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El espacio humanitario:
del peligro potencial al real
por Pierre Hazan y Jean-François Berger |
| La
acción humanitaria se ha tornado más vulnerable.
Es un signo de los tiempos. Las organizaciones humanitarias,
especialmente el Movimiento, lloran a sus colegas muertos
en ataques suicidas o asesinados, como en Afganistán
e Iraq últimamente. En ciertos contextos, la creciente
amenaza ha hecho casi imposible la misión humanitaria.
¿Cuán graves son estos peligros y qué
puede hacer el Movimiento para continuar actuando en favor
de las víctimas? Cruz Roja, Media Luna Roja intenta
dar una respuesta.X |

Vista desde un vehículo del CICR en
Basora, Iraq, mayo de 2003. Un factor esencial de la seguridad
es ser percibido como neutral e independiente.
©François de Sury / CICR
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Raras
veces el mundo humanitario había vivido tiempos tan
difíciles. En Iraq, Afganistán, el Cáucaso
y África, los trabajadores humanitarios han sido el
blanco deliberado de ataques. El pasado 27 de octubre, en
Bagdad, una delegación del CICR fue la víctima
de un ataque asesino. Ya no basta el emblema, otrora símbolo
de protección. Esta inquietante comprobación
la comparten el CICR y la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, así
como otros actores del escenario humanitario; algunos colaboradores
de esas instituciones han perdido la vida porque se ha ido
estrechando el espacio humanitario. Dada su vulnerabilidad
sin precedentes, a veces algunas organizaciones humanitarias
han tenido que retirarse parcialmente de ciertas regiones
que se han vuelto demasiado peligrosas (sobre todo en Iraq,
Afganistán y Chechenia), así como volver a trazar
sus estrategias operacionales. Según la portavoz del
ACNUR, Delphine Marie, "desde el asesinato de tres de
nuestros colaboradores en Timor, en septiembre de 2000, hemos
reflexionado muy detenidamente sobre la manera de encontrar
un equilibrio entre atender a las necesidades de la población
y preservar la seguridad de nuestros trabajadores humanitarios".
Las repercusiones de la "guerra contra el terrorismo"
declarada por el Gobierno de los Estados Unidos han acelerado
la erosión del espacio humanitario. El presidente del
CICR, Jakob Kallenberger, hace hincapié en la actual
tendencia hacia la "polarización" y la "radicalización"
que, según indica, significa que "algunas personas
nos asocian con el mundo occidental que ellos rechazan".
Por lo tanto, de conformidad con las normas estipuladas por
el Consejo de Delegados de 1995, que prohíben el recurso
a la protección armada por los componentes del Movimiento,
y a fin de evitar que se le relacionara con la coalición
dirigida por los Estados Unidos en Iraq, el CICR rechazó
de plano el ofrecimiento del Gobierno estadounidense de poner
a disposición de sus delegados en Iraq una protección
militar. El presidente de la Federación Internacional,
Juan Manuel Suárez del Toro, subraya, por su parte,
"la creciente politización de la ayuda humanitaria
y la erosión del respeto por nuestra labor independiente
e imparcial, lo cual tiene como corolario los ataques cada
vez más frecuentes contra nuestro personal". Pierre
Kraehenbuehl, director de Actividades Operacionales del CICR,
ve un peligro "cuando los Estados se aprovechan de la
ayuda humanitaria para manejar un conflicto o favorecer sus
propios intereses". |
| Dentro
de esta polarización a ultranza, ¿es posible
todavía estar cerca de las víctimas y actuar
en condiciones de seguridad aceptables? Hace diez años,
los ataques deliberados contra el personal del CICR eran muy
poco frecuentes. Hoy en día la proporción de
dichos ataques ha aumentado considerablemente. Esta tendencia
se va acentuando también con respecto a algunas Sociedades
Nacionales, así como entre otras organizaciones humanitarias.
Este síntoma sumamente alarmante está teniendo
repercusiones perjudiciales en el funcionamiento y las perspectivas
de la acción humanitaria.
Además, la participación creciente de varios
actores no estatales en los conflictos no hace más
que complicar los asuntos de seguridad. Algunos de estos actores
"están atrapados en una lucha desigual y no vacilan
en recurrir a métodos poco convencionales de guerra,
tales como los ataques que perpetran contra las organizaciones
humanitarias, consideradas "blancos fáciles",
comenta Michel Cagneux, jefe de la Unidad Seguridad del CICR.
