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Valores universales
para un mundo cambiante

por Christina Grisewood

En diciembre tendrá lugar en Ginebra una reunión sin parangón, convocada bajo el lema “¡Mantengamos viva la esperanza!”. Por primera vez en casi un decenio, gobiernos del mundo entero y representantes del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se congregarÁn para abordar los imperativos humanitarios de nuestros días. En los últimos tiempos, las sesiones fueron tormentosas y esta vez, la Conferencia suscita grandes temores y expectativas, sentimientos propios a un evento en el que se procurará mejorar la condición de la humanidad.

Será la primera conferencia de una nueva era. La Conferencia Internacional, que naciera pocos años después de creada la Cruz Roja, ajusta sus mecanismos para encarar las tareas que le incumben en la actualidad; tareas tan vastas e intimidantes que no faltan quienes dudan de que una reunión de tal naturaleza sirva siquiera para comenzar a abordarlas; renunciar a organizarla sería un fracaso mayor.

La Conferencia Internacional es la manifestación más notoria de la estrecha relación entre el Movimiento y los gobiernos. No existe ningún otro foro donde éstos acepten encontrarse con organizaciones privadas para tratar con ellas, en pie de igualdad, cuestiones que les interesan.

Otras peculiaridades caracterizan a la Conferencia Internacional, ya que los gobiernos participan pero las deliberaciones se centran exclusivamente en cuestiones humanitarias y la labor ha de traducirse en hechos concretos. A menudo conferencia se asocia con inercia pero el diálogo entablado con los gobiernos en este foro es decisivo para la eficiencia del Movimiento que, a su vez, tiene sumo interés en llevar a la práctica las ideas que surgen en el mismo.

“La Conferencia Internacional ofrece al Movimiento y los Estados partes en los Convenios de Ginebra, una óptima oportunidad de recordarse mutuamente los deberes que tienen para con la humanidad y entre sí. Habida cuenta de la rapidez con que cambia el mundo y de la frecuencia de los desastres que se registran en todo el planeta, es vital que no haya malentendidos en cuanto a las decisiones de los gobiernos y las intervenciones del Movimiento”, estima Esther Okwanga, Secretaria General de la Sociedad Nacional de la Cruz Roja de Zimbabue.

 

 

Era hora

Organizada conjuntamente por el CICR y la Federación, esta será la XXVI Conferencia Internacional del Movimiento, creado hace más de un siglo. Una iniciativa que en principio se circunscribía a la Cruz Roja, rápidamente fue secundada por los gobiernos, y desde entonces, salvo contadas interrupciones, éstos y el Movimiento se han reunido cada cuatro años para tratar asuntos de interés humanitario.

Nueve años cargados de acontecimientos han transcurrido desde la última Conferencia Internacional, período caracterizado por convulsiones políticas que han cambiado la faz del mundo, planteando nuevos problemas y desafíos que los gobiernos y el Movimiento deben encarar sin demora.

A juicio de André Pasquier, asesor del Presidente del CICR, “la necesidad de celebrar una conferencia es hoy más imperiosa que nunca. Tenemos que volver a organizar y definir muchas cosas. Nadie sabe a ciencia cierta dónde va el mundo y es imprescindible consolidar nuestra base común, asentada en unos cuantos principios y procedimientos humanitarios inatacables.”

De no haber sido suspendida, la Confe-rencia que debía celebrarse en Budapest en 1991, hubiera sido la primera tras el fin de la guerra fría. Si damos una mirada retrospectiva a los 40 años posteriores a la segunda
guerra mundial, el ambiente político resulta relativamente estático, casi
predecible. Hecho que lógicamente trasuntaba en la Conferencia Inter-nacional cuyos resultados se determinaban de antemano.

Hoy no hay certeza alguna. Lejos de dar paso a una época de paz y prosperidad generalizadas, la ruptura del equilibrio entre los bloques de otrora ha generado desorden en regiones enteras, entrañado la dislocación de algunos Estados y provocado una nueva retahíla de conflictos, al tiempo que los que habían surgido durante la guerra fría cobraban proporciones alarmantes.

Paralelamente, las crisis económicas prolongadas, el aumento de la criminalidad, la agudización de la pobreza, el deterioro del medio ambiente y el acelerado proceso de urbanización han agravado las consecuencias de las catástrofes tanto naturales como provocadas por el hombre. En este clima de incertidumbre y desesperanza, hace ya mucho tiempo que debería haberse convocado una conferencia de esta índole para estudiar las cuestiones humanitarias más acuciantes.

Quien nada hace nunca se equivoca

Algunos integrantes del Movimiento son escépticos pues aún tienen presente el fracaso de las dos últimas conferencias. La XXV, celebrada en Ginebra en 1986 fue teatro de una gran confusión desde el comienzo, cuando tras un acalorado debate se aprobó la moción de suspender la participación de la delegación gubernamental de Sudáfrica. En 1991, la Conferencia que debía celebrarse en Budapest fue aplazada a raíz de la controversia en torno a la participación de una delegación palestina.

