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La
labor humanitaria y el cine |
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primeras películas de la Cruz Roja se estrenaron hace
cerca de un siglo. En los albores del siglo pasado, la producción
cinematográfica comenzó a imponerse como un
medio de comunicación de masa. Vale la pena, pues,
detenerse para conocer las circunstancias de esta importante
mutación. |
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Equipo cinematográfico móvil
en Ginebra, 1923.
©CICR
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LA proyección animada comenzó a principios
del siglo XX y se convirtió rápidamente en un
extraordinario instrumento de asegurado éxito futuro.
A partir de 1910, en las grandes ciudades de Europa y Estados
Unidos todos los días se abren nuevas salas de espectáculos
a cuyas puertas se apiña la multitud: la nueva era
de los medios de comunicación da los primeros pasos.
El espectáculo cinematográfico, explotado al
comienzo en las salas de juego de Estados Unidos y en las
ferias de Europa, es una entretención popular y barata
en los años diez.
ImpregnaEquipo cinematográfico móvil en Ginebra,
1923.do aún del contexto cultural del siglo XIX, el
género cinematográfico más conocido en
ese primer período es el drama de ficción. Los
estragos del alcoholismo, los peligros del vicio para el equilibrio
de la familia y la salvación del hombre a través
de la fe son temas que se repiten en los filmes de esa época. |
El
primer encuentro entre la Cruz Roja y el cine tiene lugar,
pues, en ese contexto. A la cabeza de la compañía
cinematográfica más importante de la época,
Thomas Edison entre 1910 y 1914 realizó para la Cruz
Roja Americana una serie de cinco filmes sobre el tema de
la tuberculosis. Distribuidas en las salas de espectáculos,
esas películas, hechas en el género del melodrama
popular que entonces estaba de moda, ponen en guardia al espectador
sobra los riesgos de la epidemia. Gracias a esta concertación
de intereses con las compañías de producción,
la Cruz Roja Americana adquiere en esos años de preguerra
varias películas de ficción que utiliza luego
para la educación popular.
Sin embargo, la industria cinematográfica pasa rápidamente
del cine educativo a las películas más espectaculares.
Los dramas morales desaparecen de a poco de los programas
y dan cabida a las películas policíacas y las
comedias. Esta evolución temática coincide con
la apertura de las primeras grandes salas que pueden contener
varios cientos de espectadores. Durante la guerra de 1914-1918,
se generalizan los noticiarios y con ellos la práctica
del rodaje sobre el terreno. La distribución de las
películas mejora también gracias al establecimiento
de redes internacionales de distribución. El cine pasa
a ser un arte (el séptimo arte) y fascina a un público
cada vez más numeroso. |
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Propaganda
y visibilidad
Durante la I Guerra Mundial, algunas Sociedades de la Cruz
Roja cobran una importancia sin precedentes gracias al financiamiento
masivo que aportan sus gobiernos. Pero una vez restaurada
la paz, pierden ese apoyo a pesar de la necesidad de importantes
fondos para afrontar las secuelas de la guerra. Para poder
sobrevivir, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja se ven
obligadas a intensificar su propaganda —hoy se habla
de comunicación— y se lanzan en la producción
de películas.
En 1917, la Cruz Roja Americana es la primera en abrir una
oficina de filmación que produce documentales sobre
sus actividades. El objetivo es mostrar cómo se desarrolla
la acción humanitaria en el terreno, con el propósito
de obtener el apoyo del público. Se ilustran así
las conferencias, que son el principal instrumento de la propaganda
humanitaria. Esas películas mudas se acompañan
tradicionalmente con piano o las comenta durante la proyección
un conferenciante, que invita luego a la asamblea a apoyar
la acción de asistencia mediante sus donativos.
Aparecen al mismo tiempo los primeros servicios itinerantes
de propaganda mediante películas. Gracias al lenguaje
de las imágenes, el filme posibilita el encuentro con
la población y la explicación, en forma didáctica,
de las medidas de higiene necesarias para frenar la propagación
de las enfermedades epidémicas que hacían estragos
en esa época. Equipos compuestos por un operador, que
a menudo hace las veces de chofer, y uno o dos conferenciantes,
montados en camiones, y provistos de material cinematográfico
portátil, recorren el territorio, deteniéndose
en ciudades y pueblos para dar proyecciones animadas. A partir
de 1918, se organizan iniciativas del mismo tipo en Estados
Unidos, Francia, Polonia y Checoslovaquia.
