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De cara a la situación

Jessica Barry

Este segundo artículo de la serie sobre cuestiones humanitarias del conflicto israelopalestino trata de la asistencia y demás servicios que presta la sociedad Magen David Adom tras atentados suicidas con bombas y otras agresiones.

"Tres minutos después que salí de la cafetería oí una explosión", recuerda Daniel Farahan, estudiante estadounidense de ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. "Volví corriendo y fue una pesadilla. Una joven murió delante de mí. Le cerré los ojos y la cubrí. Era alucinante".

Sentados a la sombra, cerca de la cafetería donde la bomba que estalló el 31 de julio mató a siete personas, cinco de ellas estudiantes extranjeros, e hirió a más de 80, era difícil creer que un lugar tan tranquilo hubiera sido teatro de esa matanza.

Al exterior del edificio devastado, cerca de un olivo, había un montón de coronas y rosas marchitas. Bayas rojas y anaranjadas eran la única nota de color fuera de unos cuantos geranios rosados y desteñidos. Había tarjetas de pésame de las embajadas de Japón y Corea del Sur, y una bandera israelí. En un banco cercano, una caja de fósforos, docenas de velas consumidas.

Los estudiantes iban y venían en la calma del atardecer. "Trato de pasar por aquí todos los días", dice Daniel con voz queda.

Con tanta atención focalizada en el sufrimiento de los palestinos en los territorios ocupados, es importante recordar que también del lado israelí hay un hondo sufrimiento, causado en gran medida por atentados indiscriminados con bombas y un ambiente cargado del temor creciente que afecta de diversas maneras a la sociedad israelí en su conjunto.

 

Trauma

La gente dice ha'matzav (la situación). "Vivimos en la negación", comenta la esposa de origen canadiense de un miembro del personal médico auxiliar de la sociedad Magen David Adom (MDA) que está embarazada. Es una frase utilizada por muchos. Otros dicen que se sienten aterrorizados.

El Centro de Trauma para las Víctimas del Terror y de la Guerra de Israel, conocido por la sigla en hebreo NATAL, recibió miles de llamadas en la línea permanente que habilitó en 1998. A través de esta línea, se trata de ofrecer apoyo moral y psicológico a las víctimas de traumas. Desde el inicio de la intifada, en septiembre de 2000, el número de llamadas ha aumentado a unas 300 por mes.

Quienes llaman expresan varias emociones que van del temor de salir de su casa, incluso para reuniones familiares, a problemas de insomnio, pasando por la náusea que les provoca el olor de carne asada. Algunos padecen de reacciones latentes por los atentados de los que fueron testigo hace años porque la violencia actual reavivó los recuerdos. "Basta muy poco para que reaparezca el trauma de quien quedó traumatizado alguna vez", explica el Dr. Ilan Kutz, psiquiatra de Tel Aviv y experto en tratamiento de traumas.

Las llamadas a la línea permanente de NATAL son atendidas por voluntarios que recibieron una formación de seis meses. "Uno debe conocerse a sí mismo antes de poder ayudar a los demás", afirma Hannah, que empezó a trabajar en NATAL justo antes de la intifada. "Uno mismo debe haberse analizado. No es fácil estar expuesto a todo esto".

Lo extraordinario de esa línea es la política de mantener contactos periódicos con quienes llaman, creando un mecanismo de apoyo basado en la confianza y el interés por el problema de cada uno. "Encontrar la energía para llamar la primera vez no siempre es fácil, pero para quienes temen salir de su casa o tienen reticencias ligadas al estigma que conlleva solicitar apoyo psicológico a organismos públicos, esta línea tal vez sea la única fuente de ayuda", concluye Hannah.

Muchos asesores y terapeutas reconocen que no sólo las víctimas directas de atentados terroristas pueden caer en un estrés postraumático. Los socorristas también corren ese riesgo, al igual que los policías, los bomberos y quienes estaban en el lugar de los hechos como los barrenderos, los limpiadores de vidrios o los transeúntes. Los niños son singularmente vulnerables. El Dr. Rony Berger, Director de Servicios Comunitarios de NATAL, administra un programa de divulgación para prevenir el estrés postraumático de quienes se ven regularmente enfrentados a escenas de horror. Este programa comprende talleres, conferencias y seminarios que utilizan la experiencia de los participantes expuestos al estrés para reforzar los mecanismos de defensa de los que disponen y enseñarles otros.

Intervención inmediata

A la vanguardia de las actividades de rescate se encuentran los socorristas de primera intervención de la MDA, Sociedad Nacional que tiene estatuto de observador en el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y fue encargada por el gobierno israelí de admi-nistrar el banco de sangre nacional y los servicios médicos de emergencia. El CICR ha propocionado 80.000 dólares a la MDA para ayudarle a satisfacer la demanda creciente de bolsas de sangre.

La unidad de primera intervención, creada hace dos años y medio, cuenta con 1.600 voluntarios de todo el país; 500 en Jerusalén. Están siempre de guardia, disponen de todo lo necesario para salvar vidas e intervenir de inmediato cuando suena la alarma buscapersonas.

Los hombres y mujeres que se presentan voluntarios a esta "unidad de socorro de elite" como la llama Dovie Meisel, su coordinador en Jerusalén, pertenecen a todas las clases sociales. "Cuando suenan las alarmas, quienes están más cerca del incidente acuden inmediatamente al lugar y, a veces, llegan antes que las ambulancias. "Cumplen la función esencial de salvar vidas en situaciones en las que cada segundo cuenta", afirma Guilda Boca, abogado e integrante de este grupo, que ingresó a la MDA cuando era adolescente.

"Después de un atentado, la formación de socorrista es como un manto de protección del que no disponen los demás", comenta el Dr. Ilan Kutz. Ahora bien, incluso profesionales aguerridos a veces se impresionan, principalmente, cuando los muertos y heridos son conocidos, o cuando se trata de niños".

Recoger cadáveres a veces es más duro de sobrellevar que cuidar de los vivos, sobre todo cuando se trata de un atentado con bomba que despedaza los cuerpos. Marti Goldstein es médico, hombre de negocios, y miembro del Zaka, el grupo judío ultraortodoxo que recoge restos mortales tras atentados suicidas u otros incidentes."Lo primero es atender a los heridos y luego a quienes están en estado de conmoción", explica. Después intervienen las unidades móviles del Zaka para recoger los miembros, la sangre, los tejidos y otros restos. "Hay que trabajar con rapidez, seguridad y eficiencia para poder reunir todas las partes y ponerlas en el orden debido para el entierro", añade. Esto garantiza que se observen los preceptos de la religión judía en cuanto a que deben enterrarse todos los restos mortales.

La convicción de que es importante ayudar a la gente da fuerzas a Marti para hacer su labor. El espíritu de equipo también es muy importante. "Nos comprendemos y después hablamos. Uno también tiene que saber dejar cosas de lado", concluye.

Después del atentado contra la Universidad Hebrea, Daniel Farahan recuerda haber conversado con algunos amigos sobre lo que debían hacer. "Convinimos todos en que estar aquí es como estar en la trinchera del mundo, pero hay que seguir adelante con la vida y, entonces, decidimos quedarnos".

Unos días después, le pidieron a Daniel que rindiera homenaje a las víctimas en una ceremonia de conmemoración. "Hablé de la necesidad de ser fuertes y de no ceder porque queremos la paz entre los palestinos y nosotros".

 

Jessica Barry
Delegada de Comunicación del CICR en Gaza.

El primer artículo, Vidas arruinadas, se publicó en el núm. 3-2002 de Cruz Roja, Media Luna Roja (pág. 10-11).


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