En ambas oportunidades, algunas Sociedades Nacionales consideraron que la mala publicidad producto de estos incidentes había desfigurado considerablemente la imagen del Movimiento que, en principio, ha de mantenerse al margen de consideraciones políticas. Se teme que de ocurrir algo semejante este año, los daños sean irreparables.

“La Conferencia Internacional debe demostrar al mundo que la comunidad es conciente de la importancia del quehacer humanitario, sobre todo en estos momentos en que somos testigos de atrocidades y violaciones de todos los convenios humanitarios. Si la Conferencia fracasa, será un rudo golpe para la humanidad”, asevera Jörgen Poulsen, Secretario General de la Cruz Roja Danesa.

Por su parte, el Sr. Pasquier comenta: “Cuando se analizan los motivos del fracaso de las dos últimas Conferencias queda claro que nuestras actividades tienen lugar en un contexto que no cesa de cambiar. Hay muchos factores que resulta imposible prever. La situación en Sudafrica que parecía un problema insuperable hace nueve años, hoy se ha resuelto pacíficamente. Asimismo, la cuestión palestina esta en vías de solucionarse, al menos en parte. Si en aquel entonces suscitaron tanto furor fue porque se creía que las posibilidades de solucionarlas eran muy remotas. En la reunión de este año, los participantes deberían tener más claro que nunca que las cuestiones en juego van más allá de los intereses del momento.”

Los periodistas más fogueados, habituados a las idas y venidas de las conferencias, también son proclives al escepticismo. “Asisto a todas las conferencias que puedo, y procuro escuchar los debates. Siempre tengo la impresión de que lo único que quedan son palabras, y que los problemas no se abordan en forma consistente y continua”, dice Peter Capella, corresponsal en Ginebra de las emisiones en lengua inglesa de Radio Suiza Internacional.

Los gobiernos, a su vez, han manifestado reservas en cuanto a la utilidad de la reunión en su conjunto. Un representante gubernamental que asistiera a las sesiones preparatorias recalcó que no se estaban planteando problemas fundamentales, como por ejemplo, probables controversias respecto a la participación de tal o cual delegación. Algunos gobiernos temen que su papel se reduzca al de espectadores pasivos de los debates de los miembros de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja acerca de cuestiones internas.

“Quienes cuestionan la utilidad de la Conferencia no se dan cuenta de que representa una oportunidad excepcional. Por supuesto que se corren riesgos, pero hay que recordar que quien nada hace nunca se equivoca”, concluye el Sr. Pasquier.

 

Ciudades anfitrionas de la Conferencia Internacional

Berlin (1869)
Bruselas (1930)
Bucarest (1977)
Estambul (1969)
Estocolmo (1948)
Ginebra
(1884,1921,1923,1925,1986,1995)
Karlsruhe (1887)
La Haya (1928)
Londres (1907,1938)
Manila (1981)
Nueva Delhi (1957)
París (1867)
Roma (1892)
San Petersburgo (1902)
Teherán (1973)
Tokyo (1934)
Toronto (1952)
Viena (1897,1965)
Washington (1912)

 

Un diálogo vital

Los temas del orden del día de la Conferencia son objeto de una cuidadosa selección, en función de la urgencia de los mismos y de la necesidad de lograr un consenso. Después de la sesión plenaria que se celebrará el primer día, se formarán dos comisiones. Una se ocupará de la divulgación y observancia del derecho internacional humanitario, y de la protección de los civiles en tiempo de guerra.

La otra estudiará diversas facetas esenciales de la labor del Movimiento con miras a garantizar que los programas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja respondan idónemante a los rápidos cambios que se operan en el mundo. Esta comisión tratará una gran variedad de temas, entre ellos, el Código de Conducta profesional para las organizaciones que intervienen en caso de desastre, el vasto problema de los refugiados y los desplazados, y el equilibrio entre la autonomía de las Sociedades Nacionales y la función de las mismas en calidad de auxiliares de los poderes públicos.

El orden del día permite comprender fácilmente el gran interés de los miembros del Movimiento por el éxito de la próxima Conferencia. Los gobiernos ¿están dispuestos a que así sea? No cabe duda que sí.

Toni Pfanner, jefe de la División Jurídica del CICR, opina que habiendo elaborado y ratificado los Convenios de Ginebra y los Protocoles Adicionales, “los gobiernos tienen un verdadero interés en seguir de cerca todos aquellos acontecimientos que puedan incidir en estos tratados. A su vez, los Convenios de Ginebra confieren al CICR y las Sociedades Nacionales la facultad de actuar en nombre de aquellos a quienes amparan. De ahí que mantener el diálogo sea vital.”