Dejado de lado por la industria cinematográfica, el
cine humanitario desarrolla su propia red de distribución
en forma paralela. Según observó un responsable
de la Cruz Roja Americana en 1920, “Fuera de los teatros,
hay en Estados Unidos 14.000 locales, tales como iglesias,
escuelas, círculos, etc. que pueden servir para ese
tipo de espectáculos”. |
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Del
nitrato al DVD: preservar las imágenes del pasado
Con motivo de la X Conferencia Internacional de la Cruz Roja,
celebrada en Ginebra en la primavera de 1921, el CICR produjo
cuatro películas sobre la repatriación de los
prisioneros de guerra, la lucha contra las epidemias, y las
operaciones de socorro para niños y refugiados, cuyas
tomas se hicieron en las ruinas de Alemania y de los imperios
austro-húngaro y otomano. Filmadas originalmente en
una película de nitrato, se transfirieron al vídeo
numérico y acaba de producirse un DVD doble, Humanitaire
et cinéma : films CICR des années 1920, realizado
por Jean-Blaise Junod y coproducido por el CICR y Memoriav.
Se pueden pedir estos documentales a Memoriav o al CICR en
los sitios www.memoriav.ch
y www.icrc.org.
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La Cruz Roja llevada al cine
A partir de los años veinte, va ganando terreno la
idea de poner el cine al servicio de la Cruz Roja. Se reconoce
que “para que una propaganda de índole popular
pueda ser eficaz, no basta convencer; hay que lograr una especie
de persuasión emotiva y de sugestión. Y la proyección
animada es el único medio que nos permite realmente
captar el interés”.
Desde su fundación en Ginebra en 1919, la entonces
Liga de Sociedades de la Cruz Roja, abre su propio servicio
de cinematografía. En 1921, posee unas sesenta películas,
provenientes en su mayoría de Estados Unidos. Deseosa
de promover el uso del cine, su Secretaría pone esas
películas a disposición de las Sociedades Nacionales.
Algunos años más tarde, todas las secciones
de la Liga utilizan la filmación en sus respectivos
programas. La cinemateca de la Liga no tardará en tener
más de 200 películas sobre temas diversos como
la protección del niño, las enfermedades venéreas,
la higiene personal, la acción de socorro en casos
de catástrofe o las actividades de las enfermeras.
En abril de 1921, las Sociedades Nacionales se reúnen
en Ginebra por primera vez desde el fin de las hostilidades.
A pedido de la Cruz Roja Italiana, la exposición organizada
en tal ocasión incluye una sala acondicionada para
proyectar películas. El CICR, organizador de la Conferencia,
comprueba poco antes de iniciarse la reunión que no
tiene ninguna película para presentar. Encarga, pues,
de urgencia que se realicen películas sobre los nuevos
ámbitos de actividad: la repatriación de los
prisioneros de guerra, el socorro en favor de los niños
y los refugiados y la lucha contra las epidemias (véase
recuadro).
Las Sociedades Nacionales de Gran Bretaña, Estados
Unidos, Italia y Suecia presentan, a su vez, sus producciones,
señal de que el recurso a la cinematografía
comienza a generalizarse dentro del Movimiento de la Cruz
Roja.
El 19 de enero de 1922, se presentaron en Londres dos películas
traídas de Rusia por el noruego Fridtjof Nansen, que
dirige entonces la campaña internacional de socorro
en favor de las víctimas del hambre. Esas películas,
que muestran las condiciones de vida en la región del
Volga, producen el efecto de una bomba. Al día siguiente,
los titulares del Daily News rezan: “Ninguna propaganda,
artículo, llamamiento verbal o escrito hubiese podido
provocar una impresión tan conmovedora como lo ha hecho
el impactante realismo de esas películas”.
Editados en varios idiomas, esos documentales se difunden
en Europa, Estados Unidos y Japón. Algunas imágenes,
tomadas por la prensa escrita, dan la vuelta al mundo en pocas
semanas.
Por primera vez, son películas lo que desencadena
una ola de solidaridad internacional y garantiza el éxito
de la movilización. Unos diez millones de personas
reciben alimentos durante dos inviernos y se salvan así
de morir de inanición. Con todo, el hambre mata a cinco
millones de personas. Desde entonces el cine de la Cruz Roja
se ha convertido en un instrumento imprescindible que contribuye
a forjar la percepción de un público cada vez
más numeroso. |

Asistencia para jóvenes refugiados
rusos en Estambul (extracto de una película del CICR,
1921)
©CICR
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Enrico Natale
Historian radicado en Ginebra, Suiza.
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