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De puño y letra

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Rendir cuentas

El artículo de Joana Macrae sobre las ONG, publicado en el número 3 de 1996, es un valioso aporte al actual debate sobre la evolución de la asistencia humanitaria. No obstante, me gustaría aclarar que el temor de que la independencia de las ONG se vea comprometida al aumentar la financiación gubernamental no es tan importante como saber en qué medida tienen que dar cuenta de su actuación. En la búsqueda de notoriedad, los organismos humanitarios suelen ignorar aspectos como las repercusiones a largo plazo que tiene la asistencia, y la importancia de los aportes y las estructuras locales. Los medios de comunicación holandeses -y algunas personalidades políticas- han sido muy poco elogiosos, por ejemplo, al referirse a lo que algunos han llamado la exhibición cotidiana de la pobre gente que sigue errando por los caminos de Ruanda. Se ha acusado a las ONG de ingenuidad política y falta de sensibilidad en el manejo de las relaciones públicas, al abusar de “falsas emergencias” para obtener donaciones. Algunas de estas críticas son merecidas, pero otras no. Como sea, aumentan las exigencias en el sentido de que las organizaciones den pruebas concretas de la eficiencia y la eficacia de sus actos. Un año después de la primera intervención de emergencia en la región africana de los Grandes Lagos, un equipo de evaluación no logró localizar en ninguna parte del mundo a un tercio de las organizaciones humanitarias que habían estado allí. Es hora de que las organizaciones humanitarias comprendan que ya no basta con declararse responsables, sino que deben rendir cuentas efectivas de su gestión.

El Código de Conducta elaborado por la Federación, el CICR y las principales organizaciones humanitarias era muy necesario. Actual-mente, se busca establecer un conjunto de normas universales prácticas, esfuerzo que merece toda nuestra aprobación. Pero, permítaseme hacer de abogado del diablo y preguntar: ¿estamos hablando de normas o de simples declaraciones de buena voluntad? ¿Quién garantizará su cumplimiento? ¿Estará preparada y habilitada la comunidad donante para juzgar la conducta de las organizaciones humanitarias?

La autorreglamentación de las ONG a que se refería Joanna Macrae en su artículo ya no basta para una gran parte de la opinión pública. La propuesta de designar a un mediador que se encargue de supervisar la “industria de la asistencia”, o de crear otra institución a la que los donantes, las organizaciones humanitarias y los beneficiarios puedan presentar quejas o señalar el incumplimiento de las normas, merece pleno apoyo como respuesta inicial.

Es posible que en un terreno moral superior se oigan gritos de horror pero las organizaciones humanitarias que lo ocupan ya no pueden permitirse tales reacciones sin plantearse algunas interrogantes. Me temo que si no establecemos pronto formas de reglamentación que rijan para las organizaciones humanitarias, otros lo harán en nuestro lugar. Entonces se dará la verdadera batalla por la independencia y la imparcialidad. Jugando un poco con las palabras, puede decirse que tal lucha servirá para dilucidar si se conserva o no la N de la sigla “ONG”.

Jaap Timmer
Jefe de Actividades Internacionales
de la Cruz Roja Neerlandesa

 

 

Crónica fotográfica

El mes pasado pasé por nuestro local de la Cruz Roja, en el centro de Antigua, a recoger unas muletas para un amigo. Allí tuve la ocasión de recorrer las páginas de Cruz Roja, Media Luna Roja. Soy artista y siempre estoy buscando fotografías que me conmuevan. Me llevé a casa varios números y me embargó una gran emoción al ver en la página 15 del número 3 de 1995, la foto de “la esposa de Gabremariam”. Conmovida por la fuerza de mis sentimientos, supe que tenía que pintar el retrato de esa señora.

Yolanda Woodberry
St John’s, Antigua, Islas Leeward

¿Por qué?

En la página 29 del último número de Cruz Roja, Media Luna Roja figuraba un artículo perturbador. Fue muy doloroso leer el recuadro con la relación de los colaboradores del Movimiento fallecidos en 1996. Además, acabábamos de recibir un telefax de la sede nacional en el que nos informaban del asesinato de nuestros 6 colegas en Chechenia.

No conocía a ninguna de ellos, pero sentí que había perdido 18 familiares.

¿Por qué no tienen en cuenta ni respetan los principios de nuestro Movimiento, aquellos a quienes tratamos de ayudar?

Duncan A. Hutchinson
Cruz Roja Norteamericana, Sección de Greensboro

 


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