trabajadores humanitarios la idea de que los robots desempeñen un papel importante en la intervención de emergencia les podrá parecer un tanto exagerada, una idea más acorde con fantasías de ciencia ficción que con realidades humanitarias.

Pero algunos ven un futuro prometedor para los robots humanitarios, y puede que ese futuro no sea tan lejano. “Quizás, incluso dentro de los próximos 20 años”, dice Robert Richardson, experto en robótica de la Universidad de Manchester en el Reino Unido. “Podríamos ver sistemas que, aunque no sustituyan a los seres humanos, serían como colaboradores durante la respuesta humanitaria”.

Tomen a “Big Dog”, un robot cuadrúpedo creado por Boston Dynamics, una firma con sede en Estados Unidos. La versión actual es ruidosa, bastante aterradora y su alcance es limitado. Pero puede caminar por colinas escarpadas en la nieve y enderezarse por sí mismo cuando se le empuja.

Y esto es solo un ejemplo. Se están fabricando muchos robots que caminan, gatean, ruedan, vuelan y hasta nadan. En su mayoría, se están construyendo para que puedan llegar a lugares que son de acceso demasiado difícil o peligroso para los seres humanos: el interior de los volcanes para pronosticar la próxima erupción, zonas de combate o profundidades marinas. En cualquier punto de los océanos de todo el mundo, los drones submarinos operados por la Universidad Rutgers de Estados Unidos rastrean temperaturas y corrientes oceánicas que podrían contribuir a pronosticar la intensidad de las tormentas. Mientras tanto, una compañía israelí está trabajando en una ambulancia sin tripulación dirigida a control remoto diseñada para evacuar a soldados durante combates intensos.

Usar robots para la acción humanitaria no es ninguna novedad. Hace años que se utilizan para desactivar bombas y minas terrestres. Más recientemente, los vehículos aéreos no tripulados han comenzado a tener un papel en la fase de recuperación tras un desastre. Durante el tifón Haiyan en Filipinas, se usaron pequeños helicópteros a batería no tripulados para inspeccionar los daños, tomar fotos y mostrar al mundo la devastación.

Los límites de la tecnología

Hasta ahora, las limitaciones de índole tecnológica y económica han impedido su aplicación en las zonas de desastre. Según el Informe Mundial sobre Desastres 2013 de la Federación Internacional, tras la devastación causada por el terremoto y el tsunami en el noreste de Japón en marzo de 2011 con la consiguiente falla en la central de energía nuclear, se emplearon robots de reconocimiento de fabricación japonesa y estadounidense para buscar anomalías químicas, biológicas o radiológicas.

Sin embargo, muchos de los robots desplegados no pudieron usarse durante mucho tiempo, ya que debido al volumen de desechos y radiación pronto dejaron de funcionar. Japón está trabajando en la fabricación de robots bípedos móviles resistentes, que pueden soportar ese tipo de entornos inhóspitos, mientras que una sociedad de investigación militar de Estados Unidos ha ofrecido un premio de dos millones de dólares a las empresas que puedan construir un robot capaz de sustituir a los trabajadores de rescate en situaciones como la de Fukushima.

En cuanto a los vehículos aéreos no tripulados, nos topamos con otras limitaciones. “En los vehículos aéreos no tripulados más pequeños, el problema es la batería”, explica Richardson. “Cuando se trata de volar de un punto A a un punto B, es bastante sencillo. Pero cuando empezamos a hablar de llevar objetos de un lugar a otro, la cosa es totalmente diferente”.

Los avances en la nanotecnología están ayudando a hacer cámaras, microchips y circuitos cada vez más pequeños. Pero por el momento, las herramientas que podrían ser útiles, como los sensores infrarrojos o de visión nocturna, no son prácticas debido a su tamaño, peso y costo.

Según los expertos, lo más probable es que sean los mercados de consumo, como la industria juguetera, los que reduzcan los costos gracias a la producción en masa. Cuando se rompan las barreras tecnológicas y de costos, las ventajas para los trabajadores humanitarios podrían ser inmensas, como sostienen sus partidarios. Los robots podrían trabajar sin descanso y sin dormir, levantar objetos pesados o soportar altas temperaturas.

Mientras tanto, los avances en la inteligencia artificial, que es lo que da a la computadora la capacidad de «pensar» y «ver» —identificar objetos y comprender su entorno— han permitido crear coches que se conducen solos, “robots agricultores” capaces de cosechar, que hasta tienen un toque más humano. En Japón, pionero en robótica industrial, los robots “cuidadores” también ayudan a las personas mayores o a los enfermos a acostarse o levantarse de la cama y hasta son capaces de confortar.

Bots sin fronteras

Pero los robots también plantean serios interrogantes a los trabajadores humanitarios. Si se envían robots o drones a realizar evaluaciones o prestar ayuda a lugares que son demasiado peligrosos para los trabajadores humanitarios, ¿se podría con eso menoscabar la noción de trabajadores humanitarios de carne y hueso capaces de acceder con toda seguridad a las personas necesitadas?

¿Y cómo influyen estos robots en las decisiones tomadas por los seres humanos que los controlan? Los drones y los robots pueden permitir que los trabajadores humanitarios vean más allá y hagan más, pero ¿podrían provocar también un uso excesivo de la acción por control remoto, en la que el sobrevuelo de un dron toma el lugar de la intervención humana directa?

¿Y las personas aceptarán la ayuda que presten drones o robots, o confiarán en ella, especialmente si no está claro quién está haciendo funcionar estos dispositivos? En las zonas de conflicto, ¿la utilización de drones por parte de trabajadores humanitarios podría levantar sospechas si en las mismas zonas hay vigilancia militar e incluso ataques armados con drones que ya están causando tensión psicológica?

Teniendo en cuenta estas preguntas, es comprensible que muchos trabajadores humanitarios se preocupen. Pero Patrick Meier, destacado analista de tecnologías humanitarias, dice que es probable que la manera de ver los drones cambie con el tiempo. “Los vehículos aéreos no tripulados o los drones tienen una connotación militar muy fuerte para muchos de nosotros”, señala. “Pero también la tuvieron los satélites espaciales antes de que Google Earth llevara imágenes de satélite a nuestros hogares”.

Richardson está de acuerdo. “Resultaría muy extraño que una persona llegara ahora a una zona de crisis humanitaria seguida por robots”, dice. Pero una vez que la gente se familiarice con ellos y se vean en más lugares, una vez que haya más drones civiles que realicen tareas como vigilar las cosechas, se irán aceptando… pero desde luego depende del entorno”.


 

 

Illustración ©Pat Masioni/IFRC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Resultaría muy
extraño que una
persona llegara
ahora a una zona de
crisis humanitaria
seguida por robots.
Pero una vez que la
gente se familiarice
con ellos y se vean
en más lugares, una
vez que haya más
drones civiles que
realicen tareas como
vigilar las cosechas,
se irán aceptando”.

Robert Richardson,
experto en robótica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2014 

Copyright