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Guerra y responsabilidad

El 23 y 24 de mayo, el CICR organizó un nuevo foro humanitario internacional en Wolfsberg, Suiza. El tema principal fue la responsabilidad de los actores humanitarios y políticos respecto a quienes se ven afectados por conflictos armados. Participaron representantes de círculos políticos, humanitarios, militares y económicos, así como de los medios de comunicación. Una particularidad del foro de este año fue la presencia de supervivientes de los conflictos armados de Afganistán, Bosnia y Herzegovina, Guatemala, Ruanda y Sudáfrica, cuyas experiencias y el papel desempeñado en cada caso por los actores humanitarios sentaron las bases de los debates.

En un intercambio general de puntos de vista, se invitó a los participantes a que no consideran a las personas afectadas por conflictos armados "víctimas" pasivas, sino más bien "supervivientes" que tienen voz y pueden colaborar para pedir cuentas a los responsables de su trágica suerte. Algunos participantes opinaron que la participación de instituciones locales, a la hora de subvenir a necesidades humanitarias básicas, es eficaz. También hubo acuerdo general en cuanto a que las organizaciones humanitarias podían mostrar un mayor compromiso con los supervivientes de conflictos armados y colaborar estrechamente con ellos, una vez terminada la fase de emergencia.

Sequía en Sri Lanka

Más de 400.000 personas están afectadas por la sequía en Sri Lanka meridional, después de tres años de cosechas perdidas por falta de lluvia. Según evaluaciones de la Cruz Roja de Sri Lanka y la Federación, la gente recibe tan solo un tercio de sus necesidades diarias de energía y proteínas. En el distrito Hambantota, al sudeste del país, el peso medio de los recién nacidos ha disminuido y el número de casos de disentería es cuatro veces más alto que la media nacional.

El año pasado, la Cruz Roja de Sri Lanka, con el apoyo recibido tras un llamamiento de la Federación, distribuyó alimentos a 21.000 personas durante seis meses en las zonas más afectadas de ese distrito. Pero, debido a la falta de lluvias, las familias se ven obligadas, una vez más, a reducir su alimentación a una o dos comidas diarias.

"Aunque los mercados disponen de los alimentos principales, la gente no puede permitirse comprarlos. Los precios aumentaron casi 50 por ciento y las posibilidades de trabajo ocasional se secaron junto con los arrozales. Quienes empeñaron cuanto tenían para procurarse dinero y comprar semillas vieron sus cultivos marchitarse y morir", explica Erwin Bulathasinghala, Secretario General de la Cruz Roja de Sri Lanka.

 

Prepararse para el cambio climático

La Cruz Roja Neerlandesa abrió un Centro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, en La Haya, para abordar la amenaza que supone el cambio climático. La finalidad de este centro, inaugurado en junio, es reforzar los programas de ayuda de socorro, utilizando mejor los datos científicos sobre cambio climático y perturbaciones graves. Eva von Oelrich, Jefa del Departamento de Preparación en Previsión de Desastres, de la Federación, puntualizó que: "Al facilitar el intercambio de ideas entre los mundos de la ciencia de la meteorología y del socorro de emergencia, se espera que el Centro logre que el impacto del cambio climático y los consiguientes desastres naturales se incluyan en los programas de quienes formulan políticas y de las organizaciones en el terreno".

Los científicos estiman que el aumento de la temperatura de la Tierra en el curso de este siglo acrecentará la frecuencia y la gravedad de los desastres. Inundaciones y deslizamientos de terreno podrían poner en peligro a un mayor número de gente; la pérdida de cosechas agudizar la desnutrición, y enfermedades como el paludismo y el dengue llegar a lugares donde la gente es menos inmune a ellas.

Sigue el dzud

Por tercer año consecutivo, la Cruz Roja de Mongolia y la Federación socorren a pastores nómadas y a sus familias en la estepa de Mongolia. La sequía del verano pasado, seguida por terribles nevadas en el invierno y de temperaturas extremas han provocado un dzud permanente en el país, principalmente en las dos provincias del sudoeste y, en menor medida, en otras cuatro.

El dzud, sucesión de catástrofes naturales (aguda sequía en verano, temperaturas muy bajas en otoño y terribles nevadas en invierno) es un fenómeno propio de Mongolia.

La Provincia de Gobi Altai es la más afectada y, en muchos distritos, el invierno puede acabar con la vida de hasta 70 por ciento de los animales. En los últimos cinco meses ha muerto casi 40 por ciento del ganado de la provincia: más de 650.000 animales.

La Cruz Roja de Mongolia, apoyada por la Federación, sigue brindando asistencia a los pastores afectados distribuyendo suministros de socorro, harina, aceite de cocina, té, ropa, botas de fieltro, a 3.700 familias para que se preparen para el invierno. Además, se han distribuido más de 17.000 radios para que salgan de su aislamiento y puedan escuchar pronósticos del tiempo.

El dzud de Mongolia agrava problemas de larga data en este país que atraviesa la transición dolorosa de una economía socialista sumamente centralizada a una economía de mercado. Por otra parte, el cambio climático también está afectando al país.

 

La Cruz Roja Argentina da una mano

José López sabe que una vez al día podrá comer en uno de los comedores populares de la Cruz Roja Argentina. Será una comida sencilla, pero le ayudará a sobrevivir en medio de la crisis socioeconómica que ha dejado a la mitad de la población del país viviendo con menos del mínimo necesario.

Estos últimos años, la situación socioeconómica argentina ha empeorado mucho, sobre todo desde principios de 2002. Desde 1999, ha habido un aumento considerable del número de personas que viven en condiciones de pobreza extrema y los servicios de salud y de educación se han deteriorado. La crisis ha afectado enormemente a los pobres, que ya tenían poco o ningún acceso a los servicios de salud y alimentación, y a la mayoría de la clase media, que ahora ni siquiera tiene acceso a los servicios de salud pública.

La Cruz Roja Argentina, con ayuda de la Cruz Roja Española, administra o apoya varios de estos comedores populares en algunas de las zonas más deprimidas del país. También presta ayuda a orfanatos y guarderías que no pueden seguir ofreciendo sus servicios. Mientras siga la crisis económica, la meta es garantizar la viabilidad de estos servicios en las 24 secciones de la Cruz Roja Argentina. Con su ayuda, tal vez José López y muchos otros puedan comer a diario y estar tranquilos porque saben que su familia recibe ayuda.


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