Volver a la página
principal de la revista

Las personas desaparecidos
El derecho a saber

por Virginie Miranda

Lo que quieren es saber. Los familiares de las personas desaparecidas, en todas partes del mundo, dan testimonio de su sufrimiento y de sus dificultades. Presentada en torno al lema "Proteger la dignidad humana", la cuestión de las personas desaparecidas figurará entre las prioridades de la próxima Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que tendrá lugar en noviembre de 2003.


Expertos forenses tratan de identificar restos mortales en Vukovar, Croacia.

Uma Aziz espera desde hace más de 20 años; espera el regreso de sus cuatro hijos. La última vez que los vio tenían 13, 21, 23 y 30 años, cuando eran refugiados en Bir Hassan (Líbano) y fueron llevados a la fuerza por hombres armados. Con el correr de los años, la esperanza de recibir noticias de ellos dio paso a la tristeza, la cual poco a poco se fue tornando en rabia. "Mi vida quedó arruinada, no hay día que pase en que no piense en ellos", dice llorando mientras besa sus fotografías. "Incluso si uno de ellos ha muerto, por lo menos que me devuelvan sus restos. Si están en prisión, que me dejen visitarlos. Lo peor es vivir en la incertidumbre. Si supiera lo que les ha sucedido, podría soportarlo".

La necesidad de saber

Más allá de cada caso particular, las familias de las personas desaparecidas sienten la misma necesidad: saber qué ha ocurrido con sus seres queridos. Existen métodos de búsqueda pero el trabajo que se debe realizar es enorme. Un testigo ocular, la fotografía de un niño pegada en un muro, un nombre difundido por la radio o un llamamiento hecho por televisión. Para apoyarlos en su búsqueda, el CICR y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja les ofrecen la posibilidad de recurrir a su red mundial y a la labor de la Agencia Central de Búsquedas.

Se dirige una solicitud al servicio de búsqueda de la Sociedad Nacional o del CICR, se escribe un mensaje a la persona desaparecida y comienzan las averiguaciones. Se verifican las listas de refugiados, desplazados y detenidos, se interroga a los vecinos y lugareños, se va a hospitales y morgues. Cuando a veces llega la buena noticia, las personas separadas pueden entonces aprovechar la capacidad logística de la red de la Cruz Roja para reunirse al fin con los suyos.

 
 

Para los otros la búsqueda continúa

Valeri Sergeevic Lagvilava lo sabe muy bien. Ya ha perdido la cuenta de las veces que ha acudido a una institución para dar con el paradero de su hijo mayor desaparecido en marzo de 1993. Cuando se perdió su rastro, Vadim era un joven de 23 años alistado en las fuerzas abjazias y había sido herido en combate. A pesar de que varios testigos indicaron haberlo visto en prisión, su nombre no figuraba en ningún registro de detenidos. "Algunos eran registrados, otros no", fue la única respuesta que se obtuvo. Cuando Valeri recibió una lista de nombres de soldados abjazios muertos, en la que figuraba su hijo, no pudo creerlo. "Había otras tres o cuatro personas mencionadas que seguían vivas". Cuando se abrió una fosa común, Valeri estaba presente para examinar uno a uno los 120 cuerpos exhumados. "Hubiera reconocido hasta los botones de la ropa de mi hijo, ¡fui yo quien se la di! Su madre añadió "Quisiéramos verlo vivo o saber dónde fue enterrado, pero tengo miedo de saber la verdad".

Unidos en el sufrimiento

Visaka Dharmadasa, por su parte, no ha vuelto a ver a su hijo desde 1998. El joven soldado de Sri Lanka tenía 21 años cuando cayó en manos de los rebeldes tamiles. "Cuando una persona muere la entierras" explica Visaka. "Tratas de hacer el duelo y la vida sigue su curso. Cuando alguien desaparece, sufres una especie de tortura psicológica, no puedes pensar en nada más". Desde hace algunos años Visaka vive esta dura situación. Con el tiempo, el dolor crece y la cicatrización de las heridas de la ausencia es una posibilidad cada vez más lejana.

