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Testimonios desde Iraq

por Nada Doumani

Tres miembros del personal del CICR hablan de su labor, particularmente en el clima de violencia y de hositlidades que sigue reinando en el país.



Siran Ibrahim Al-Abbadi / ©CICR

Siran Ibrahim Al-Abbadi

Siran trabaja desde 1990 en la sección de búsquedas de la delegación del CICR en Bagdad. Ha sido testigo directo de la larga serie de tragedias que afectó a los iraquíes durante ese período. Y ha estado bien situada para presenciar sus sufrimientos pero también, afortunadamente, algunos motivos de esperanza y optimismo.

Siran conocía la Cruz Roja antes de trabajar para ella. Muchos miembros de su familia habían desaparecido en la guerra entre Irán e Iraq en los años ochenta. Para averiguar lo que les había sucedido, acudió varias veces a la oficina de la Cruz Roja; y su familia recibió con frecuencia mensajes de Cruz Roja de sus parientes detenidos en Irán.

Siran recuerda la primera vez que fue a trabajar para el CICR; se encargó principalmente de la repatriación de los prisioneros de guerra iraníes e iraquíes. Con una ancha sonrisa dice: "Me encanta mi trabajo. Lo que me gusta es el contacto permanente con la gente, reconfortarlos, estar cerca de ellos y ayudarles en la medida de lo posible". Sin embargo, su labor conlleva también mucha frustración puesto que es imposible satisfacer las expectativas de más de la mitad de los visitantes. Los problemas de éstos son complicados, tienen familiares detenidos o desaparecidos. "Lo importante es que hacemos todo lo posible por responder a muchas de las demandas de las víctimas y es mejor poco que nada".

Acerca de la guerra reciente Siran hizo el siguiente comentario: "Lo que sucedió no era lo que se esperaba y lo que se esperaba no sucedió. Temíamos que miles de personas fueran desplazadas en Iraq y que miles buscaran refugio en los países vecinos. Pero felizmente, no ocurrió así. Por otra parte, no esperábamos que las personas acudieran por miles a nuestras oficinas. Son muchas las tragedias de los iraquíes. Inmediatamente después de la caída de Bagdad en abril, nos visitaban mil personas por día. Hicimos lo que pudimos para tramitar cada expediente hasta el 27 de octubre de 2003, cuando una violenta explosión hizo volar la delegación de la Cruz Roja en Bagdad y cerramos temporalmente nuestras oficinas al público. No sólo porque temíamos por nuestras vidas sino también para proteger a los propios visitantes.

En cuanto a su labor en las circunstancias actuales que han obligado al CICR a reducir sus actividades y a tomar medidas para proteger a sus empleados, Siran añade:

"En Iraq, el peligro nos acecha en casi todas partes a causa del deterioro de la situación de seguridad. Los expatriados arriesgan su vida para brindar asistencia humanitaria. Estoy orgullosa de trabajar para una organización imparcial que tiene objetivos transparentes y aspira sólo a prestar auxilio a los demás. Espero que podamos ampliar nuevamente nuestras operaciones porque la asistencia humanitaria hace falta con urgencia especialmente en favor de las personas desaparecidas y los detenidos. Hoy los iraquíes se sienten desamparados; no saben a quien recurrir para pedir ayuda".


 


Adel Abdul-Karim / ©CICR

Adel Abdul-Karim

Adel Abdul-Karim Al-Attar es ingeniero mecánico y abogado. Ha trabajado desde 1999 en la sección de agua y saneamiento de la subdelegación del CICR en Basora. Antes de incorporarse al CICR, era contratista privado y previamente jefe del departamento de ingeniería del servicio de agua de Basora.

Cuando se le preguntó qué fue lo que lo llevó a incorporarse al CICR, Adel contestó: "Ello significaba para mí concretar muchos sueños y aspiraciones. En primer lugar, garantizaba la estabilidad financiera de mi familia. Era difícil trabajar en el sector privado en Iraq durante los años noventa. En segundo lugar, trabajar en una organización internacional como la Cruz Roja era una oportunidad para mí de realizar proyectos altamente profesionales sin hacer concesiones. Además, los proyectos realizados por la Cruz Roja Internacional sirven realmente a la gente más afectada y más necesitada".

