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El pie no tiene nariz

por Vivian Humphrey

“No tengo palabras para expresar el asombro y la congoja que me embargaron cuando ustedes atacaron al pueblo de Beerseba, gente que no les había hecho nada.” Rey Moshweshwe I, Lesotho, 1858.

La responsabilidad que incumbe tanto al individuo como a la colectividad de velar por los vulnerables, proteger a los indefensos y respetar al combatiente caído es un viejo principio de la cultura africana. Los valores humanitarios básicos existían ya mucho antes de que el regente del pueblo basuto escribiera a un general boer las líneas antes citadas, para expresar su indignación por lo que consideraba una violación de las prácticas y reglas consuetudinarias.

Unos años después de ese incidente, los gobiernos europeos llegaron a un acuerdo para plasmar reglas humanitarias semejantes en un tratado, que se convirtió en el Primer Convenio de Ginebra. Hoy, en zonas de Sudáfrica donde aún siguen encendidas las brasas de tensiones y conflictos intercomunitarios, el CICR busca medios de traducir el sofisticado lenguaje jurídico de aquellas normas a términos y conceptos que los africanos puedan entender con mayor facilidad.

“La terminología importada de Europa puede impregnar el mensaje, dándole un carácter de colonialimo cultural. Eso es precisamente lo que queremos evitar en nuestras actividades de difusión en el contexto sudafricano, es decir, ayudar a la población a comprender que estos valores y principios están profundamente arraigados en su propia cultura y sociedad”, comenta Rafael Olaya, delegado del CICR encargado de difusión.

La adaptación de los mensajes para facilitar que las comunidades los acepten y lograr acceso a ellas para reforzar el respeto de las reglas humanitarias básicas, comenzó a practicarse en 1994 en el ex territorio autóctono de Transkei, mediante una campaña que consistió en presentar en forma novedosa los valores humanitarios contenidos en relatos folkóricos y utilizando el proverbio xhosa “el pie no tiene nariz” (véase el recuadro), procedimiento entretenido que ha dado resultados alentadores.

 

“UNYAWO-ALUNAMPUMLO”

“Unyawo-alunampumlo” es un proverbio conocido por todos los sudafricanos de lengua xhosa, que expresa un principio moral básico de su sociedad. Literalmente significa “el pie no tiene nariz”. Por “pie” se entiende al viajero, o a la persona que ha tenido que dejar su comunidad; la “nariz” se refiere a la aptitud de las personas para advertir (olfatear) el peligro. Todo aquél que se encuentre en medio de desconocidos, en un lugar lejano, no puede contar con nadie en caso de apuro. No tiene defensa y está a la merced de los habitantes del lugar. “Unyawo-alunampumlo” se refiere a estos forasteros. El proverbio recuerda a los xhosa la obligación moral de ofrecer protección a los indefensos, porque algún día ellos también podrían encontrarse en tierra extraña.

El CICR se ha servido de este proverbio para explicar que la protección de niños, ancianos, heridos y prisioneros es un deber, porque son seres indefensos que están a la merced de otros, y merecen compasión.

Una breve expresión, unyawo alunampumlo, hace que los xhosa se identifiquen con las víctimas, y los lleva a darles el mismo trato que quisieran recibir en caso de que se invirtieran los papeles.

 

Eliminar barreras

Estimulado por el éxito de la campaña, el departamento de difusión del CICR en Pretoria ha comenzado a preparar una estrategia de difusión a largo plazo para Sudáfrica, en la que se adapta el concepto de humanismo africano, o ubuntu, concepción esencialmente africana, que no resulta fácil expresar en idiomas occidentales. “Esta noción define una cualidad humana positiva, y supone un respeto fundamental por la vida, la dignidad, la seguridad y la prosperidad de todos los seres humanos”, explica Phil Somo, encargado de operaciones del CICR. “Que alguien carezca de ubuntu conlleva una serie de connotaciones negativas, y se considera sumamente pernicioso.”

El mensaje de respeto, tolerancia y compasión por los vulnerables puede comunicarse mediante dicho concepto y los proverbios que recogen lo que ha de ser un comportamiento humanitario.

“Este procedimiento permite eliminar barreras entre el divulgador y la asistencia. De lo que dice el orador, la gente retiene aquello que guarda relación con su propia experiencia; no se trata, pues, de limitarse a dar información sino de influir en el “comportamiento”, dice Hloni Zondi, funcionario del CICR encargado de difusión.

