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Más allá de lo que exige el deber

por Bob McKerrow

Confrontados con dificultades insuperables, el personal y los voluntarios de la Media Luna Roja Afgana no han dejado de cumplir su cometido. Un delegado de la Federación explica que el colaborar con ellos le ha servido para renovar su propio compromiso con la causa de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

En diciembre de 1993 visité por primera vez a Abdul Basir, jefe del Departamento Internacional de la Media Luna Roja en Kabul; en su oficina faltaba un muro, arrancado por un misil unos pocos días antes. Por fortuna, Basir no estaba en su despacho cuando ocurrió. Ahora, sólo una manta servía de amparo contra el viento helado del invierno. Mientras hablaba con mi anfitrión, uno de sus subalternos entró apresuradamente. Necesitaba con urgencia hacer la fotocopia de un importante documento de un menor huérfano que viajaba al extranjero para recibir tratamiento médico. Basir sacó 1.000 afganis de su propio bolsillo, para pagar la fotocopia, que su colega partió a hacer al centro de la ciudad, distante a unos 30 minutos de caminata.

Por esos días, la sede de la Sociedad de la Media Luna Roja Afgana (MLRA) era probablemente la única sede de una Sociedad Nacional que carecía de electricidad y no tenía prácticamente ningún contacto con el resto del mundo.

Además, Abdul Basir no había recibido su sueldo de los últimos seis meses porque al cabo de 15 años de conflicto en Afganistán, se había producido el colapso de las fuentes habituales de recaudación de fondos. No obstante, él y otros 350 empleados de la sede de la MLRA seguían cumpliendo con su trabajo día tras día, sabiendo que no iban a ser pagados al terminar el mes. Algunos miembros del personal habían tenido que trasladar a sus familiares a zonas más seguras de Afganistán o a Pakistán, y con suerte podían verlos una vez al año. Quienes habían preferido quedarse en Kabul con sus familias se habían visto obligados a cambiar de domicilio varias veces en los últimos dos años, en función del desplazamiento de las zonas de enfrentamiento en la capital.

Afortunadamente, gracias al apoyo de la Federación y el CICR, y a la generosidad de diversas Sociedades Nacionales, la situación ha mejorado mucho desde aquel día en que entré por primera vez al despacho de Abdul Basir. Se ha reparado el viejo generador, se han pintado las salas con colores claros y se las ha equipado de calefactores que hacen más llevaderos los rigores del invierno. La Cruz Roja Británica ha construido un taller mecánico donde se reparan una gran cantidad de vehículos. El personal recibe una asignación de incentivo otorgada por la Federación en sustitución de los sueldos, mientras se buscan medios de establecer un nuevo sistema de recaudación de fondos.

 


Dedicación ejemplar

A pesar de la carencia de instalaciones y equipos modernos, y de la separación forzosa de sus familias, el personal y los voluntarios de la MLRA prestaron asistencia a 1.250.000 personas en 1994.

“Este grado de dedicación a la causa es moneda corriente en la Sociedad Nacional, dice Sakhi Dad Fayez, Presidente de la MLRA. Cuando visité la región de Samangan, en el norte de Afganistán, la clínica de la MLRA funcionaba aún. A pesar de no haber cobrado el sueldo ni haber recibido suministros sanitarios durante un año, el Dr. Hasamudin Hamnawa, dos enfermeras y un químico farmacéutico seguían en sus puestos. Cuando le pedí al Dr. Hamnawa que me explicara las razones de tal dedicación me respondió: “Cumplimos con nuestro deber. La jihad (guerra santa) ha terminado. Ha llegado la hora de que quienes hemos recibido una mejor formación contribuyamos a la reconstrucción de Afganistán.”

Muchas veces me he preguntado: ¿Seguiría trabajando en Afganistán si no hubiera recibido mi sueldo en los últimos seis meses? Y conozco muy bien la respuesta.

El compromiso con la asistencia humanitaria no es privativo del personal empleado a tiempo completo, también lo demuestran los numerosos voluntarios de la MLRA. “Durante los últimos nueve meses, más de 150 jóvenes voluntarios han estado colaborando en Kabul”, informa Farooq Jalalzaz, Jefe de la Juventud de la Sociedad Nacional. “La mayoría son socorristas con un alto nivel de formación, que trabajan de voluntarios en las clínicas de la MLRA y participan en operaciones de reparto de suministros de urgencia, encuestas y programas sociales.”

Temple de voluntario

Hace poco acompañé a Abdul Basir a la aldea de Qarluk, en las montañas de Badakshán. Con apenas 750 habitantes, y situado en la retirada zona de Hindu Kush, el pueblo había sido arrasado por un gigantesco deslizamiento de tierra en el que murieron 350 personas. Sólo tres mujeres de la aldea salvaron la vida, y muchos niños perecieron en esta tragedia. Cuando llegamos casi todos los hombres, estaban agrupados y pesaba sobre ellos la aflicción y el desconcierto. Basir los abrazó uno a uno y les habló con compasión y dignidad. Les dijo que el Movimiento compartía su congoja y que debían encontrar las fuerzas necesarias para soportar su desgracia.

Al día siguiente, después de distribuir la ayuda de urgencia a cada familia, Basir montó en un caballo que le prestaron y atravesando un elevado paso de montaña se fue rumbo a los dos aldeas de Teshkán, donde 7.000 personas y sus hogares corrían peligro de ser aplastados por una masa de roca inestable y barro acumulada en las alturas. Reconfortó a los dirigentes de las aldeas y los alentó a evacuar la zona inmediatemente. Luego, caminó dos horas por un escarpado sendero para recuperar el caballo y emprender el camino de regreso.

Hombre sencillo, que viste como un campesino, con una espesa barba, ojos vivaces y una sonrisa espontánea, Basil tiene un gran corazón, siempre se ocupa de los demás y muy poco de sí mismo. A comienzos de mayo, fue enviado a Seúl, Corea, junto con Zaheer Shah, un joven voluntario, para representar a la MLRA ante la Convención de Voluntarios de Asia y el Pacífico. Al recibir la invitación me dijo: “No debería ir, pues no soy voluntario”. Le respondí, bromeando: “Cierto, usted es funcionario a tiempo completo, pero como hace seis meses que no recibe sueldo, creo que se puede considerar voluntario.”

 

Bob McKerrow
Jefe de la delegación de la Federación en Afganistán.

 


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