Adel recuerda perfectamente los días de esta última guerra. Para suministrar agua a la población él y sus colegas arriesgaron la vida. "El primer día de la guerra y después de que el Aeropuerto Internacional de Basora fuera tomado por las fuerzas de coalición, la principal estación de agua que abastece a 70.000 personas por quedar cerca de éste resultó dañada. Recuerdo que éramos un contratista, un ingeniero, ambos iraquíes, y yo, además de cuatro delegados expatriados del CICR, y nos demoramos veinte horas para viajar los 23 kilómetros hasta la estación. Los intensos combates, la oscuridad total y la difícil coordinación enlentecieron el viaje. Luego pasamos una hora trabajando sin interrupción para efectuar la reparación.

Aportamos baterías para hacer funcionar la central eléctrica de Basora. También conectamos generadores a la central eléctrica de Al-Najibiya. Distribuimos casi 24.000 litros de agua diarios, en cooperación con una filial del servicio de agua local. Nuestros esfuerzos se centraron en el suministro a los hospitales. Hasta hoy cuatro hospitales siguen siendo abastecidos, entre ellos el centro de diálisis artificial de Basora.

¿Qué opina Adel de los recientes recortes en algunas actividades de la Cruz Roja tras el ataque perpetrado contra su delegación el 27 de octubre? "Es doloroso para mí lo que sucede. Toda la estructura establecida por la Cruz Roja se ha visto trastornada. Felizmente, la Cruz Roja no ha cerrado completamente sus puertas y seguimos teniendo la posibilidad de actuar rápidamente para evitar una crisis sanitaria o una catástrofe".

 

 


Hushiar Qaradaghi / ©CICR

Hushiar Qaradaghi

Hushiar ha trabajado sin interrupción desde 1991en la oficina de Sulaymaniyah del CICR. Recuerda bien el primer día. Entonces había sido desplazado de su pueblo a la frontera iraní junto con cerca de un millón de kurdos. Cuando un delegado del CICR que solía trabajar en la zona de Penjwin cerca de la frontera le preguntó qué sabía de la Cruz Roja Internacional, Hushiar le respondió "sólo que su sede está en Suiza...". ¡Al parecer su falta de conocimientos y su vivacidad convencieron al delegado! Hushiar dice que cree en los principios humanitarios del CICR y adora su trabajo.

"El primer año de mi misión con la Cruz Roja fue determinante e influyó de manera decisiva en mi formación profesional y en mi vida personal. Durante ese período, prestábamos asistencia a miles de desplazados en el noreste de Iraq, precisamente en las zonas de Penjwin y Nizara donde establecimos un campamento de pequeñas chozas de barro. Las condiciones de trabajo eran difíciles, particularmente debido al crudo invierno de 1992, pero el campamento pasó a conocerse con el nombre del paraíso de Penjwin... Pese a las dificultades y a las tragedias individuales, el campamento era como un paraíso gracias al buen espíritu predominante, así como a la armonía y la solidaridad entre todos nosotros, sin hablar del hermoso paisaje de montañas que nos rodeaba.

Hoy Hushiar sigue realizando actividades de asistencia y difusión, como la promoción de los principios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y del derecho internacional humanitario.

El delegado dice con orgullo que el grado de conocimiento sobre el Movimiento entre la población ha aumentado sensiblemente en los últimos años, pese al número de organizaciones internacionales que actúan en la región y a la confusión entre la Cruz Roja Internacional y las Naciones Unidas. Hushiar indica que el CICR observó una gran reserva con la prensa en el pasado. "Esto es un error, pero felizmente cambiamos nuestro modo de proceder. Hoy mantenemos relaciones sólidas con la prensa local, la radio y la televisión".

 


Testimonios recogidos por Nada Doumani, encargada de prensa del CICR en Iraq.


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