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Un pueblo exhausto

 

A medida que se fue intensificando el conflicto en Yemen muchos organismos humanitarios se vieron obligados a retirarse y los trabajadores locales del Movimiento se convirtieron en el elemento principal de la intervención humanitaria. Estas son algunas de sus historias.

 

“EN MEDIO DE LA NOCHE, llegó a mis oídos el estrépito de las explosiones. Parecía una pesadilla; cerré los ojos y pensé: ‘¿Cuántas bolsas para cadáveres se van a necesitar mañana? Por el ruido, seguramente serán muchas.’”

Eran algunos de los pensamientos que cruzaron la mente de Fátima Al Yamani una noche de no hace mucho tiempo. “Por la mañana, como si nada hubiera pasado, traté de prepararme el café solo para recordar que habían cortado la electricidad hacía varias semanas”, continúa Fátima, delegada de protección de la delegación del CICR en Saná. “Todos los aparatos eléctricos de la cocina están muertos y me miran en silencio.”

“Tratando de llegar a la oficina camino sola por las calles en las que antes había embotellamientos y ahora se han convertido en largos espacios vacíos y oscuros. Sin combustible, sin coches, sin gente. Para hacer el viaje más corto, trato de pensar en otras fuentes de energía, en algo que pueda dar vida a todo este silencio que me rodea.”

Esta es tan solo una escena de la vida cotidiana de Yemen, un país que ha llegado al colmo tras meses de intensos combates, ataques aéreos, bombardeos y sanciones económicas. Los momentos de silencio extremo se ven interrumpidos por disparos y explosiones. Tareas diarias simples, como hacer el café, encontrar comida o atravesar la ciudad para ir al trabajo son a menudo imposibles debido a la falta de seguridad, energía y combustible.

En este caos, a la gente común le resulta muy difícil llevar adelante su vida. A medida que el número de víctimas y de heridos aumenta, los insumos y equipos médicos vitales se van agotando en los hospitales y dispensarios. Otros artículos de primera necesidad, como el agua, los alimentos y el combustible, también escasean en muchas partes del país.

Los únicos que quedan

Gracias al personal y los voluntarios que siguen en el terreno, el Movimiento trata de prestar ayuda vital de alguna manera. Aunque la mayoría de las organizaciones internacionales han retirado a sus colaboradores por razones de seguridad, el CICR mantiene a 30 integrantes de los equipos móviles y 190 empleados yemeníes repartidos en las oficinas de Sadá, Saná, Taiz y Adén.

Estos trabajadores humanitarios, junto con el personal y los voluntarios de la Media Luna Roja de Yemen, que también han sufrido mucho a causa del conflicto, siguen trabajando día y noche a pesar de las numerosas dificultades que enfrentan, como el desarraigo y la pérdida de seres queridos. La labor que efectúan es sumamente peligrosa. Hasta la fecha, cuatro voluntarios de la Media Luna Roja de Yemen han resultado muertos en el desempeño de sus ta­reas. Jameela Naji Burut, voluntaria de la sección de Hajja de la Sociedad Nacional Yemení, perdió la vida recientemente en un ataque aéreo mientras auxiliaba a los heridos.

A pesar de los peligros, que los obligan a restringir sus movimientos, la mayoría de estos voluntarios y los colaboradores del CICR trabajan las 24 horas del día debido a las exigencias que impone la situación.

Desde que estallaron los enfrentamientos, el CICR ha apoyado al hospital Al Gomhoriah, principal hospital de derivación de Adén y las go­bernaciones vecinas. Ala Sahim, encargado de salud de la subdelegación de Adén, está viviendo en el hospital desde el 25 de marzo. “No pude llegar a mi casa debido a las barricadas y tenía miedo de no poder volver al hospital, donde se me necesita, por eso me quedé”, cuenta.

Adén era tal vez la ciudad más peligrosa en Yemen. En marzo de este año, la mayoría del personal móvil se vio obligado a salir de la ciudad y en cierto momento el hospital tuvo que ser evacuado debido a los enfrentamientos en torno al recinto hospitalario. “Estamos consternados porque las partes beligerantes no respetan este centro de salud neutral”, señaló Cedric Schweizer, jefe de la delegación del CICR en ese momento.

Sahim se encargó de dirigir la evacuación y regreso de unos 120 pacientes. “Fue muy difícil llevar adelante el programa de respuesta de emergencia en medio de intensos combates”, dice. Y añade que con el apoyo del jefe de la subdelegación y el personal residente, lograron superar las dificultades y atender a 800 heridos de guerra en un mes.

Ingentes necesidades

Tampoco ha sido fácil prestar socorro a las personas atrapadas por los combates, asegura Basheer Jubran, ayudante en la subdelegación de Sadá. “La vida de las personas es un sufrimiento permanente a causa de los combates”, dice. “El CICR hizo todo lo posible por satisfacer las ingentes necesidades, especialmente en el ámbito de la salud.”

“Pero los caminos no eran seguros y había víctimas atrapadas en muchas partes. Por lo tanto, enviamos insumos a las estructuras de salud para que pudieran responder.”

Al mismo tiempo, muchos miembros del personal se han visto afectados directamente por los ataques aéreos, que les hicieron perder seres queridos y su casa, dice Faris Beshari, encargado de seguridad económica. A veces -señala- tuvieron que interrumpir su labor diaria porque fueron des­plazados con sus familias y tuvieron que buscar un lugar seguro.

“En general, el acceso al terreno es más complicado que antes, pero todavía podemos prestar asistencia en algunas zonas afectadas”, añade Beshari. “Me siento muy motivado para brindar asistencia a las víctimas de los combates, a pesar de las dificultades y riesgos que enfrentamos en el terreno.”

Adnan Hizam y Malcolm Lucard
Malcolm Lucard es redactor de la revista Cruz Roja Media Luna Roja; Adnan Hizam es delegado de comunicación en la subdelegación del CICR en Saná.


Los civiles han sufrido lo indecible durante los enfrentamientos en Yemen. En la fotografía, un equipo de protección del CICR evalúa los daños causados por los enfrentamientos en un barrio de Saná en mayo de 2015, en los que más de 25 civiles resultaron muertos.
Fotografía: ©Thomas Glass/CICR


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Tratando de llegar a la oficina camino sola por las calles en las que antes había embotellamientos y ahora se han convertido en largos espacios vacíos y oscuros. Sin combustible, sin coches, sin gente.”
Fatimah Al Yamani, delegada de protección de la delegación del CICR en Saná

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Muchas personas quedaron malheridas. Este muchacho sufrió quemaduras graves y perdió a muchos familiares al explotar un camión con gas a raíz de los enfrentamientos en Saná. A pesar de que las instalaciones de salud también fueron el blanco del fuego, el personal médico ha continuado su labor de asistencia a los heridos.
Fotografía: ©Thomas Glass/CICR

 

 

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