Volver a la página
principal de la revista

Una hambruna lenta y silenciosa

por Jean Milligan y Saleh Dabbakeh

El hambre que afecta a la República Democrática Popular de Corea (RPDC) se propaga poco a poco y en silencio, doblegando insidiosamente a sus víctimas, que se esconden en su hogar para morir. No cabe duda de que la situación es grave, pero nadie conoce a ciencia cierta las proporciones de la catástrofe. Jamás la asistencia humanitaria ha estado tan vinculada con la polÍtica como en este caso.

Jang Ryon Hwa está inquieta por su hija Rang Myong Hui, de dos años. La niña sufre de desnutrición, y desde hace tres meses tiene problemas digestivos. Además, ha perdido cabello y tiene costras de sarna en brazos y piernas. Su madre estaba embarazada de Rang cuando cundió la carestía provocada por las inundaciones de 1995. En la RPDC hay miles de niños como Rang Myon. Nacieron desnutridos y solo han conocido el hambre, lo que compromete su desarrollo físico y mental.

La miseria y la pobreza han afectado a todas las capas de la población; unos sufren más que otros pero el nivel general de alimentación se viene deteriorando desde hace varios años. Las raciones alimentarias distribuidas por el gobierno han ido disminuyendo progresivamente, pasando de 700 gramos por día y por persona hace dos años a los 130 gramos de hoy, cantidad que ni siquiera puede suministrarse todos los días.

Los mismos problemas aquejan a todo el país. En algunas zonas la producción agrícola ha disminuido y en otras se ha estancado. Se cosecha a mano por falta de combustible y piezas de recambio para los tractores y demás maquinaria agrícola. La escasa producción en la industria, la agricultura y la pesca es un síntoma de una crisis económica, agudizada por dos años consecutivos de inundaciones que han destruido la infraestructura, las minas de carbón y las tierras cultivables.

 

 

Política y asistencia alimentaria

Se trata de una hambruna escondida. A los organismos internacionales de asistencia se les ha negado el acceso a determinadas zonas del país y, por ende, no han podido llevar a cabo estudios para determinar con precisión el alcance del problema. A pesar de estar convencidos de la extrema gravedad de la situación, no se han expresado con la seguridad habitual porque entre lo que se disimula y lo que se inventa, es imposible determinar el verdadero alcance de la crisis. Esta incertidumbre resultó patente en julio y agosto, ya que las delegaciones enviadas por diversos organismos presentaron informes contradictorios; algunos indicaban que lo peor había pasado y que el país iba a recuperarse, otros afirmaban que la desnutrición de los niños era de 30 a 50% por ciento.

Las maniobras políticas se sumaron a la complejidad de las actividades de socorro. Alentada por la respuesta que recibieron los llamamientos lanzados tras las inundaciones de 1995 y 1996, la Federación Internacional hizo un tercero en noviembre de 1996. En esta oportunidad, la respuesta de los donantes fue mitigada por las dudas y poco contribuyó a disiparlas la actitud del gobierno de la RPDC, que exigió la entrega de ayuda alimentaria como condición previa para participar en las negociaciones de paz.

Consciente del deterioro de la situación, la Federación se vio en la necesidad de anunciar la gravedad del problema y advertir del peligro de una hambruna masiva, en momentos en que ya tenía serias dificultades para reunir los fondos destinados a socorrer a 139.000 víctimas de las inundaciones. Las conversaciones mantenidas en China en mayo de este año entre las dos Sociedades Nacionales de la península de Corea permitieron paliar un poco la situación, ya que superando las barreras políticas entre los respectivos países, la Sociedad Nacional de Corea del Sur aceptó donar alimentos y la de la RPDC autorizó o ampliar la distribución de socorros a 740.000 personas.

La ampliación del programa de socorros planteó nuevos problemas tanto a la Federación como a la Cruz Roja de la RPDC; lo más urgente era establecer una red de distribución independiente para la Cruz Roja de la RPDC. Ello se logró gracias a la labor del departamento de socorros internacionales y más de 3.500 voluntarios. La red de distribución constituye la mayor operación de socorros realizada en el país y la única de carácter independiente.

Tras el llamamiento de noviembre, la Federación inició programas para abordar problemas de fondo revelados por la hambruna. En la esfera de atención sanitaria, se lleva a cabo un programa de suministro de medicamentos y equipo médico esenciales a más de 106 hospitales y 343 clínicas de 19 distritos. El escaso número de pacientes en hospitales y clínicas puso de relieve las deficiencias de los servicios médicos y la incapacidad de los mismos de atender casos de desnutrición y otras afecciones.

En lo que atañe a la preparación en previsión decatástrofes, se ha iniciado un programa de tres años, a través
del cual la Federación ayuda o la Cruz Roja de la RPDC para que intervenga con mayor eficiencia, reduciendo los riesgos.

Infancia perdida

La zona de Huichon fue una de las más afectadas durante las crecidas. En el pabellón de pediatría del hospital ubicado en el centro de la ciudad, 50 de los 75 niños internados sufren de desnutrición. Li Chol Nam, de tres años, yace acurrucado en una camita, la mirada fija en el vacío, ensimismado. Sufre de desnutrición en tercer grado, la más grave. Los niños menores de tres años son atendidos por sus madres, que pueden instalarse en el hospital y acompañarlos. El cuidado de los demás está a cargo de las enfermeras. Li Chol es el menor de tres hermanos. Su madre murió de desnutrición hace un mes. Cuando ingresó en el hospital, el chico sólo pesaba cinco kilos. Ahora pesa seis, pero según el Dr. Chagi Chol, subdirector del hospital, su peso normal debería ser 15 o 16 kilos.

Por lo general, los niños permanecen poco más de un mes en el hospital y cuando se les da de alta su estado es estable pero no están totalmente recuperados.

“Es todo lo que podemos hacer. La medicina tradicional, lo único de que disponemos, no sirve para paliar sus carencias”, dice el Dr. Chagi.

Li Chol, con un cascabel en la mano, yace inmóvil.

Lo peor está por venir

Durante el verano se tuvo la impresión de que la carestía no iba a alcanzar proporciones de hambruna masiva y que se lograría evitarla, gracias a los aportes de la Federación y del Programa de Alimentos de la ONU. Además, reinaba optimismo pues se pensaba que las cosechas de octubre iban a mejorar la situación pero nadie pensaba que la producción permitiera asegurar el abastecimiento de alimentos por un año entero.

Desgraciadamente, la falta de lluvias en julio y agosto y las fuertes marejadas arruinaron zonas en buen estado. Entonces, cundió la decepción pues las cosechas serán mediocres y se prevé una reducción de 50% del ganado respecto al año pasado. Subsistir con pequeñas raciones de víveres durante el verano fue difícil y con la llegada del invierno, la escasez de combustible para la calefacción y menos alimentos, es probable que la hambruna deje de ser lenta y silenciosa.

 

Lasse Norgaard y Jon Valfells
L. Norgaard es delegado de información de la Federación y J. Valfells, jefe del servicio de medios de comunicación de la Federación.



Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista anteriore | Webmaster


© 2003 | Copyright