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Bronislaw Geremek, un hombre comprometido

Nacido en Varsovia, Bronislaw Geremek es un hombre de múltiples facetas. Este historiador emérito selló en los astilleros de Gdansk, en agosto de 1980, la alianza entre los intelectuales y los obreros en huelga reunidos en el sindicato “Solidaridad”. Estuvo preso más de un año por su militancia política y luego fue consejero de Lech Walesa, ministro de Relaciones Exteriores y presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Hoy diputado del Parlamento Europeo y autor de varios libros de historia, Bronislaw Geremek es también asesor internacional del CICR.

De niño vivió en el gueto de Varsovia hasta 1943, cuando su padre murió en Auschwitz. ¿Qué enseñanzas ha sacado de esos años de guerra?
Es difícil extraer enseñanzas de lo que está fuera de los límites de la experiencia humana normal, me refi ero al Holocausto, un suceso que fue excepcional. Me acuerdo que fue en el gueto de Varsovia donde vi por primera vez el signo de la Cruz Roja en el brazo de mi padre que trabajaba con la Cruz Roja Polaca. Esta ocupación al servicio de los demás le salvó la vida, por lo menos durante un tiempo...

Se le conoce mejor como hombre político que como historiador, ha estudiado sobre todo la historia social y la marginalidad en la Edad Media, ¿por qué eligió este campo de estudios poco reconocido?
Creo que el sufrimiento debe ser objeto de la investigación histórica y no hay que dejar en el anonimato a quienes no han tenido derecho a la historia. La historia ha sido durante mucho tiempo el privilegio de los ricos y de los poderosos. “Los pobres no hacen archivos”, se decía, pero en realidad había cantidad de documentos que los historiadores no habían rastreado, sobre todo los archivos de hospitales y archivos criminales.

© THIERRY GASSMANN / CICR

¿Existe algún vínculo entre su interés como investigador en los marginales y su compromiso político?
El interés que tengo por el pasado y mi opinión sobre la actualidad coinciden en diversos puntos. Por ejemplo, estoy bastante involucrado con el movimiento “ATD- Cuarto Mundo”, para el cual la pobreza constituye un problema importante de la vida pública. En Estrasburgo, formo parte de un grupo parlamentario que aborda los problemas de la pobreza y la exclusión.

Su compromiso con “Solidaridad” le costó un añ o de de prisión en 1982 durante el estado de guerra decretado por el general Jaruzelski. ¿Qué impresiones le han quedado de su cautiverio?
No quisiera hablar de mis propias desgracias, no es lo que realmente importa, y a mí que me tocó estudiar el mundo de las prisiones nunca me imaginé que me encontraría preso algún día. En diciembre de 1981, fui internado junto con miles de personas arrestadas después de que el régimen militar decidiera introducir la ley marcial. En ese período, no se reconocía la condición de preso político y se me consideró un preso de derecho común. Me hallé en medio de verdaderos presos de derecho común. Discutíamos mucho, sobre todo en la noche, y eso me ayudó a tomar conciencia de los problemas específicos que se plantean en la cárcel. Entonces no sabíamos cuál sería nuestra suerte y todo podía suceder. Más tarde cuando me tocó asumir algunas responsabilidades políticas me acordé del sentimiento de debilidad y desesperanza que mora en los que están sometidos al poder absoluto de los carceleros.

