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Tragedia en Asia

La Cruz Roja y la Media Luna Roja han sido los primeros en responder a las consecuencias del maremoto del 26 de diciembre. Las Sociedades Nacionales de los países afectados encabezan los esfuerzos con el apoyo de la Federación Internacional, del CICR y de numerosas Sociedades hermanas. La fase de emergencia toca a su fin y el Movimiento centra su atención en la reconstrucción y rehabilitación de una región devastada.

La playa de Marina, Chennai, India. Las olas gigantescas azotaron la costa india unas dos horas y media después del terremoto en Indonesia. © STR / AFP


Costa de Somalia

Abdirisak, de 11 años, había salido a pescar en la piragua con su hermano, justo frente a las costas de Hafun, cuando de repente el mar se recogió, dejando varados los peces indefensos en la arena. Los muchachos no podían saberlo, pero era la gigantesca resaca que anunciaba el maremoto.

“Mi hermano saltó de la barca para agarrar una langosta”, recuerda Abdirisak. “Pero mientras se alejaba caminando, vi las olas, inmensas como montañas, que se nos venían encima a gran velocidad llevándose a mi hermano”.

La costa somalí está ubicada a más de 7.000 kilómetros del epicentro del terremoto en las profundidades marinas. Aunque el maremoto había perdido gran parte de su fuerza tras cruzar el Océano Índico en siete horas, una muralla de agua se abatió sobre Hafun, destrozando todo a su paso.

En los primeros días después del maremoto, el mundo exterior se preguntaba con creciente aprensión cómo debe haber sido en la remota provincia indonesia de Aceh, situada apenas a unos 100 kilómetros del epicentro y asolada por olas tres veces más grandes que la que azotó el Cuerno de África.

Pero después de ver las imágenes por la televisión, las fotografías tomadas vía satélite y escuchar los relatos de testigos presenciales, no cabía duda: la destrucción fue total.

Irman Rachman se las arregló para llegar a Banda Aceh, la capital provincial situada en el extremo de la isla indonesia de Sumatra, al día siguiente del maremoto, a pesar de quedar a 2.000 kilómetros de Yakarta.

El director de socorro en casos de desastre de la Cruz Roja Indonesia (CRI), comprobó que los 40 voluntarios de la Sociedad Nacional aún aturdidos por lo ocurrido, sobrevivientes también de la catástrofe, se las habían ingeniado para organizar las evacuaciones y prestar atención básica a los heridos. La sede había quedado totalmente destruida y no disponían casi de material fuera de sus chalecos de la Cruz Roja, que sirvieron por lo menos para reforzar el espíritu de equipo que les permitió actuar en medio de la devastación y la muerte.

A fines de la segunda semana, se había decuplicado el número de voluntarios que trabajaban en la zona, apoyados por equipos que se turnaban procedentes de la miríada de islas que componen el archipiélago indonesio.

En su mayoría eran satganas especializados (equipos de voluntarios para la acción en casos de desastre), integrados por hasta 50 jóvenes, uno por cada filial de la CRI. El primer equipo también llegó a Aceh el día 27.

Los satganas procedentes de las zonas afectadas siguen trabajando. Cuando su director el Sr. Rachman preguntó a una joven integrante si estaba dispuesta a alejarse de allí por un tiempo, le contestó: “Cómo podría irme, si aquí está mi hogar”.

“Pero”, se interrogó Rachman para sus adentros, visiblemente emocionado y sumamente orgulloso de los satganas, “¿de qué hogar me habla?”.

“Eché un vistazo a nuestro alrededor y no había nada”.

“No queda nada...”

Pocos voluntarios habían puesto algún día un pie en Banda Aceh, lugar ya de conflicto y desplazamiento antes de que la naturaleza la azotara. Sólo unos pocos habían visto alguna vez un cuerpo muerto; en un día, un solo equipo de jóvenes voluntarios de la CRI recuperó más de un centenar.

“Esto supera todo lo que uno se puede imaginar”, afirma Aris Budiman, estudiante de psicología, de 20 años. Sus compañeros de equipo estudian ingeniería, contabilidad, estadísticas, administración y derecho. Todos ellos coinciden en que la principal razón de estar en Banda Aceh –por tres semanas– es su abnegación por la labor de la Cruz Roja.

Inmediatamente después del maremoto, antes de que arribara la asistencia del resto del país y del extranjero, estos jóvenes voluntarios de la Cruz Roja eran los únicos que prestaban socorro. Como en catástrofes anteriores en regiones remotas, los jóvenes voluntarios de la Cruz Roja tuvieron que afrontar una vez más una dura prueba: ser eficientes después de un desastre que por poco les costó la vida también a ellos y que arrasó a sus propias comunidades.

