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Tiempos difíciles en Mongolia

por Beth Watts

Una década de transición económica sumada a tres años de sequía y de crudos inviernos han sumido a la mayoría de los mongoles en una extrema pobreza. La Cruz Roja está ayudando a las personas más vulnerables a sobrevivir en este turbulento período.


La Cruz Roja de Mongolia presta asistencia médica como parte de su programa de bienestar social para los ancianos

La vida para Lahagvasuren, un pastor de Mongolia, transcurría tranquila. Podía mantener a su familia y ocuparse de sus animales. "Éramos felices, la vida era sencilla", recordó. "Pero todo eso se acabó".

Para Lahagvasuren, como para miles de pastores tradicionales, los duros inviernos de los tres últimos años han tenido consecuencias devastadoras. Hoy han perdido todos sus animales y se han visto forzados a trasladarse, junto con sus familias, a los centros urbanos regionales con la esperanza de encontrar una existencia mejor. Ahora no tienen nada.

"Es muy difícil conseguir suficiente comida. Comemos una vez al día y a veces no comemos", dice con tristeza. Su hija, sentada a su lado, viste sólo una camiseta, está descalza y tampoco lleva calcetines, pese a que adentro no hay calefacción y afuera la temperatura es glacial.

El caso de la familia de Lahagvasuren no es el único. En los diez últimos años, la pobreza ha registrado un aumento impresionante en este vasto país. "La gente lo ha perdido todo y vive en la miseria total", explica David Easson, ex responsable de programas de la Federación en Mongolia.

Atacar el mal de raíz

El nivel de pobreza cada vez más elevado imperante en el país es un problema complejo, cuyas causas son mucho más profundas que las traicioneras inclemencias climáticas. La transición, iniciada a principios de los años noventa, de un régimen comunista basado en el modelo soviético de crecimiento económico de planificación centralizada a un gobierno elegido democráticamente y una economía de libre mercado, ha dejado un país vulnerable y terriblemente endeudado.

"Nos encontramos ante una población que se ha ido empobreciendo paulatinamente; muchas personas se han visto obligadas a irse con muy escasos bienes a una de las tres ciudades principales, donde terminan viviendo en pésimas condiciones —en barrios de tugurios fundamentalmente— y donde hay muy serios problemas de asistencia social, vivienda y desempleo", explica Chris Hurford, jefe del equipo de evaluación de la Federación, que visitó Mongolia a fines de noviembre.

En la capital, Ulaan Baatar, la población pasó de 700.000, en 1999, a más de 813.000 a comienzos de 2002, lo que produjo superpoblación y aumento de la pobreza. El sistema de asistencia social no da abasto ante tal afluencia de gente. Sin ingresos ni competencias para encontrar empleo, muchas familias van cayendo en la indigencia. Para recibir cualquier tipo de asistencia social y médica o para solicitar un trabajo, las familias deben presentarse ante las autoridades locales para registrarse. Pero eso cuesta cerca de 50 dólares estadounidenses por persona, lo que significa que la mayoría de las familias quedan al margen de la red social.

"A menudo me pregunto cómo nos las arreglaremos", se interroga preocupada Bichee, una mujer de 34 años que vive con su familia en Ulaan Baatar. No puede pagar el registro. Para sobrevivir, Bichee y su hija viajan todos los días cuatro horas hasta una zona forestal para recoger leña, que venden al borde de la carretera a 500 togrik (50 centavos) la bolsa. "Con este dinero compramos unos pocos panes", dice, "pero no basta".

"Mi marido está muy enfermo pero no puede conseguir ayuda. Creo que pronto morirá. Mi hija no puede ir a la escuela pues no tenemos bastante dinero. ¿Qué podemos hacer?, se pregunta Bichee.

"Los niveles de pobreza son absolutamente escalofriantes", afirma David Easson. "Hay muchas dificultades en materia de disponibilidad y valor nutritivo de los alimentos, la situación de la salud pública se está deteriorando y la depresión es generalizada. Muchas personas están angustiadas y agotadas física y psicológicamente. Hemos sabido de muchos suicidios. El alcoholismo comienza a ganar terreno y ha aumentado la violencia en el hogar. La gente simplemente no da más".

 
 

La acción de la Cruz Roja

En respuesta a los crecientes problemas de Mongolia, la asistencia de la Cruz Roja hasta ahora ha consistido principalmente en realizar llamamientos de emergencia durante los rigurosos inviernos. Se ha dado prioridad a los pastores, a los que se han suministrado víveres y material, como radios y ropa de abrigo. Pero esta asistencia sólo ofrece soluciones de corto plazo a un problema de desarrollo más profundo.