© THIERRY GASSMANN / CICR

Usted mismo y otros detenidos internados por razones políticas recibieron la visita del CICR. ¿Qué recuerdos tiene de esas visitas?
Por cierto, tuve la oportunidad de aprovechar esas visitas, inicialmente en el primer lugar en que estuve detenido cerca de Varsovia, luego en otros lugares situados en el norte de Polonia. Como muchos presos de mi misma categoría, me sentí un tanto molesto por el hecho de que se me había privilegiado como “intelectual” con respecto a otros presos más anónimos. Si mal no recuerdo tuve una actitud bastante agresiva con la delegación del CICR, e hice un montón de preguntas sobre la suerte de los otros presos, en primer lugar los obreros. Ese malestar se debió también al hecho de que los representantes del CICR, por cierto generosos y afectuosos, iban acompañados por funcionarios de la Cruz Roja Polaca... que para nosotros eran funcionarios del régimen, el mismo que nos había puesto en prisión*. Los intérpretes también nos parecían sospechosos. Esta presencia creaba sin lugar a dudas cierta tensión. Dicho esto, nuestra vida diaria se mejoró un poco tras la visita del CICR y recibimos dentífrico y otros efectos útiles.


© THIERRY GASSMANN / CICR

Usted es miembro del Grupo de Asesores Internacionales del CICR. En tal contexto ¿cuáles son para usted las preocupaciones y los obstáculos mayores?
Los problemas que ha de enfrentar el CICR son de largo alcance. Conciernen a la vez a la filosofía de su acción y a la continuación de la enorme labor que está realizando. Los cambios que se han producido en nuestro entorno, en particular la aparición del terrorismo internacional en las relaciones mundiales, deben considerarse como un cuestionamiento del sistema de resolución de los conflictos. Cabe preguntarse si, ante el fenómeno del terrorismo internacional que pisotea todas las normas éticas de la vida social, es posible todavía aplicar normas de comportamiento pertenecientes a la herencia de nuestra civilización... Me parece que no podemos suspender las normas de comportamiento so pretexto de que el adversario –un adversario del orden internacional– no respeta esas normas. Si los terroristas y los gobiernos ponen en duda las instituciones que se sustentan en el estado de derecho, está en juego la supervivencia de la humanidad. Frente a los graves peligros que pueden acechar a un Estado o a parte de la sociedad, la comunidad internacional puede intervenir proponiendo respuestas que no sean arbitrarias. Nuestro grupo de reflexión en el CICR podría debatir sobre esta cuestión y tratar de ahondar en ella. Habría que examinar también la situación del CICR con respecto a las Naciones Unidas: ¿debe mantenerse fuera del sistema o formar parte de él?

© THIERRY GASSMANN / CICR

¿Qué opina de la reforma de las Naciones Unidas?
Es más fácil reformar la composición del Consejo de Seguridad u otras instituciones que volver a pensar la filosofía de la acción de las Naciones Unidas, lo que es con mucho lo más importante. Creo que en el actual debate sobre la reforma de la ONU, sería más sensato que las Naciones Unidas consideraran los derechos humanos como el fundamento de su acción antes que intentar enmendar la Carta de las Naciones Unidas. Habría que velar también por que se haga referencia a la sociedad civil internacional y tener en cuenta a instituciones tales como la Cruz Roja y algunas ONG que luchan por la causa de los derechos humanos y el derecho humanitario, causa que no pueden defender únicamente los Estados. La experiencia y el compromiso de la Cruz Roja en la aplicación de la filosofía de los derechos humanos son una importante contribución que merece ser reconocida.

Últimamente se ha hablado mucho de los Convenios de Ginebra de 1949. ¿Qué opina usted de esas normas?
Lo más importante es que los Convenios de Ginebra sean aplicados. A mi juicio no existen buenas razones para suspender lo que ha quedado establecido como norma universal de comportamiento por la comunidad internacional. Además, no creo que sea necesario enmendar los Convenios de Ginebra pues algunos podrían verse tentados a suspenderlos en caso de situaciones extraordinarias. En cambio, pienso que habría que añadir nuevas respuestas jurídicas a situaciones nuevas, lo que desde luego exigiría un trabajo intelectual y político que tomaría en cuenta la complejidad de la situación internacional.

© THIERRY GASSMANN / CICR

Entrevista de Jean-François Berger Redactor para el CICR de Cruz Roja Media Luna Roja.

* Las conversaciones sin testigos con los detenidos las realizaron sólo los delegados del CICR.

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