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Hoy en día, la labor humanitaria se caracteriza por la multiplicidad de protagonistas y justo es reconocer que cunde la confusión entre las funciones humanitaria, política y militar.

Hoy en día, la labor humanitaria se caracteriza por la multiplicidad de protagonistas y justo es reconocer, que cunde la confusión entre las funciones humanitaria, política y militar.

Habida cuenta de la creciente complejidad de las crisis, de la que son ejemplo patente la región de los Grandes Lagos y ex Yugoslavia, considero indispensable que se definan claramente tanto la ayuda humanitaria como sus límites .

El quehacer humanitario no se puede considerar una política como las demás, mejor dicho, no se trata de una política sino del reflejo de los valores morales de nuestra sociedad apuntalado por las normas del derecho internacional humanitario; en particular, los Convenios de Ginebra, fruto de los ideales de la Cruz Roja que también es depositaria moral de los mismos. Este quehacer se traduce por una acción de rigurosa protección de los derechos humanos fundamentales, es decir, el derecho a la vida y a una asistencia que preserve la dignidad humana en cualquier situación de crisis.
En la práctica, todos aquellos que participan en la labor humanitaria han de conocer y respetar las funciones de cada quien pues las amalgamas resultan peligrosas. Plenamente consciente de ello, la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea, principal donadora de ayuda humanitaria al Movimiento, está dispuesta a asumir sus responsabilidades respecto a sus asociados pero, primordialmente, respecto a los beneficiarios.

Los principios plasmados en la «Declaración de Madrid» estipulan que:

– se respete la independencia y la imparcialidad de la ayuda humanitaria;

– los civiles ya no sean blanco de ataques deliberados;

– se mantenga el derecho de los refugiados a solicitar y obtener asilo para escapar a las persecuciones;

– se nos conceda un acceso sin restricciones a todos aquellos que lo necesiten, y

– se garantice la seguridad del personal humanitario.
Estos principios deben, entre otros, traducirse por una noción de asociación entre donadores, organismos ejecutores, y beneficiarios de la ayuda humanitaria condición necesaria pero, por desgracia, insuficiente para ofrecer una ayuda humanitaria que permita salvar vidas y preservar la dignidad humana.

El espritu que anima esta clase de asociación ha de primar sobre todos los textos jurídicos pues sólo así podremos garantizar el futuro y la calidad de la ayuda humanitaria.


Emma Bonino
Comisaria Europea de Asuntos Humanitarios


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