A este respecto, el fortalecimiento de medidas de seguridad
pasivas -la "bunkerización", para utilizar
el término de la jerga- adoptadas por muchos actores
externos puede hacer más vulnerable al CICR, según
opinan algunos. En un espacio humanitario reducido por la
lógica de "quién no esté conmigo
está contra mí", hay poca cabida para ese
actor humanitario que sólo trata de ser neutral, imparcial
e independiente a fin de auxiliar a las víctimas. |

Rebeldes haitianos en Gonaives, 14 de febrero.
El diálogo con los actores no estatales es fundamental
para garantizar el respeto del DIH.
©REUTERS / Daniel Aguilar, cortesÍa de www.alertnet.org
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Las Sociedades Nacionales desempeñan
un papel preponderante en los asuntos de seguridad como
esta sesión de sensibilización sobre el
problema de las minas, organizado por la Media Luna
Roja Afgana en Kabul.
©Farzana Wahidy / CICR
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Orientación
futura
Para contrarrestar estas nuevas amenazas, que tienen un efecto
directo en los actores humanitarios, existe un acuerdo general
sobre la necesidad de reorientar la política operacional,
pero el proyecto está aún en pañales.
"Se considera que la acción humanitaria está
dirigida por el Occidente cristiano", opina Abbas Gullet,
director de Operaciones de la Federación Internacional.
"La cuestión está en mejorar el grado de
aceptación y al mismo tiempo lograr que se nos perciba
como un Movimiento universal". Pierre Kraehenbuehl coincide
plenamente con esta afirmación y añade: "Debemos
explicar mejor por qué la imparcialidad y la independencia
son tan importantes y demuestran que no tenemos un plan oculto".
El doctor Mahmoud Gabr, secretario general de la Media Luna
Roja Egipcia, opina que "el Movimiento debe abogar por
su neutralidad y demostrarla para evitar una acción
excesiva contra el terrorismo que podría ocasionar
otros riesgos debido a la polarización".
Tras los diversos ataques sufridos por el Movimiento, el
CICR, la Federación Internacional y las Sociedades
Nacionales han reforzado radicalmente la coordinación
de los asuntos de seguridad. Aunque algunas Sociedades Nacionales,
contrariamente a lo que indican las normas y principios del
Movimiento, prefieren confiar en la protección de sus
fuerzas armadas -particularmente en Iraq- existe el firme
consenso de que sólo una acción independiente,
neutral e imparcial será aceptada por los protagonistas
en una situación de violencia o conflicto armado. Pero
¿cómo satisfacer este imperativo?
Predomina la opinión de que es conveniente integrarse
mejor a nivel local, es decir, establecer redes locales, favorecer
las relaciones con todos los actores, sea en el plano político,
humanitario, religioso o militar. Sobre todo, es menester
dar a conocer mejor nuestra labor entre los actores no gubernamentales
y tratar de fomentar el diálogo con ellos, un modo
de proceder que no es necesariamente nuevo en sí; pero
es una labor ardua al tratarse de un ámbito relativamente
desconocido. Para algunos beligerantes el secreto es el modus
operandi lo que dificulta el diálogo con el mundo exterior.
Entre ellos, cabe mencionar a los grupos islámicos
extremistas, con los cuales la relación debe manejarse
con cuidado para no dar pábulo a sospechas de espionaje.
También es necesario encontrar personas a quienes se
pueda transmitir nuestro mensaje. ¿Para lograr qué?
No sabemos. En todo caso, esta labor de escucha y persuasión,
que exige mucha paciencia y tacto, puede resultar el factor
determinante y, por ende, es menester emprenderla con la mayor
seriedad y adoptar nuevos enfoques para consolidar el diálogo. |
El
factor "percepción"
Para limitar los riesgos, es necesario también adoptar
un planteamiento más técnico con respecto a
las cuestiones de seguridad. En este ámbito, los progresos
han sido muchos en los últimos diez años, impulsados
por los conflictos en ex Yugoslavia. Ahora falta consolidar
las normas de seguridad. Cabe citar las palabras de un delegado
del CICR, Paddy Ogilvy: "Si no respetas las normas de
seguridad, sencillamente arriesgas tu vida". Las sesiones
de información sobre seguridad, la notificación
sistemática de todos los movimientos sobre el terreno
y la debida difusión al público destinatario
en los puntos de control son prácticas comunes hoy
en día. Sin embargo, esas medidas que permiten trabajar
en lugares donde los riesgos causados por los conflictos "clásicos"
son la realidad diaria, no sirven de nada para aminorar las
nuevas amenazas que enfrentan los actores humanitarios como
tales, particularmente el Movimiento.