Más de un mes después del maremoto, los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia siguen retirando cadáveres en Banda Aceh. © AVENTURIER PATRICK / GAMMA

En las dos primeras semanas, los satganas evacuaron a más de 1.000 sobrevivientes, organizaron servicios de asistencia en los campamentos para 13.000 desplazados internos y recogieron 20.000 cadáveres. Efectuaron evaluaciones, ubicaron fuentes de agua potable y reconfortaron a los heridos, los enfermos y a los que perdieron a un ser querido. Estos jóvenes tienen en promedio 21 años.

Los voluntarios de la CRI improvisaron una sede en un salón de exposiciones de vehículos, donde instalaron también un dispensario de primeros auxilios, una oficina de búsqueda, un depósito de suministros y una carpa para reposar.

En algunos pueblos costeros de Sumatra, se cree que las tres cuartas partes de la población perdieron la vida. En toda Indonesia, más de 220.000 personas resultaron muertas o siguen desaparecidas. Lo más probable es que no se sepa nunca el número exacto de víctimas.

Algunos meses después del maremoto, en Banda Aceh la vida parece haber recobrado cierta normalidad. Las tiendas han vuelto a abrir, los campesinos venden sus productos en el mercado y el tráfico es denso. Sin embargo, la mitad de las viviendas de la ciudad fueron destruidas y casi la mitad de los habitantes están dados por desaparecidos o se ha confirmado que han muerto. Transcurrirá mucho tiempo antes de que la “normalidad” vuelva a reinar.

La Cruz Roja Indonesia estuvo al frente de la acción en favor de las víctimas del maremoto en el norte de Sumatra y desempeñará un papel primordial en la labor de reconstrucción. La situación de Aceh,
declarada zona de conflicto y con mucho la más afectada por la catástrofe, reunió a todos los integrantes del Movimiento: el CICR, la Federación Internacional, la CRI y otras Sociedades Nacionales.

A través de la zona que asoló el maremoto, la Federación Internacional coordinó la respuesta del Movimiento en Tailandia, las Maldivas, el sur y oeste de Sri Lanka, Indonesia, exceptuando Aceh, y el este de África. El CICR asumió la responsabilidad de la asistencia en el norte y este de Sri Lanka y en Aceh, zonas donde ya despliega actividades.

En total, más de 30 Sociedades Nacionales movilizaron a más 300 colaboradores internacionales para proporcionar víveres, agua, servicios de salud, apoyo psicológico, material para la construcción de refugios y artículos domésticos a los sobrevivientes. La Federación Internacional envió 18 unidades de intervención de urgencia y organizó unos 240 vuelos en Asia, en coordinación con el CICR y las Naciones Unidas. El CICR estableció una base logística en Singapur, desde donde llevó a cabo sus operaciones de socorro por aire y por mar.

En cuanto a los planes del Movimiento para el futuro, Thierry Meyrat, jefe de la delegación del CICR en Sri Lanka, observó que hay dos obstáculos que vencer. “En primer lugar, lo más importante para el Movimiento es garantizar la coordinación entre nosotros, así como con otras organizaciones humanitarias y de desarrollo y las autoridades locales. Y luego, enfrentar las necesidades a largo plazo ya que los fondos recaudados nos permiten elaborar programas que ayudarán a la gente a superar las dificultades durante muchos años”.

Tuuyahandi Ramalavathi, procedente de Seenigama, pueblo costero srilankés devastado por el desastre, llama a su hermana en Kuwait con un teléfono satelital facilitado en el marco del programa del CICR y de la Cruz Roja de Sri Lanka.
© REUTERS / YVES HERMAN, Cortesía de www.alertnet.org

Los niños que se quedaron huérfanos

Desde el epicentro del maremoto frente a las costas de Sumatra, las olas gigantescas desatadas se demoraron dos horas en alcanzar la costa de Sri Lanka.

En parte “isla paradisíaca” y en parte, al igual que Indonesia, zona de conflicto, Sri Lanka fue el segundo país más duramente afectado por la catástrofe. Según se indicó, más de 31.000 personas perdieron la vida y más de medio millón fueron desplazadas. A lo largo del litoral devastado, el 80 por ciento de las embarcaciones de pesca fueron destruidas, y no hay posibilidad de repararlas.

Según el UNICEF murieron muchos niños. Otros sobrevivieron pero quedaron huérfanos, como Nimanthi, una niña srilankesa de siete años. Cientos de niños son atendidos en uno de los centros de asesoramiento de la Cruz Roja de Sri Lanka establecidos con la ayuda de las Sociedades Nacionales danesa y estadounidense.