Mujer comprometida, Visaka Dhar-madasa es presidenta de la Asociación de Familiares de Militares dados por Desaparecidos en el Combate. Sigue creyendo firmemente que su hijo está vivo. Su asociación, que cuenta con cuatro mil familias, es una red que favorece el encuentro con personas que viven la misma situación para compartir experiencias, apoyarse y aconsejarse.

Los problemas que afectan a los familiares de las personas desaparecidas varían de un país a otro, según las costumbres y la cultura. En ciertas sociedades, como en Sri Lanka, cuando una esposa debe asumir el papel de jefe de familia, además de las dificultades materiales o financieras, puede confrontarse con el desprecio de su propia familia o de su familia política, pues según la creencia popular, puede traer mala suerte. En otras sociedades, la esposa y sus hijos están obligados a irse a vivir con la familia de la persona desa-parecida, a veces contra su voluntad. El temor a las represalias políticas o a la marginación de la comunidad impide también a veces el retorno a la vida normal. Al desconocer la suerte que ha corrido el marido, la mujer no puede pensar en casarse de nuevo y se le aislará debido a su estado indefinido; la compañera de un desaparecido no es ni "esposa", ni "viuda". Dentro de esta zona intermedia, la mujer puede enfrentar dificultades para poder heredar y tener acceso a los bienes de su marido desaparecido.

 

Las personas desaparecidas: una herida abierta

Resulta dificil saber con exactitud cuántas son, pero según algunas cifras, el número es considerable. En la ex Yugoslavia, se calcula que hay 17.000 personas desaparecidas; en Perú, unas 20.000 y en Rwanda, 270.000.

El derecho de las familias a saber lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos es un principio fundamental del derecho internacional humanitario, que el CICR se esfuerza por hacer respetar. Con el fin de desempeñar lo mejor posible la ingente tarea que implica buscar a las personas desaparecidas, el CICR decidió emprender una serie de consultas entre sus colaboradores y expertos procedentes de diverssos círculos: gobiernos, fuerzas armadas, organizaciones nacionales e internacionales y Sociedades Nacionales.

Este proceso, iniciado en junio de 2001, proporcionó la base de trabajo para una conferencia internacional que reunió, en Ginebra, del 19 al 21 de febrero de 2003, a unos 350 expertos gubernamentales y no gubernamentales representantes de más de 90 países. Por último, cabe esperar que esta acción conjunta contribuya a elucidar la suerte que corre un sinnúmero de personas desaparecidas y aliviar el sufrimiento de sus familiares.

 

¿Cómo hacer el duelo?

Al pasar los años, se va perdiendo la esperanza de volver a encontrar al familiar desaparecido. A veces también las circunstancias de su desaparición llevan al pesimismo. Pero al no haber restos mortales, resulta difícil iniciar el proceso del duelo. Son numerosos los cadáveres no identificados y las muertes no declaradas oficialmente. Es indispensable, pues, que las familias de esos eternos ausentes decidan qué camino tomar para curar sus heridas y reconciliarse con su pasado.

En el verde paisaje del sudoeste de Rwanda, Esther Mujawayo Keiner muestra cuatro grandes fosas comunes a unos metros delante de ella, donde están enterrados cadáveres de víctimas del genocidio. Al llegar a la tercera fosa, Esther se detiene y murmura: "Con mis hijos, elegimos el rincón izquierdo para mi marido. Aquí, todos los años, el 30 de abril, le depositamos flores", añade. "Es muy importante para nosotros tener un lugar concreto y simbólico". Esther es cofundadora de la asociación rwandesa de viudas del genocidio de 1994 "Avega-Agahozo". Perdió a 21 parientes cercanos en el conflicto rwandés. Esther no ha podido aún identificarlos a todos y enterrarlos, "para decirles adiós a cada uno de ellos".

Virginie Miranda
Coordinadora de producción audiovisual del CICR en Ginebra.

 


Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista anteriore | Webmaster


© 2003 | Copyright