Cuando se percibe que los actores humanitarios pertenecen
o están asociados a una parte en el conflicto, cambia
la índole del problema y se precisa un trabajo en profundidad
y contra corriente. Pasa a ser, pues, una prioridad limitar
los riesgos que entraña la presencia de tantos actores
diferentes implicados en el sector humanitario. Es necesario
entonces convencer a todos las partes en un conflicto de que
somos una organización humanitaria, independiente y
neutral.Gracias a su larga experiencia en numerosos conflictos
en que el derrumbamiento de las estructuras sociales es terreno
abonado para el surgimiento de actores no estatales de toda
clase y de los "señores de la guerra", el
CICR no tiene otra alternativa que "encontrar las claves"
-en palabras de Pierre Kraehenbuehl- que le permitan seguir
adelante con su misión sin perder de vista las nuevas
amenazas.
Los obstáculos que debe salvar la acción humanitaria
independiente son más difíciles que nunca. Esta
profunda crisis fue el centro de los debates de la XXVIII
Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja, celebrada en Ginebra, en diciembre de 2003. Sin bien
el diagnóstico ya está hecho, será largo
y difícil hallar las respuestas apropiadas. |

Curso de formación en materia de seguridad
para nuevos delegados del CICR en Ginebra.
©CICR
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Pierre Hazan y Jean-François Berger
Pierre Hazan es periodista independiente radicado en Ginebra.
Jean-François Berger es redactor para el CICR de Cruz
Roja, Media
Luna Roja.
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Miembros de la Cruz Roja de Filipinas
prestan ayuda a los desplazados en la ciudad de Zamboanga,
Mindanao.
©Roland Sidler / CICR |
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El
caso de Filipinas
En la región de Mindanao, los enfrentamientos entre
separatistas y las fuerzas armadas de Filipinas forman parte
del panorama desde hace 30 años. Entre los principales
grupos insurgentes figuran el Frente de Liberación
Nacional Moro, el Frente de Liberación Islámico
Moro y, más recientemente, el Grupo Abu Sayaf. Además,
está el Nuevo Ejército Popular cuyo propósito
es cambiar la estructura política del país.
La presencia de militantes islámicos extranjeros agrava
la situación y las dificultades que afronta el Gobierno
filipino en sus esfuerzos por encontrar una salida negociada
al conflicto. Los desplazamientos de población son
moneda corriente y la inseguridad crónica tiene graves
repercusiones en la población civil. El CICR y la Cruz
Roja de Filipinas encaran pues la doble tarea de actuar y
ser aceptados por las diversas partes.
En la pequeña ciudad portuaria de Zamboanga en el extremo
occidental de Mindanao, la vida sigue a pesar del conflicto.
El riesgo de secuestro y de ataques en lugares públicos
de esta ciudad es real. La circulación de expatriados
ha sido seriamente restringida y no se deja entrar a las islas
vecinas de Basilan, Sulu y Tawi Tawi. En estas condiciones,
¿cómo puede la Cruz Roja proseguir su labor
sin estorbo? El espacio humanitario no se ha cerrado completamente.
La Cruz Roja de Filipinas y el CICR lo saben muy bien y se
empeñan por abrir todas las vías posibles, por
mínimas que sean. "Colaboramos estrechamente con
la Cruz Roja de Filipinas que está bien asentada localmente",
comenta Normand Lessard, jefe de la delegación del
CICR en Mindanao. "Antes de viajar a cualquier parte,
lo consultamos con la Sociedad Nacional y los jefes militares".
Victor Liozo Jr., jefe de la filial de Zamboanga y administrador
regional, mantiene una extensa red de contactos con las autoridades
militares y civiles. "Poco a poco", dice, "la
gente comienza a comprender nuestra misión. Pero tenemos
que andar con pies de plomo, manteniéndonos neutrales
y apolíticos, si queremos que se nos respete".
