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Soplan
vientos de paz en Casamance |
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de más de 20 años de conflicto, la paz comienza
lentamente a perfilarse en Casamance. Varias decenas de miles
de personas han vuelto a los pueblos que habían abandonado
a raíz de los combates entre el ejército senegalés
y los rebeldes casamanceses. El CICR, con el apoyo de la Cruz
Senegalesa, participa en la recuperación mejorando
el suministro de agua y el saneamiento en la devastada provincia. |
"SI
me pidieran que hablara del conflicto en Casamance tendría
para rato", nos dice una mujer de Djibidione, pueblo
bordeado de ceibas centenarias y mangos a unas dos horas de
coche de Zinguinchor, ciudad principal de la provincia. Este
conflicto olvidado y de baja intensidad, como se le llama,
ha castigado duramente a los habitantes de Casamance, particularmente
a los que tuvieron que dejar atrás pueblos y bienes,
y que hoy en su mayoría están de vuelta tras
errar durante mucho tiempo por Gambia y Guinea Bissau.
En junio de 2004, un equipo del CICR evaluó la situación
humanitaria en los pueblos más afectados del norte
de Casamance, en colaboración con representantes del
gobierno y de los diferentes grupos rebeldes del Movimiento
de las Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC). Familias
de duelo, casas destruidas, campos yermos, escuelas y dispensarios
devastados, el saldo era catastrófico. |

Pueblo de Djibidione, Senegal. Mujeres laborando
en la huerta comunal donde se acaba de abrir un nuevo pozo.
©THIERRY GASSMANN / CIRC
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Agua y salud
Desde entonces, el CICR ha trabajado intensamente e inició
un programa de asistencia integrada en las zonas más
asoladas, cuyo objetivo es reimpulsar la actividad agroeconómica
y restablecer el sistema de salud de las localidades. La construcción
de pozos es el elemento central del proyecto de agua y salud.
Así pues, gracias a la valiosa mano de obra local se
están excavando pozos cerca de los centros de salud
e instalando o renovando pozos hortenses en la periferia de
los poblados. Resultado: la población tiene acceso
al agua potable y las frutas y hortalizas crecen a ojos vistas.
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"Con la construcción de 40 pozos y la reparación
de seis infraestructuras médicas, no estaremos de brazos
cruzados este año", comenta Nicolas Rossier, responsable
del CICR para Casamance. "Para cada nuevo pozo, hay que
cavar y acondicionar un hoyo de 25 metros de profundidad,
lo que significa 45 días de trabajo para cinco personas",
precisa el responsable. Cuando se sabe que se necesitan 80.000
litros de agua diarios para una hectárea de huerta,
nos damos cuenta mejor de la importancia de esos pozos; cabe
añadir que gracias al agua también se fabrican
ladrillos de banko (arcilla), material indispensable para
la reconstrucción.
En el rubro de la salud, lo más importante es la reparación
y reactivación de los centros y puestos de salud, así
como de las maternidades, que son esenciales para miles de
personas repartidas en los pueblos circundantes. En colaboración
con las autoridades sanitarias senegalesas, el CICR ha comenzado
a rehabilitar esos establecimientos, apoya la capacitación
del personal sanitario y suministra material básico
y a veces medicamentos. En Djondji, los habitantes han regresado;
durante el conflicto, las tres cuartas partes de la población
se habían refugiado en Gambia. El puesto de salud acaba
de ser refaccionado y la reconstrucción de la maternidad
está en pleno auge: cerca de 5.000 ladrillos necesarios
para las obras han sido fabricados localmente por los lugareños.