Un nuevo enfoque

La puesta en práctica de este enfoque no es cosa fácil, por cuanto exige que el personal de la Cruz Roja se aparte de los métodos tradicionales de difusión e integre su mensaje a otra cultura. Cabe señalar que el CICR no es la única institución que hace esfuerzos por encontrar aplicaciones prácticas a esta filosofía. En círculos universitarios de Sudáfrica se considera que un renacimiento del ubuntu tendría resultados de incalculable valor para la renovación de las esferas social, económica y política.

Las iniciativas del CICR y la Cruz Roja Sudafricana se han circunscrito principalmente a la región Kwazulu-Natal, donde subsiste una gran inestabilidad política, lo que explica la urgencia de la difusión. El aporte de la Sociedad Nacional es vital, ya que sus colaboradores conocen bien la situación de las comunidades. Al igual que en Transkei, el CICR persigue el objetivo de poner en marcha las primeras medidas de planificación y formación, para luego transferir la gestión del proyecto al personal de terreno que de todos modos podrá solicitar la ayuda del Comité cuando sea necesario.

El proyecto está todavía en preparación y ha de ser perfeccionado antes de ponerlo en práctica. “Se trata de un programa importante y a largo plazo, cuyo interés particular reside en que puede aplicarse tanto en condiciones de paz como de conflicto”, dice el Sr. Olaya. “La participación de la Cruz Roja nacional lo transforma en un proyecto del pueblo de Sudáfrica, por lo que deja de ser una idea impuesta desde el exterior.”

 

El rey Moshweshwe I, humanista Africano

In 1858, el litigio de fronteras entre el Estado Libre de Orange y Lesotho dio lugar a un conflicto armado. En el curso de la ofensiva contra la capital de Lesotho, que no lograron tomar, y la ulterior retirada, los soldados de Orange atacaron a la población y destruyeron hogares, cultivos y ganado. Respondiendo al mensaje de Jakobus Boshof, presidente del Estado Libre de Orange, proponiendo la paz, el rey Moshweshwe I de Lesotho escribía:

“Sus emisarios llegaron ayer por la noche, portadores de una carta en la que Ud. habla de paz. Deploro que no lo hubiera hecho antes de utilizar el lenguaje de la guerra. No tengo palabras para expresar el asombro y la congoja que me embargaron cuando ustedes atacaron al pueblo de Beerseba, gente que no les había hecho nada.

En esa carta, usted habla de sí mismo y se dice cristiano. Desde hace tiempo yo sabía que usted lo era, pero supongo que los mandos de su ejército no han de ser cristianos todavía, y si resulta que sí lo son, como lo pretenden, tendremos que concluir que Dios no existe. No, los oficiales de su ejército no son cristianos, porque nunca creeré que el cristianismo consista en someter a mujeres y a niños al cautiverio o en disparar a quemarropa contra ancianos y enfermos. Y eso es precisamente lo que han hecho los soldados de su ejército...

Sus guerreros merecen una severa reprimenda. Me inclino a creerle cuando dice que su ejército ha decidido retirarse de mi país en aras del restablecimiento de la paz. Empero, si tales eran sus motivaciones, la retirada debería haber sido el comienzo de esa paz. Entonces ¿por qué, prendieron fuego a las aldeas desiertas y a cada brizna de hierba de nuestros campos? ¿Podría alguien asombrarse si yo, que no soy sino un pagano y un bárbaro, siguiera el ejemplo recibido de un pueblo civilizado y cristiano? Por cierto, si mi corazón me permitiera hacer lo que vuestros hijos han hecho, tendría suficientes motivos de someter a cautiverio a vuestras mujeres y a vuestros hijos, y de enviar a vuestros ancianos, vuestros enfermos, vuestros ciegos y vuestros inválidos a la eternidad. Tampoco podría usted hacerme ningún reproche si incendiara todas sus ciudades pero eso sería un desastre demasiado grande...

He informado a mis subordinados de las gestiones que hemos emprendido usted y yo; quisiera que implorásemos a Dios para que esta correspondencia pueda conducirnos al restablecimiento de la paz.”

     

Vivian Humphrey
Funcionaria del servicio de información del CICR en Pretoria.

 


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