Volver a la página
principal de la revista
 

Ciudades bajo el fuego

 

En los conflictos actuales, en entornos urbanos densamente poblados, cada vez con mayor frecuencia se utilizan armas muy destructivas como piezas de artillería, morteros, bombas lanzadas desde aviones, cohetes y misiles.

 

En las últimas décadas, la población mundial se ha concentrado en las zonas urbanas y, paralelamente, la guerra también se ha vuelto más urbana. En muchos de los conflictos actuales (Gaza, Irak, Israel, Libia, Siria, Ucrania y otros países), las líneas de combate son las calles de una ciudad, donde los habitantes realizan sus actividades diarias como comprar en el mercado, ir a trabajar en coche o ir caminando a la escuela.

Hoy en día, muchos de estos paisajes urbanos están hechos de esqueletos deformados de antiguos edificios y centros comerciales que se erigen sobre montones de escombros y chatarra retorcida, por entre los cuales los habitantes que quedan deben abrirse paso para encontrar el pan de cada día.

Si bien la destrucción evidente en los recientes conflictos es estremecedora, el efecto sobre las personas que viven entre tanta devastación es aún más profundo. “Estas armas explosivas están diseñadas para campos de batalla abiertos, no para zonas urbanas edificadas”, declaró el presidente del CIC R, Peter Maurer, antes de dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre ese tema, el pasado mes de octubre.

“A partir de la evidencia de los conflictos recientes, nos preguntamos seriamente si esas armas pueden emplearse para atacar objetivos militares en zonas pobladas con la suficiente precisión, o incluso si sus efectos pueden ser limitados como lo exige el derecho internacional humanitario (DI H) —agregó—. No se trata de las armas propiamente dichas, sino de dónde y cómo se utilizan.”

Una característica común

La destrucción masiva de las grandes ciudades no es un hecho nuevo en la guerra. El bombardeo de Guernica (España) en 1937 y más tarde el bombardeo de vastas áreas, centros urbanos inclusive, durante la Segunda Guerra Mundial, llevaron a la elaboración de las disposiciones de los Convenios de Ginebra de 1949 (reforzados posteriormente por los Protocolos adicionales de 1977), cuyo objetivo era limitar el número de víctimas civiles y prohibir prácticas como el indiscriminado “bombardeo de área’’.

Mientras tanto, de conformidad con el artículo 51 del Protocolo adicional I, se prohíben los ataques, “cuando sea de prever que causarán incidentalmente muertos y heridos entre la población civil, o daños a bienes de carácter civil, o ambas cosas, que serían excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista”.

“La prohibición jurídica de los ataques desproporcionados y la prohibición de ‘la destrucción indiscriminada de ciudades, pueblos o aldeas, o la devastación que no está justificada por la necesidad militar’ son fundamentales para el derecho relativo a la conducción de las hostilidades”, señalan John Borrie y Maya Brehm, dos expertos en la materia, en un artículo escrito para la Revista Internacional de la Cruz Roja de septiembre de 2011.

Mientras tanto, algunas convenciones recientes que prohíben el uso de otras armas explosivas, tales como las minas terrestres y las municiones en racimo —incluso un protocolo de la Convención sobre ciertas armas convencionales conforme al cual los Estados tienen la obligación de limpiar los restos explosivos de guerra— han añadido peso moral a los argumentos en contra del uso de armas explosivas de efectos indiscriminados en zonas densamente pobladas.

“A pesar de que hoy el ‘bombardeo de área ‘es ilegaly de que muchos Estados ya no consideran aceptable el uso de las municiones en racimo, la utilización de otras armas explosivas, incluso en zonas densamente pobladas, sigue siendo una característica común de los conflictos armados contemporáneos” observan los autores, citando numerosos estudios de caso de los conflictos que existían en 2011 como los de Afganistán, Irak, Líbano, Somalia y Sri Lanka.

Por su parte, el CIC R reconoce que los combatientes ocupan a menudo posiciones en zonas residenciales y otros lugares donde los civiles pueden correr peligro. No obstante, sostiene que las fuerzas de ataque deben tomar precauciones en todo momento para reducir al mínimo el efecto de sus operaciones sobre la población civil, incluso mediante la elección de medios y métodos de guerra. Es imprescindible que se contemple la posibilidad de utilizar armas y tácticas alternativas.

El número de víctimas

Hoy en día, los conflictos en Siria, el combate en Israel y Gaza y los enfrentamientos en Ucrania son ejemplos contemporáneos patentes de lo que sucede cuando se utilizan dispositivos explosivos en zonas civiles.