Huelga decir que el problema principal es el incumplimiento generalizado de Convenios y Protocolos en todo el mundo. Conocida la real dimensión de los horrores de la segunda guerra mundial, los Convenios de Ginebra fueron revisados en 1949 para incorporar disposiciones relativas a la protección de los civiles en tiempo de guerra. Pero el espectro de las atrocidades perpetradas en los conflictos armados posteriores no ha cesado de ampliarse, citemos como ejemplo: el genocidio en Ruanda; la “limpieza étnica” en la ex Yugoslavia; el bombardeo de zonas civiles en Afganistán; la pauperización, la contaminación de aguas y el hambre como medios de sojuzgar a comunidades enteras, y el empleo generalizado e indiscriminado de minas.

“En los conflictos armados actuales se infringen las reglas más elementales de humanidad. Cabe preguntarse si realmente hablamos de guerra, cuando cada uno es enemigo del otro, cuando el odio y la crueldad no son ya consecuencias sino fines en sí mismos”, comenta el Sr. Pasquier.

La Conferencia tratará de destacar que estas violaciones de los derechos humanos son inadmisibles, pues no sólo infringen el derecho internacional sino también los preceptos fundamentales de humanidad. “A los Estados incumbe la responsabilidad de encontrar medios para poner coto a estos hechos alarmante y garantizar el respeto del derecho internacional humanitario pues son ellos quienes dictan las normas”, observa el Sr. Pfanner.

Más allá de los tratados

En el orden del día de la Conferencia también figuran temas que si bien no guardan relación con instrumentos de derecho internacional humanitario, revisten una importancia análoga.

Uno de estos temas es el papel de las Sociedades Nacionales y la relación de las mismas con los gobiernos de sus respectivos países.

“Queremos hacer saber a los gobiernos que disponemos de una estructura única en su género. En cada país existe una Sociedad Nacional arraigada en su propia cultura y con un enorme potencial. A su vez, estas organizaciones nacionales forman parte de una inmensa red internacional que les confiere una gran fuerza y sólidos vínculos de solidaridad”, dice la Sra. Anja Toivola, Directora interina del Departamento de Desarrollo Institucional y Recursos de la Federación.

Hoy hay más Sociedades Nacionales que diez años atras, y las de los países en desarrollo representan una gran proporción. Además, tras la desintegración de la Unión Soviética surgieron otras tantas Sociedades Nacionales. Estas no cuentan forzosamente con la capacidad necesaria para asumir las situaciones de crisis que han de encarar. En la mayoría de las regiones más expuestas a las catástrofes, las necesidades son inmensas y las Sociedades Nacionales suelen ser pobres y pequeñas.

A ello se suma la recesión mundial que ha entrañado la reducción del gasto público incluso en los países de-sarrollados que recortan los presupuestos de salud, educación y servicios sociales, precisamente cuando más y más gente los necesita. Cada vez es más frecuente pedir a las Sociedades Nacionales que mitiguen las consecuencias de la crisis económica, al tiempo que se les van agotando las fuentes de financiación habituales.

“Los gobiernos tienen que reconocer que la capacidad real y el potencial de las Sociedades Nacionales son determinantes en la prestación de servicios de esta índole y que, por ende, les hace falta apoyo material y moral”, dice Stephen Davey, Subsecretario de la División de Comunicaciones y Coordinación de Políticas de la Federación. Ahora bien, ello conlleva una exigencia importante: Las Sociedades Nacionales tienen que gozar de cabal independencia para llevar a cabo sus actividades y adoptar libremente sus decisiones sin injerencia alguna de los gobiernos. Ello les permitirá prestar asistencia con neutralidad e imparcialidad, fundándose úni-
camente en las necesidades de los beneficiarios. Es comprensible que a los gobiernos no siempre les resulte fácil aceptar un concepto de esta índole pero cuanto más independiente sean las Sociedades Nacionales, mayor será su eficiencia en la prestación de servicios, lo que a largo plazo redundará en gran beneficio de los propios gobiernos.

 

Los Principios Fundamentales

Humanidad
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. Tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. Favorece la comprensión mutua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.

Imparcialidad
No hace ninguna distinción de nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político. Se dedica únicamente a socorrer a los individuos en proporción con los sufrimientos, remediando sus necesidades y dando prioridad a las más urgentes.

Neutralidad
Con el fin de conservar la confianza en todos, el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.

Independencia
El Movimiento es independiente. Auxiliares de los poderes públicos en sus actividades humanitarias y sometidas a las leyes que rigen los países respectivos, las Sociedades Nacionales deben, sin embargo, conservar una autonomía que les permita actuar siempre de acuerdo con los principios del Movimiento.

