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Terapias ancestrales

por Reinhard Gasser

La medicina tibetana es una de las tantas terapias tradicionales que se arraigan en la cultura y los conocimientos de la población local. Por años, la Cruz Roja Suiza ha aplicado una política de apoyo a las medicinas ancestrales en el marco de sus proyectos sanitarios en África, América Latina y Asia. El programa tibetano merece especial atención.

«Cuando caí enfermo, mi hija me llevó a ver a un trabajador sanitario del Estado. Pero éste era perezoso y no tenía remedios de reserva; además, hacía tres meses que no había recibido su sueldo», cuenta Tsering, anciana de Rungma Shang, Tíbet. «Por eso, fui a consultar al amchi (doctor tradicional) de la aldea. Me atendió con mucha diligencia, y aplicando los antiguos conocimientos de los lamas (dirigentes espirituales del pueblo tibetano) pudo aliviar los dolores reumáticos que no me dejaban en paz».

La vida rural en Tíbet es muy ardua. La mayoría de los asentamientos humanos están situados a alturas superiores a 3.800 metros sobre el nivel del mar. El invierno es largo y muy frío; el agua para los cultivos, la bebida y la higiene escasea, al igual que la leña y las bostas secas de yak, combustible tradicional utilizado para cocinar y calentar las viviendas.

 


Los rigores de la vida rural

En un entorno semejante, la vida de Tsering y de muchos otros tibetanos transcurre en condiciones muy adversas, y de hecho la muerte es una amenaza constante desde los primeros años de existencia. Ciento veinte niños por cada mil no logran sobrevivir durante los primeros seis años de vida; en Suiza, dicha proporción es de seis niños por cada mil. La vida de las mujeres está particularmente expuesta: 729 de cada 100.000 partos de nacidos vivos causan la muerte de las parturientas.

Muchas cosas han debido cambiar para que hoy Tsering tenga la posibilidad de consultar al amchi de su aldea. En un principio, el gobierno se empeñó en mejorar las condiciones de la población suministrando servicios de salud básicos, pero la escasez de recursos impidió crear una infraestructura de salud cuyas prestaciones estuviesen al alcance de todos, dotada de hospitales modernos, todo el personal médico necesario y un equipo y técnicas de atención costosos. La alternativa era tratar los problemas de salud más comunes recurriendo a un diagnóstico y medidas terapéuticas simplificados, así como a fármacos básicos. El principio consistía en garantizar servicios sanitarios a toda la población, inclusive a los habitantes de zonas remotas. Tal objetivo iba a lograrse capacitando a aldeanos en calidad de «trabajadores sanitarios rurales» y suministrándoles el equipo de atención sanitaria fundamental.

En términos generales, el sistema ha sido eficaz; desde fines de la década de 1980, con la ayuda de la Cruz Roja Suiza, se ha formado a unos 1.000 de dichos trabajadores (uno por cada 615 habitantes) en la provincia de Shigatse, la zona con mayor densidad de población del Tíbet.

Recurso a la antigua tradición

Con los años, los costos del sistema de salud en su conjunto han aumentado en forma sostenida. El gobierno ha procurado economizar, pero sin perder de vista la búsqueda de medios para mantener servicios sanitarios de buen nivel. Esta motivación llevó a las autoridades a redescubrir la medicina ancestral que utiliza métodos particulares para detectar y tratar los males. Básicamente, distingue tres humores en la naturaleza humana: el viento, la bilis y la flema. Toda enfermedad es producto de un desequilibrio entre los humores; al amchi, o monje médico, corresponde descubrir el porqué del desequilibrio. La causa puede encontrarse no sólo investigando la edad del paciente, sus hábitos alimentarios y su estilo de vida, sino también, por ejemplo, estudiando las constelaciones astrológicas. Asimismo se da muchísima importancia a los tres «venenos», es decir, la ignorancia, el odio y la estrechez de miras.

Las autoridades comprendieron que no sólo se trataba de una antigua y rica tradición cultural, sino de un medio eficaz para curar muchas afecciones comunes, como los desórdenes gastrointestinales y reumáticos. De ahí que la medicina tibetana tradicional se haya incoporado al sistema de salud oficial, y que en cada hospital de distrito se haya creado un departamento para praticarla.