Los padres de Nimanthi habían ido a una feria dominical en Hambantota, en la costa sudeste, cuando se produjo el maremoto. Hoy la pequeña vive con su abuela y espera aún que sus padres regresen algún día.

Alrededor de un millón y medio de niños se vieron afectados por el maremoto en Asia y el este de África; un tercio de las muertes registradas son niños. Sólo en Banda Aceh, el 35 por ciento de los menores en edad escolar perdieron la vida.

“Las necesidades de los niños plantean dificultades especiales”, afirma la Dra. Margriet Blaauw, directora del Centro de Información sobre Apoyo Psicológico de la Federación Internacional en Dinamarca, que visitó, en enero, los países afectados por la catástrofe. “Muchos son incapaces de hablar sobre lo que les ocurrió. Los maestros deben ser pacientes”.

La franja costera del sur de Sri Lanka es uno de los destinos más apreciados del mundo para los europeos que escapan del invierno, con una temporada en pleno auge desde octubre hasta abril, cuando el monzón se desplaza hacia el noreste y el mar está tranquilo. A principios de febrero, el Gobierno sueco abrió un debate parlamentario sobre asuntos exteriores con este comentario: “Tsunami –término que quedará grabado en nuestra memoria... probablemente perdimos más niños el 26 de diciembre en la mañana que en cualquier otro día de la historia de Suecia”.

Cuando Bandula Jayasekera de la Cruz Roja, llegó a Galle, capital de la Provincia del Sur de Sri Lanka, se encontró con un equipo conjunto de búsqueda de la Cruz Roja de Sri Lanka y del CICR en plena actividad de búsqueda de las personas desaparecidas.

Vpali Sirimanne, instructor de buceo, es uno de los muchos miles de srilankeses que se ganaba el sustento gracias al mar. Bien poco le quedó. Lo único a su alrededor que funcionaba como es debido después del maremoto era un camión cisterna de la Cruz Roja que distribuía agua a la población con su ruidosa bomba que rompía la quietud mientras los conmocionados lugareños hacían cola con baldes y bidones.

Hasta 40.000 familias en Sri Lanka recibieron asistencia inmediata de la Cruz Roja. © TILL MAYER / FEDERACIÓN INTERNATIONAL

El espí ritu humanitario

Pero Sirimanne es también presidente de la filial de Bentota: cree que el maremoto puso de manifiesto el espíritu humanitario de los srilankeses y destaca no sin cierto orgullo el número de nuevos voluntarios que se han sumado desde entonces. A lo largo de la costa, los jóvenes voluntarios de la Cruz Roja empujaron de pueblo en pueblo sus carretillas destartaladas, distribuyendo primeros auxilios y socorros y ayudando a desalinizar los pozos de agua.

En Tailandia, que posee algunos de los centros turísticos más lujosos del mundo, el maremoto no hizo diferencia entre hoteles de lujo y poblaciones pesqueras pobres.

La mañana del 26 de diciembre era límpida y tranquila, recuerda Oh Navarak. Su barco fue atrapado por la ola arrastrándolo a él y a sus dos hijos, de 19 y 22 años, hacia el torrente. “Luego vino la segunda ola y la tercera que me lanzaron hacia la orilla. Todo lo que recuerdo es que me agarré a un árbol con la esperanza de sobrevivir”.

Oh Navarak relató su historia en el patio de la escuela primaria de Ban Park Weep, transformada por la Cruz Roja Tailandesa en centro de alojamiento para las personas que se quedaron sin hogar a raíz del desastre. Los voluntarios de la Sociedad Nacional fueron movilizados rápidamente en las zonas afectadas y unas horas después del desastre estaban distribuyendo raciones alimentarias, velas y medicamentos.

Según estimaciones, la catástrofe se cobró la vida de más de 5.300 personas en Tailandia, entre ellas 1.700 procedentes de 36 países. Muchos turistas se quedaron para ayudar, porque deseaban así recompensar a sus huéspedes tailandeses por haber dado prioridad a las necesidades de los visitantes extranjeros.

Las olas se llevaron también el sustento de miles de habitantes en los estados indios de Tamil Nadu y Andhra Pradesh, así como en las islas Nicobar. Los equipos médicos de la Cruz Roja de la India dijeron presente en los distritos más afectados.

“Nuestra fi lial en Nagapattinam se puso en acción en pocas horas”, comenta Bargavi Davendra, de la Cruz Roja de Tamil Nadu, donde se registró el 90 por ciento de las 8.800 muertes ocurridas en la India continental. “A medida que se difundían las noticias, los voluntarios comenzaron a afluir para prestar asistencia inmediata”. Las reservas de socorros para casos de desastre permitieron a la Cruz Roja responder con prontitud.