Por falta de garantías de seguridad suficientes, algunas
zonas permanecen fuera de los límites de todos los
miembros del personal del CICR, mientras que otras regiones
están cerradas a los no nacionales porque los extranjeros
corren el riesgo de ser secuestrados. En este caso, queda
la posibilidad de recurrir a los servicios de empleados filipinos,
pero esta solución es excepcional y requiere una intensa
preparación.
"Mis contactos con diversos jefes militares y la Cruz
Roja son factores decisivos", confiesa Albert Madrazo,
encargado sobre el terreno del CICR, que viaja de vez en cuando
a zonas de elevado riesgo como Isabella (Basilan) y Jolo (
Sulu). "Una vez allí, lo más difícil
es explicar lo que es el CICR y hacer comprender a la gente
que no somos una organización gubernamental".
Teniendo esto presente, el CICR y la Cruz Roja de Filipinas
organizan programas de difusión en las municipalidades
(barangay), centrados en los Principios Fundamentales del
Movimiento y el derecho humanitario. "El objetivo es
dar a conocer la Cruz Roja en general y las actividades de
protección y de asistencia del CICR y de la Sociedad
Nacional filipina, así como promover el respeto de
las normas del derecho humanitario entre los sectores de la
población capaces de tomar las armas", subraya
Syméon Antoulas, jefe de la delegación del CICR
en Filipinas. De esta forma tratamos de reducir al mínimo
los riesgos que corren los trabajadores del CICR y la Sociedad
Nacional".
Unos 20 administradores civiles toman parte en este curso
de difusión en Pantukan, a una hora de coche de Davao,
zona de operaciones de los combatientes del Nuevo Ejército
Popular. Leonardo Segovia, concejal de la ciudad, explica
que "estos cursos de sensibilización ofrecen un
marco útil a los jefes de poblados, que suelen afrontar
problemas como la evacuación de heridos y la asistencia
a las personas desplazadas por los enfrentamientos".
Otro aspecto importante de la labor del CICR en Filipinas
es su programa de visitas a los detenidos por motivos de seguridad
acusados de estar vinculados a actividades insurgentes. Estas
visitas se llevan a cabo desde hace 20 años y evidencian
el valor que otorgan las autoridades a esta labor. En 2003,
más de 500 detenidos fueron visitados en Filipinas.
Muchos de ellos están encarcelados lejos de sus lugares
de residencia (principalmente en Manila) y el CICR y la Cruz
Roja de Filipinas les organizan visitas de familiares que,
sin duda alguna, han contribuido a que se acepte mejor a la
Cruz Roja en las regiones asoladas por el prolongado conflicto.
Jean-François Berger |
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Los
siete pilares de seguridad
La política de seguridad sobre el terreno del CICR,
fundada en siete pilares, dimana de su cometido. Esta política
es actualmente objeto de revisión para integrar nuevas
directrices.
Aceptación: ser política,
operacional y culturalmente aceptado como actor neutral, imparcial
y humanitario por todas las partes en el conflicto.
Identificación: ser identificable
mediante el logo del CICR y notificar a las diferentes partes
interesadas la acción prevista.
Información: estar bien informado
e informar a los colegas acerca de todos los aspectos de seguridad,
respetando al mismo tiempo la jerarquía. La información
proveniente del exterior debe manejarse con precaución.
Normas: cada delegación establece,
actualiza, aplica y garantiza el respeto de las normas de
seguridad que le son propias.
La persona: la seguridad de una acción
depende de las cualidades de cada miembro del personal, empezando
por el sentido de la responsabilidad y la solidaridad.
Telecomunicaciones: disponer de un sistema
de comunicaciones fiable e independiente es indispensable
para la seguridad.
Medidas de protección: es necesario
adoptar medidas de protección activas y pasivas en
caso de ataques indiscriminados contra la población
civil (por ejemplo, refugios) y para combatir el bandidaje
y el crimen (guardias, sistemas de alarma, etc |

Las medidas de protección a veces pueden
influir pero no bastan para garantizar la seguridad. Jaffna,
Sri Lanka, oficina del CICR, 1991.
©Thomas Pizer / CICR
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A la sombra de las
"guerras justas"
El 11 de septiembre de 2001 y el conflicto que se desató
en Afganistán y luego en Iraq han puesto en el candelero
la acción humanitaria y su evolución en el nuevo
equilibrio internacional de las potencias.