Ello no impidió que las condiciones de los servicios sanitarios en las zonas remotas siguieran siendo deficientes. El Estado ni siquiera podía costear la contratación de trabajadores sanitarios rurales. La mayoría de los estudiantes prefería estudiar la medicina occidental moderna, y sólo los menos motivados terminaban dedicándose a la medicina tradicional. Felizmente, esta situación poco alentadora dio lugar a la iniciativa de fundar una escuela privada de medicina tibetana.

 

El Consorcio del Programa de la Cruz Roja en Tíbet

En 1988, accediendo a una invitación del Panchen Lama, hoy fallecido, la Cruz Roja Suiza fue la primera ONG que emprendió un programa de atención sanitaria en la Región Autónoma del Tíbet. Dicho programa se inició con actividades de formación para los deno-minados «trabajadores sanitarios rurales». Un año después, se fundó la primera escuela privada de medicina tibetana, en Pelshong y otra también de medicina tradicional pero con un programa menos estricto. En 1995, con el objeto de reducir la alta incidencia en el Tíbet de algunas formas curables de ceguera, inició un programa de atención oftalmológica estrechamente vinculado con el programa análogo que ha dado óptimos resultados en Nepal. Paralelamente, en un distrito, se sigue capacitando a trabajadores sanitarios rurales en el ámbito de un proyecto piloto cuyo objetivo es mejorar la calidad de la formación e incrementar la participación de la población.

Los principales asociados locales del programa son la sección tibetana de la Cruz Roja China y la Oficina de Salud Pública.

Hace tres años, la Cruz Roja Suiza y la Cruz Roja Noruega establecieron un acuerdo de cooperación en el Tíbet, al que luego se sumó la Cruz Roja Neerlandesa; así nació el llamado «Consorcio del Programa de la Cruz Roja en Tíbet».

 

Algo más que buenos técnicos

En 1989, la Cruz Roja Suiza comenzó a apoyar el proyecto de la escuela de Pelshong, cerca de Shigatze. Partiendo de muy poco, el amchi Trinley, que posteriormente sería el rector de la escuela, comenzó la construcción del establecimiento en los locales que antes había ocupado una unidad militar. El monje Jampa Trinley es miembro del influyente y respetado círculo del Panchen Lama, alta autoridad tradicional tibetana. La Cruz Roja Suiza propuso un plan de optimación de la escuela de Pelshong, y pronto se definieron las directrices de funcionamiento.

El programa de estudios dura seis años. A lo largo de su formación, los estudiantes, jóvenes aldeanos seleccionados por el rector, aprenden los fundamentos de las escrituras, los llamados «cuatro tantras», así como la composición y preparación de los medicamentos. Una vez diplomados, están obligados por contrato a regresar a las aldeas y ejercer allí su profesión. A diferencia de los trabajadores sanitario rurales, estos médicos no son empleados del Estado y los pacientes deben remunerar sus prestaciones.

La enseñanza impartida no se limita a los aspectos técnicos, pues se da una gran importancia a la disciplina y la ética. El propósito es forjar personalidades con altas virtudes morales y no simplemente buenos técnicos sanitarios.

¿Hay un futuro para la medicina tradicional?

En 1996, año de la primera promoción de 36 médicos de la escuela de Pelshong, terminó la primera etapa del proceso que ha permitido que mucha gente reciba un tratamiento adecuado a sus dolencias. Aun así, el futuro de la práctica privada de la medicina tradicional en el Tíbet es incierto.

¿Qué pasará con la escuela cuando se retire el monje Jampa Trinley? ¿Están los amchis en condiciones de competir con los médicos del sistema estatal subvencionado? ¿Qué ocurrirá si no se hace nada para preservar los ingredientes naturales utilizados en la medicina tibetana?

En general, el futuro de Pelshong y de los médicos rurales no depende únicamente del consorcio formado por la Cruz Roja (véase el recuadro), pero no cabe duda de que será necesario tomar algunas medidas. Para empezar, habrá que seleccionar a los mejores estudiantes y prepararlos para secundar la labor de Jampa Trinley ya que uno de ellos será su sucesor. También habrá que dar un apoyo financiero por un tiempo a los médicos recién diplomados, y el consorcio de la Cruz Roja no dispone de recursos para pagarles un sueldo completo. Además, se debería organizar un coloquio entre altos funcionarios encargados de la promoción de la medicina tibetana y los fabricantes de medicamentos, para definir una política de protección de los ingredientes naturales.

Estas medidas tal vez permitan que los médicos tibetanos tradicionales mantengan viva esta valiosa tradición.

 

Reinhard Gasser
Coordinador de Programas de la Cruz Roja Suiza.

 


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