"Tenemos que empezar a abordar realmente las cuestiones de largo plazo", afirma Chris Hurford. "La Cruz Roja se ha visto tradicionalmente en el país como una organización que da respuestas inmediatas. Hoy es imperativo examinar con más profundidad el desastre actual, sobre todo la creciente pobreza de las zonas urbanas y la situación de las personas que están fuera de la red de asistencia social, para ellas el problema no se resolverá con soluciones de emergencia".

La Cruz Roja de Mongolia, consciente de que la asistencia de emergencia es limitada, ha iniciado varios pequeños programas de bienestar social para ofrecer un apoyo a más largo plazo especialmente para los ancianos. Pero se trata de proyectos de poco alcance y difíciles de mantener.

Es alentador comprobar que algunas filiales han lanzado varias iniciativas a fin de proporcionar los conocimientos necesarios para que las personas logren salir de la pobreza. En una filial de Ulaan Baatar, se ha organizado un curso en el que se da asesoramiento jurídico para explicar a las familias vulnerables el procedimiento de registro, sus derechos y otros asuntos legales. Algunos participantes deciden proseguir su formación y asisten a clases de materias tales como cocina y costura, que les ofrecen nuevas oportunidades de sustento.

"Estos cursos han tenido éxito", comenta David Easson. "Cuando preguntamos a estas personas qué es lo que más necesitan, nos responden sin vacilar que lo que desean es trabajar. Quieren recobrar su dignidad. De este modo, la Cruz Roja les está ayudando a lograr una mayor autosuficiencia y les restituye sus vidas".

"Pero estos proyectos tienen un alcance muy limitado y permiten ayudar a cinco o seis personas a la vez. Es necesario ampliarlos", afirma el delegado, y añade: "Las filiales requieren más apoyo y asesoramiento para poder influir realmente en la situación".

Los voluntarios: ¿la solución?

Con voluntarios entusiastas y decididos, la Cruz Roja de Mongolia puede ayudar a afrontar esta crisis de pobreza, siempre que se dé el debido apoyo.

"Los voluntarios y los jóvenes podrían ser la solución para que la Cruz Roja contribuya a abordar los problemas del país a más largo plazo", sostiene David Easson.

"Los voluntarios —jóvenes y adultos— tienen una motivación y una dedicación asombrosas. Son capaces de caminar kilómetros para socorrer a los menesterosos, sin incentivo ni apoyo, simplemente porque desean ayudar", añade. "Cuando el equipo de evaluación de la Federación llegó al país, había voluntarios que recorrían hasta 25 kilómetros a pie con temperaturas de 35 grados bajo cero nada más que para hablar con el equipo y mostrar su respaldo a la Cruz Roja. Con esa fuerza sí se podría influir en la situación".

El subsecretario general de la Cruz Roja de Mongolia, Dr. Jadamba, asiente. "Los voluntarios ya están dando lo mejor de sí mismos, hasta desatienden sus propias necesidades para ir a ver y ayudar a otras familias".

"Pero estos voluntarios deben ser apoyados. Si aumentamos la capacidad, el apoyo y el reconocimiento de los voluntarios creo que tenemos una posibilidad de influir a largo plazo y de ayudar a las personas que viven en la pobreza".

Pero no hay un remedio instantáneo. Para mitigar la pobreza en Mongolia, el gobierno, con el apoyo de la comunidad internacional, debe promover esfuerzos dirigidos a lograr un crecimiento económico sostenible y establecer redes de seguridad asequibles para asistir a los más vulnerables durante este período de transición.

La Cruz Roja puede desempeñar un papel más amplio para contribuir a que se produzca este cambio. Basándose en la imagen positiva que se ha forjado gracias a los buenos resultados de las operaciones de socorro, la Cruz Roja ahora debe hacer hincapié ante los donantes y los gobiernos en la necesidad de considerar a Mongolia como un país que está afrontando una crisis de desarrollo mucho más compleja de lo que se muestra actualmente, y sensibilizarlos en este sentido.

Mongolia no tiene que ser un caso desesperado. Los voluntarios de la Cruz Roja de Mongolia no han perdido la esperanza ni la confianza en su país. Ha llegado la hora de hacer honor a su fuerza y su valor.

Beth Watts
Responsable del sitio web de la Federación en Ginebra.



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