|
|
 |
 |
 |
 |
|
|
 |
|

Sangatte:
Esperanza y desesperación
Pierre Kremer
|
 |
|
Un grupo de migrantes trata de entrar
en el Túnel del Canal, cerca de Sangatte. |
Un enorme almacén en pleno campo, el centro de Sangatte,
en el norte de Francia recibe a centenares de migrantes para
quienes la Cruz Roja es el único vínculo con la
humanidad. Cruz Roja, Media Luna Roja ofrece una visión
de la vida de estos exiliados y de quienes les prestan asistencia. |
|
No es fácil trabajar en Sangatte. El equipo de 74
personas que trabajan por turnos en este centro de tránsito,
administrado por la Cruz Roja, puede confirmarlo. No es fácil
porque, desde que el centro abrió en septiembre de
1999, los residentes han pasado de 200 a 1.500. "Al principio
podíamos brindarles apoyo social, pero ahora es imposible,
hay demasiadas personas", dice Martine, encargada del
servicio de acogida.
No hay semana en la que no haya alguna polémica con
respecto a estas personas sin hogar, que en su mayoría
tienen una única ambición: llegar al Reino Unido,
en donde han puesto todas sus esperanzas de una nueva vida.
Son muchos los que han pedido el cierre de Sangatte. Quien
más enérgicamente lo ha hecho es Eurotunel,
la compañía francobritánica que explota
el Túnel del Canal y ha presentado dos demandas que
fueron desestimadas por el tribunal administrativo de Lille.
La presencia del centro también ha despertado la ira
de los habitantes, que afirman que las constantes idas y venidas
de extranjeros han generado una inseguridad permanente en
la región. La verdad es que no se ha registrado ningún
aumento de la tasa de criminalidad desde la apertura del centro.
|
 |
 |
|
Rutina estricta
A pesar de las acusaciones, en su mayoría falsas,
de delitos atribuidos a los migrantes y, a pesar de la naturaleza
precaria del lugar, la Cruz Roja Francesa prosigue su misión
humanitaria en favor de toda esa gente que llega cada día
al centro, en muchos casos, después de haber viajado
miles de kilómetros.
En poco menos de dos años, han pasado por Sangatte
unos 50.000 migrantes, que representan 110 nacionalidades:
80% de ellos son hombres jóvenes y solteros. A su llegada,
el servicio de acogida les da dos mantas (bien muy valioso),
les atribuye una tienda de campaña, o una cabaña
con calefacción si se trata de una familia, y explica
las reglas de la vida comunitaria: horarios estrictos para
la ducha por la mañana y por la tarde, nada de alcohol,
disciplina a las horas de comer, etc.
Al acceder al centro se tiene la impresión de entrar
en una inmensa estación de ferrocarril convertida en
campamento, con su "plaza" (con varios bancos y
una televisión con vídeo), duchas, cantina y
un lugar para rezar. Además, hay una guardería
infantil con calefacción para unos 80 niños.
De la mañana a bien entrada la tarde, a las madres
les gusta reunirse allí, impartir alguna enseñanza
básica a sus hijos privados de escuela, y olvidar por
un momento las dificultades cotidianas.
Unos pasos más allá está el servicio
sanitario, donde dos enfermeras (asistidas por un fisioterapeuta
y ocho médicos voluntarios) tratan de atender los problemas
de salud, al tiempo que cuidan del puñado de bebés
nacidos en Sangatte e instalados con sus padres en una guardería
provisional. Problemas dermatológicos, infecciones
de garganta, bronquitis, dolores musculares (causados por
el frío), las enfermeras no paran. "¡Es
agotador! A veces refunfuñamos, pero seguimos adelante
de todas maneras", exclama una de ellas.
|

Antes de la inauguración del Centro de la Cruz Roja,
en 1999, los migrantes dormían en la calle. |
|