En una compilación de artículos, titulada "A
la sombra de las 'guerras justas'" y editada por Fabrice
Weissman bajo la égida de Médicos sin Fronteras
(MSF)*, diversos profesionales del ámbito humanitario
abordan la fragilidad de la asistencia humanitaria y examinan
detenidamente sus causas. Refiriéndose a las intervenciones
armadas, para las cuales los "ases de la comunicación"
de ciertos jefes de Estado occidentales han incluso imaginado
la noción de "bombardeo humanitario" los
autores exponen sin circunloquios la cínica utilización
de la asistencia con fines políticos. Jean-Hervé
Bradol, presidente de la MSF Francia, revela cómo el
Gobierno estadounidense, "recurriendo a la propaganda,
la máquina más poderosa del mundo", se
las ha arreglado para disfrazar de "asistencia humanitaria"
sus responsabilidades como potencia ocupante frente a la población
iraquí bajo su control. Un sorprendente malabarismo
semántico, según puntualizan Rony Brauman y
Pierre Salignon en su artículo "Iraq, en busca
de lo 'humanitario'". Cuando el Iraq de Saddan Hussein
distribuye víveres a su población, simplemente
está cumpliendo sus obligaciones; cuando lo hacen las
fuerzas de coalición, se presenta como un "gesto
humanitario". "¿Qué secreta jerarquía
de valores se aplica cuando la distribución de alimentos
por las tropas anglo estadounidenses se engalana con este
complaciente epíteto, cuando por el mismo acto se lo
omite para el Gobierno iraquí?", ironizan con
razón los dos autores. Para Bradol, vale la pena aprender
la lección por amarga que sea: "La utilización
abusiva de la asistencia humanitaria ofrece la doble ventaja
de justificar la guerra y disimular sus crímenes".
A juicio del autor, Estados Unidos, a pesar de su deseo de
servirse de la ayuda humanitaria en Iraq, ya no puede imponer
este mensaje a su propia opinión pública, ni
a la de sus aliados europeos. Así pues, se recuerda
constantemente al Gobierno de Estados Unidos que no respeta
los Convenios de Ginebra en el trato que dispensa a los detenidos
en Guantánamo.
Tras analizar algunos ejemplos de intervención armada
e implicación humanitaria, los autores analizan los
casos en que la comunidad internacional ha seguido una política
de no intervención. Hacen alusión a la indiferencia
casi total de los dirigentes del Occidente ante los 2 ó
3 millones de muertos en el Congo desde 1998 y los baños
de sangre en Liberia, Argelia y Chechenia.
En un estudio internacional llamado "El futuro de la
acción humanitaria"**, en el que participaron
200 profesionales de toda la comunidad humanitaria, los autores
examinan la militarización de la asistencia humanitaria
y se centran principalmente en la crisis de
Iraq. Entre las diversas cuestiones determinantes que se desprendieron
de la consulta, la utilización de la acción
humanitaria con fines políticos por parte de las superpotencias
figura en primera posición de la lista. Como consecuencia,
"el espacio humanitario neutral, en general, se va reduciendo
y prácticamente ha desaparecido en situaciones como
las de Iraq y Afganistán". Dado el deterioro de
la seguridad en esos países, es cada vez mayor la tentación
de militarizar la acción humanitaria, pese a la política
del CICR a ese respecto. El estudio expone luego las amenazas
que afronta el personal humanitario e insta a que se logre
reanudar de alguna forma "la conversación con
los beligerantes, los grupos militantes y sus seguidores",
antes de concluir con sabiduría que "dada la amplia
percepción de una cruzada occidental contra el islam,
es una tarea que resultará bastante difícil".
El informe afirma asimismo que "se tiene la impresión
de que la "la guerra mundial contra el terrorismo"
ha redundado en detrimento de los principios humanitarios
y del derecho internacional humanitario". Sin duda esto
es un problema para el Movimiento y demuestra que la pertinencia
de esos principios está hoy más en peligro que
nunca. Tal como observó el director de Derecho Internacional
y Cooperación en el Movimiento del CICR, François
Bugnion***, "es necesario velar por que no se destruyan
con las armas los valores que se pretende proteger con ellas".
Pierre Hazan y Jean-François Berger
*Hurst and Company, Londres, 2004. **"The Future of Humanitarian
Action -Implications of Iraq and Other Recent Crises"
by the Feinstein International Famine Center, Tufts University,
enero de 2004. ***"Guerra justa, guerra de agresión
y derecho internacional humanitario", Revista Internacional
de la Cruz Roja, septiembre de 2002. |
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