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De la marginación al ejemplo

Andrei Neacsu

Dorothy Odhiambo y la Federación colaboran para combatir el estigma y la discriminación dentro y fuera de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Uno de los mayores retos para Dorothy es ayudar a la Federación a transformar en acciones concretas sus políticas para apoyar a los miembros del personal a quienes se les ha diagnosticado el VIH/SIDA.

En 1989, la vida de Dorothy Odhiambo, joven madre de Linda de tres años, estuvo a punto de derrumbarse. Por ese entonces era maestra y le habían negado un trabajo sin ningún motivo concreto. Poco después, se enteró que era seropositiva; el médico le dijo que le quedaban apenas tres años de vida y sin miramiento alguno le aconsejó que antes de morir encontrara a alguien que se ocupara de Linda.

Desde ese infortunado momento hasta ahora, Dorothy ha recorrido un largo camino. De no haber tenido tanto temple tal vez hubiera abandonado la partida. "Tenía la impresión de estar en una fila de condenados a muerte", recuerda. Actualmente, participa en una iniciativa regional de la Federación para fomentar la coordinación entre asociaciones nacionales de personas que viven con el VIH/sida, y las Sociedades Nacionales de África oriental. Aprovechando la experiencia de Dorothy, el programa aborda cuestiones fundamentales como el estigma y la discriminación o el cuidado adecuado para las personas afectadas por el virus. "Estas actividades crean un ambiente favorable que está transformando la Cruz Roja en un mejor lugar de trabajo para quienes vivimos con el VIH/SIDA", comenta Dorothy que, en mayo, se incoporó a la delegación de Nairobi en calidad de funcionaria de cooperación regional.

 

 

Pioneros en la lucha contra el estigma

Hace 13 años, la mayoría de los keniatas y el resto de los africanos consideraban que el VIH/SIDA no era un problema pues, según ellos, se trataba de una enfermedad de extranjeros. Conceptos como el asesoramiento eran desconocidos. El estigma, la expulsión de la comunidad, los insultos, incluso de estudiantes contra docentes, eran moneda corriente.

Dorothy está convencida de que el estrés causado por el estigma y el rechazo es mucho más mortífero que el propio virus. "Muchos perdieron la fe y se dejaron morir ante esa sentencia devastadora que en aquellos tiempos equivalía a una condena de muerte". Ella prefirió luchar y con un grupo de amigos fundó la sección de Kenya, de la Red Africana de Personas con VIH/SIDA (NAP+) y la Asociación de Mujeres Keniatas contra el Sida. En 1995, dejó la docencia para dedicarse a la prevención del VIH/SIDA, pasó a integrar el consejo de coordinación del Programa de ONUSIDA y fue electa miembro del Grupo de Trabajo sobre el VIH/SIDA de Kenya que se ocupa de cuestiones de orden ético y jurídico.

La Federación también recorrió un largo camino. "Sólo quise poner en práctica las bellas palabras de las directrices y políticas" asevera Patrick Couteau, Coordinador Regional en materia de VIH/SIDA, recordando el momento en que redactó aquel anuncio peculiar de oferta de empleo en el que se decía que la delegación regional buscaba a alguien que fuera seropositivo para que administrara programas de prevención.

En una época en que las empresas del mundo hesitan en abordar la cuestión del seguro de salud de los trabajadores que viven con el VIH/SIDA, la delegación regional, con el aporte de Dorothy, logró renegociar un mejor régimen de seguro para sus colaboradores residentes en Kenia.

"Actualmente, todo colega seropositivo, tiene acceso a un tratamiento adecuado gracias al seguro de la delegación y, sobre todo, a medicamentos antirretrovirales, que siguen siendo bastante caros para los africanos a pesar de que los precios bajaron un poco", explica Dorothy.

Las estadísticas oficiales le dan la razón porque en Kenia sólo 7.000 de los 2.500.000 personas afectadas por el VIH/SIDA reciben tratamiento antirretroviral. Ella estima que si nos proponemos ampliar el acceso al tratamiento a escala nacional, lo ideal sería que el Estado sufragara parte del costo de los medicamentos.

El equipo de Couteau está avanzando en los esfuerzos para fortalecer la capacidad de la Cruz Roja de abordar cuestiones relacionadas con el VIH/SIDA, principalmente, el estigma y la discriminación, tanto en la organización como en la comunidad en su conjunto. "Somos el ejemplo a seguir y tenemos que asegurarnos de que otros colegas de África oriental comprendan y pongan en práctica las políticas relativas a las personas que viven con el VIH/SIDA. Las Sociedades Nacionales deben comenzar a considerar el empleo de personas como Dorothy, capaces de manejar cuestiones externas y cuestiones internas relacionadas con esta pandemia", añade Couteau.

Un ejemplo concreto de ese esfuerzo es el programa Embajadores de la Esperanza, iniciado por la NAP+, y apoyado por la delegación regional, en el que se imparte formación a personas seropositivas para que sirvan de ejemplo en la defensa de los derechos de sus semejantes de otros países donde el VIH/SIDA sigue siendo tabú.

En la sesión de formación, que tuvo lugar en Pretoria, Sudáfrica, en septiembre, participaron miembros del personal de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Eritrea, Kenia, Ruanda, Tanzania y Uganda. Algunos de ellos irán de Embajadores de la Esperanza a las Sociedades Nacionales de la Media Luna Roja de Djibouti, Somalia y Sudán.


"A veces, mis colegas se olvidan de mi estado. Entonces, creo que esta educación ha contribuido mucho a modificar su comportamiento", comenta Dorothy Odhiambo

 
 

Satisfacción en el trabajo

Entretanto, junto con la campaña mundial contra el estigma, iniciada en mayo, en la delegación regional prosigue el programa del lugar de trabajo. Oradores externos vienen periódicamente a explicar las políticas vigentes, las tendencias y los derechos de quienes viven con el VIH/SIDA.

"Estoy segura de que a veces mis colegas se olvidan de mi estado. Charlamos, compartimos, nos reímos, hacemos bromas y trabajamos normalmente. Por eso creo que esta educación y esta sensibilización han influido mucho en su comportamiento".

Las estadísticas indican que, salvo los pabellones de maternidad, entre 40 y 50 por ciento de las camas de hospital de Kenia están ocupadas por pacientes con enfermedades relacionadas con el VIH/SIDA. Por lo tanto, el temor por el resultado del examen para detectarlo es justificado.

"Aun así, la mayoría de los compañeros están sacando fuerzas de flaqueza para ir a hacerse el examen voluntariamente, entonces, ayudo a los que se dirigen a mí para superar la ansiedad y las emociones que conlleva dar ese paso", comenta Dorothy.

Ella opina que la delegación regional de Nairobi "es un lugar de trabajo acogedor para todos, porque verdaderamente no hay discriminación alguna", e invita a otras delegaciones a seguir el ejemplo de África oriental. Anhela que su mensaje sea escuchado en todo el Movimiento y añade: "No se puede pretender que sea un hogar para quienes vivimos con el virus, ni avanzar en la labor sin contar con la participación de alguien que vive con el VIH/SIDA".

Andrei Neacsur
Delegado Regional de Información de la Federación en Nairobi.

 


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