| No
cabe duda de que una mejor aplicación del derecho internacional
humanitario (DIH) impide la crueldad y la indignidad en la
guerra y contribuye a promover la coexistencia pacífica
y constructiva tras el conflicto. Detrás de esto está
la creencia en la humanidad; el primer principio del Movimiento
presupone una especie de moralidad humana colectiva en la
cual se fundan ciertas acciones. ¿En qué medida
se modificarían nuestro diálogo y nuestra comunicación
acerca de la aplicación del DIH si, en lugar de basar
esta creencia en las nociones de moralidad colectiva, tuviéramos
en cuenta lo que los científicos entienden por humanidad?
Cuando usamos el término "humanidad" lo
hacemos indistintamente con dos significados. Uno se refiere
a toda la colectividad de seres humanos y el otro a una actitud,
moralidad o sentimiento de buena voluntad hacia nuestros congéneres.
Raras veces se hace la distinción entre estas dos acepciones
de humanidad e instintivamente se tiende a relacionarlas.
Múltiples disciplinas científicas han ahondado
en la existencia colectiva de los seres humanos. También
le debemos a la ciencia la comprensión objetiva de
sentimientos como la ira, el amor y el miedo a los extraños.
Sin embargo, la discusión sobre la existencia o la
naturaleza de la segunda acepción de humanidad -a la
que designo aquí como la humanidad de los humanos-
se ha afincado largamente en el ámbito de la filosofía
moral. ¿Podría demostrar la ciencia que la humanidad
de los humanos no sólo es algo innato sino también
un elemento esencial de nuestra fructífera existencia
colectiva? Difícil pregunta ésta pues la cruda
verdad es que los seres humanos también son capaces
de actos extraordinarios de inhumanidad. |
|
| La prueba de la
humanidad de los seres humanos hay que hallarla en múltiples
disciplinas. |
|
Nuestro
diálogo sobre el DIH o el derecho de los derechos humanos
y la aplicación de sus normas en el siglo XXI podría
cambiar radicalmente si la humanidad de los humanos, la inhumanidad
de los humanos y lo que nos conduce a la coexistencia fructífera
se explicaran en términos objetivos y científicos.
El respeto de estos dos cuerpos del derecho se consideraría
no sólo como un requisito jurídico o incluso
como una responsabilidad moral, sino como un imperativo humano
integrante de nuestra existencia. Podríamos argüir
que ciertos comportamientos son incorrectos no sólo
desde un punto de vista legal sino también porque provienen
de seres humanos. La gran excusa de "la naturaleza violenta
del hombre" -que según nos dicen es incontrolable-
podría refutarse. En nuestro diálogo y nuestra
comunicación podríamos subrayar que es necesario
tener una conciencia colectiva de la humanidad de los humanos
para continuar la existencia de los humanos en un mundo cada
vez más superpoblado, más contaminado, más
tecnológico, más aterrorizado, más proclive
a consumir los recursos y escindido por un peligroso criterio:
los que tienen y los que no tienen. Y cuando necesitemos un
"espacio humanitario", todos hemos de saber que
se trata de un tiempo y de un lugar en que la humanidad de
todos los seres humanos implicados, incluyendo a los portadores
de armas, tiene la máxima prioridad, y que esto significa,
como primera medida, eliminar los actos de inhumanidad.
En relación con la humanidad de los seres humanos,
la buena noticia es que la investigación científica
ha puesto de manifiesto una base objetiva y biológica
para ello; la mala noticia es que los científicos han
hecho muy poca alusión, cuando lo han hecho, a las
repercusiones de sus investigaciones en la aplicación
y promoción del derecho internacional humanitario o
del derecho de los derechos humanos. Las dos comunidades,
esto es, los científicos y los "humanitarios",
simplemente no han articulado (aún) su conocimiento.
A este respecto, no hay ni un solo hallazgo científico
trascendental que pueda equipararse al descubrimiento de la
estructura del ADN. La prueba de la humanidad de los seres
humanos hay que hallarla en múltiples disciplinas.
Estudios sobre la "guerra primitiva" revelan que
la crueldad no es la norma, que puede haber menos muertos,
que la violencia va acompañada por muchos ritos y,
lo que es más importante, por una gran sujeción.
Se ha demostrado que el altruismo es un fenómeno biológico.
Si se enseña a los niños a tomar conciencia
de la desgracia o del sufrimiento ajeno serán menos
proclives a resolver las disputas mediante la violencia. A
la inversa, se ha comprobado que la gente corriente puede
ser inducida a causar daño a personas totalmente desconocidas.
Se ha explicado la distancia emocional que se crea en el tiempo
y en el espacio entre el que usa un arma y su víctima.
Asimismo, hay pruebas contundentes de que la "deshumanización"
de un enemigo potencial es un elemento fundamental cuando
se cometen crímenes de guerra, genocidio o crímenes
contra la humanidad, incluso algunos esgrimirán que
es una condición sine qua non. En suma, la humanidad
y la inhumanidad de los seres humanos pueden explicarse abundantemente
en términos científicos y quizás también
gracias a nuestra biología evolucionada; pero sólo
unos pocos encargados de formular políticas en la escena
internacional o especialistas en derecho internacional sacan
provecho de esto. |
El
Movimiento debería empezar a aprovechar este conocimiento.
El argumento moral, que obliga a tomar en consideración
a las víctimas de la violencia armada, parece tener
poca influencia en el ámbito internacional; esto puede
reforzarse si la humanidad de los seres humanos se formula
en términos científicos. Lo importante es que
con ello se abordaría la verdadera universalidad del
derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos
humanos y se mantendría la atención en el objeto
y el propósito de estos dos cuerpos del derecho.
La creciente interrelación de los conflictos con la
migración, la mundialización, la superpoblación,
la pobreza, las enfermedades infecciosas, el medio ambiente
e incluso el cambio climático no hará más
que acrecentar la dificultad de saber lo que es o no es de
la incumbencia del Movimiento. Fomentar la conciencia de la
humanidad de los seres humanos no implica necesariamente emprender
o realizar investigaciones científicas, pero se podría
aprovechar el conocimiento científico multidisciplinario
para promover una noción de humanidad moderna, coherente,
objetiva, comprensible, común y transmisible. El Movimiento
debe velar por que el público y los encargados de formular
políticas reconozcan el verdadero significado y la
importancia real de la humanidad de los seres humanos y no
limitarla a un principio de acción. Es fundamental
que descartemos la implicación de la supremacía
moral cuando usemos el término "humanidad".
¿No habrá llegado el momento de organizar una
conferencia internacional sobre "Ciencia y humanidad"
y situar la humanidad de los seres humanos en el contexto
científico? ¿Quién mejor que el Movimiento
para hacerlo? ¿Quién más lo haría? |
|