P.S. El 15 de abril, Ali Sharif,
curdo de 25 años, murió en un incidente violento
en Sangatte, en el que resultaron heridos otros dos jóvenes
curdos. El 5 de junio, otro migrante resultó muerto
en una reyerta cerca del puerto de Calais.
|
Llevados por la desesperación
La alimentación es una obsesión importante.
Del mediodía en adelante se va formando una cola ante
la cantina, el camino señalado por una red de alambre.
Los primeros que llegan tienen una hora de adelanto. Para
los rezagados hay una espera de casi dos horas. En la cocina
Nadine y su equipo no paran: recoger platos, calentarlos,
servirlos, volverlos a llevar. Cada día, sirven 3.000
comidas.
"Aquí nos enfrentamos a una desesperación
indescriptible e invisible", explica Martine. Recuerda
varias escenas recientes: reconocer los cuerpos carbonizados
en las líneas electrificadas, transportar heridos al
hospital, las lágrimas de padres etc. "Llegamos
apenas a tiempo para salvar a un curdo que trató de
ahorcarse cerca de la cocina", recuerda.
Serge es uno de los cuatro mediadores todos ellos políglotas
(inglés, farsi, persa y árabe) contratados por
Michel Derr, Director del centro. Su función es visitar
a los "residentes" en sus barracas, establecer una
relación, recoger solicitudes, a veces escuchar sus
problemas, orientar y informarles sobre sus derechos y los
procedimientos relacionados con su presencia en el centro.
"Hay que prever, anticipar, sentir las tensiones para
poderlas desactivar y, a la vez, ser fiel a nuestros principios
de la Cruz Roja", explica.
Atrapado en el trajín diario, cumple debidamente su
función con todos sus altibajos. Sigue recordando a
aquellos jóvenes a quienes hubo que amputarles los
pies tras una caída. "Ver a esos muchachos de
20 años, sin pies, que te sonríen, te arruina
el día", afirma conmovido.
|
|
Eternamente temporal
Sangatte es una espina en el flanco de las políticas
europeas en materia de solicitantes de asilo. Al haber fracasado
en encontrar una solución política común
a la llegada de personas y familias que se instalan en los
jardines y lugares públicos de Calais, las autoridades
francesas han recurrido a una respuesta humanitaria, confiando
la administración de este "punto de encuentro"
a la Cruz Roja Francesa. Así nació este verdadero
"centro de refugiados".
En dos años la situación no ha mejorado mucho.
La armonización de las políticas de inmigración
no parece ocupar un puesto importante en la lista de prioridades
políticas de los 15 países de la Unión
Europea.
Entretanto, ahí está Sangatte, lugar sin precedente,
provisional y, a la vez, permanente, sin verdaderas perspectivas
para el futuro. Sangatte, donde miles de medios de comunicación
en busca de sensacionalismo no han sabido transmitir la realidad
mucho más compleja de la emigración Sur-Norte,
fruto de la angustia.
Hacia las 7 de la tarde, el almacén se anima. Se intensifica
el barullo y el ambiente se pone eléctrico. Es la seña
de una nueva serie de partidas con destino al Reino Unido.
Los itinerarios son muy conocidos: el área de carga,
donde se reúnen los camiones, el terminal del transbordador,
o las bocas del Túnel del Canal a tres kilómetros
de distancia. A pesar del peligro, una docena de candidatos
al asilo han muerto en la tentativa, varios grupos se están
preparando para tentar su suerte una vez más y poner
término a su marcha incesante.
Una mujer solloza en la penumbra. Ya no aguanta más.
Su esposo le arranca a su pequeño de cuatro años
de los brazos para obligarla a seguir adelante. Son las 10
cuando la familia desaparece en la noche. Para los demás,
una sonrisa imperceptible, un saludo antes de irse. Casi todos
ellos volverán a la mañana siguiente, agotados;
entrarán cabizbajos para no dejar ver que, una vez
más, la esperanza se ha convertido en desesperación.
|
|
Pierre Kremer
Jefe de Redacción Croix-Rouge, revista de la Cruz Roja
Francesa
|
|
 |
 |
 |
Arriba | Contáctenos
| Créditos | Revista
actual | Webmaster
© 2002 | Copyright
|
|