En las Maldivas, la poca profundidad de las aguas que circundan las 200 islas habitadas que conforman el país limitó la fuerza destructora de las olas. Sin embargo, veinte islas resultaron “totalmente devastadas” y unas 80 se quedaron sin suministro de agua potable. Alrededor de un quinto de la población carecía de alimentos y milagrosamente sólo hubo poco más de un centenar de muertos.

 

 

Uno de los peores desastres de la historia

Los países más gravemente afectados han sufrido un serio revés en sus esfuerzos de desarrollo. En algunas áreas costeras, las olas se adentraron varios kilómetros. El número de víctimas mortales ha ido aumentando de manera implacable en los meses siguientes a la catástrofe; había poco más de 280.000 muertos o desaparecidos (a mediados de marzo) y más de un millón de desplazados.

Podría decirse que este maremoto ha generado más noticias que cualquier otro desastre natural de la historia moderna y ha ocupado los titulares y los boletines de todo el mundo durante por lo menos tres semanas.

Con todo, hacer llegar la ayuda rápidamente a los necesitados resultó ser una tarea logística titánica para las organizaciones humanitarias. Los envíos tardaron más de una semana en llegar a muchas zonas remotas y los conflictos en las regiones afectadas de Indonesia y Sri Lanka complicaron la labor de socorro.

Los voluntarios de la Cruz Roja fueron a menudo los primeros, y en algunos casos los únicos, socorristas que pudieron responder inmediatamente después de la catástrofe. Las actividades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja cubrieron diversas necesidades: la recuperación de cadáveres, la prevención de enfermedades, el apoyo psicológico, el socorro y la atención médica.

La manifestación de solidaridad internacional para con las víctimas del maremoto superó todas las expectativas. En tan sólo 30 días, las Sociedades Nacionales y la Secretaría de la Federación Internacional movilizaron más de 1.600 millones de dólares estadounidenses. El CICR recibió más de 60 millones de dólares para su operación en Indonesia y Sri Lanka.

A pesar de la elevada cantidad de dinero reunida, en comparación con otros desastres, el importe global que se asignará a la reconstrucción como consecuencia del maremoto procedente de todas las fuentes probablemente no exceda, por ejemplo, los 13.000 millones de dólares estadounidenses destinados a ese fin por el Gobierno de los Estados Unidos tras la temporada de huracanes excepcionalmente devastadora en Florida en 2004.

El volumen de las donaciones planteó problemas a las organizaciones humanitarias. El secretario general de la Federación Internacional, Markku Niskala, en una carta abierta al Movimiento, hizo hincapié en la responsabilidad que incumbe a todos los asociados del Movimiento de aplicar las mejores normas posibles de rendición de cuenta ante las partes interesadas en relación con la utilización eficaz y eficiente de los recursos.

El 26 de enero, Niskala anunció que la recaudación de fondos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se iría reduciendo paulatinamente pues se habían reunido los recursos suficientes para la fase de emergencia y la reconstrucción a largo plazo.

En el entorno humanitario se expresaron ciertos temores de que la abrumadora respuesta a raíz del maremoto podría desviar unos recursos sumamente necesarios para otras crisis, particularmente en África.

El secretario general de la Federación Internacional recordó también que hay otras catástrofes en el mundo que requieren atención.

“Estoy con vida”

La preocupación máxima de todos es la búsqueda de la gran cantidad de personas que siguen desaparecidas. Los voluntarios de la CRI y los delegados del CICR viajaron a diferentes campamentos de desplazados para recopilar información a través de los mensajes “Estoy con vida”. Las listas de nombres fueron publicadas luego en los medios de comunicación, y semanas después del maremoto las listas siguen alargándose. Al mismo tiempo, el CICR abrió una página web para registrar los datos de las personas desaparecidas y los sobrevivientes.

La CRI registró asimismo los datos de los “menores no acompañados”, es decir los niños separados de sus familiares adultos. Farizal de cuatro años fue uno de ellos.

Farizal había llegado a Banda Aceh con su madre la noche anterior al maremoto. Farizal se salvó milagrosamente pero se quedó solo. Fue rescatado con heridas leves por un agente de policía y llevado a un centro sanitario de emergencia. Allí fue fotografiado por la Cruz Roja y su fotografía fue colocada en un tablero en la sede local de la CRI. Un equipo de televisión filmó el tablero con las fotos y el niño pudo reunirse con su tío. Su madre sigue desaparecida como decenas de miles de otros indonesios.

