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Presos y visitantes

por Jean-Francois Berger

En los últimos meses, los medios de comunicación han informado profusamente sobre la situación de los prisioneros en Iraq, particularmente tras la publicación de fotografías de detenidos torturados en la prisión de Abu Ghraib y la difusión de extensos fragmentos de un informe confidencial del CICR en el periódico Wall Street Journal, el 7 de mayo. Estas revelaciones han llevado a la prensa y al público en general a plantearse no pocas preguntas, lo cual brinda una buena oportunidad para recordar algunos fundamentos de la labor del CICR en favor de los detenidos.


Pabellón de tuberculosos en una cárcel de Baku, Azerbaiyán.
©Fred Clarke / CICR

Etodo conflicto armado o situación de violencia interna, los detenidos se encuentran en condiciones de extrema vulnerabilidad, dado que sus detenedores suelen considerarlos enemigos y quedan, pues, a merced de actos de venganza. Por ello, es de suma importancia que se beneficien de los servicios de un organismo neutral e independiente cuyo cometido sea cuidar de que las condiciones de detención sean aceptables y velar por que sean tratados con humanidad y se les brinde la posibilidad de intercambiar noticias con sus familiares. Éste es precisamente el cometido que desempeña el CICR desde 1915.

¿En qué consiste una visita del CICR?

Cada visita a un lugar de detención la suele realizar un equipo de delegados especializados, entre ellos personal médico e intérpretes, según una serie de procedimientos estándar: discusión inicial con las autoridades detenedoras, anotación del nombre de los presos, recorrido del conjunto de las instalaciones (celdas, letrinas, duchas, cocinas, enfermería, etc.); entrevistas sin testigos con cada prisionero o en grupo, a fin de obtener un cuadro más detallado del trato recibido y de las condiciones de detención; recogida y distribución de mensaje entre los detenidos y sus familiares y, por último, una conversación formal con las autoridades detenedoras.

Una vez que el CICR ha establecido el primer contacto con el detenido, se ha superado un obstáculo decisivo y comienza el verdadero trabajo. Es una tarea ardua, basada en la escucha, la observación y la dinámica de grupo, porque cada conclusión es un escollo potencial que ha de documentarse y examinarse cuidadosamente antes de ser sometida a las autoridades detenedoras, en general junto con una recomendación práctica.

Además de comprobar si a los detenidos se les suministra debidamente agua, alimentos y atención médica y si disponen del espacio necesario, el delegado visitante ha de examinar, y este es un aspecto muy delicado, el trato que se les dispensa, por ejemplo, el régimen disciplinario y las prácticas de interrogatorio establecidas, con objeto de detectar, si procediera, abusos, prácticas dudosas y posibles malos tratos.

El medio carcelario tiene sus propios códigos y costumbres que no se pueden descifrar de un simple vistazo. Se requiere tiempo para comprender una situación dada y captar los problemas subyacentes. Durante una visita, el delegado debe mostrar una vigilancia y una curiosidad constantes sin caer en la complacencia con respecto al menor detalle que guarde relación con un detenido, un guardia, un colega o su propia persona. Una visita es parte de un proceso continuo que requiere el seguimiento de cualquier problema y caso individual. Implica, en particular, verificar si entre una visita y la siguiente se ha aplicado una medida práctica propuesta. Por ello, incumbe al CICR y no a las autoridades detenedoras decidir la duración y la frecuencia de las visitas y la manera en que las lleva a cabo.