En Gaza, la infraestructura pública, los establecimientos médicos y de salud, así como las escuelas, han sufrido graves daños o han sido destruidos. Más de 2.100 personas han perdido la vida, casi 11.000 han resultado heridas y, según estimaciones, unas 108.000 no podrán regresar a sus hogares.

La red de suministro de agua y las instalaciones eléctricas han quedado muy dañadas, mientras que el sector sanitario se ha visto exigido más allá de su capacidad y los hospitales han sido atacados con bombas u otras municiones. “La destrucción en la Franja de Gaza no se limita a los bienes y la infraestructura de carácter civil”, precisa Younis Al Khatib, presidente de la Media Luna Roja Palestina. “Los efectos en la salud y en los medios de subsistencia de los ciudadanos de Gaza han sido también considerables.”

Por otro lado, los misiles lanzados desde Gaza a las zonas residenciales y urbanas de Israel se cobraron la vida de por lo menos cinco personas, entre ellas un voluntario del Magen David Adom, causaron más de 800 heridos y obligaron a entre 5.000 y 10.000 personas a abandonar sus hogares.

En este contexto, el CIC R ha reiterado los llamamientos (de los que se hicieron eco la Federación Internacional y las Sociedades Nacionales) a ambas partes en el conflicto para que se preserven las zonas civiles y se respete el derecho internacional humanitario. “La cantidad de víctimas civiles y la amplitud de la destrucción son mayores que cualesquiera de las ocasionadas en la zona en los últimos años”, precisó Robert Mardini, jefe de Actividades Operacionales del CIC R en Oriente Próximo.

Los trabajadores humanitarios corren peligro

En los conflictos actuales que tienen lugar en las zonas urbanas, los trabajadores humanitarios corren también graves peligros cuando realizan sus tareas de evacuación de heridos o de asistencia a la población civil porque quedan muy expuestos. Entre los 38 trabajadores de la Media Luna Roja Árabe Siria y los siete trabajadores de la Media Luna Roja Palestina muertos durante el conflicto sirio, varios fueron objeto de ataques con armas explosivas de efecto indiscriminado.

En julio de 2014, dos trabajadores de salud de la Media Luna Roja Palestina fueron muertos y otros tres resultaron heridos en el ejercicio de sus funciones cuando las ambulancias en las que iban fueron atacadas a pesar de estar claramente señaladas con el emblema de la Media Luna Roja. Y en agosto, un voluntario del Magen David Adom en Israel murió a consecuencia de un ataque con misiles perpetrado contra el kibutz donde vivía.

“Dado el deterioro de la situación de seguridad, estamos muy preocupados por nuestro personal”, señala Noam Yifrach, presidente del Comité Ejecutivo del Magen David Adom. “Sobre todo porque, en vista de la duración de esta fase de emergencia, hemos tenido que desplegar a más voluntarios y empleados en las zonas donde desplegamos operaciones.”

Entre tanto, en el este de Ucrania la lucha continuaba y los civiles seguían pagando un precio muy alto ya que el bombardeo intermitente de zonas residenciales en las ciudades de esa parte del país como Lugansk puso en peligro la vida de estos y de los actores humanitarios.

En septiembre, un mortero que cayó fuera de las oficinas del CIC R mató al delegado del CIC R de nacionalidad suiza Laurent du Pasquier, de 38 años, quien trabajaba como administrador y había realizado misiones en Egipto, Haití, Pakistán, Papua Nueva Guinea y Yemen.

“Estamos extremadamente apenados por esta trágica pérdida”, ha declarado el director de Actividades Operacionales del CIC R, Dominik Stillhart. “El bombardeo indiscriminado de zonas residenciales es inaceptable y conculca el derecho internacional humanitario.”


El uso de armas de gran potencia explosiva en las zonas urbanas suele causar tal devastación que los civiles sobrevivientes deben buscar entre los escombros lo que necesitan para subsistir. Los barrios, que una vez fueron prósperos, quedan sin energía eléctrica y sin sistemas de agua y saneamiento y con la economía desmantelada. El daño causado por estas armas es tan importante que las personas que han huido no pueden regresar a sus hogares durante años.
Fotografía: ©Teun Anthony Voeten/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La cantidad de víctimasciviles y la amplitud de la destrucción sonmayores que cualquiera de las ocasionadas enla zona en los últimosaños.”
Robert Mardini, jefe de Actividades Operacionales del CICR en Oriente Próximo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mientras siguen los conflictos, el Movimiento hace todo lo posible por mantener funcionando los servicios básicos. En esta foto, integrantes del equipo de agua y hábitat del CICR y de la Media Luna Roja Árabe Siria se reúnen con los funcionarios locales de la entidad que suministra la electricidad en Damasco (Siria).
Fotografía: ©Media Luna Roja Árabe Siria

 

 

 

 

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2014 

Copyright

S