Casi dos meses después del maremoto, los voluntarios de la CRI siguen recuperando diariamente decenas de cadáveres. Han retirado unos 60.000 cadáveres y prevén proseguir esta tarea hasta mediados del año. Al mismo tiempo, más de 300.000 personas han recibido carpas, víveres y ayuda material de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El Movimiento, que seguirá adelante con el esfuerzo de socorro hasta agosto, ha comenzado a elaborar planes de reconstrucción de largo plazo que incluyen reforzar el sustento de las familias, reparar los sistemas de agua y saneamiento, prestar apoyo sanitario y psicológico y restablecer el contacto entre los familiares.

Coordinar una de las operaciones de mayor escala en la historia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la tarea de Johan Schaar, de 54 años, jefe de la Asistencia Humanitaria y la Gestión de los Conflictos del Organismo Sueco de Desarrollo Internacional. Este representante especial de la Federación Internacional para la asistencia relacionada con el maremoto explica su filosofía: “El público y los Gobiernos nos han confiado enormes recursos y se espera que sean utilizados inmediatamente. Pero nuestra experiencia nos muestra que si bien es necesario atender las necesidades inmediatas, la dificultad está en mantener el esfuerzo, el plan de recuperación y reconstrucción y aprovechar la oportunidad para reducir los riesgos”.

 

Contribuyeron a redactar este artículo: Virgil Grandfield, delegado de información de la Federación Internacional en Yakarta, Indonesia; Josephine Mumukunde, encargada de información de la Cruz Roja de Rwanda; Andrei Neacsu, delegado regional de información de la Federación Internacional en Nairobi, Kenia; Bandula Jayasekera, delegado de información de la Federación Internacional en Sri Lanka; Jessica Barry, encargada de prensa del CICR en Sri Lanka.

Acción del CICR

Indonesia
Desde su oficina en Aceh, el CICR, junto con la Cruz Roja Indonesia, emprendió el 28 de diciembre la distribución de lonas alquitranadas y enseres domésticos a los desplazados en Banda Aceh. El CICR ha participado desde entonces en las siguientes labores:
• distribución de víveres, artículos básicos y material de construcción de refugios;
• entrega de bolsas para cadáveres, láminas de plástico, guantes y mascarillas para la evacuación de cadáveres;
• trabajos y servicios relacionados con el agua y el saneamiento;
• suministro de material y prestación de servicios médicos;
• restablecimiento del contacto entre familiares por teléfonos vía satélite, mensajes de Cruz Roja, medios de comunicación e Internet (www.familylinks.icrc.org);
• visitas a los detenidos.

Sri Lanka
El CICR, presente en el norte y este de Sri Lanka desde hace 15 años, tiene diez oficinas en el país. En estrecha colaboración con la Cruz Roja de Sri Lanka y varias otras Sociedades Nacionales, el CICR está llevando a cabo las tareas siguientes:
• distribución de enseres domésticos (esteras, jabón, baldes, ollas, linternas) a los desplazados en los centros sociales;
• suministro de depósitos de agua y letrinas en los campamentos de tránsito;
• apoyo a hospitales con equipos y personal y despliegue de unidades móviles de atención primaria de salud;
• restablecimiento del contacto entre familiares.

Acción de la Federación Internacional

Desde el 26 de diciembre, la Federación Internacional ha enviado 18 unidades de intervención de urgencia y organizado 240 vuelos a Asia en coordinación con el CICR y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas.

La respuesta de emergencia de la Federación Internacional incluye suministrar diariamente agua potable a más de 115.000 personas, prestar asistencia médica básica a 1.000 personas, proporcionar alojamiento, víveres y bebidas calientes a 40.000 personas y brindar apoyo psicológico a 11.000 personas.

Indonesia
La Federación Internacional emprendió la operación de socorro a los pocos días de ocurrida la catástrofe. Conjuntamente con la Cruz Roja Indonesia, la Federación Internacional ha:
• distribuido paquetes con víveres y suministros no alimentarios a más de 25.000 personas;
• realizado programas de abastecimiento de agua y saneamiento;
• prestado atención básica de salud;
• brindado apoyo psicológico.

Sri Lanka
La Federación Internacional, junto con la Cruz Roja de Sri Lanka, ha llevado a cabo las siguientes actividades:
• apoyo alimentario y material;
• programas de agua y saneamiento;
• atención primaria de salud para heridos y enfermos;
• apoyo psicológico y social.

Maldivas
La Federación Internacional proporcionó alojamiento, víveres y socorros
no alimentarios a la Sociedad Nacional.


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