Según Aliou Goudjabi, enfermero jefe del puesto de
salud de Djibidione desde 2001, que estos últimos años
ha operado en condiciones miserables, "se puede decir
que la atención sanitaria funciona más o menos
normalmente ahora. El enemigo número uno sigue siendo
el paludismo, los doce meses del año". El tratamiento
cuesta caro y la prevención es insuficiente. Para luchar
contra este flagelo, el CICR elaboró un programa de
lucha contra esta enfermedad, en colaboración con la
Cruz Roja Congolesa, que se muestra muy emprendedora en este
sector: 40 oficinas comunitarias se encargan de promover medidas
de prevención en unas 20 localidades y se venden además
mosquiteros impregnados de insecticida a un precio preferencial
a las mujeres encintas y los niños. Unas 15.000 personas
se han podido beneficiar ya de esas medidas. |
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Costumbres
y dignidad humana
Desde que se ha restablecido la paz, animadores y lugareños
se reúnen a conversar bajo un árbol, con objeto
de evocar los sufrimientos causados por la violencia armada
y de relacionarlos con las costumbres locales relativas al
respeto de la dignidad humana. Entre esas costumbres, cabe
mencionar especialmente el carácter sagrado de la mujer
y del niño, la hospitalidad, el honor de la persona
asistida, la prohibición de la venganza, el respeto
de los ritos funerarios. En cada reunión hay danzas
y animación teatral que permiten a la comunidad tomar
nuevamente conciencia de las prácticas tradicionales
humanitarias y establecer un lazo con los valores y normas
universales comprendidas en el derecho humanitario. Según
Ibrahima Tounkara, encargado de programas de difusión
del CICR, “¡basta de expertos que evocan la dignidad
humana en los hoteles de lujo! Dado que la dignidad humana
pertenece a todo el mundo, hemos considerado conveniente llevar
la discusión sobre esos valores hasta las chozas”.
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Alianza
y tradición
"Los diolas (principal etnia de Casamance) son muy solidarios
y desconfían enormemente de lo que no hacen ellos mismos",
asegura Antoine Grégoire Sagna, perteneciente él
mismo a esta etnia e ingeniero rural contratado el año
pasado por el CICR en Ziguinchor.
En el período de transición actual, la participación
de los habitantes enlos esfuerzos de reconstrucción
es una condición esencial de la reactivación,
que trasciende de la lógica económica. Reconstruir
juntos es una cuestión de dignidad humana que a largo
plazo puede consolidar la coexistencia pacífica entre
los habitantes de Casamance.Cuando tras años de conflicto
y de destrucción un ex rebelde convertido en albañil
fabrica un muro o rellena un hueco, su trabajo permite restituir
la confianza a toda la comunidad lugareña.
Como intermediario ocasional en un entorno aún frágil,
el CICR ha comprendido la importancia de mantener contactos
con los diferentes actores —gobernador, grupos rebeldes,
jefes comunitarios, clero, médicos, profesionales de
la salud—, así como con algunos asociados implicados
en objetivos comunes. Entre éstos últimos, las
mujeres tienen un papel primordial, particularmente la agrupación
de hortelanas comunitarias que están muy comprometidas
con la gestión de los pozos y los cultivos, así
como el muy eficaz Comité de solidaridad de mujeres
por la paz en Casamance (USOFORAL), cuyo enfoque se funda
en el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación.
Al mismo tiempo, y gracias a sus muchos voluntarios, la Cruz
Roja Senegalesa contribuye a los proyectos en curso y se empeña
en consolidar su presencia local, la cual es facilitada por
el regreso progresivo a la normalidad en numerosos pueblos.
En esos pueblos donde muchos jóvenes lo único
que piden es hacer algo, emergen poco a poco polos de Cruz
Roja. Para el CICR, es importante apoyar esas futuras filiales
de la Cruz Roja y permitirles integrarse en sus proyectos
actuales mediante una capacitación que habrá
que impartir en colaboración con la Cruz Roja Senegalesa.
Gracias al enfoque participativo, en Casamance se ha podido
asistir a cerca de 40.000 personas en unos 20 poblados y esos
esfuerzos se proseguirán hasta que la paz sea plenamente
efectiva. Si la paz se modela como los ladrillos sin duda
podemos ser optimistas.
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El CICR, la Cruz Roja Senegalesa y el Comité
de solidaridad de mujeres por la paz en Casamance, han emprendido
una campaña para promover las normas y los valores
humanitarios mediante el estudio de las prácticas socioculturales
y costumbres de Casamance. ©THIERRY GASSMANN / CICR
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Jean-François Berger
Redactor para el CICR de Cruz Roja, Media Luna Roja.
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