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Viejos, solos y enfermos

Asistencia social y recreación

Bárica tiene 75 años y reside en un centro colectivo del norte de Croacia, donde comparte una de las salas “geriártricas” con otras siete ancianas postradas. El rincón que ocupa en la sala es ínfimo comparado con la amplia casa de dos pisos que ella y su difunto marido construyeron al cabo de una vida de trabajo.

Obligada a desplazarse en silla de ruedas, fue transferida al centro colectivo en junio de 1994, y desde entonces ha dependido de la “compasión de desconocidos”, que le prodigan los cuidados que necesita. Bárica no es la única en esta situación pues casi una tercera parte de los residentes del centro tiene más de 60 años, lo que corresponde a los datos preliminares recabados por la Federación y según los cuales, uno de cada cinco refugiados o desplazados que residen en centros colectivos tiene más de 60 años.

Huelga decir que las personas mayores tienen necesidades concretas a las que actualmente no se atiende debido a las circunstancias. Tras varios años de uso, los locales se están deteriorando y tanto las instalaciones sanitarias como los sistemas de calefacción de la mayoría de los centros colectivos son insuficientes. El frío, la humedad y la falta de agua caliente contribuyen a debilitar aun más la salud mental y física de los residentes.

Mientras subsiste la incertidumbre sobre lo que ha de hacerse a largo plazo para atender a los ancianos refugiados o desplazados en Croacia, la Federación, junto con la Cruz Roja Croata, lleva a cabo una serie de programas para atender a las necesidades físicas y psicológicas de los mismos.

El Programa de Bienestar Social, en particular, tiene por objetivo reducir secuelas de los traumas de guerra: ansiedad, desesperanza, depresión y sentimiento de desamparo. Entre los proyectos figuran la orientación individual y de grupo, la distribución de comidas y la organización de excursiones y diversas actividades sociales: torneos de ajedrez, grupos de teatro, y talleres de artesanía en madera, de fabricación de artículos de mimbre y de carpintería.

Desgraciadamente, este programa que ha vuelto a dar un cierto sentido a la vida de tanta gente, tal vez tenga que suspenderse por falta de financiación. A fin de año, la Federación se verá obligada a reducir algunas actividades que acaba de iniciar, lo que expondrá nuevamente a los ancianos de los centros colectivos al trauma del abandono.


Armas de guerra, herramientas de paz

El 5 y 6 de diciembre, el Centro Internacional de Información Humanitaria, organización que facilita el contacto entre los medios de comunicación y las instituciones humanitarias acogerá un simposio en Ginebra. Prevista para las mismas fechas que la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la reunión se centrará en la necesidad de mejorar la calidad de la información sobre guerras y cuestiones humanitarias, y en determinar si los militares y el sector privado tienen cábida en el socorro humanitario internacional.

Los debates versarán principalmente sobre la necesidad de que todos los participantes - medios de comunicación, organismos de ayuda, grupos comunitarios, políticos, militares y sector privado - adopten enfoques más prácticos y cooperativos que vayan más allá de intervenciones instantáneas y a corto plazo.

Cuatro plenarios, integrados por expertos de los campos citados, tratarán los temas siguientes: Comunicación y medios de evitar conflictos armados: ¿La TV podría poner fin a las guerras? - Fuerzas Armadas y socorro humanitario: ¿Los soldados pueden transformarse en obreros de la ayuda? - Relaciones públicas y ayuda: ¿El sentido humanitario figura aún en la brega por vender el mensaje? - Sector privado y socorro humanitario: ¿Ha llegado el día del socorro corporativo?

Se espera que este simposio cuente con una audiencia internacional representantiva de los diferentes sectores enumerados.


Igualdad de derechos

Un método global de rehabilitación

La Media Luna Roja de Palestina (MLRP) lleva a cabo en el Cairo, un programa completo y dinámico de rehabi-litación de discapacitados. El Centro Ain Shams, que cuando fuera fundado en abril de 1984 contaba tan solo con un terapeuta que atendía a seis personas en dos apartamentos contiguos, tiene hoy más de 100 empleados, que atienden a más de 200 pacientes en 20 salas de rehabi-litación.

“La labor del centro se funda en la premisa de que los discapacitados gozan de los mismos derechos que los demás”, dice la Dra. Jean Calder, Directora del Centro.

En Ain Shams se prestan servicios médicos, sociales, escolares y de formación profesional. Al recorrer el Centro se ven escenas como éstas: un señor paralizado por la poliomelitis trabajando en el taller de fabricación de sillas de ruedas; una señora sorda preparando la comida; un estudiante leyendo en la biblioteca; un grupo de auxiliares de rehabilitación y un fisioterapeuta guiando los ejercicios motores de niños con parálisis cerebral, y trabajadores sociales actualizando expedientes o hablando con los padres de algún paciente.

El Doctor Fathi Arafat, Presidente de esta Sociedad Nacional en formación, anhela que el Centro de Ain Shams sea un modelo para las actividades de la MLRP en este campo y comenta: “Deseamos que los discapacitados puedan hacerse cargo de sí mismos. Queremos que se den cuenta que son miembros importantes y productivos de la sociedad, y que sean capaces de descubrir y desarro-llar sus propias aptitudes.”

El Centro es financiado por la MLRP y también recibe contribuciones de otras fuentes que se destinan a respaldar la prestación de determinados servicios. En los últimos años, la evolución de la situación política ha planteado serias dificultades de financiación al Centro. “El año pasado fue difícil”, explica la Dra. Calder, “porque un número importante de miembros de personal se trasladó a Gaza.” Sólo una parte de los pacientes de Ain Shams son palestinos, la mayoría son egipcios.


Cuanto más pobres,más vulnerables

Ayuda de la CRA a los damnificados

Las lluvias torrenciales y las crecidas registradas en la región central de los EE.UU. en mayo pasado destruyeron los bienes de algunas de las comunidades más pobres del país.

Una de las localidades dam-nificadas fue East St. Louis, vieja ciudad ferroviaria situada en la confluencia de los ríos Misuri y Misisipí. Dado que las condiciones de vida de buena parte de la población eran ya bastante precarias, y que el deterioro de las viviendas y los servicios públicos era irremediable, esta ciudad fue una de las más afectadas. Para hacer frente a la crisis, la sección St. Louis Bi-State de la Cruz Roja Americana trabajó codo a codo con los Servicios de Emergencia y de Intervención en casos de Desastre de la ciudad. La primera tarea de los volunta-rios fue procurar alojamiento de emergencia y alimentos a las familias damnificadas. Más de 1.800 de los 40.000 residentes recibieron asistencia de la Sociedad Nacional “Todo fue muy repentino y tuvimos que actuar con suma rapidez para hacer llegar la ayuda”, explica Ed Finley, supervisor de la oficina de East St. Louis.

Muchos daños se debieron en parte a condiciones que existían antes de la catástrofe. Las precipitaciones destruyeron techos que no habían sido reparadas en los últimos 25 años; los pro-pietarios son probres y no disponen de dinero para cambiarlos o pagar el mantenimiento. Tam-poco tenían un seguro contra inundaciones porque la mayoría debe subvenir a necesidades más acuciantes.

El Misisipí y el Misuri inundaron otras zonas, afectando a unas 47.000 familias en 13 Estados. En las actividades de asistencia individual a las familias damnificadas participaron más de 4.400 socorristas especializados en catástrofes, procedentes de 48 centros de intervención de la Cruz Roja Americana.


 
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