Voluntariado
Es un movimiento de socorro voluntario y de carácter desinteresado.

Unidad
En cada país solo puede existir una Sociedad de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, que debe ser accesible a todos y extender su acción humanitaria a la totalidad del territorio.

Universalidad
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en cuyo seno todas las Sociedades tienen los mismos derechos y el deber de ayudarse mutuamente, es universal.

 

La peculiaridad de la Cruz Roja

La Conferencia ofrecerá también una buena oportunidad de promover el Código de Conducta del Movimiento.

“En el Código de Conducta se define el quehacer humanitario y se establecen las primeras normas al respecto, no sólo en lo que atañe al Movimiento sino también a otros organismos y a los gobiernos”, explica Luc de Wever.

Este instrumento es importante porque al parecer los Estados han perdido de vista la perspectiva del Movimiento y el conjunto de valores en que se inspira. A medida que en el ruedo humanitario van apareciendo más y más organizaciones, que los propios Estados se embarcan en operaciones de asistencia humanitaria y que se generaliza el uso de términos tales como “neutralidad”, “imparcialidad” e “independencia”, resulta cada vez más necesario reafirmar los valores, la filosofía propia al Movimiento y las normas profesionales que se ha impuesto.

En síntesis, la Conferencia tiene dos objetivos primordiales: confirmar la peculiaridad del Movimiento y plasmar los principios humanitarios en hechos concretas como por ejemplo, la consolidación del derecho internacional humanitario en todas partes. Estos dos objetivos son ya suficientemente ambiciosos aunque luego las resoluciones por su propia índole tiendan a ser moderadas.

“Las resoluciones se aprueban por consenso, de ahí que haya que contar con la anuencia de todos los interesados”, señala Kathleen Graf, jurista del CICR, y añade: “La Conferencia tiene que definir objetivos mensurables y las resoluciones han de ser viables.”

A juicio de Stephen Davey es indispensable establecer prioridades. Proponer seis puntos de candente actualidad y potencialmente conflictivos puede conferirnos una gran integridad moral pero si no se llega a conclusión alguna, no se mejora la situación de nadie. A su vez, si no nos atrevemos a preconizar cambios, faltaremos a los ideales del Movimiento y, en definitiva, a su cometido.”

Paseo por el tiempo – Reseña histórica de la Conferencia en el Museo

En ocasión de la XXVI Conferencia Internacional que tendrá lugar en Ginebra en diciembre de este año, el Museo Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja organiza una impresionante exposición sobre la larga y prestigiosa historia de la Conferencia.

Denominada “La acción humanitaria en movimiento”, la exposición se dividirá en 27 estaciones en las que desde los sellos de correo hasta las computadoras permitarán conocer los aspectos esenciales de las conferencias celebradas entre 1863 y 1995. Además, habrá cuatro puestos donde se podrá consultar información sobre el CICR, la Federación y las Sociedades Nacionales del mundo entero y una estación de trabajo dedicada a las actividades de algunas organizaciones humanitarias afines.

“Esta exposición cuenta con una abundante variedad de artículos”, señala Jean-Pierre Gaume, conservador del Museo. “Resulta particularmente evidente que la historia de la Conferencia es representativa de la evolución del mundo y podemos seguir la creciente complejidad que ha ido cobrando desde 1863. Pero lo más importante es ver cómo se ha ido forjando la ética humanitaria en las conferencias de los últimos 130 años. La Conferencia representa verdaderamente el surgimiento de la expresión de una conciencia humanitaria internacional y nos recuerda que es hora de reavivarla.”

La exposición estará abierta al público del 22 de noviembre de 1995 a fines de mayo de 1996.

Dichos y hechos

¿Es acaso inevitable que las resoluciones de la Conferencia sean meras declaraciones de intención, que quedan confinadas en el reino de las grandes teorías cuando se vuelve al mundo real de la implacable conveniencia política?

Los participantes y los gobiernos que representan tienen el deber de cumplir con los compromisos adquiridos durante la reunión.

Al Movimiento, por su parte, le incumbe garantizar que los Estados respeten las decisiones aprobadas y, a tales efectos, llevar a cabo la labor discreta y a largo plazo de recordarles incesantemente los compromisos que han aceptado y el deber de ajustarse a lo convenido. No cabe esperar que la Conferencia cambie el mundo de la noche a la mañana pero sí que procure volver a establecer el conjunto de valores y procedimientos aceptados universalmente que constituyen la base común de todas nuestras actividades. Concientizar acerca de los problemas y desafíos de la era moderna, definir normas de conducta y sentar las bases para lograr el consenso son tareas que pueden convertirse más tarde en una serie de normas aceptadas que rijan el compartamiento. No es más que un paso pero un paso importante hacia la construcción de un mundo más humano.

 

Christina Grisewood
Redactora en la División Publicaciones del CICR.



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