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Hacia un mundo libre de minas

 

© NICK DANZIGER

Dr. Mohammed Haider Reza
Viceministro de Relaciones Exteriores de Afganistán

“Las víctimas discapacitadas por las minas representan del cuatro al diez por ciento de la población de este país, es decir hasta dos millones de personas. Parte de los 480 millones de dólares estadounidenses que pedimos lo destinamos a los discapacitados. El Ministerio de Mártires y Discapacitados donó 300 afganis por persona (el equivalente de dos kilos de carne) por mes. No tenemos que perder de vista el hecho de que el país viene saliendo de 25 años de guerra. Hay que calcular lo que eso da multiplicando por dos millones de personas.

“Puedo decir que Afganistán se encuentra en pleno proceso de rehabilitación y reconstrucción. Hoy en día, se han establecido micro-créditos [para los discapacitados], así como programas de formación en sastrería, carpintería y reparación de bicicletas. La mayoría de los oficios están a su alcance, pero el problema es que a veces no saben ni leer ni escribir. Me parece que lo mejor que se puede hacer es promover el derecho de los discapacitados, también a tener un trabajo fijo.

© NICK DANZIGER

Katarzyna Derlicka
Departamento de Cooperación Internacional de la Cruz Roja Polaca

“Las minas antipersonal no son sólo un problema en Angola y Afganistán. Después de la II Guerra Mundial, Polonia fue uno de los países más minados del mundo con 86 millones de minas y municiones sin estallar, e todavía hoy se producen heridos y muertos a causa de las minas. Desde el término del conflicto mundial, cuando el 86 por ciento de la tierra quedó contaminado, las minas se han cobrado la vida de más de 8.000 civiles. Hay hasta 10.000 intervenciones por año de personas que se encontraban cultivando, jugando o paseando en el bosque. A veces se encuentran minas en las obras de construcción de edificios o de nuevas carreteras, algunas funcionan todavía y otras no. Los niños son las principales víctimas ya que juegan con ellas”.

© NICK DANZIGER

Peter Herby
Jefe de la Unidad Minas-Armas del CICR, Ginebra

“Creo que, en general, la Conferencia de examen sirvió para tomar conciencia de que el trabajo no se ha terminado. Los próximos cinco años son un período crucial para la Convención y la remoción de minas y, por último, se debe hacer mucho más para mejorar la asistencia a las víctimas. “Hemos aprovechado la oportunidad de hacer más. El plan es sólido, pero solo la acción salvará vidas y devolverá la dignidad a las víctimas. Así pues, tras haber elaborado los instrumentos, podemos movilizarnos para poner en práctica el plan, ya no es momento para hablar de generalidades. “Para decirlo en términos médicos, tenemos la prescripción de acabar con las minas terrestres, el medicamento está surtiendo efecto, se ha registrado un fuerte descenso en el número de víctimas. Pero debemos seguir tomándolo, los antibióticos no se pueden tomar a medias porque se corre el riesgo de una recaída. Si no tomamos el remedio hasta el final, este maravilloso proceso de Ottawa, que ha reunido las tres cuartas partes del mundo, no podrá completarse ni cumplir sus promesas”.

© NICK DANZIGER

Lino Lobuya
Vaquero, sur de Sudán Hospital quirúrgico de Lokichokio del CICR, norte de Kenia

“Sabía que había minas pero no sabía dónde. Estaba cuidando el ganado, cuando me desperté estaba en el hospital. Sigo viviendo en el mismo lugar, pero ya no llevo el ganado a pastar allí. Pero otros continúan haciéndolo y sigue habiendo heridos.

“La diferencia hoy [desde la amputación] es que cuando pierdo alguna res no puedo ir a buscarla.... Mi comunidad piensa que ya no sirvo para nada, no soy importante y no puedo ayudarla. No soy aceptado”.


Guenter Wimhoefer
Cirujano del CICR

“Los efectos que producen las minas terrestres en las personas son enormes, sobre todo en los niños. Una persona joven necesitará decenas de prótesis durante su vida. Se trata de una desgracia de por vida y un problema que afecta a la calidad de vida. Como cirujano me he ocupado de los heridos de guerra durante 18 años y las heridas de minas son algo deprimente en comparación con otros tipos de heridas; uno no puede ser indiferente a la destrucción de un cuerpo, de órganos genitales, de un rostro. Se han reducido los combates en Afganistán, Angola y Camboya pero sigue habiendo víctimas. Pasamos noches enteras practicando amputaciones, nos sentimos con rabia y desamparados. Llega un momento en que no podemos ver más esas heridas. Pero seguimos adelante y tratamos de devolver algo de calidad de vida “.

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