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El costo velado
de la transición

por Karin Mattison

Los grupos más vulnerables de la población han sido los más golpeados en el curso de los últimos y agitados años que ha vivido la ex república soviética de Georgia. El sector social fue totalmente desmantelado y no quedan recursos para atender a las víctimas de la transición. Precisamente en momentos en que la protección social ha dejado de existir, la asistencia prestada por el Movimiento puede ser decisiva para la supervivencia de los desamparados.

En una época, Georgia era considerada la perla de la Unión Soviética, la población gozaba de uno de los mejores niveles de vida y las exportaciones industriales permitían financiar el presupuesto. Hoy, las industrias han desaparecido y Rustavi, al sur del país, es una de las zonas más deprimidas; la gente, sin trabajo ni vivienda, tiene pocas esperanzas.

«No logro imaginar cómo vamos a salir de este atolladero. Sólo Dios lo sabe. Pero cuando deja de haber esperanza, deja de haber vida», dice Ahemedov Shamizaatan, obrero de Rustavi, de 40 años y desempleado.

 

 

Un caso como tantos otros

Las personas más afectadas por la transición permanecían por lo general recluidas, demasiado agotadas o enfermas para salir a buscar ayuda. Svetlana, anciana rusa de 90 años, abandonada a su suerte, pasa los días postrada en la cama (en realidad, en una vieja poltrona de playa que encontró en un vertedero), ya que una artritis aguda la mantiene inmovilizada la mayor parte del tiempo. El Estado le paga una pensión mensual de 8,5 laris (unos 6 dólares) apenas suficiente para comprar un kilo de carne vacuna y unas cuantas hogazas de pan, y pagar la electricidad y la calefacción.

Svetlana es una de los 50.000 ancianos solos que cada mes reciben paquetes de provisiones de la Federación. La Cruz Roja de Georgia y la Federación Internacional tomaron la iniciativa de ir a golpear a las puertas de las viviendas decrépitas de esta gente y de recurrir a las instituciones estatales, atascadas en las grietas del desastre social.

Niels Scott, jefe de la delegación de Tiblisi explica: «En principio, los paquetes deberían aportar un complemento a la nutrición de estas personas, pero para muchos constituye la fuente de aprovisionamiento fundamental, que completan con la compra ocasional de algunos alimentos».

Víctimas en la sombra

Tras el colapso del sector social, la responsabilidad de atender a los más vulnerables a menudo ha recaído en organizaciones no gubernamentales como el Movimiento.

Sasha, un miembro de la Sociedad Nacional, se ocupa del hogar de pensionistas de Rustavi donde la mayoría de los residentes son mujeres. Instalado en los locales de lo que fuera un dispensario diurno, el edificio parece más bien destinado a la demolición, pero quienes viven allí están contentos de tener un techo. El año pasado, la Cruz Roja Neerlandesa asignó fondos para renovar las instalaciones. Se cambiaron las ventanas, se repararon y pintaron las paredes, y se instaló un sistema de calefacción para combatir los fatales rigores del invierno.

En 1997, la Federación se ocupó de acondicionar numerosos locales médicos y sociales, instalando la calefacción y renovando los techos.

El hospital psiquiátrico de Surami, en las afueras de Tiblisi, es uno de los cinco establecimientos de su género que reciben ayuda de los programas de socorro de la Federación. Se distribuyeron alimentos, medicinas y ropa para 61 pacientes sin domicilio que residen en el hospital. «Sería formidable tener una ambulancia», dice suspirando el Dr. Malkhazi Chagorhvili. Ha hecho todo lo posible para que sus pacientes no se conviertan en parias como ha ocurrido en otros países de Europa oriental. Pero, aparte de la ayuda de la Cruz Roja, cuenta con muy pocos recursos, nos dice mientras recorremos los pasillos vacíos.

 
 

La violencia de origen étnico

Tal como ocurrió en muchas otras pequeñas regiones, tras el derrumbe de la Unión
Soviética, Georgia ha sido desgarrada por el estallido de conflictos internos. Abjazia, otrora verdadero complejo turístico de la Rivera del Mar Negro, está hoy rodeada de campos minados y protegida por tropas rusas y observadores de Naciones Unidas. La mayoría de los habitantes ha huido. Paradójicamente, Abjazia no puede subsistir sin Georgia ni ésta salir adelante sin aquella.

Unos 200.000 abjazos están desplazados en la propia Georgia. En 1997, la Federación prestó asistencia a 130.000 desplazados de Samegrelo, al oeste del país. La mayoría de ellos residen con familiares y parientes o en centros de acogida colectivos. Estos centros se han instalado en los que fueran hoteles estatales durante el régimen soviético pero hoy se encuentran en avanzado estado de deterioro.

Desde hace unos meses se están desplegando esfuerzos por lograr que los desplazados regresen a sus localidades de origen pero la mayoría no tiene donde volver, y el temor sigue cundiendo por lo que sólo unos pocos han vuelto a su hogar.

Con los ojos puestos en el futuro

Georgia es un tramo esencial del oleoducto que va de Azerbaiyán a los puertos del Mar Negro, lo que puede constituir una sustancial fuente de ingresos para el país. No obstante, tales perspectivas tropiezan con la dura realidad de la violencia étnica interna, el colapso de la economía y la desintegración del tejido social. Por lo tanto, Georgia necesita ayuda de las organizaciones humanitarias para asistir a quienes sufren y han quedado atrás en el tortuoso camino de las transformaciones.

Problemas socioeconómicos a largo plazo, cuya solución llevará tiempo, van suplantando a las necesidades urgentes que surgieron tras la independencia y el estallido de los enfrentamientos. Paul Murray, encargado de las operaciones en Georgia, reseña las orientaciones futuras de las actividades de la Federación: «...estamos dejando paulatinamente las acciones de socorro y promoviendo la autosuficiencia de los grupos vulnerables y de la Sociedad Nacional. Se trata de programas destinados a acrecentar las capacidades tanto de esta última como de las comunidades más afectadas».

La ayuda que presta el Movimiento en Georgia es vital para mucha gente, pero en la región hay otros países que también se debaten en medio de graves dificultades económicas y sociales, por lo que se ejerce presión para que se reduzcan y reorienten los programas. Ahora bien, al hacerlo no debería olvidarse que la asistencia que aporta la Cruz Roja a cientos de miles de habitantes de Georgia representa la única protección contra la brutal realidad de la transición en la ex Unión Soviética.

 

Karin Mattison
Periodista independiente, reside en Suecia



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