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La diplomacia en la mira

por Jean-François Berger

Cuando era embajador de su país, Argelia, Mohamed Sahnoun ejerció la función de Subsecretario General de la Organización de la Unidad Africana y de la Liga Árabe. En 1992, fue Representante Especial de las Naciones Unidas en Somalia y, actualmente, es Enviado Especial en África del Secretario General de las Naciones Unidas.

¿Cuáles son sus principales prioridades para este año en calidad de Enviado Especial de las Naciones Unidas en África?

El Secretario General ha presentado un informe sobre la situación en el continente. En este documento se definen prioridades tales como el fomento del buen gobierno y la democracia, y la defensa de los derechos humanos. A tales efectos, es preciso que la comunidad internacional se movilice para buscar soluciones a los distintos conflictos en curso. Es muy importante resolver este problema, pues los conflictos son otros tantos obstáculos al proceso de democratización. Debemos concentrar nuestros esfuerzos en la República Democrática del Congo, la República del Congo, Etiopía y Eritrea, Sierra Leona, Guinea-Bissau y Angola. Valga insistir en que el avance de la democracia es función del desarrollo económico y social. Al respecto, a pesar de la crisis económica que afecta a todo el mundo y que ha puesto en dificultades particularmente a Japón, hay que invertir la tendencia predominante de disminuir la asistencia internacional.

 

 

Usted también es asesor del CICR en cuestiones internacionales, ¿en qué consiste su tarea?

Soy miembro del grupo de asesores especiales internacionales que se reúne dos veces al año en Ginebra. En nuestras reuniones examinamos las actividades operacionales del CICR basándonos en un análisis preparado por el Sr. Cornelio Sommaruga. Ello nos permite determinar con precisión los problemas de mayor actualidad e importancia y explorar las posibles soluciones a la luz de las opiniones de los integrantes del grupo. Así, nos mantenemos oportunamente informados sobre la evolución de una variedad de cuestiones humanitarias. De ser necesario, nos ocupamos de transmitir algunas de las preocupaciones del CICR a sus interlocutores y asociados en los distintos foros y organismos con capacidad decisoria. Es una función útil, a la que atribuyo gran importancia.

¿En qué campos de la acción del Movimiento piensa que su aporte puede ser más significativo?

Nuestras esferas de actividad son muy diversas y van, por ejemplo, desde el fomento de las relaciones del CICR con las poblaciones locales afectadas por los conflictos hasta los asuntos de interés común entre la Institución y las Naciones Unidas. Tampoco hay que olvidar una cuestión de interés central para el Movimiento, es decir, la aplicación del derecho internacional humanitario, que es imprescindible difundir en la mejor forma posible. Al respecto, nos ocupamos, entre otras cosas, de examinar nuevos métodos didácticos para las fuerzas armadas. También pasamos revista a las consecuencias que podrá tener la creación de la Corte Penal Internacional y las funciones que le incumbirán en todos los ámbitos relacionados con la aplicación del derecho internacional humanitario.

 
 

¿Participan ustedes en los preparativos de la próxima Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja?

En efecto, la preparación de la Conferencia figura en nuestro programa de actividades. Los asesores internacionales tenemos la intención de formular algunas propuestas, sobre todo en cuanto al contenido de la Conferencia, que se celebrará en noviembre de 1999. A nuestro juicio, ésta debería guardar relación con las realidades de nuestro tiempo; es imperativo no descuidar ninguno de los problemas de interés actual.

Usted ha colaborado en Hard Choices, recopilación de ensayos sobre los dilemas morales que conlleva la acción humanitaria. ¿Cuál es el eje del análisis propuesto en esta obra?

En lo que me concierne, y habida cuenta de la reciente evolución de los conflictos, me refiero concretamente a la desarticulación de varios Estados y a los desastrosos efectos de tal crisis en la cohesión social; me he centrado en los beneficiarios de la ayuda humanitaria. Habida cuenta de las experiencias traumáticas que han vivido, son de facto más sensibles a la necesidad de reflexionar sobre lo que ocurre. Por ello, es sumamente importante prestar un especial cuidado a sus características culturales. Actuar con el debido respeto por las culturas y prácticas locales, por ejemplo, consultar a los ancianos y a las autoridades tradicionales y religiosas, es un requisito cardinal para lograr el máximo apoyo de las poblaciones afectadas. Asimismo, tenemos que tomar en consideración el papel de las mujeres, cuya influencia como factor de paz se suele desaprovechar.

 
 

¿Y en cuanto a la cuestión militar...?

Es crucial que el campo de la acción humanitaria esté claramente diferenciado de las intervenciones militares, que a menudo, como ocurrió en el caso de Somalia, quedan determinadas por objetivos no declarados. Hubo un momento en el que la intervención armada en ese país abandonó su meta inicial, a saber, la protección de las actividades de asistencia humanitaria, y cobró un cariz claramente político, al orientarse concretamente a la captura de los líderes de las facciones en conflicto. De allí en adelante, una parte de los somalíes consideró que toda la operación era un ataque directo contra sus intereses. Para evitar tales riesgos, la acción humanitaria debe llevarse a cabo con neutralidad e imparcialidad. Nuestro deber consiste en tener presentes estos principios, aplicarlos y no transigir en ellos.

¿Piensa usted que hemos asimilado las enseñanzas de la intervención en Somalia?

No lo suficiente. El debate al respecto debería proseguir, para asegurarnos de que la experiencia adquirida en Somalia se aproveche cabalmente.

 

Entrevista de Jean-François Berger

 


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