 


©Thierry Gassmann / CICR

El diálogo: una opción estratégica

Tras la visita, el equipo del CICR elabora un informe resumido sobre las condiciones de detención y el trato que reciben los detenidos y si es necesario propone medidas correctivas. Este informe es estrictamente confidencial. De hecho, la práctica y la experiencia adquirida en todo el mundo han demostrado la necesidad de tratar los problemas de detención directamente con las autoridades interesadas mediante un diálogo discreto sin repercusión pública. Sobre este punto, cabe observar que la confidencialidad del CICR no es un fin en sí mismo, sino un instrumento fundamental para lograr relaciones de trabajo y un diálogo sólido con las autoridades detenadoras, así como para fomentar la confianza entre los detenidos y las autoridades. Es de hacer notar, sin embargo, que el CICR se reserva el derecho, en todo momento, de dejar de lado su política de discreción y hacer públicas sus preocupaciones en caso de violaciones repetidas y si sus gestiones ante las autoridades no surten efecto. Incluso si para algunos el principio de confidencialidad es ineficaz y puede interpretarse como un acto de complicidad del CICR con las autoridades detenedoras, cabe decir que la presencia de los delegados cerca de los detenidos entre los muros de una prisión es una valiosa salvaguardia.

El CICR, desde luego, no pretende que todos los problemas relacionados con la detención puedan resolverse con una simple visita, por más completa y eficaz que sea. Mucho depende de la voluntad de las autoridades para tomar medidas correctivas, sea al nivel que sea. Puede ocurrir que un equipo del CICR pase por alto algo o no se dé cuenta inmediatemente de la importancia de una información. Aun así, el CICR puede citar innumerables ejemplos de progresos y mejoras logrados gracias a este modo de proceder pragmático y entre bastidores. Porque lo que está en juego aquí es el vínculo entre el detenido y el mundo exterior, un contacto que puede significar esperanza y supervivencia.

Souha Bechara, una ex detenida libanesa que estuvo encarcelada durante diez años en el sur de Líbano, afirmó en un artículo publicado por la Associated Press, el 11 de mayo de 2004, que había pasado seis años incomunicada antes de que el CICR tuviera acceso al centro de detención donde se encontraba. "En las celdas no había ni agua ni retretes... No teníamos ningún contacto con nuestra familia… Eso cambió con la visita del CICR. Y lo que es más importante, la Cruz Roja restableció el contacto entre las mujeres y sus familiares después de años".


Jean-Francois Berger
Redactor del CICR para la revista Cruz Roja, Media Luna Roja.

 

Bases jurídicas

Las visitas a los prisioneros de guerra durante un conflicto armado internacional están codificadas en los Convenios de Ginebra de 1949, en los que son partes hasta la fecha 191 Estados.

Además, el artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra prevé las visitas del CICR a las personas detenidas en situación de conflicto armado no internacional y de guerra civil. Por último, de conformidad con los Estatutos del Movimiento, el CICR se esfuerza por obtener acceso a las personas detenidas a raíz de disturbios o de violencia internos.

En 2003, el CICR visitó a unas 470.000 personas detenidas en 73 países.

 

El factor confidencialidad

Cruz Roja, Media Luna Roja preguntó al Dr. Hugo Slim, jefe de expertos del Centro para el Diálogo Humanitario de Ginebra y asesor internacional de la Cruz Roja Británica, su opinión sobre la política de confidencialidad del CICR con respecto a las visitas a las personas privadas de libertad.

- ¿Tiene razón el CICR de estar preocupado por la filtración de su informe confidencial a la prensa?

Sí, creo que sí, al tratarse de una lamentable infracción del actual protocolo internacional. Considera que en cierta forma fue víctima de mala fe, ya que siempre deja en claro que los informes que elabora son confidenciales por consentimiento mutuo. Por lo tanto, si un gobierno desea publicarlo, necesita la autorización del CICR.

- ¿Por qué es tan importante que los informes sean confidenciales?

Durante muchos años el CICR ha aplicado una política humanitaria muy singular basada en el intercambio de confidencialidad por acceso. Ninguna otra organización internacional puede obtener acceso a las prisiones del mundo sobre esta base. Pienso que es un elemento muy valioso no sólo para la comunidad internacional, sino principalmente para los detenidos a los que visita.

- En su opinión, ¿este incidente puede comprometer la labor del CICR?

Realmente no. Más bien, a la larga podría reforzar la credibilidad del CICR.



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